JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO / LIBROS / ESCRITURAS

miércoles, 25 de febrero de 2009

Un inicio de novela y un paréntesis

Una mañana de octubre, en 1939, temprano, bajo un cielo plomizo y una lluvia menuda, se plantaron dos oficiales ante las puertas del instituto de Zielona Góra, el único donde se podían realizar estudios superiores en esta pequeña ciudad situada al oeste de Varsovia. Con el uniforme oscuro bien almidonado, botones relucientes y botas que parecían de cristal negro, se sacudieron las pequeñas gotas de lluvia con un ligero temblor que, sin embargo, no descompuso su hieratismo. Aunque en ningún momento tocaron la campana de entrada, el viejo conserje del instituto, Arkadiusz, que ya había modificado en dos ocasiones su...


(Al oeste de Varsovia contiene 44.291 palabras. Sus cinco capítulos están formados por siete capitulillos donde se alterna pasado —1939— y presente en secuencias diferentes: ABABABA – BABABAB – ABBABBA – BAABAAB - ABBABAB. Empecé a escribirla el día 6 de junio de 2006 y acabé la mañana del 14 de noviembre de aquel mismo año. Por la tarde leí poemas en el Café-teatro Cincomonos: éramos 14 personas. Como homenaje a Cezary Cieślak, poeta conceptual —a veces pensaba en Miguel Labordeta al idearlo—, los personajes del pasado —conforme aparecen— forman un abecedario completo y los del presente otro; éste ordenado a la inversa.)

martes, 24 de febrero de 2009

24-F

Soldado de reemplazo en una unidad de la Brunete, del 23 de febrero puedo contar tantas anécdotas, minuto a minuto. El día 24 de febrero amaneció con una orden diferente: acuartelamiento. El encierro aquel impedía el paseo por Madrid, pero sobre todo le puso cerco también a las conversaciones. Lo que había ocurrido la víspera fuera se digería con palabras, insaciable decirlo todo en cualquier parte, menos allí dentro, en Wad-Ras, donde se había decretado acuartelar los sentimientos. Aquella tarde inacabable escribí la carta más larga y solitaria que recuerdo. La eché, ingenuo, al buzón del cuartel. No llegó nunca.

domingo, 22 de febrero de 2009

Iván contra Goliat (díptico x doblete)

Nené alcanza la línea y lanza una parábola alta, lenta, parsimoniosa, que todos se quedan embobados mirando como si contemplaran una veleta en el cielo. Y al descender se encuentra con Iván, solitario, abandonado: un niño perdido en una feria que corre a un rincón a llorar. Dio la impresión de que Iván ni siquiera sabía cómo cabecearla. Era la veleta la que buscaba la cabeza del niño entre las piernas del gigante para hacerle compañía y cosquillas en la frente. La pelota entró y salté con una sensación muy extraña en un campo de fútbol: una celebración no compartida.
(2)
El portero, en un arrebato romántico, decide salir a pasear —acaso descubriera trebolcillos entre la hierba— y, claro, la pelota le molesta y se la entrega al primero que pasa mientras los suyos posan para los fotógrafos, muy quietecitos, no vaya a salir movida la foto. Y de repente es la pelota quien busca, anhela, persigue a Iván, que da un paso, dos pasos, mira a los lados. No hay nadie, estás solo Iván; la gente, jugadores, árbitros te han dejado solo, abandonado, y de repente la pelota se eleva, da un brinco... —creía que no entraba nunca— y entra.

sábado, 21 de febrero de 2009

La ventana (hipertexto)


Franciam Charlot interpreta el horror como sedimento de lo fútil. Franciam Charlot es un fondo de armario para la desnudez. Franciam Charlot se agazapa como el escorpión en el interior de la bota que estamos a punto de calzarnos. La sombra que proyecta el gesto pictórico de Franciam Charlot chorrea como el ciervo que en la nieve cae abatido por el cazador. Y Franciam Charlot es también el intérprete del pavor como una promesa del desgarro. El porvenir como una tachadura. El escozor como una metafísica de la mirada. La sombra como una sombra que no cesa nunca de chorrear.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Torneo de ajedrez

No muchos, es cierto, pero sí hubo algunos ajedrecistas locales que analizaron durante cierto tiempo —sin ningún resultado— los extraños movimientos que practicó en la última partida del campeonato Dmitriy Lévedev, aspirante al título regional. El sentido hermético de sus jugadas conducía al absurdo irremediablemente. El posterior suicidio del ajedrecista catalogó la enigmática partida como fruto de la demencia. La revista Шахматный турнир ha rechazado, por considerarlo irrespetuoso con su memoria, el artículo donde, tras desvelar el valor alfabético de las jugadas de Lévedev, se descubre el siguiente mensaje: «Dasha, te quie». En este momento, el campeón clamó: «Jaque mate».

domingo, 15 de febrero de 2009

¿Montería o elegía? (tríptico e hipertexto cérvido)

Foto: abc.es
Se consume Dido infeliz y vaga enloquecida / por toda la ciudad como la cierva tras el disparo / que, incauta, el pastor persiguiéndola alcanzó con sus flechas / en los bosques de Creta y le dejó el hierro volador / sin saberlo, Virgilio; ¡Ay quién me diera esa cierva que tiene / en su mejilla una rosa entre sierpes!, jarcha; Tardei, mia madre, na fontana fria: / cervos do monte a agua volvían. / Os amores ei, Pero Meogo; Non avia acabado de dezir bien su verbo, / ahévos adó viene muy ligero el çiervo, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita; Como cierva herida / me arrojo al agua.
(2)
Aquí quiero acostarme, y en cayendo / la siesta iré siguiendo mi corcillo, / que yo me maravillo y me espanto / cómo con tal herida huyó tanto, Garcilaso; Como el ciervo huiste, / habiéndome herido; / salí tras ti clamando, y eras ido, San Juan de la Cruz; y el correr de tu amor, ciervo ligero, Ribera; Rey: ¿Vistes passar por aquí / un ciervo, dezid gitanos, / que va herido?, Cervantes; la cierva enamorada / vendrá a bañarse en este arroyo manso, Lope de Vega; Mas yo, como la cierva / que por la herida sangre y vida pierde, / busco el remedio por el campo verde, Quevedo
(3)
Anúnciala una corza blanca, Rubén Darío; Herido por nosotros como ciervo / que a morir corre al matorral nativo, Miguel de Unamuno; a un tiempo eres cierva y cazadora, Juan Ramón Jiménez; donde todavía un cervatillo ya devorado / luce su diminuta imagen de oro nocturno, Vicente Aleixandre; Amor, amor, un vuelo de la corza / por el pecho sin fin de la blancura, Federico García Lorca; mi corza blanca. / Los lobos la mataron, Rafael Alberti; El hocico del ciervo, malherido, / sangre derrama encima de las nubes, Ángel Crespo; En el empeine / te pinto un ciervo azul. / Ya no te alcanzo, Jesús Aguado.

sábado, 14 de febrero de 2009

El pequeño teatro del mundo

El descarado sol de la mañana ilumina las azoteas como el foco de un teatro que apunta hacia los rieles por donde asciende el decorado y deja al protagonista en la sombra. En la acera por donde camino el cielo despejado es, de momento, una promesa dudosa. Paso frente a una bicicleta caída, unas cuantas mondaduras de fruta pisoteadas, un mínimo cauce junto al bordillo de agua oscura vertida tras fregar algún portal. Son las cosas que ocurren sin que nadie las mire. O se miran sólo después de haber encarado la platea con el foco clavado en los ojos.

viernes, 13 de febrero de 2009

Palestina

—Buen caballo. Y buen día, amigo.
—Trae las patas lastimadas. Este pedregal. Salud. Mañana calurosa.
—Como todas.
—¿Y sus cabras?
—Por ahí andan. Secas.
—¿No pacen bien?
—Lo que pueden. Cardos. La que tiene más suerte descubre una mata bajo las piedras.
—Mala tierra.
—No lo es. Es tierra del Señor.
—Abandonada.
—Vivimos de ella. Mi mujer. Cuatro hijos.
—Poca agua, mucho sol.
—¿Es eso lo que ve?
—¿Usted ve otra cosa cundo mira este montón de piedras?
—Va con los días. Unos imagino campos llenos de ovejas, caballos, árboles.
—¿Los otros?
—Un montón de huesos esparcidos por el arenal.

miércoles, 11 de febrero de 2009

«Las aventuras de Mimí Akcentijevic», de Vladan Matijevic, en Lengua de Trapo






Una faja publicitaria informa de que este libro puede ser «incluso obsceno», y aunque no lo sea, sí sirve para reflexionar sobre la obscenidad. Escrito con más artes poéticas que narrativas (la contracubierta dice que mezcla «lo poético y lo pornográfico»), pronto se advierte que son ingredientes que no pueden mezclarse: la escritura diluye la obscenidad con su ternura, ironía y juego de metáforas. Tan cierto como este triunfo del poema sobre la evidencia, es también que el sexo como tema sostiene fragmentos magníficos, pero en su conjunto produce tedio, repetición; nostalgia de un contenido temático que le dé sentido.

lunes, 9 de febrero de 2009

"El contrario", de Francisco Alba, en Pre-Textos





El final de los grandes períodos literarios suele producir obras donde la ironía y el sarcasmo desacralizan las creencias, donde el discurso se atropella y escepticismo e ingenio multiplican irracionalmente las referencias. El contrario es exactamente el revés del culturalismo, la escritura de su final. Brillante y descreído, atravesado a partes iguales por la filosofía y por la vida contemporánea, que mezcla sin observar cánones, Francisco Alba (1967) ha recurrido a todos los subgéneros culturalistas —desde el monólogo dramático hasta el poema en prosa de raíz surrealista— para construir con su agonía y su rictus retórico un libro vibrante. Demoledor.

sábado, 7 de febrero de 2009

Libros de quiosco

Esta mañana, en el quiosco, veo colgada una novela de Auster que no conozco. ¿Por qué lo abandoné? Buena pregunta. Ni recuerdo cuándo pensé que leído iba al mismo cajón que lo no leído. Quizá me entretuviese, pero ¿quién necesita pasatiempos en una época tan entretenida? Lo mismo con Tabucchi —delicia en 50 páginas; tortura en 250— y con ciertos autores españoles de cuya obra me duele hablar. Resulta curioso: el mercado realza a quienes mezclan literatura con otros ingredientes (historia, geografía, sociología, periodismo) —les hace parecer mejores—, pero a quienes se nutren sólo de imaginación literaria los tritura.

jueves, 5 de febrero de 2009

Carta a Montano a propósito de vientos excesivos y libros por llegar

Espero que el tornado no haya deshojado los pliegos de los libros por encuadernar y sus hojas vuelen por los cielos mediterráneos como aquellos colibríes que Rafael Pérez Estrada repartió por Málaga tras el naufragio de un barco de mercancías exóticas. Aunque bien pensado... Qué pena que el vendaval no haya provocado algo parecido con los libros, ¿verdad? Los lectores irían leyendo páginas al azar conforme las cazaran al vuelo y luego las dejarían partir al compás del viento. Podrían intercambiarse las repetidas y hasta pagar pequeñas fortunas por la página que les falta: aquella donde los protagonistas se besan.

martes, 3 de febrero de 2009

Carta a Germán Gullón a propósito de su defensa de la edición electrónica (díptico)

Creo que la edición electrónica ha cumplido la fase 1: hay gente interesante que escribe cosas interesantes y hay gente interesada que las busca para leerlas. Hace unos años esta realidad nadie la tenía tan clara: se escribía cualquier cosa y no se sabía quién estaba detrás leyendo. Hoy no hay duda ni del interés ni de los interesados. Es el momento de reivindicar la fase 2. Mi amigo Montano, bloguense hasta la médula, se queja de que no ve cómo sacarle rendimiento económico a su trabajo literario en la red. Su queja es interesante, y vale la pena concretarla.
(2)
A un poeta, por ejemplo, rara vez le pagan un libro —en papel—, pero eso no le impide sacar —si es lo que se anhela— rendimiento económico y promocional: le invitan a leer, a colaborar en revistas, puede presentarse a premios... Hay una trama cultural activa a su alrededor que no existe en la edición electrónica: ¿Cuándo habrá un espacio en los suplementos literarios para valorar y criticar sitios culturales? ¿Cuándo convocarán premios para blogs literarios? ¿Cuándo cursarán invitaciones para participar en ciclos literarios a los autores de los mejores blogs, por esta condición? La fase 2 por llegar.

domingo, 1 de febrero de 2009

Día de lluvia

Si la lluvia revitaliza la ciudad —las calles tamborilean y cualquier esquina lanza desde su opacidad destellos satinados—, cuando deja de llover y las nubes persisten, su figura envejece mal. La humedad en las tejas les da una intensidad de tinte excesivo sobre cabellos canos y en el revoque de las fachadas deja a la vista, como vestido de repente traslúcido, el osario de ladrillos mal alineados. La lluvia encandila con su alteración de la luz. Dialoga con la memoria y discute con los deseos. El final de la lluvia le devuelve al presente, como cambio, unos cuantos céntimos.