Viajar es unas veces aguardar trenes, autobuses, esperas en aeropuertos idénticos, caminar por lugares desconocidos interpretando un mapa ininteligible, oír hablar una lengua y no comprender ni siquiera el más elemental saludo… Y viajar es también, en otras ocasiones, quedarse quieto. Donde uno esté. Cerrar los ojos y sentir en la piel una hilera de hormigas avanzar por donde unos dedos se deslicen. Y oír un gemido y conocer su significado. Y abrir los ojos y descubrir cómo la luz se filtra entre cabellos extendidos y juega a construir las más asombrosas visiones. Viajar es entonces encaminarse hacia uno mismo.
viernes, 24 de agosto de 2018
miércoles, 22 de agosto de 2018
Becqueriana / 143
Comer a dos una manzana tiene tradición. Perversa. Dulce y amarga al mismo tiempo, en equilibrio. La endulza el ser fruto prohibido y le da un punto de acidez la guerra de Troya que, dicen, se debió a una manzana como la que ahora mordemos en dueto. Con la boca llena, me recuerdas también que fue emblema de Venus —dices Venus con mirada pícara— y yo, con un hilo de zumo recorriendo el cauce de los labios, asiento. Y me acuerdo, también, que es símbolo de belleza, pero cuando voy a decirlo solo queda un tronco pelado donde hubo manzana.
lunes, 20 de agosto de 2018
Becqueriana / 142
Fuera ha sido dentro tantas veces. Tumbados en una duna, sobre la hierba de un claro de bosque, sentados en un banco del parque, de camino a orillas del río. Lugares cuya intemperie las palabras conseguían convertir en paredes de intimidad. Y a veces también dentro es fuera. Y el cuarto y la ventana cerrada se transforman, con la conversación, en una terraza de paseo marítimo, o en la sala de un museo frente al cuadro que deseaban contemplar, o en la estación del tren que ha de llevarles al centro de una ciudad que desconocen, dentro de su cuarto.
viernes, 17 de agosto de 2018
Becqueriana / 141
El pequeño jardín al final de la calle, en lo alto de un barrio de casas bajas, calles de artesanos y talleres a cuya puerta se reúnen los operarios con las manos sucias. Y cuando fuman, abren los paquetes al revés para extraer los cigarrillos por la punta por donde los van a encender. Es un camino en cuesta el que recorren cada atardecer, y esos pequeños gestos les acompañan. Después, en un banco, se ríen de los fumadores que han visto con las manos entintadas. Y bajo un tilo se van olvidando de las palabras, convirtiéndolas en silencioso acercamiento.
miércoles, 15 de agosto de 2018
Estética
El pianista multiplica sus dedos sobre las teclas y las notas dibujadas por solo dos manos ocupan en un instante detenido el hueco del teatro con mínimos gusanos luminosos. Ni un solo rincón queda sin la luz sonora de la música. Y una vez ensanchado el espacio, una vez vaciado el espacio de mero espacio, llaga la voz. Su temblor al vestir cada palabra. La inflexión que pide una consonante, las vocales. La dicción se tumba sobre la hierba de los oídos a contemplar el cielo de los significados incomprensibles. La voz, túnica que cubre el cuerpo de las palabras.
lunes, 13 de agosto de 2018
Fenomenología
La escritura de la madrugada filtra una hebra de luz entre las consonantes; y las vocales, aún por despertar, se mueven inquietas en el pensamiento. El reflejo de las flores silvestres, que desde el sábado habitan un jarrón sobre la cómoda, avanza por el aire todavía en pijama. La ropa me espera engalanando una silla, que se mira en el espejo del armario y se ve como le gustaría aparentar siempre. Las aves continúan desaparecidas en el incógnito lugar donde pasan las noches y en un lejano hangar un conductor arranca el autobús de línea al que he de subir.
sábado, 11 de agosto de 2018
Metafísica
A veces, entre horarios exigentes y tiempos idénticos en metros y autobuses, durante días de una semana como cualquier semana en la laboriosa ciudad, a veces solo aportan novedad, mudanza, invención, sorpresa las palabras. Solo las palabras. Las que vuelan con las hojas en las calles donde sopla el viento. Las que uno se dice a sí mismo cuando se sueña. Las que quedan escritas en la servilleta de un restaurante tras salir por la puerta sin siquiera recordarlas. Las que susurra el atardecer desde las cañerías y el cableado telefónico que cruza las fachadas de los edificios, a veces.
jueves, 9 de agosto de 2018
Moralidades
Lo que se dice dentro nada tiene que ver con lo que se oye fuera. Fuera está el ruido, la feria, tiovivo de las sensaciones que arrastra toda quietud hacia un destino incierto. Se une al griterío de la intemperie, a su sordera. La que otorga razones para abrir los ojos y querer oír el matiz de un sonido en la nube que se dibuja en el cielo. Lo que se oye fuera nada tiene que ver con lo que se ha dicho dentro. Dentro, el pecho alienta la pureza con la que las palabras son pronunciadas. Su cauta entrega.
martes, 7 de agosto de 2018
Ética
La pureza es un helado de limón en la mano de una niña que corre calle abajo en busca de un amigo con quien compartirlo. Es el amigo que se da la vuelta al oír su nombre y en el gesto de aburrimiento dibuja de repente una sonrisa capaz de derretir todo un iceberg. Es el iceberg del polo sur que el cambio climático empuja a la deriva de los vientos, una montaña de fulgor blanco que añora el continente helado que lo vio partir. Es el helado de limón que los dos han compartido una vida en la memoria.
sábado, 4 de agosto de 2018
08 | Hopperiana
Farmacia de guardia en la avenida, un forúnculo de luz que irrita la piel de la noche. Ante su desvelo se arremolinan en la acera los indolentes que aborrecen el día y beben para que no amanezca nunca y los ansiosos que empuñan el buril de las horas hasta hendir otra muesca detrás de la puerta del tiempo. Los conductores disminuyen la velocidad al pasar frente a mujeres que les gritan las palabras de amor que solo conocen por las películas. El pintor insomne se aleja por una travesía lateral y en el cuaderno de hojas blancas escribe «Silbers Pharmacy».
miércoles, 1 de agosto de 2018
07 | Hopperiana
Hay un violín oculto en el silencio de la noche dentro del pasaje subterráneo. Crepitan los tubos de calefacción al enfriarse. Un temblor metálico de persianas bajadas cruje cuando las roza una corriente. Nada oye quien camina, ensordecido por el eco de los pasos al golpear el pavimento. Suena un violín encubierto en el laconismo con el que el camarero del turno de noche vierte en el vaso con hielo un licor. Tampoco se percibe, ahogado por la plegaria que rezan, acodados en la barra, los escasos clientes. Una melodía que se olvida en el cenicero, junto a las colillas.
jueves, 26 de julio de 2018
06 | Hopperiana
El oleaje quieto del terciopelo azul del telón y los flecos tan verdes como hieráticos observan. Mientras el operario no baje la palanca que oscurezca la sala y alce la que libera el escenario, la luz excesiva de la platea la convierte en involuntario teatro. Por los corredores avanzan actrices y actores a pesar suyo, concentrados en memorizar un número de asiento que conocen de memoria, empeñados en contrastarlo con la realidad, estudiosos del programa de mano. Personajes cabizbajos ante los ojos de las lámparas y el ojo del cíclope que ha de conmutar su pena durante hora y media.
lunes, 23 de julio de 2018
05 | Hopperiana
Luz para insomnes, dicen. Tantos palés de ladrillos, la hormigonera sin descanso y la pericia de los albañiles para ir trazando un círculo que ascendiera al cielo. En la biblioteca pedí un volumen de arte babilónico. En verano colocan un ventilador delante de los anaqueles con los libros que nadie lee. Las páginas corren solas. Es como leer en un avión mientras me informaba sobre las grandes torres de babel. La nuestra, una vez alzada, se ha quedado muda. Solo la iluminan para los noctámbulos, que desde lejos no ven el farolillo que dejo encendido en el porche mientras duermo.
viernes, 20 de julio de 2018
04 | Hopperiana
El guante que se corresponde con la mano que sujeta el asa de la tacita de café no está sobre la mesa. Ni apretado en la mano izquierda, que permanece enguantada. En la cristalera la realidad se resume en el reflejo de la hilera de lámparas que iluminan el local. Un radiador de pared, junto a la puerta, se ve cuestionado al comprobar cómo la joven no se ha quitado el abrigo ni la pamela. El camarero, al otro lado del salón, la mira decepcionado. La muchacha observa la noche en su taza. Cuando la haya bebido, seguirá la noche.
martes, 17 de julio de 2018
03 | Hopperiana
Al levantarse de la silla frente al caballete, artista maduro y posiblemente impedido, el tiempo le habrá dado un codazo al bote de los morados derramando sobre el cielo el color que lo inflama. Cada día un poco más torpe, reflexiona, al alzar los ojos por encima de la alameda antes de echar la llave a la primera bomba de gasolina. Cada día un poco más qué, piensa frente a la segunda. Y ante la tercera se detiene. No han parado suficientes vehículos. Uno que ahora llenara el depósito compensaría la jornada. Aguarda, la vista en la carretera. Silencio. Oscurece.
jueves, 12 de julio de 2018
02 | Hopperiana
A sí misma se contempla en el reflejo de los cristales, larga melena. Con destellos de oro. Cuajada de grano. En la ladera bascula a capricho de la brisa. Se gusta, marea amarilla. Don. Cuarteada por el espejo de los vanos donde se mira, incapaces de captar su extensión, que es también la vastedad del verano. Hay gritos de chiquillería alrededor del estanque y una larga mesa con el mantel anudado a las cuatro esquinas. A sí misma se mima, sin descubrir por qué las ventanas permanecen cerradas. Ni por qué un rumor mecánico ahoga el canto de los pájaros.
miércoles, 4 de julio de 2018
01 | Hopperiana
El ademán administrativo de la farola encendida tramita con insectos el movimiento de la salamandra. Ufano de su geometría, el enladrillado de la tapia mal iluminada descredita la libertina idea de laberinto. En el círculo de maleza que se dibuja al pie, un roedor con mono de camuflaje juega al solitario y de vez en cuando lanza una carta con mohín irritado, sin que nadie sepa cómo le va la partida. A lo lejos, un perro le ladra a la luna. La oscuridad urde, aunque sin propósito. Nada existe más ajeno a la experiencia del vigilante nocturno que lo inesperado.
lunes, 2 de julio de 2018
# 600
Dependen de que alguien los mire para ser. Solos no son nada. Parecen hermosos, acaso tristes, pero es una impresión. Únicamente son lo que son. Una ladera, una playa, el horizonte. Minerales, vegetales, insectos. Una combinación biológica que posee su propia mecánica y que podría existir durante siglos sin nadie. Pero no serían nada. Ni agrestes, ni metafóricos, ni seductores. Si algo son, es porque hay quien se levanta temprano, se viste con ropa ligera, sale en su busca. Y al encontrarlos —la colina, las dunas, un prado—, al sentarse a contemplarlos, les entrega su ser. Y entonces son.
viernes, 29 de junio de 2018
# 599
El tiempo se entretiene cosiendo. Con dos agujas entrelaza hilos de madejas diferentes. Mientras tanto escucha la radio y a veces también habla con la ventana. La ventana le cuenta cómo es el mundo y el tiempo lo interpreta en las cenefas de la bufanda que teje. Cada día anda liado con su labor y al atardecer tararea canciones de otra época. Pero con peor voz. Luego lo guarda todo en la cesta de la costura y en la cocina tuesta dos rebanadas. En el hervidor el agua aprende a bailar suelto en un cursillo acelerado para melancólicos. El tiempo.
miércoles, 27 de junio de 2018
# 598
Las palabras que en invierno se pronuncian dentro del bosque quedan escritas sobre su atmósfera con la tinta blanca del denso aliento. Un pequeño cúmulo de calor corporal las imprime en la gélida humedad del ambiente y fluyen entre las copas de los árboles como versos de un poema futurista. Una extensa oda triunfal va quedando atrapada entre las ramas a cada paso. Un poema vanguardista que recita la hojarasca con voz ronca y memorizan los insectos entre los arbustos. Una sinfonía de sensaciones oblicuas que convierten el paseo por el bosque en una perfomance. Escritura del lugar. Del instante.
lunes, 25 de junio de 2018
Maga Losnay, dietario # 597
sábado, 23 de junio de 2018
Dietario de sensaciones, 50
La niebla oculta un horizonte de montañas, las azoteas, las calles. El cielo nublado ha convertido el sol en la piedra que cae al fondo de un río de aguas agitadas. Losas con las que cubren la arena de la plaza donde antes la chiquillería jugaba a pelota. Lo que no deja ver aquello que se sabe que está debajo. Ni oler, ni tocar, ni presentir. Está ahí, con una presencia ida. Con la voz ahora muda. Una noche que se ha quedado a vivir en horas diurnas. La ausencia. Un globo que se escapa de la mano del niño.
miércoles, 20 de junio de 2018
Becqueriana / 140
Llueve. Y de repente arrecia. Tambores sobre la realidad. Igual que si alguien hubiera lanzado un grito ante el máximo horror. La marquesina los recoge. Una barca en mitad de un océano iracundo. En el bolso de ella no hay paraguas. Tampoco en el macuto de él. Cuando han salido lucía el sol. Y ahora diluvia. Ni los autobuses llegan, solo pasa un río de agua por el lateral de la calzada. Bajo la marquesina, ven llover. En una isla solitaria. Un brazo por el hombro, el otro alrededor de la cintura. El agua golpea el frágil techo con ganas.
martes, 19 de junio de 2018
Dietario de sensaciones, 49
Las metáforas nacen en la piel. De la brisa húmeda que la ventana cuela. De una imagen que estremece recordar. De una caricia que se sintió durante un sueño. La piel da sentido a muchas palabras que prenden en las sensaciones del tacto. A otras que la cubren, en cantidad durante el invierno, con liviandad durante los días calurosos del verano. Y aun a términos que la explican, que la nutren, que la vivifican. Tantas palabras brotan de la fuente incesante de sensaciones que es la piel. Pero las decisivas, las que revive con mayor intensidad son, siempre, las metáforas.
sábado, 16 de junio de 2018
Becquerina / 139
Una toalla te envuelve cuando sales del baño. El cabello aún húmedo, la piel que brilla. Caminas descalza. Sobre la cama has dejado las prendas que has elegido para este sábado en el que las nubes transitan por el cielo con pesares de otoño. Te desprendes de la toalla y tu desnudez viste de luz la habitación. A tu espera, un claro de bosque, que alzas hasta tu cintura. Dos cumbres gemelas que acogen tus pechos. Un salto de agua cristalina recorre tus piernas, que una ladera ajusta. Abotonas, luego, una playa de dunas y te abrigas con su oleaje.
jueves, 14 de junio de 2018
Dietario de sensaciones, 48
Tierra que ampara. Oscura, húmeda. Las manos la han moldeado, no para cántaro. Para que cobije solo. Para que alimente. Sin nada más. Para que sea tierra, ella misma lo que ha sido siempre, ahora en el alféizar de una ventana. Quien le ha enseñado a la tierra lo que la tierra siempre ha sabido: a acoger. Los dos brotes han llegado deslucidos. Famélicos tal vez. Allí donde habían nacido, entre piedras, paseantes, tráfico, no llegarían lejos. Pero han tomado un autobús. Han caminado. Han subido escaleras. Un sueño. Y ahora se acuestan en la tierra que les han preparado.
lunes, 11 de junio de 2018
Becqueriana / 138
Regreso al atardecer con un ramillete en la mano, los versos que he encontrado entre la hierba que bordea el camino. Un poema silvestre. Solo puro contenido, sujeto en el puño mientras la luz de la tarde se apaga como quien recoge las lonas que protegen del sol al mercadillo. Ya en casa le he buscado un jarrón con forma de soneto. Catorce flores con cuatro rimas combinadas. Lo he colocado sobre la cómoda y me ha parecido que el poema se sentía solitario. He buscado dónde descubrir más versos, pero solo estábamos tú y yo. Catorce caricias, otro soneto.
sábado, 9 de junio de 2018
Dietario de sensaciones, 47
Solo a través del frío el agua cobra forma. El calor, por el contrario, la anima a desaparecer, y desaparece. Las palabras son como el agua. La distancia las aquieta. Las ajusta a un molde. Enmudecen con el alejamiento. Y con el calor del abrazo de bienvenida se diluyen. Se evaporan. El cauce de las palabras es la conversación. Igual que el agua crea una corriente que aprovecha los desniveles para ir de un lugar a otro, las palabras, para viajar, utilizan a quienes charlan. Les acompañan. Pero agua y palabras aún tienen otro aspecto en común. Sacian la sed.
jueves, 7 de junio de 2018
Becqueriana, 137
La mañana se ha tumbado con ellos en el pequeño prado junto al río. Les señala aquello de lo que se siente satisfecha: un nube solitaria en mitad de un cielo cristalino, el vuelo ordenado de una bandada de patos nómadas, la torre del campanario en la iglesia y los álamos que crecen alimentados solo por su propia alegría. Se lo ensalzan todo. Les gustan las mañanas tranquilas y rurales. La brisa, el resplandor, los silencios. Se va agradecida. Saben los dos que luego, cuando hable con la nube los señalará a ellos, sus amigos en el prado, con orgullo.
martes, 5 de junio de 2018
Dietario de sensaciones, 46
Un carro de heno detenido junto a las puertas del pajar. Los andares de realeza de un pavo que contempla escéptico la escena. El mugido interesado de la vaca al ver su enormidad. El vuelo ágil y asustado de los gorriones que picoteaban por la grupa. El paso filosófico del caballo hacia la valla donde se ha quedado el forraje. Revuelo de moscas alrededor de las ideas en movimiento. Ella, vestida con camisa de leñador y botas de montar; él, con chaleco de cuero y pantalón ajustado. El cielo azul de un set de rodaje. El Tiempo de las Baladas.
domingo, 3 de junio de 2018
Becqueriana / 136
Deja la voz de ser voz para transformarse en melodía, y las manos dejan de ser manos por dirigir la orquesta de las sensaciones, y la piel deja de ser piel para convertirse en partitura de misterios, y el tiempo deja de ser día para erguir sobre la luz el templo alzado de la noche. Los labios dejan de pronunciar palabras sobre la sal de los cuerpos y los cuerpos dejan de ser meros personajes secundarios para asumir el papel protagonista del instante. El cabello renuncia a su peinado y las mejillas dejan su palidez olvidada entre rosas intensamente rojas.
viernes, 1 de junio de 2018
Dietario de sensaciones, 45
Se palpa los bolsillos por encima de la gabardina oscura, con la mirada revisa los lugares donde se suelen dejar los objetos —las llaves, el monedero, un pañuelo de seda— para asegurarse de que no se lleva nada consigo. Comprueba los cierres de la maleta donde ha guardado las telas negras con las que acostumbra a cubrir la realidad durante un tiempo. Ya está a punto para partir. Lo hará en el instante en el que una niña pizpireta entre dando saltos por la ventana y lo llene todo de color; todo, menos las pertenencias que sombría arrastra escaleras abajo.
lunes, 28 de mayo de 2018
Becqueriana / 135
Al atardecer leemos en voz alta lo que Emily ha dejado escrito: «La lámpara, dorada, sigue ardiendo / sin saber que el aceite se agotó». Te has vestido de blanco y yo simulo un uniforme de cartero. A Emily le gusta contemplar la realidad desde la mirada que cualquiera ve que está mirando. «Expulsarme a mí misma de mí misma. / ojalá yo supiera». Y el té. Tomamos té verde con bizcocho de zanahoria sobre un mantel bordado. Servilletas de tela. Notas de piano melancólico. Nos miramos, sonríes mientras recito: «Mínimos ríos, dócilmente, a un mar. / Mi Caspio, tú».
jueves, 24 de mayo de 2018
# 596
El silencio es la marquetería geométrica de un marco. El paspartú y el cristal. Un lienzo doblado en el cajón de un armario, un grabado traspapelado entre libros que solo acumulan polvo, una fotografía arrugada. Como caminar y no oír los pasos, tamborilear sobre el vaso de cristal y no apreciar el tintineo, posar la taza sobre el plato tras el primer sorbo en una película muda. El silencio es el amante de los sonidos que rescata el lienzo, el grabado o la fotografía y los enmarca y los cuelga. Quien permite escuchar la cotidiana sinfonía de mínimas, esenciales, resonancias.
lunes, 21 de mayo de 2018
# 595
Jersey de lana. El pañuelo en la cabeza. Botas con lunares de barro seco. Un cielo nuboso, gris por un costado, más oscuro hacia el norte. La lluvia fina, casi imperceptible, da brillo a las piedras comunes convirtiéndolas en minerales con algún prestigio. Después de contemplar el horizonte, y leerlo, bajo la vista. La tierra aún conserva el helor de la noche cuando me agacho a rozarla, áspera, dura. En las plantas busco los brotes que ya presienten la estación que no se ve y compruebo su salud con un leve asentimiento. El gesto que reconforta. Un día de invierno.
jueves, 17 de mayo de 2018
# 594
Hay un paisaje oculto en el paisaje. Contemplo los campos labrados, el pinar, el viejo molino, los prados. Hay una piel sensible debajo del vestido de la luz. Una vida secreta de raíces y rocas, de corrientes de agua, de animales que en su ceguera ven. Lo imagino sentados en un peñasco, con la vista tendida sobre el horizonte y las manos en olvido. Un manantial de sustancias del que se nutren los verdes y la policromía que los enriquece. Una tierra que me gusta acariciar con los pies cuando camino. Con la que me alumbro si cierro los ojos.
viernes, 11 de mayo de 2018
Maga Losnay, dietario # 593
Se vive, sobre todo, en los intervalos. Instantes que se desprecian entre dos momentos importantes, como si el reloj los distinguiera con un sonido entre las campanadas. Una conversación sutil que de camino se entretiene en los márgenes, no en el avanzar. ¿Dónde vas?, a veces alguien pregunta. Voy. Es la única respuesta. Ir es la meta, no llegar. Cocinar resulta tan reconfortante como comer. Vestirse tan excitante como salir. Contemplar al atardecer el paisaje desde la ventana, en silencio, entrega más conocimiento que oír un televisor sintonizado a todo volumen. Interludios, lapsos: el envoltorio del tiempo es el regalo.
domingo, 6 de mayo de 2018
Cuaderno de instantes
Cierro la libreta, el lápiz rueda por encima de la tapa, cae a la madera de la mesa con un ligero rumor y cuando ahí se detiene me doy la vuelta y continúo escribiendo. Con los pasos, al caminar por la estancia; con el cuerpo, al echarme en el sofá de contemplar estrellas. Escribo, brazos en alto, con las manos. Palabras, versos, poemas. Una caligrafía delicada que recoge con fidelidad la pared donde la luz de la lámpara se proyecta, aunque la desmemoria del aire que la escribe impida que se la aprenda. Igual que lo escrito en el papel.
jueves, 3 de mayo de 2018
Calambur noctívago
Un lenguaje de escalofríos. Delicada escritura de dedos nómadas cuyos manuscritos no conservan palabras sino temblores allí donde el lector lee. Una grafía de labios que inscribe en la piel oscilaciones del cuerpo que solo el cuerpo decodifica y comprende. Haz de significados cuyos signos varían y se inventan cada día, a cada momento. Una lengua de estremecimientos. La del susurro de las manos al caligrafiar sensaciones en el papel de los sentidos. La del trazo del pincel de las caricias que recorre el país del recóndito silencio. La de los acentos petrarquistas cuando inspiran las sílabas de un gemido.
domingo, 29 de abril de 2018
Becqueriana / 134
Quedan aún jirones eléctricos de sonido en el aire, entre el reposo de las nubes y el graznido lejano de las gaviotas. Rápidos descensos de los dedos por el mástil de las guitarras, dobles redobles de batería, golpes de mazo sobre el granito del bajo. Entre el tintineo de la cucharilla en la taza y la respiración de la rebanada recién tostada. Aullidos con forma de palabra que se retuercen en el aire con corporeidad metálica. Entre el arpegio del cuchillo al repartir democráticamente la mantequilla y tus zapatillas al acariciar el suelo cuando te levantas a buscar la mermelada.
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