La mediocridad tiene dos caras.
Pongamos un tema sobre la mesa. Cualquiera. Cuatro personas alrededor. La
primera enumera tópicos como si dijera aquello por primera vez. Intervención espuria. La segunda les da la vuelta.
Con humor. No es así, sino al contrario. Mejor, con chistes. Primera cara de la
mediocridad, el iconoclasta. La tercera le enmienda. Guardián de las esencias.
No recurre al tópico, sino a lo que, en la creencia consensuada, es. Segunda cara. Queda una cuarta persona.
Es posible que sea yo, que estoy en silencio. Miro a ambos. Y no veo que haya
otra cosa que decir.