martes, 10 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 63



Detrás de las palabras, de su combinación armónica de sílabas y de ideas, existe una partitura. Escrita, como todas, en un sobrio pentagrama. Cinco alambres tensos sobre un patio de baldosas de tierra cocida. Por las mañanas, la luz aprende ahí la lección de las paralelas. Y a veces alguien sujeta bocabajo piezas de ropa equilibristas que se balancean poco o mucho conforme el viento de la tarde sople o ruja. Cuando nadie usa las cinco líneas, una bandada de gorriones se detiene en los alambres. Uno aquí y otro allá. Componen una instantánea casual que se contempla en silencio.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 62



Las hojas. Dicharacheras, coquetas. Se visten de verde para los días luminosos. Bailan con cualquier ritmo que les ofrezca la orquesta del viento. Se multiplican. Durante las largas mañanas del verano se entretienen haciendo dibujos sobre el suelo. Siempre el mismo dibujo y a cada momento plasmado en un lugar diferente. Es su pequeño milagro anticientífico: logran que sea el sol quien vaya dando vueltas a su alrededor, como si fuera un admirador más. Como quien las estudia. Las acaricia y luego guarda una entre las páginas del libro que camina en el macuto. Las hojas. Con sus viejas canciones.

domingo, 1 de diciembre de 2019

Dietario de sensaciones, 61



Sobre el tronco caído en un claro del bosque, escondido tras un frondoso arbusto, soy tronco. Inmóvil, silencioso, casi invisible. Observo la llegada de los pájaros a comer el revuelto de grano que les he traído. Se acercan de dos en dos, de cuatro en cuatro. Otros, solitarios. Trazan círculos nerviosos alrededor del montoncito que he dejado en el nudo de un árbol. De repente, uno se atreve. Se acerca, con el pico sujeta un pedazo y sale volando. Contemplo extasiado la danza de herrerillos, petirrojos, mirlos… Tejen en el bosque una red de movimientos y sonidos que me atrapa.

viernes, 29 de noviembre de 2019

7 | Grün



La luz corteja de modo caprichoso la realidad. Se adentra en la fronda para pintar lunares. Rotula sombras y esclarece minucias. Trabaja en un desangelado estudio, sin aire acondicionado, y a cualquier hora tiene paciencia para avanzar, viñeta a viñeta, el dibujo de lo vivido. Acaso, si siente apetito, se alimente de bocadillos sin levantarse del restirador. Migas, que aliadas con el carboncillo, se pasean por el tablero como algo más que amigos. La luz lo transforma todo a su antojo. Para que haya o no haya. Y a su hora, sin recoger nada, se larga nunca se sabe dónde.

lunes, 25 de noviembre de 2019

6 | Grün



Lo que no ocurre se tumba en la hierba con una brizna en los labios y una sinfónica de aves entre los árboles. Las adivinanzas que le plantean las nubes al pasar le entretienen la mirada. De vez en cuando entorna los ojos ante las páginas de un libro tan primoroso que ningún autor ha sido capaz de escribir. El sol matiza la temperatura con delicadeza de confitero mientras la brisa cursa un ciclo de peluquería. El tiempo que no refrendan los relojes acaricia el brazo descubierto de quien le acompaña. Lo que se digan no ha sido pronunciado todavía.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

5 | Grün



Los símbolos han alejado de los ríos a quien los piensa. La mirada que se posa en la superficie, como una hoja otoñal cualquiera, parte. Una marcha cuya finalidad se pierde de vista del mismo modo que la broza desaparece arrastrada por la corriente. De ahí que se confunda lo que está, el agua que fluye, con la idea de un destino que se desconoce. Los cauces, sin embargo, trazan caminos en el laberinto. Antes que gurús, se comportan como filósofos. Algo despreciados, tal vez, porque el bosque ignora las enseñanzas, tenaz en su quedarse y en su caótico porte.

viernes, 15 de noviembre de 2019

4 | Grün



La altura es una aspiración natural. Se empareja pronto al verbo crecer. Lo que se ensancha hacia el horizonte, lo que se eleva hacia el cielo. Una acción que no conoce límites, solo los descubre. Lo alto desviste. Convierte algo en singular. Contra el cielo cualquier elemento parece la esencia de sí mismo. Frente a la tierra, no es más que un cromo que se repite. Lo religioso asciende. Lo corpóreo cae. Es el algoritmo que ordena las metáforas. El alerce erguido suspira, el fresno talado gime. La indiferencia de las nubes no atiende ni a uno ni a otro.

domingo, 10 de noviembre de 2019

3 | Grün



La maraña es el estado natural del paisaje igual que la razón es la vocación artificial del ser humano. Ambas parecen avanzar por sentidos opuestos, si hay alguien que se anime a recorrerlos. El bosque por sí mismo cada vez se vuelve más intrincado y el pensamiento más diáfano. La utopía consiste en juntarlos. Bien el filósofo andariego, bien el excursionista sensible. Como experimento, no está mal. Lo cierto, sin embargo, es que, con el tiempo, todo parece acabar en tránsitos paralelos. Las espesuras desaparecen al mismo tiempo que las ideas, y ambas han pasado a manos de los coleccionistas.

martes, 5 de noviembre de 2019

2 | Grün



Hay algo en lo que se parece la mecánica del carrusel a las ideas que existen sobre la belleza. A las niñas y niños les excita el movimiento constante, pero madres y padres, sin embargo, están tranquilos, charlando, porque saben que tanta agitación no va a ninguna parte. Ni se mueve de lugar. Lo mismo ocurre con la naturaleza. Su carácter agreste y su permanencia cíclica excitaron a los filósofos, grandes constructores de tiovivos. A su semejanza se forjaron los ideales de la hermosura, y a semejanza de estos ahora se moldea el paisaje, tan inofensivo como quien lo admira.

viernes, 1 de noviembre de 2019

1 | Grün



Cuando me levante de donde, tumbado, contemplo las nubes, alcance el camino y me ausente de este paraje, nada me añorará. Durante un rato mi paso por aquí será un tenue dibujo en el prado, cuyas briznas de hierba ha hundido mi cuerpo. Pronto la brisa las peinará. Es lo que me impresiona del lugar. Su ausencia de compromiso con los mortales. Diría su indiferencia, pero en eso me equivoco. Nunca al paisaje se muestra insensible hacia los elementos que lo forman. Cada pieza, desde el mínimo insecto, le resulta esencial. Compone el instante. En el siguiente, ya no estaré.

martes, 29 de octubre de 2019

Cándida, sjung med oss



En el banco del parque donde te sentabas el murmullo de la pequeña cascada no enmudecía el canto de los pájaros. Tampoco el crepitar de las suelas en la gravilla cuando alguien se acercaba por el camino e iba en silencio. Si hablaban, antes te habían llegado las voces. Con ese hilo cosías las mañanas de domingo sin lluvia. Ven a cantar con nosotros, Cándida, te hubiéramos dicho de saber que necesitábamos estribillos para nuestras canciones. Pero estábamos entretenidos cada cual con su vida y la tuya resultaba invisible. Tan discreta y honda. Solo empezamos a darnos cuenta al irte.

viernes, 25 de octubre de 2019

Candida, laula kanssamme


Ah, ser actriz. Para que mane desde el interior la hermosura que anhelas. Y desde fuera el aplauso de los párpados que no parpadean. Ser otra distinta a ti, lo que siempre has deseado, Cándida. Cambiarte el nombre. Y los zapatos cada semana. Un armario solo para los abrigos de entretiempo. Que te vista el pintor que vierte colores sobre la paleta. Ser célebre, vivir como artista. Aquel día que leíste un reportaje sobre la soledad de las actrices, su angustia ante el envejecimiento, el miedo al fracaso, etcétera, lanzaste un grito de alegría. Tenías todas las condiciones para serlo.

domingo, 20 de octubre de 2019

Цандида, певај са нама


Para que se cierren los ojos que mantienes abiertos y cuando se sobrepongan los colores al negro lo estarás viviendo en la vida que se vive por dentro. Por eso entras la primera en la sala y no tras los créditos, como hacen tus amigas por seguir hablando hasta el último segundo posible antes de que se decrete el silencio. Es tu teoría del cine, Cándida, ese fundido en negro que confunde exterior e interior. Razón por la que se va a ver una película. No para que un chico se siente al lado y le haga a una cosquillas.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Candida, chante avec nous


La mañana en la que te subiste al tren por primera vez, Cándida, cuando bajaste en Ingolstadt habías memorizado todas las estaciones hasta Hamburgo. Las que recorrerían los vagones con el asiento de ventanilla donde te habías sentado vacío. Sin embargo, en el andén te era imposible reprimir la sonrisa de colegiala de internado en día de excursión. Del oeste llegaban unos nubarrones oscuros. El viento lo hacía todo más difícil. Los pasajeros que se habían apeado contigo ya eran solapas alzadas y gorras hundiéndose escaleras abajo. Pero te sentías feliz porque aún estaba pendiente un viaje, el de vuelta.

viernes, 11 de octubre de 2019

Cândida, canta com a gente


Los toques del despertador suenan sobre el atril antes del que primer gesto de batuta, poner un pie dentro de la correspondiente zapatilla, dé inicio a la sinfonía de la jornada. La música del vivir. O tal vez sea un único golpe seco el que dé arranque a la grabación de los días, una serpiente aún en celuloide donde los movimientos son el fruto de la redundante quietud. La película de la vida. Suena el reloj cada mañana a las siete, Cándida, para que no empiece nada que no esté previsto en la partitura o en el guion que sigues.

domingo, 6 de octubre de 2019

Candida, sing with us


Hay palabras, Cándida, con las que paseas a menudo, aunque no te pertenezcan todavía. Pudiera ser cualquiera, te dices. Este, aquel, elegante, informal. No hay estilo que lo entorpezca. Pero ninguno da el encuadre que sueñas para las frases en las que aparece la palabra «novio». De niña los veías llegar desde abajo, como casi todo, pero los novios de las vecinas eran siempre más altos y una aureola acompañaba cada gesto. Aprendiste enseguida a admirarlos y ahora ya sabes el halo que ha de brillar en los ojos que te hablen. Es el que tienen todos y ninguno posee.

martes, 1 de octubre de 2019

Cándida, canta con nosotros


Te leen los libros por dentro. De par en par el balcón de tus ojos y los personajes sin necesidad ni siquiera de usar la puerta. En el sillón se tumban con los pies sobre el vidrio de la mesita baja, el mantelito de punto de cruz hecho una boñiga, las figuritas de porcelana por el suelo, el cenicero de cristal a rebosar de colillas. Abren los cajones de la cómoda y la intimidad de tus prendas en oleaje. Descuelgan tus vestidos del armario para olerlos. Se limpian los dientes con tu cepillo. Y tú, Cándida, sin decir nada, leyéndolos.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Práctica del espejo VII



Roto, el cristal se convierte en un territorio surcado por afluentes cuyo caudal va de uno a otro sin que la corriente descubra cuál es el río que va a dar en la mar. Su manera de dibujar lo real también cambia. Lo desglosa y cada fragmento establece una frontera con lo que siempre se había sentido junto. Hay un ojo que se desliga de su nariz. Y una mano que cuenta las sílabas de un verso en dos partes diferentes. De ahí que nadie quiera hablar de un espejo fracturado. Ni siquiera para acabar lo que no tuvo principio.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Práctica del espejo VI



Mercurio que tiembla, la noche, si enciendo la lamparilla y el cuarto se contempla a sí mismo a través del cristal de la ventana. Sin exterior. Y así, verte ocurre cuando te miro y cuando dejo de mirarte. No sé por qué el sueño lo desbarata. Un aliado de la mañana no sería tan fiel. Ni siquiera frente a cualquier espejo. No los necesita el instante. Basta con que estire el brazo en lo oscuro y dé con el cable, lo siga hasta el interruptor y prende una llamita en el silencio. Para que me vea a mí, así, contigo.

martes, 17 de septiembre de 2019

Práctica del espejo V



Se había quedado tan solitario como yo. Me apenaba más el suyo que mi desamparo. Era más alto, proporcionado, minucioso. La mimaba antes de que saliera a la intemperie. La dibujaba idéntica a su sueño. Tan exacta como quería ser la despedía. Procuraba yo no borrar la imagen impregnada en la memoria del azogue. Cuando definitivamente se fue, los dos nos quedamos sin ella. Un día arrimé una mesita al espejo, coloqué el tablero, me senté delante y le pregunté: ¿te apetece una partida? Me sonrió con mi misma sonrisa. Lo aproveché para mover el peón del rey una casilla.