Àngels Moreno (1993) rescata un
término de Lucrecio, Clinamen —inclinación—,
para nombrar el desvío que, sobre el curso de la vida, ejerce el suicidio.
Aunque los poemas amplían su ámbito camino a un torcimiento mayor: la condición
mortal. El libro arranca con una serie de descripciones de cuerpos inertes que
primero sobrecoge («aprens el seu cos / tot un forat tapiat de llum» —memorizas
su cuerpo / agujero tapiado por la luz—), para después condicionar el
pensamiento y extender la reflexión poética sobre las postrimerías hacia las
esencias de la vida —la escritura, la belleza, el amor—.
