JOSÉ ÁNGEL CILLERUELO / LIBROS / ESCRITURAS

jueves, 27 de diciembre de 2012

Bye bye 2012


El acuarelista de atardeceres ha comprado tubitos nuevos hoy y los prueba en el apresurado cielo de diciembre. Un amarillo denso en el centro, naranjas atenuados alrededor, granates a lo lejos, reflejos rosados en las nubes deshiladas y en los cristales de los edificios de oficinas. Contemplo el cielo de la ciudad entre las ramas secas de los tilos y los muñones de los plátanos recién podados. Los ojos de los amantes buscan pájaros en las calles, se aprietan uno contra otro como si estuvieran a punto de iniciar el vuelo. Nadie dirá que acabas, año, si algo tuyo continúa.

viernes, 21 de diciembre de 2012

1963


Las ventanas del primer piso son altas, verticales, egregias. Están rematadas por un frontón de cornisas blancas. Las del segundo son cuadradas, algo menores. Una baranda con dibujo circular le proporciona a la azotea aires idealistas. Al color cobrizo del ladrillo, sin embargo, le gusta olvidar, pasar desapercibido. Fue refugio en las montañas nebulosas del norte y ahora es, a casi todas las horas, salón de juegos infantiles. Pero cuando los niños duermen, las ventanas se convierten en dados negros que se entrechocan en el cubilete, saltan y rebotan sobre el paño y se detienen siempre sobre la misma cara.

lunes, 17 de diciembre de 2012

1891


Como si en cada traviesa las ruedas saltaran sobre su muñón. A cada traqueteo se le crispa el rostro. Suda. Con un pañuelo húmedo trato de refrescarle, pero solo consigo convertir en negro lodo el humo que entra por la ventanilla abierta a agosto. Cuando el vagón se detiene y desentumece los músculos de la cara, le aparecen pequeñas arrugas blancas donde, de tan contraído el gesto, no ha logrado entrar la carbonilla. Apenas habla, ni sé qué decirle. Un hermano la ata a una, lo sé, pero no dejo de preguntarme si es un hermano o es un desconocido.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nefertiti


Llueve. Mientras ante la taquilla la cola avanza despacio, cae una lluvia sosa, sin ninguna gracia. En el paso provisional, habilitado por las obras, malviven charcos que se entretienen dibujando el encofrado sobre los muros. En el Nuevo Museo da la impresión de que sigue lloviendo dentro de las perneras de los pantalones calados y en la escasa resistencia de los zapatos de verano al agua. Hasta tu sala llego más preocupado por mis calcetines húmedos que por la cronología egipcia, pero de repente estás ahí, Nefertiti, y enseguida veo cuánto echas de menos salir a la calle. Sin paraguas.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Río de diciembre


Hay cuerpos que son agua y cuerpos que son cauce. Palabras que se lleva la corriente, otras prenden en la ribera y esperan solo que las agite el viento para sentirse vibrar. Hay juncos altos y hay peces alrededor en el río de la vida. Río sereno y sociable, río blanco de álamos a mediodía y verde de complicidad al atardecer. Río ancho, musical, sabio. Los domingos me siento a soñar que me baño en su claridad mientras los niños le tiran piedras por hacerle cosquillas en la piel. Se ríen. Por él navego cada vez que cierro los ojos.

martes, 4 de diciembre de 2012

Presagio


Los músicos lanzan sus colillas por el ventanuco del camerino. Cogen sus instrumentos para ir en busca del do. Un pequeño caos sonoro se escapa por las grietas de las viejas puertas del teatro. Un muchacho rubio, estudiante de flauta a ratos libres, por los pasillos grita los minutos que aún tiene la orquesta para arreglar sus pajaritas. De un momento a otro el inmenso espacio de la platea será conquistado por una nube sonora. Irresistible. Algún rezagado molesta, al dirigirse a su butaca, a quienes ya la aguardan. Un coro de toses ameniza la espera. Ojos expectantes. Furtivas caricias.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Palabras con agua


A la lluvia le gusta escribir. Sobre el cristal de las ventanas, en la carrocería de los vehículos imprime sus obras. Y en cuanto cae sobre un papel se le escucha el taconeo de gozo con que lo hace. Sabe trazar una hendidura en su superficie, como hacía la vieja tipografía, luego la redondea. Y, sobre todo, si hay algo escrito, lo desdibuja hasta borrarlo. Lo que la lluvia escribe prevalece sobre cualquier tinta. Y al día siguiente, cuando el papel se haya secado, quedarán grabados sus signos, una iconografía casi cuneiforme que es secreta y es también para siempre.