JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO / LIBROS / ESCRITURAS

viernes, 26 de febrero de 2010

Tríptico valenciano (y 3)

Para don J.L.S.G.
Nel mezzo del cammin di nostra vita
Perdido en el laberinto de la subjetividad —lo que fue liberación romántica es hoy, ay, la estación previa al narcisismo— y desorientado por la súbita desafección de la naturaleza y del mundo, camina el ser contemporáneo sin moverse de sitio como el trébede cojo que arrinconaron porque sus dos patas restantes no aseguran ya el perol sobre el fuego. Tres, se necesitan tres pies para sostener las sartenes y ollas del pensamiento. El don trinitario que forja el aro de las convicciones. Tres pilares. ¿Y el tercero? Será porque a mi alrededor sólo encuentro las certidumbres de la luna menguante.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Tríptico valenciano (2)

Por más que se esmere en desordenarla, esparciendo sus escasas ropas de viajero fugaz sobre la cama, la habitación de una sola noche no deja de mirar con desdén al huésped. Y no dejan de tratarle con despego los cuadros, moqueta y cortinajes por más que confíe sus posesiones más custodiadas —la cartera, la cámara, el móvil— al amparo de la mesita de noche, junto al mando del televisor, y por más que le mienta sentándose al escritorio y garabateando en una hoja con sello de hotel estas frases... como una ofrenda que otorgue —alguna suerte o espejismo de— eternidad.

martes, 23 de febrero de 2010

Tríptico valenciano (1)

Es cierto que las distancias menguan. Incluso más de lo que señalan los horarios ferroviarios: diseñan vagones que repelen el poco tiempo que el usuario pasará dentro, como si viajar sólo fuera un tránsito en el interior de un cable eléctrico. Los cristales reflectantes hacia el interior exterminan el último argumento de la temporalidad: el paisaje. Cuando uno se esfuerza por contemplar, se ve a sí mismo contemplando. La televisión nos ha acostumbrado a ver imágenes en el rostro de quien las presenta. Los trenes regalan ahora la experiencia a los mortales: mirarse al espejo mirando son las únicas vistas.

domingo, 21 de febrero de 2010

Escribir bodegones

Giorgio Morandi (1890-1964). Natura morta con vasi e bottiglie, 1958
De Bolonia me acuerdo siempre del museo y la casa Morandi. No sé si había grandes obras allí; lo que recuerdo son unas pinturas de juventud que evocaban tapias y caminos de tierra bajo el sol del verano o calles solitarias de un pueblo. Y la colección de jarrones y tarros que Morandi utilizaba en sus composiciones. Igual que en el barroco, la intensidad del bodegón no está en lo que refleja, sino en lo que renuncia a pintar. Los grandes ideales, los barrocos; la gran desesperanza, Morandi. Algo así pasa con esta escritura —ensimismada en lo inmediato— del blog.

viernes, 19 de febrero de 2010

«Fanfarria» de Lorenzo Gomis, en Pre-Textos

Leo el libro póstumo de Lorenzo Gomis con tristeza al principio, pero con sonrisas al final. Hay poemas en la primera sección cuyas palabras ya son signos: «Dame alegría para dar el salto...». Pero lentamente las páginas lo vencen hacia otro lado: con colores —una fiesta de palabras—, con cuadros —magistralmente contemplados— y con la irrupción súbita de la vida, a borbotones. Hasta el final fue descubriéndola y maravillándose como hacen solo los niños —ahí están los animales encarnados que dan voz al niño que juega—. Es un acierto devolver esta fanfarria al lugar donde nació, la vida.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Hoy se vende infancia

El niño había adaptado unas bandejas para que albergaran, ordenada por colores y modelos, su colección de coches en miniatura. Baratos, sin otro encanto que el de volver una tarde de diario, tras el paseo, con uno nuevo a casa. El niño tuvo muchos cochecitos. Disfrutaba, se nota. Por el tipo de juguete, la suya fue una infancia en los noventa. Era cuidadoso y los dejó a buen recaudo —como buen coleccionista— para la eternidad. Pero un piso pequeño, un nacimiento, quién sabe, le obligó a perderlos. Ahí está en los Encantes también el niño que he dejado de ser.

lunes, 15 de febrero de 2010

Exposición «A través del bosque», de Rodney Graham, en el MACBA, visitada el 14 de febrero con entrada gratuita

RheinmetallVictoria 8. 2003. Installation 35mm film (color, silent), Cinemeccanica Victoria 8 projector. Gift of Jo Carole and Ronald S. Lauder. © 2007 Rodney Graham
Se da por supuesto que quien escribe sobre un artista es porque lo ha comprendido. Tras visitar la exposición de Rodney Graham (1949) me siento tan desorientado que no consigo renunciar a hablar. Graham llena los bosques de camiones con proyectores y se queja amargamente —él— de que para disfrutar del bosque lo llena de potentes luces y ruidos. Esto sólo me divierte. Lo que me enfada un poco es su trabajo con libros: diseña estantes para las obras de Freud, clona ediciones decimonónicas, enharina máquinas de escribir y proclama que con ello entierra la literatura. No sé qué pensar.

domingo, 14 de febrero de 2010

«Los cuadernos del escolar», de Antonio García Rodríguez, en Islavaria



Gracias al empeño del poeta Guillermo López Lacomba por conservar la memoria y la obra de Antonio García Rodríguez (1949-2006), ésta se ha publicado en una pequeña editorial onubense. García Rodríguez es un caso ejemplar de autor oculto por el paso de las generaciones —sólo publicó dos títulos en los 70— sin el que no se podrá escribir la historia literaria de su época. Cuanto se da por novedad en la poesía de la experiencia en los 80, está ya en estos versos, que fueron, a contracorriente, coloquiales, figurativos y sentimentales en los 70; herméticos y culturalistas en los 90.

sábado, 13 de febrero de 2010

Desde la escalera de incendios

Ruth Carroll. Elevated Station, 1929
Lo cambié todo por este cigarrillo que me fumo en el rellano de la escalera de incendios después del almuerzo. La abubilla traviesa, el vuelo del azor, el inquieto herrerillo. Los oigo aún entre chirridos del tranvía al dar la curva, ronquidos del toro mecánico al elevar la carga hasta el furgón e insistencias de vendedores ambulantes. ¿No vas a volver?, me pregunta Madre cuando le escribo. ¿Estos cielos, estos bosques —insiste—, no los echas de menos? Cada día, cuando me siento en el escalón y enciendo el cigarro. Por eso me quedo: para guardar su pureza de recuerdo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Mañana de sol radiante

Las copas que el nadador ha merecido en su juventud, el vendedor de los Encantes las junta sobre una mesita de café, donde se asoman al corredor de los compradores como entusiastas en un balcón el día del desfile. Grandes unas, otras menudas. Las cuento, son veinte. Más algunas medallas. Casi todas llevan el emblema labrado de un brazo saliendo del agua con ánimo de avanzar. El metal de las copas se ve entristecido, taciturno, no se sabe si por la nostalgia o por su mala aleación. Se niega a devolver, por ejemplo, los destellos del sol de la mañana.

domingo, 7 de febrero de 2010

Lectura de San Juan de la Cruz





A Vicente Valero
Algunas reses habían bajado desde el monte hasta el cauce del río. Iba a amanecer. Sus cabezas asomaron entre la maleza y avanzaron, muy juntos y ligeros, hacia un ribazo descubierto donde el agua se amansaba como un animal cansado. Nerviosos nos pasábamos los únicos prismáticos que teníamos para contemplar la escena. Inclinaban sus patas delanteras para acercar el hocico a la humedad. La neblina tendía sus visillos leves en el claro de luna. Se podría decir que gritábamos en silencio por la emoción revuelta con el miedo a que los venados huyeran al mínimo ruido. Ahora, que habían llegado.

jueves, 4 de febrero de 2010

¿Regresan?

La luz entra en el aula tras una ardua pelea con el polvo antiguo del ventanal. El viento, sin embargo, se desliza con agrado entre las cavidades abiertas en los marcos por la carcoma. Los niños escriben en sus cuadernos. El frufrú desacompasado e inhábil de las plumas, que pasea de la mano con la ingravidez del ambiente, se rompe de súbito por el niño que, en pie, chilla: «Chaím está judío». Chaím, unas mesas más allá, empieza a llorar. El maestro reprende al que ha clamado: «¡Se dice es!». «Chaím es judío», grita de nuevo. El maestro sonríe, satisfecho.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Diez euros

Hoy no encuentro, en el suelo de los Encantes, la biblioteca de quien fuera juez o médico con más o menos gusto por otras lecturas. El muerto es el humanismo. Los libros se agolpan, mal alineados unos y amontonados otros; han perdido el amparo de un humanista: clásicos latinos en francés, italiano o inglés, ediciones de referencia siempre, títulos emblemáticos de filosofía, libros literarios, ciertos caprichos: Horacio en polaco. Sólo desentona algún volumen de tapa dura y premio —regalo de compromiso, sin duda—. Elijo tres títulos, pago 10€ y peno por esta biblioteca que nadie soñaría, ay, reunir hoy.

lunes, 1 de febrero de 2010

«Ha venido la muerte: era una furgoneta o un gorrión» Eduardo Moga

Era una furgoneta, sí, la que se llevó por delante al niño que salía corriendo frente a mí, otro niño también, acaso un poco mayor, camino del colegio, de hecho, frente a sus puertas, en el cruce de San Juan Bosco y la plaza Artós. Se apresuró a cruzar quién sabe si aún en rojo, si ya en verde. Me adelantó un instante antes de que viera cómo tropezaba, asustado ante la desmesura del vehículo, justo para que le golpeara el parachoques en la cabeza. Acabó de caer, hecho un ovillo, inerte. Así, desde entonces, me dejó a mí, paralizado.