JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO / LIBROS / ESCRITURAS

sábado, 25 de agosto de 2012

Siete aforismos temporales para el final de agosto




El tiempo es una bebida que se consume creyendo que la botella sigue llena en la nevera.

El tiempo se consume pensando que dejará un circulito de agua sobre la mesa cuando alcemos el vaso para beberlo.

El tiempo nunca parece el resto de bebida que queda en el vaso cuando se descongelan los cubitos de hielo.

El tiempo a veces se confunde con lo que falta para que empiece el partido. 

El tiempo acecha fuera del vaso y le resta frescor a la bebida.

El tiempo agua la bebida.

El tiempo tal vez sea quien nos haya bebido ya.

martes, 21 de agosto de 2012

1773


Crepita la voz del trovador herido de amores en la sala de armas del castillo. La oigo cuando trinan los pájaros. No veo estos tapices torpes ni estos muebles con molduras repujadas en latón, sino las piedras en forma de espiga y la huella del escoplo en el respaldo de la silla. Donde tintinea un cascabel sobre la zapatilla de seda, imagino la rudeza del cuero con salpicaduras de barro y goterones de vino. Vivo este presente inocuo y falso solo en su pasado. Desprecio la lengua jabonosa de hoy, que transformo, en mi Goetz von Berlichingen, en hierro templado.

jueves, 16 de agosto de 2012

1927


Hay quien caligrafió con una vela encendida su nombre en las paredes. Quien arrancaba los marcos de las puertas para quemarlos y amontonó ladrillos para sentarse. Quien lanzaba grumos de cemento a las bombillas e impactó alrededor de cada aplique. Quien retorció hacia arriba las manecillas del gran reloj de la sala, detenido de un balazo. Quien orinaba sobre el papel pintando buscando las alturas. Quien arrancó los cables eléctricos y dejó tirados los restos después de atar algún bulto. Quien a punta de navaja dibujaba genitales obsesivamente en la tarima de los músicos. En eso queda el espíritu moderno. 

sábado, 11 de agosto de 2012

1676


El ojo miope de una sucia claraboya cuela de vez en cuando, si no hay nubes en el cielo, los únicos rayos de sol que entran por una esquina en el taller del orfebre, un altillo bajo el tejado sin otro vano, ni siquiera una puerta. Una trampilla en el suelo hace sus veces. Un candil, tan noctámbulo como él, es su única compañía. Lo apaga antes de tumbarse en el camastro, a veces entrada la mañana. Si luce el sol, sin llegar a verlo recoge su luz en un cuenco donde baña los anillos o el colgante recién moldeados.

martes, 7 de agosto de 2012

1915


No sé, un desconocido; un tal Proust —responde cuando se le señala el libraco espolvoreado de canela sobre un estante del obrador. Sí y no —contesta al preguntarle si le gusta. No entiendo gran cosa cuando leo mientras horneo los hojaldres, pero este tipo sí me entiende a mí —explica quitándose el gorrito blanco para que respire el pensamiento. La gente cree que los dulces son el disfrute del instante. Qué poco. El chocolate es la barba del abuelo; la vainilla, lágrimas del primer beso; la nata, un baño en el río. Su ingrediente principal no es azúcar, sino memoria. 

viernes, 3 de agosto de 2012

1732


La ventana del taller del artesano es su muestrario de colores. El azul brumoso. La tierra sangre. La plata de los álamos reflejada sobre el temblor del agua. Frente a su modelo, tritura pigmentos, los mezcla con paciencia. Sobre el trípode la vieja olla cuece materiales encontrados en el bosque. De reojo, controla el ladrillo falso tras el que guarda el pan de oro. Teje hilos, los vierte en el cubo del tinte, deja que el sol de la mañana los seque. Cada tarde añade un detalle al boceto. Un día, dedos de dos manos, entrelazará la hilatura del tapiz.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Intemperie / 3



Tiene algo de función para niños, pero al revés. El mago se quita el sombrero de copa, lo enseña —nada por aquí, nada por allá— y de repente aparece un pañuelo. Y dentro del pañuelo, una paloma. El ordenador está encima de la mesa del café, junto a los vasos vacíos, el platillo con el cambio; en el respaldo de la silla, la chaqueta. Y de repente, los vasos, el platillo, y nada más. Y nadie alrededor, ni siquiera el mago aguardando el aplauso de los niños.  Así de frágil es la memoria que construimos del presente. Está, no está.