JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO / LIBROS / ESCRITURAS

jueves, 28 de enero de 2016

Becqueriana / 84


En el hogar el fuego, charlatán irredento, ensaya un monólogo hamletiano. Sus versos arropan aunque no se les haga demasiado caso. Hoy preservan también del frío la chaqueta de las caricias y la blusa de los besos. Dos cuerpos tumbados sobre la alfombra azul de lana navegan el mar del tiempo. Un trío de cámara, el que forman un piano en el tocadiscos, el chisporroteo en la chimenea y el violín de los suspiros, le pone melodía a la danza de las estrellas. El gozo viste los cuerpos, el deseo abriga los corazones. La noche ciega con recato las ventanas.

sábado, 23 de enero de 2016

Becqueriana / 83


Donde el espacio nunca se degrada
por la luz o las tinieblas, u otro tiempo.
G. UNGARETTI

Apareciste en el portal
vestida de rojo
G. UNGARETTI

En los espacios que no degrada el tiempo siempre te encuentro. Apareces, sin haber llegado de ningún sitio ni haber entrado por puerta alguna, vestida con una camiseta de color rojo que también es una falda muy corta. Enlazas tus brazos a mi cuello y mi camisa y la tuya se abrazan en nuestro abrazo, primero, y después continúan abrazadas, como la encarnación de una metáfora, cuando caen al suelo y son tu piel y mi piel las que se estremecen al rozarse. Y después, cuando amanece, te descubro dormida sobre mi pecho en el espacio que el tiempo alumbra.

miércoles, 20 de enero de 2016

Becqueriana / 82


Una gota de rocío al lanzarse por el tobogán de un pétalo; un copo de nieve que resbala por el tejado de una casa de piedra; una pluma desprendida del ala de un cormorán que vuela arrastrada por el viento; una hoja otoñal alejándose del bosque; una semilla en el hatillo del campesino esperando el designio de su mano; el fruto que abandona jovial el olivo cuando la vara del aceitunero agita las ramas; la luz de una luciérnaga encendida en el corazón de la noche; maneras cómo avanzan unos labios cuando van en busca de otros labios para encontrarse.

jueves, 14 de enero de 2016

Becqueriana / 81


Los poemas de amor se escriben con la caligrafía secreta de los laberintos, pero tienen la apariencia clara, sencilla y rotunda de una flor. Se leen con la facilidad que tiene el agua para encontrar un cauce cuando desciende una ladera, pero ocultan el lugar exacto de la fuente, que solo dos conocen. Un poema de amor flota siempre sobre la superficie del significado, abierto como un nenúfar con los colores mejor combinados, pero sus raíces se hunden en la profundidad del sentimiento, de la voluntad y del deseo, lugares que la luz nunca ilumina. Nacen del fondo del ser.

sábado, 9 de enero de 2016

1916

Rubén Darío regresa a la ciudad de su niñez, León. 

Un silencio bordado de piar de pájaros y el zumbido de algún insecto cubren, como el polvo que no hay, la vieja mesa de madera blanca y las sillas de enea donde se sentaban a transitar por la humedad de las tardes. Una luz taciturna envuelve la galería donde nadie ensucia los ladrillos ni ha abandonado la lata que fue transatlántico o el tronco pelado de ceiba que se podía montar como a rocín. Aún guardará la baranda muescas que recuerden mis rodillas. Cuando me siente con la vista perdida en el anochecer oiré mi voz llamándome para la cena.

miércoles, 6 de enero de 2016

Dietario de sensaciones, 6 (La mañana de Reyes)


Mañana de pies descalzos que corren pasillo arriba, pasillo abajo. De gritos ahogados. Chillidos de sorpresa. De alegría. Mañana de zapatos alineados cubiertos de paquetes. Con colores brillantes. Con lazos. Con cartas. Con enigmas por desentrañar. Mañana de papeles rasgados. De papeles emulsionados. De papeles explosionados. De cajas huidizas, voladoras, fulminadas. Mañana de sonrisas, de risas, de carcajadas. De sueños cumplidos. De ilusiones reales. De inocencias convencidas. La mañana del año. Sin siquiera tiempo para vestirse, para desayunar, para ponerse el abrigo. La mañana de las sorpresas. Del candor. De los cánticos inarmónicos con los que se expresa la felicidad.

sábado, 2 de enero de 2016

1616

Juan de Tassis, Conde de Villamediana, duerme en un palacio florentino 

Reposado apresuramiento, impulso en calma. Estos mármoles, los jaspes estos. Algarabía serena, pasmada celeridad. La voluta de humo dorado, el salto del corcel impertérrito. Estos suelos donde los sentimientos atrapan la piedra, estas paredes donde los lienzos se iluminan con vigilias soñadas por un ahogado. En el centro los baúles, sin deshacer, y entre las ropas, acaso pasto de la misma polilla, las cenizas de un tiempo ajeno al tacto, al olor, a las voces que le otorgaron realidad. Este flujo de sangre petrificado, los carraras estos que estancan el desbordamiento aquel. La paz en el tapiz de una batalla.