JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO / LIBROS / ESCRITURAS

lunes, 29 de octubre de 2018

Cinco aforismos



Lo que no deja la mañana sobre el mantel, Rosalía, ahí está, se ve con solo mirarlo.

Se muestra irritado hoy el camino. Insidiosos guijarros, maleza, nubarrones. Aunque le hable con delicadeza, responde con ingratitud.

Cuando levante el vuelo el mirlo habrá desaparecido una sombra en el bosque.

Cariñosa el agua se arremolina alrededor del pilar del puente. Con picardía le salpica y se ríe cuando parte hacia el mar sin darse la vuelta para ver el estremecimiento que deja.

Ya solo se acerca a la fuente, aunque sepa que hace años que no mana, quien aquí un día bebió.

jueves, 25 de octubre de 2018

1885



Si cerrar la ventana o dejarla así, de par en par a la luz de julio. Si puede acodarse a contemplar lo que no ve, pero sabe que está en algún lugar, o debe regresar al pie de la cama junto a quien ya no se encuentra donde ha quedado el cuerpo. Entre tantas cosas que madre le enseñó de la vida, Monsieur, votre chapeau s'il vous plait, nunca le quiso decir a Alejandra qué hacer en este momento. Si dejarse acunar por el oleaje que solo quien ya se ha ido escucha o conformarse con llorar. Madame, votre mer…

sábado, 20 de octubre de 2018

1870. Rosalía en Simancas



Cada ausencia mece su dolor con una cantiga que, como enredadera, se abraza al tronco de un castaño y asciende entre las ramas para que en lo alto la letanía suene. Pero en la ventana desde donde aún no sé asomarme solo escucho en el aire silencios. La manta que se extiende sobre el cadáver cuando no hay nadie que lo reclame porque ninguna canción haya evocado su nombre. Con el sol a plomo sobre los senderos, qué más da que alguien parta o regrese. Cuando logre salir oiré solo el bisbiseo de las espigas que se rozan al viento. 

lunes, 15 de octubre de 2018

1867. Rosalía recibe la invitación a los «IX Jochs Florals de Barcelona»



Una tarde, de paseo, la arranqué del talud donde florecía después de cada lluvia porque me pareció hermosa. Al llegar a casa la coloqué en un jarroncito de porcelana con un dibujo azul que ganaba polvo en el desván. Cuando se secó, al poco, la guardé entre las páginas de un libro. Han pasado diez años y La flor, que no ha vuelto a brotar al pie del camino, ha ido creciendo y multiplicándose por ahí sin que sepa ya gobernar su destino. Barcelona tiene un mar azulado que con certeza inspira a los ceramistas. Pero queda tan lejos todo.

jueves, 11 de octubre de 2018

1855. Gustavo Adolfo y Rosalía visitan juntos el Cementerio de San Isidro en Madrid.



Cuchillo que corta el pan en rebanadas, el sol de la tarde divide sobre el seto de cipreses el mundo. Una grieta que solo los dos jóvenes ven. Entre bromas saltan de uno al otro lado, riendo, sin averiguar aún qué costado prefieren, si el de la luz o el de las sombras. Rosalía les habla a las figuras femeninas, cabizbajas, para escuchar su acento neblinoso. Gustavo se alza sobre los mármoles para acariciar las alas de los ángeles. «¡Arden!», grita y un puñado de gorriones echa a volar. Aún debe de haber carbonilla de humeante locomotora en sendas melenas.

sábado, 6 de octubre de 2018

1852. Rosalía escribe su primer poema en la Huerta de la Paz



Bajo el torso del cielo cuando se tumba sobre la hierba a descansar, sombrío, no somos más que hormigas en trajín. Y aplastada por la musculatura gris y negra del día, esta mesa de piedra donde escribo no pasa de diminuto guijarro. Idéntico a aquel con el que, bajo el papel, la pluma tropieza para torcer el trazo rectilíneo de la ele. Me pregunto si mientras duren poema y caligrafía quedará memoria en un verso de la gravilla que le molestó. O, de igual modo que las nubes se olvidan al día siguiente cuando aparecen con otro rostro, nada permanece.

lunes, 1 de octubre de 2018

Rosalía



Hay dos poéticas que admiro en la obra de Rosalía de Castro. La paisajista, sobre todo, que supo abandonar el gabinete de la memoria como lugar de escritura y se puso a recorrer los caminos con la caja de acuarelas de la escritura en la bolsa. En sus versos, la naturaleza suena, huele, hechiza y responde. El pensamiento prende y florece siempre en el lugar y desde el lugar, que entrega sus razones a lo que existe. La otra Rosalía admirable, parece una paradoja, es la metafísica. No hay mirada ni descripción que no suscite una pregunta sobre la permanencia.