martes, 21 de enero de 2014

Becqueriana / 37


La humedad oscurece, en invierno, la arena de la playa. Su granulación se arracima, se compacta, se alisa el cabello con la gomina del rocío. Fragua un yeso siena sobre el que la suela del calzado escribe con caligrafía gótica su deambular. Los pasos, a lo largo de la bahía, componen un poema chino de cuatro caracteres. Buscan estrellas de mar. Antiguas astros del cielo, tal vez, abandonados por la luz, cuyo postrer destello se convirtió en animal oceánico. Almas olvidadas, quizá, de viejos poetas románticos que lanzaron sus escritos a las aguas. Nunca encuentran estrellas, pero siempre descubren explicaciones.