Una mariposa aparece en el poema. Su vuelo se rige por el tiempo de otro siglo. También su geometría, que desconoce la línea recta. Asciende y luego baja para acercarse a un verso. Da vueltas en el aire, va a la estrofa del costado. No se traslada, disfruta. Uno comprende muy pronto que una civilización de mariposas jamás hubiera inventado el avión. Ni siquiera el tren. Pero sí la poesía. Y el arte. Y la filosofía. Agita los colores de sus alas consciente de la combinación cromática que provoca. Bebe de las palabras más bellas su hermosura. La leo, leyéndome.
domingo, 29 de junio de 2014
viernes, 27 de junio de 2014
Becqueriana / 52
Los sueños se desplazan por la piel como caricias. Mecen el cabello cuando el sueño sale en plena noche con una túnica blanca para escuchar la canción del río. Enrojecen las mejillas los sueños voladores, aquellos que transitan entre estrellas que amaestran los pétalos de luz. Cosquillean en el cuello los sueños diminutos, versos despistados que de repente miran alrededor y no encuentran el poema donde nacieron. Estremecen los brazos los sueños que avanzan por un trigal, crecido y espeso, en el que las amapolas señalan el rumbo. Vibran las manos cuando sueñan que son la caricia de un sueño.
miércoles, 25 de junio de 2014
Nocturno 05
Piececitas de puzle. De un puzle que resbaló de la mesa donde lo había montado y se desperdigó por todas partes. Aun puede ser que levante la alfombra y encuentre una. La echaré al montón, ya da igual. La pieza de la barba que me roza el hombro, con las demás. La pieza de la mano en el vientre, idéntica indiferencia. La pieza del mordisquito en la oreja, insensible también a cuanto puedan después decir, ebrios por el alcohol del momento. Ni siquiera quien me besó las manos dejó un cuadradito con enganche con el que empezar a montarlo. Tampoco.
lunes, 23 de junio de 2014
Nocturno 04
Jersey rojo, asoma el cuello y las mangas de una camisa jaspeada, faldón azulado que se funde con el lugar donde se reclina. Sombrero en forma de turbante con un rosa arremolinándose en las sienes. Flequillo. Cejas pronunciadas. Ojos cansados, pero mirada vivaz. Ojeras. Labios pintados. En rojo. Intensos, solícitos. Aunque cruza los brazos ante el pecho; una mano se coge el hombro, la otra no está. El bulto del seno se carga sobre el brazo. Hierba amarilla, o tal vez cielo amarillo. Destellos verdes. Amapolas. Mejillas encarnadas. La llaman Margot. Espera, está esperando. En este punto la pintó Picasso.
viernes, 20 de junio de 2014
Nocturno 03
Apagar las luces a pedradas parece ser uno de los alicientes de la calleja, aunque no sea el más llamativo. Volcar los cubos de basura y esparcir su contenido tampoco debería ser el propósito principal, pero quien la transita ha de caminar apartando inmundicias. Así, a oscuras y entre malos olores, los bultos que aguardan en los portales incitan a un extraño paraíso. Se diría que nada noble hay en ella desde la bocacalle por donde se entra. Y sin embargo, no existe otro lugar en la ciudad donde las voces sean tan dulces y delicadas, los discursos tan consoladores.
miércoles, 18 de junio de 2014
Nocturno 02
Mientras queden espectadores rezagados bajo la marquesina, la bombillería del cine no se apaga ni la persiana se cierra sobre el vestíbulo. Son las órdenes. A veces, antes de despedirse tras un encuentro casual, le gusta a la gente comentar la película un instante o encender un pitillo. Miro entre las butacas si hay bultos olvidados, cierro puertas y apliques, y por lo general una vez acabada esta tarea ya no hay nadie en la acera. Apago. Me voy. Otro día más, tras haber visto la misma película de ayer. Por eso me asustó, al principio, aquella sombra. Inesperado taconeo.
martes, 17 de junio de 2014
Nocturno 01
No se gira para mirarla. No ya a los ojos, ni siquiera al escote. Pero puede verla reflejada en el zinc de la barra. Igual que una foto mal hecha. Desenfocada. Una mancha su vestido, los labios pintados, el peinado. Se acerca. Con cuatro cucharadas de azúcar en la voz. Ni así consigue que se dé la vuelta. Que le diga algo. Tal vez que espera a otra persona. Insiste. Lo pasaremos bien. La cabeza le estalla. Abren la nevera, ve cómo desde el recipiente de las hamburguesas gotea un líquido sanguinolento que cae sobre el cuenco de la vainilla.
sábado, 14 de junio de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 21
En este instante de la tarde en el que los pájaros renuncian al vuelo y contemplan el cielo desde las cornisas y aleros con indiferencia, en el que las abejas se adentran en el panal porque las flores quedan en el costado de las sombras, en el que el perro pastor se tumba en mitad del camino y solo pestañea como única señal de alerta, en el que los escarabajos se entierran con una decisión que no admite gusto por los colores, en el que las hojas de los árboles languidecen y su verdor añora otras convicciones. En este instante.
jueves, 12 de junio de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 20
Medio desencajada y con los cristales rotos, los herrajes de la ventana chirrían cuando trato de abrirla sin lograrlo. Tropieza su cierre. Astillas de pintura caen como escamas de un pez muerto nada más rozarlas. Sobrevuelan la estancia y brillan un instante sobre los escombros acumulados en el suelo. Tiemblan las hojas si las fuerzo. Ni yo mismo podría explicar por qué quiero abrir una ventana que ya no tiene cristales. Pero sigo intentándolo. La observo por descubrir el estorbo. Me empeño. Cuando lo consiga, me digo, habré hecho lo que otra persona hacía a diario. Aquí. Comprenderé sus gestos.
martes, 10 de junio de 2014
Becqueriana / 51
El sol va camino de otras realidades cuando escribo. En los dorados que deja sobre los edificios se advierte su cansancio de orfebre antiguo. Ha insistido un tiempo sobre cuanto se ve y a su hora guarda las herramientas en una caja metálica y emprende el camino que conduce a las montañas. A punto de desaparecer de la vista, encuentro las palabras que redacto. Ese filamento de luz última sobre el que los cuerpos bailan. El sonido a piano desafinado de las garzas en la laguna. Y el cañaveral donde se ocultan los amantes para abrazarse. Mientras las ranas croan.
sábado, 7 de junio de 2014
Becqueriana / 50
La luz lleva en la bolsa siempre un estuche con lápices de colores. Un lápiz para cada matiz. De madrugada lo abre sobre una roca en forma de mesa, y va eligiendo lápices según los paisajes van despertando. Algunos días, la luz sufre pequeños ataques de daltonismo. Se equivoca en los colores. No los distingue. Y si no tiene nadie al lado que le preste de su propio estuche el amarillo para subrayar los oros del sol, los pinta con un gris y deja el día nublado. A veces se frota los ojos, reconoce el error, y dibuja los deseos.
jueves, 5 de junio de 2014
Becqueriana / 49
Las mañanas empiezan con un coro
de ninfas cuyas voces luminosas blanquean el horizonte. Con el vuelo invisible
de una libélula sobre los nenúfares recién abiertos en el lago. Con el manto
níveo de pétalos al pie del almendro solitario. Con los circunloquios en el
lenguaje clandestino de los pájaros. Con las nubes despistadas que se
equivocaron de borrasca. Con el tránsito de las abejas que recogen gotas de
dulzor en las flores y primorosas las almacenan. Con el inquieto maullido del
gato hambriento que araña los cristales de la puerta. Con el beso que crea el
mundo cada día.
martes, 3 de junio de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 19
Besan los labios la piel de la manzana mientras los dientes resbalan por su suavidad. Y a cada intento de morderla, la fruta se defiende esquivándolos, hasta que el más incisivo consigue pinchar su escurridizo manto y los demás, con ese apoyo, logran introducirse en la carne vegetal y blanca. Y cavan la zanja que les permite arrebatar una esquina de dulzor a la perfecta circunferencia que hasta ese momento había sido. Pedazo que en la boca se transforma en néctar dorado y que la inunda y la desborda. Y yo, que contemplo extasiado la acción, limpio con un beso.
domingo, 1 de junio de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 18
Las nubes narran la mañana con una voluminosa caligrafía que no deja márgenes en el papel ni respeta el trazo de las líneas. Los pájaros convierten el cielo en una partitura de bemoles fugaces que ellos mismos se encargan de interpretar. Las copas de los árboles tienen una letra menuda, llena de arabescos casi ilegibles en la que cuentan su azarosa vida. Los rosales escriben versos delicados de punzantes epigramas que llaman la atención de quien los lee mientras una gotita de sangre le mana en la yema del dedo. El viento ensaya una obra de teatro que nunca estrena.
viernes, 30 de mayo de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 17
Las palabras —la palabra que acabo de copiar y también las que le seguirán— forman antes de aparecer en la frase un montoncito de ladrillos. Retiro una. La sumerjo en el cubo de agua. Unas burbujitas achampañadas salen de cada palabra mientras se sellan sus poros. La extraigo luego y unto un poco de argamasa en una de sus caras. El cemento de los sueños lo he mezclado antes con la arena de lo vivido. Y la coloco en su lugar, siguiendo el nivel que marca un cordel tirado a plomo. Ladrillo a ladrillo, escribo la casa que me acoge.
martes, 27 de mayo de 2014
«Alambres», de Lola Nieto
Lola Nieto (1985) presenta en su primer libro una fábula contemporánea, en la estela de la metamorfosis kafkiana, dividida en dos partes que se corresponden también con dos registros opuestos de una misma evocación: un poema fragmentario, astillado se diría, y unas turbadoras prosas de dietario que en cierto modo ofrecen a posteriori claves para desentrañar los elípticos versos. Un texto impresionista que traza una simbiosis entre la vida animal —una perra negra—, la vegetal —con su propio neologismo: «serárbol»— y la subjetividad, encarnada en una Perséfone que responde más al juego pseudoetimológico del término (para-sí-habla) que al mito.
(El Ciervo nº 747. Mayo-junio, 2014)
lunes, 26 de mayo de 2014
Portuaria # y 7
«Siete es el número de los silencios». Lo escribí en aquel libro que mereció el Premio Local. No sé por qué nunca se cita este premio. Los premios no tienen importancia, pero si se citan, hay que citarlos bien. «El siete se estremece ante el silencio». Este verso causó pavor en el jurado del Premio Regional, decisivo en mi carrera. Ahora me concentro en el Premio Nacional. Por cierto, ya no puedo hablar de números, el presidente del jurado es alérgico a las matemáticas. Ni del silencio, Fulanito es pro discurso. Y Menganito, ¿qué pensará Menganito de lo que pienso?
sábado, 24 de mayo de 2014
Portuaria # 6
Biu biu biuti ful, jolí, linda jolí. No not no te digo más. O ni me menos. Biu biuti biutiful. Jolí. Co como quie quiera que se di diga. Chun chune frau. Frau. Chun. Jolí, linda jolí. Si si pudiera pudiera de decir telo en ver en ver en verso. Odi Odis Odiseo como Odiseo al palo al palo ama amarr amarra do amarrado al palo al palo. Biuti, jolí, frau, lin linda. Odi Odiseo yo yo. Tú si tú si tú sirena. Yo be be bebi do. Tú tú al tú alco ho ho hol. Chun frau. Linda. Jolí.
jueves, 22 de mayo de 2014
Portuaria # 5
El aburrimiento le llevó al extremo de escribir versos. Contó sílabas con los dedos, aunque no recordaba dónde iban los acentos. Los dejó allí donde cayeran. Total, nadie iba a leerlo. Sentado en la escollera, reunió unas cuantas palabras que le parecieron hermosas. Poéticas. Al cabo de un rato se sentía exultante. Un poema. Mejor: ¡Un poema! Arrancó la hoja de la agenda. En una papelera encontró un bote de mermelada. Sucio. Guardó el papel, lo cerró y lo lanzó al mar. Esperanzado. Regresó paseando. Al doblar el muelle del puerto deportivo vio un tronco flotando. Al lado, su tarro.
martes, 20 de mayo de 2014
Portuaria # 4
Es rubia. La piel muy blanca. Nieve recién caída sobre los prados, la piel. El cabello del color de los atardeceres de verano. No de los de ahora, de los de antes. Y alrededor de su cuello blanco, un lazo azul. Un collar, sí, tal vez. La melena, una red que atrapa las miradas. Su vientre, un óvalo perfecto. Sus manos son las mías cuando suelto el cabo y se desliza sobre la sábana del puerto hacia la bocana. El chapoteo de sus pasos cuando la impulsa el remo. Se llama Laura. Se llama Madonna Laura. Y está en venta.
sábado, 17 de mayo de 2014
Portuaria # 3
—Sí, es de los nuestros.
—Es cierto. Pero.
—Nada de peros. Es uno de los
nuestros. Y basta.
—De acuerdo, de acuerdo. Sí,
estoy de acuerdo.
—¿Entonces?
—Bueno, está aquel escrito, ya
sabes. Quizá lo redactó sin creerlo.
—Di obligado.
—Quizá empujado por las
circunstancias.
—Di manipulado. ¡Coaccionado!
—Pero ahí está. El texto.
—Como si no estuviera. Lo
quitaremos de las obras completas.
—No se puede hacer eso.
—¿Por qué? Tú mismo lo has dicho.
Obligado y manipulado. Son palabras tuyas. Luego, si no es suyo, hay que retirarlo.
—Eso es imposible.
—Me pregunto si tú eres de los
nuestros.jueves, 15 de mayo de 2014
Portuaria # 2
Una mañana salieron todas las embarcaciones menos la suya, que se quedó amarrada, oscilando, pensativa. Tampoco apareció el viejo al día siguiente ni al otro. Semanas después se subió a la barca un joven, le echó fuel al motor y la arrancó. Salió a pescar con los demás. Dijo que se llamaba Ernesto. Igual que el viejo. Pensamos que quizá fuera un hijo. Pródigo, no sé. Al cabo de un tiempo Ernesto ya era él. Alguien le preguntó por el otro, por el dueño de la barca. Le respondió de espaldas, con desprecio: El único Ernesto que existe soy yo.
martes, 13 de mayo de 2014
Portuaria # 1
Anclado en el puerto y sujeto al noray, un barco es un cuaderno con las hojas en blanco. Un nieto del Pequod que muestra orgulloso la foto de su abuelo a quien se acerque. Así funciona el mecanismo de la ficción. Una piedra que lanza el niño a espaldas de sus padres por ver cómo se rompe el cristal del agua en forma de círculos que no acaban. Y lo que era fiel pizarra que mostraba las ecuaciones de la realidad, de repente se transforma en plasticidad ininteligible. Desconocido idioma que el muchacho, ya castigado en un banco, tampoco traduce.
sábado, 10 de mayo de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 16
No todas las plumas con las que escribo en el cuaderno de tapas rojinegras están en óptimo estado. Antes, quizá, debería anotar lo feliz que me hace poder escribir de nuevo en estas páginas con pluma. Los papeles ya no admiten la tinta y durante años mis borradores eran necesariamente a lápiz. Temo el momento en el que se acaben las hojas de este cuaderno cuyo papel no transparenta ni los borrones. Que no son pocos, pues elijo la pluma en peor estado; la que, cuando acabo de escribir, me deja los dedos impregnados de su color oscuro. De escritura.
jueves, 8 de mayo de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 15
No son buenos pintores, los lugares. No les guía ninguna estética. Lo ancho resulta estrecho. Lo menudo, basto. Tampoco entienden los colores. Los mezclan mal. Desconocen la simetría, estropean la perspectiva, alteran la ordenación. En una lámina solo convocarían irritados garabatos en rojo del corrector. Algún improperio, quizá. Sin embargo, a diferencia de las obras artísticas, los lugares huelen. Los pasos resuenen en su interior. Les hablan con sensaciones a los dedos que se aventuran. Cultivan higueras cuyos frutos carnosos se ofrecen con desprendimiento. Lo hacen todo sin boceto ni premeditación. Nunca serán reconocidos paisajistas. Una simple niebla los ciega.
martes, 6 de mayo de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 14
El papel donde la mañana sosegada se convierte en escritura aún conserva las irregularidades del molde que filtró el agua. Y pequeñas motas grises, también partículas oscuras, restos de ciertas impurezas que acabaron trituradas junto a los periódicos viejos, los trapos y los cartones con los que se hizo la pasta pobre de papel que unas manos artesanas encuadernarían, después del secado. La pluma va tropezando en los baches de la hoja. Y la caligrafía avanza turbia. Un cauce removido en el que el lodo del fondo asciende a la superficie. Una forma de dejar de ver que muestra más.
sábado, 3 de mayo de 2014
Colores Níveos
La luz enharina la masa moldeada de la realidad antes de introducirla con la pala en el horno del día. Instante en el que despiertan los pájaros bajo las cornisas y entre la yedra. Accidentada sinfonía que borda cenefas alrededor de la sábana del silencio. Momento en el que sobre las hojas del magnolio las gotas de rocío dibujan en universos diminutos el esplendor de sus flores. Tiempo de nubes perezosas que de mala gana se tumban en la alfombra del cielo a cumplir, antes que a hacerlos, con sus ejercicios de levitación. Un abrir el libro por cualquier página.
jueves, 1 de mayo de 2014
Canción de cuna de la marea baja, y 5
Los libros que casi se sabe de memoria junto a alguno que no ha leído. Los trenes en miniatura que surcan la mesa del comedor. Los carretes perfectamente ordenados con las instantáneas de lugares increíbles. El álbum de sellos que completó con su padre y los que rellena con los viajes. Las figuritas de búho en diferentes culturas y materiales. Los cuadernos de anillas con dibujos de la infancia, cuando algún prodigio prometía. La Leika del 32 que tanto había deseado. Todo lo que hemos sido cabe en la caja de fruta donde lo amontonará el vendedor de los Encantes.
domingo, 27 de abril de 2014
Canción de cuna de la marea baja, 4
Las nubes prietas, grises, torpes —se diría— filtran en el aire sin embargo un fulgor cobrizo, óxido de estatua ecuestre sobre el pedestal de granito. Tanta oscuridad en el cielo parece que agolpe también en la cabeza su hollín pelirrojo y la despeine. Que la atribula, seguro. ¿Dónde habré puesto la navajilla que había dejado sobre estos cabos recogidos? El mar, tozudo como pizarra, encabrita por debajo. Arremete de malas maneras. Desasosiega con la filosofía de un demente. ¿O se quedó en proa esta mañana cuando icé los foques, la navajilla? Con la que escribo mis días. Analfabeto me deja.
viernes, 25 de abril de 2014
Canción de cuna de la marea baja, 3
Mis sentimientos no se marchitarán nunca, le dijo, y la brisa que soplaba hacia el mar se llevó las palabras. Quiso atraparlas e hizo un gesto rápido, brusco, como el de quien descubre un mosquito al acecho. En ese momento imaginó el jarroncito de vidrio con incrustaciones doradas donde las colocaría, sobre la mesita de noche. Se vio a sí misma cambiándoles el agua cada día para que jamás se amustiaran. Incluso se le pasó por la cabeza la idea de echarles, a diario, una aspirina. Las imaginaba una revolución perpetua. Pero las palabras, literales, ya flotaban sobre las olas.
miércoles, 23 de abril de 2014
Canción de cuna de la marea baja, 2
No debería estar aquí sentado en esta silla, sino ahí afuera, vigilando el piso franco donde llegan los fardos de lo que luego sale en bolsas. Perfectamente sé que no se puede ser ladrón y policía al mismo tiempo, pero me gusta venir a este comedor en apariencia tan inocente y sentarme a la mesa y esperar a que la vieja que lo habita como tapadera me traiga un café. Tampoco creo que sea cosa de dinero. El dinero llega y se va. Es otra necesidad más íntima. Sin doble vida, sin el filo permanente, sin errores, quién siente vivir.
lunes, 21 de abril de 2014
Canción de cuna de la marea baja, 1
Cuando el cigarrillo que han olvidado en el cenicero se consume hasta la boquilla, se cae hacia atrás y rueda por la mesa hasta encallarse en el tapete de terciopelo. Un humillo asciende con trazo perplejo. La ventana abierta cuela el olor a gasoil quemado de la camioneta, enculada hacia la puerta. En el porche aguardan, uno encima de otro, los capazos negros con los escombros. Azulejos rotos, un espejo hecho añicos, ladrillos con pegotes de cemento. A un lado, puesto en pie, el termo eléctrico antiguo. Tuberías retorcidas por el suelo. Las puertas traseras del vehículo en marcha, abiertas.
sábado, 19 de abril de 2014
Becqueriana / 48
Suena la orquesta. Las flores que adornan el pabellón, pizpiretas trasnochadoras, miran a todas partes. La luna sonríe en el tragaluz. El coro de ancianas de la aldea ocupa sus sillas en el fondo de la pista. Polillas alrededor de una lámpara, los niños revolotean bajo el escenario. El celofán de colores con el que han recubierto las bombillas se despega con el calor y desvirtúa la atmósfera del baile. Los músicos a lo suyo. La cantante deja que la falda se le suba poco a poco. Cuando salimos a bailar la fiesta ha desaparecido. Ya solo existe la inmediatez.
jueves, 17 de abril de 2014
Becqueriana / 47
El papel sobre el que se escribe el primer poema del día es la luz de la mañana. La pluma de los labios, que ha sido cargada en el tintero de las caricias nocturnas, pronuncia las palabras que quedan grabadas en el aire, revoloteando como una bandada de pájaros cantarines. Un nombre, el que traza el horizonte. Los signos, los que señalan el río donde se bañan. Los ojos, fluviales, acogen la pureza y la abrigan con su humedad. Dibujan la alameda donde una tarde se acercó una mano a otra mano y quedaron así entrelazadas. La caligrafía cursiva del gozo.
martes, 15 de abril de 2014
Becqueriana / 46
Las calabazas condensan el silencio de los crepúsculos. Cuando las matas que las vieron nacer se marchitan, consiguen ver entre las hojas alicaídas la imagen del sol último antes de ocultarse por el horizonte y a su semejanza se moldean a sí mismas. Su forma abultada se redondea y el verde negruzco de la tierra se convierte en la luminosidad azafranada de la piel. El sueño del cielo les da identidad y dulzura. Nos hemos sentado en un mojón frente a un campo de calabazas. Admiramos la desprendida alegría. El descaro. Aprendemos de las calabazas a soñarnos mientras nos contemplamos.
domingo, 13 de abril de 2014
Contra el tiempo
Se le da más importancia al tiempo de la que quizá tenga. Como idea, muestra una concepción muy pobre. Como práctica, no pasa de ser un sistema de medición rudimentario. Se piensa que influye decisivamente en la vida de las personas, pero bien pensada no es esta más que una creencia que empobrece la vida. Hay aspectos más decisivos y determinantes a los que a veces no se les da ninguna importancia. Lo peor, sin embargo, de otorgarle privilegios al tiempo es que reduce cuanto se somete a su consideración. Siendo inagotable el vivir, el tiempo lo convierte en repetitivo.
viernes, 11 de abril de 2014
Contra el presente
Cuantas más noticias hay sobre lo que ocurre, menos me apetece conocerlo. Como si la realidad, en realidad, solo fuera un estorbo para descubrir la realidad. La espuma sucia que el cauce remansa en un recodo y es donde se está mirando al pronunciar la palabra río. Un país ideal, aquel en el que al cambiar de emisora en busca de mejor música no se comprende el idioma de los noticiarios. De repente, ese vacío le da sentido a lo que se vive. La información, una garrafa de licor barato con el que rellenar la realidad que no es real.
miércoles, 9 de abril de 2014
Becqueriana / 45
En una de las paredes de la sala
hay un cuadro donde de vez en cuando entramos a pasar la tarde. Una mínima
bahía, con una estrecha playa de piedras y una barca de pesca varada. La mañana
de invierno se ha remangado la falda y se remoja los pies y las piernas, hasta
las rodillas; el rostro de viejo pescador con pipa en la boca de las rocas la
contempla con indiferencia. Buscamos en la acuarela una piedra donde sentarnos.
Le subimos el cuello al abrigo, porque la brisa llega gélida, nos damos la mano
y suspendemos el pensamiento.
lunes, 7 de abril de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 13
Cualquier descripción tiene
siempre algo de epitafio anticipado. El lugar que acoge y se dispone como un
argumento que evidencia el vivir no es menos fugaz que una fecha. Se ignora
mientras el lugar no se distingue de quien lo habita; bien porque se acabe de
conocer, bien porque se haya residido allí de un modo prolongado. Pero si la
ausencia aleja del lugar, el regreso ya no reconoce espacios. Solo existen
ojos, entonces, para lo que no está. Únicamente lo que ha muerto se ve. Toda
descripción es un ejercicio optimista —un espejismo de permanencia— que camufla
una elegía.
sábado, 5 de abril de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 12
La mediocridad tiene dos caras.
Pongamos un tema sobre la mesa. Cualquiera. Cuatro personas alrededor. La
primera enumera tópicos como si dijera aquello por primera vez. Intervención espuria. La segunda les da la vuelta.
Con humor. No es así, sino al contrario. Mejor, con chistes. Primera cara de la
mediocridad, el iconoclasta. La tercera le enmienda. Guardián de las esencias.
No recurre al tópico, sino a lo que, en la creencia consensuada, es. Segunda cara. Queda una cuarta persona.
Es posible que sea yo, que estoy en silencio. Miro a ambos. Y no veo que haya
otra cosa que decir.
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