JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO / LIBROS / ESCRITURAS

jueves, 30 de agosto de 2018

Becqueriana / 147



Restos de un naufragio, las cosas flotan sin rumbo ni orden sobre una superficie amorfa. Así son encontradas al abrir los ojos. Da pena ver una realidad tan desorientada. Con un desconcierto que rige solo la batuta de lo casual. Así son vividas, dispersas, las cosas. Sus inertes significados. Entrelazar las manos es aparejar el mundo. Empezar a ordenarlo. Un ir colocando los objetos en el lugar que digan algo. Que se relacionen. Unos con otros. Crear un paisaje. Darle sentido. Salir a caminar juntos es devolver a la realidad la melodía. La razón de estar ahí cuando se miran.

martes, 28 de agosto de 2018

Becqueriana / 146



En general disfrutan con nosotros, las palabras. Se lo pasan bien. Salen con vehemencia a recorrer calles, caminos, lugares por donde gozan del paseo. Y aparecen siempre en pandilla, bien acompañadas unas con otras, las tuyas con las mías, se dan la mano y desaparecen en circunstancias que les encantan. Participan, activas, en comidas y cenas, se duchan, se calzan. Se olvidan de que existe el silencio que las encierra y enclaustra y las deja sin poder significar nada de cuanto ocurra. Nosotros no, les damos vida y la viven con alegría. Solo en ocasiones se vuelven, pudorosas, de espaldas.

domingo, 26 de agosto de 2018

Becqueriana / 145



Cuando ya no están, siguen estando. Las voces suenan desde el baño o en la cocina, y las persianas abiertas inundan de luz lo que fue noche, pero permanece sobre las sábanas el dibujo de los cuerpos juntos. El edredón revuelto, la habitación aireándose, los sueños diluidos en el quehacer diario. Los pasos por el pasillo. Tintineo de platos y cubiertos que trajinan las manos. Una música dulce en un canal de la radio y allí donde ya no están queda el molde que dejó un abrazo sobre la blancura de la sábana. Una composición de pliegues donde siguen estando.

viernes, 24 de agosto de 2018

Becqueriana / 144



Viajar es unas veces aguardar trenes, autobuses, esperas en aeropuertos idénticos, caminar por lugares desconocidos interpretando un mapa ininteligible, oír hablar una lengua y no comprender ni siquiera el más elemental saludo… Y viajar es también, en otras ocasiones, quedarse quieto. Donde uno esté. Cerrar los ojos y sentir en la piel una hilera de hormigas avanzar por donde unos dedos se deslicen. Y oír un gemido y conocer su significado. Y abrir los ojos y descubrir cómo la luz se filtra entre cabellos extendidos y juega a construir las más asombrosas visiones. Viajar es entonces encaminarse hacia uno mismo.

miércoles, 22 de agosto de 2018

Becqueriana / 143



Comer a dos una manzana tiene tradición. Perversa. Dulce y amarga al mismo tiempo, en equilibrio. La endulza el ser fruto prohibido y le da un punto de acidez la guerra de Troya que, dicen, se debió a una manzana como la que ahora mordemos en dueto. Con la boca llena, me recuerdas también que fue emblema de Venus —dices Venus con mirada pícara— y yo, con un hilo de zumo recorriendo el cauce de los labios, asiento. Y me acuerdo, también, que es símbolo de belleza, pero cuando voy a decirlo solo queda un tronco pelado donde hubo manzana.

lunes, 20 de agosto de 2018

Becqueriana / 142



Fuera ha sido dentro tantas veces. Tumbados en una duna, sobre la hierba de un claro de bosque, sentados en un banco del parque, de camino a orillas del río. Lugares cuya intemperie las palabras conseguían convertir en paredes de intimidad. Y a veces también dentro es fuera. Y el cuarto y la ventana cerrada se transforman, con la conversación, en una terraza de paseo marítimo, o en la sala de un museo frente al cuadro que deseaban contemplar, o en la estación del tren que ha de llevarles al centro de una ciudad que desconocen, dentro de su cuarto.

viernes, 17 de agosto de 2018

Becqueriana / 141



El pequeño jardín al final de la calle, en lo alto de un barrio de casas bajas, calles de artesanos y talleres a cuya puerta se reúnen los operarios con las manos sucias. Y cuando fuman, abren los paquetes al revés para extraer los cigarrillos por la punta por donde los van a encender. Es un camino en cuesta el que recorren cada atardecer, y esos pequeños gestos les acompañan. Después, en un banco, se ríen de los fumadores que han visto con las manos entintadas. Y bajo un tilo se van olvidando de las palabras, convirtiéndolas en silencioso acercamiento.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Estética



El pianista multiplica sus dedos sobre las teclas y las notas dibujadas por solo dos manos ocupan en un instante detenido el hueco del teatro con mínimos gusanos luminosos. Ni un solo rincón queda sin la luz sonora de la música. Y una vez ensanchado el espacio, una vez vaciado el espacio de mero espacio, llaga la voz. Su temblor al vestir cada palabra. La inflexión que pide una consonante, las vocales. La dicción se tumba sobre la hierba de los oídos a contemplar el cielo de los significados incomprensibles. La voz, túnica que cubre el cuerpo de las palabras.

lunes, 13 de agosto de 2018

Fenomenología



La escritura de la madrugada filtra una hebra de luz entre las consonantes; y las vocales, aún por despertar, se mueven inquietas en el pensamiento. El reflejo de las flores silvestres, que desde el sábado habitan un jarrón sobre la cómoda, avanza por el aire todavía en pijama. La ropa me espera engalanando una silla, que se mira en el espejo del armario y se ve como le gustaría aparentar siempre. Las aves continúan desaparecidas en el incógnito lugar donde pasan las noches y en un lejano hangar un conductor arranca el autobús de línea al que he de subir.

sábado, 11 de agosto de 2018

Metafísica



A veces, entre horarios exigentes y tiempos idénticos en metros y autobuses, durante días de una semana como cualquier semana en la laboriosa ciudad, a veces solo aportan novedad, mudanza, invención, sorpresa las palabras. Solo las palabras. Las que vuelan con las hojas en las calles donde sopla el viento. Las que uno se dice a sí mismo cuando se sueña. Las que quedan escritas en la servilleta de un restaurante tras salir por la puerta sin siquiera recordarlas. Las que susurra el atardecer desde las cañerías y el cableado telefónico que cruza las fachadas de los edificios, a veces.

jueves, 9 de agosto de 2018

Moralidades



Lo que se dice dentro nada tiene que ver con lo que se oye fuera. Fuera está el ruido, la feria, tiovivo de las sensaciones que arrastra toda quietud hacia un destino incierto. Se une al griterío de la intemperie, a su sordera. La que otorga razones para abrir los ojos y querer oír el matiz de un sonido en la nube que se dibuja en el cielo. Lo que se oye fuera nada tiene que ver con lo que se ha dicho dentro. Dentro, el pecho alienta la pureza con la que las palabras son pronunciadas. Su cauta entrega.

martes, 7 de agosto de 2018

Ética



La pureza es un helado de limón en la mano de una niña que corre calle abajo en busca de un amigo con quien compartirlo. Es el amigo que se da la vuelta al oír su nombre y en el gesto de aburrimiento dibuja de repente una sonrisa capaz de derretir todo un iceberg. Es el iceberg del polo sur que el cambio climático empuja a la deriva de los vientos, una montaña de fulgor blanco que añora el continente helado que lo vio partir. Es el helado de limón que los dos han compartido una vida en la memoria.

sábado, 4 de agosto de 2018

08 | Hopperiana


Farmacia de guardia en la avenida, un forúnculo de luz que irrita la piel de la noche. Ante su desvelo se arremolinan en la acera los indolentes que aborrecen el día y beben para que no amanezca nunca y los ansiosos que empuñan el buril de las horas hasta hendir otra muesca detrás de la puerta del tiempo. Los conductores disminuyen la velocidad al pasar frente a mujeres que les gritan las palabras de amor que solo conocen por las películas. El pintor insomne se aleja por una travesía lateral y en el cuaderno de hojas blancas escribe «Silbers Pharmacy».

miércoles, 1 de agosto de 2018

07 | Hopperiana


Hay un violín oculto en el silencio de la noche dentro del pasaje subterráneo. Crepitan los tubos de calefacción al enfriarse. Un temblor metálico de persianas bajadas cruje cuando las roza una corriente. Nada oye quien camina, ensordecido por el eco de los pasos al golpear el pavimento. Suena un violín encubierto en el laconismo con el que el camarero del turno de noche vierte en el vaso con hielo un licor. Tampoco se percibe, ahogado por la plegaria que rezan, acodados en la barra, los escasos clientes. Una melodía que se olvida en el cenicero, junto a las colillas.