viernes, 30 de mayo de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 17


Las palabras —la palabra que acabo de copiar y también las que le seguirán— forman antes de aparecer en la frase un montoncito de ladrillos. Retiro una. La sumerjo en el cubo de agua. Unas burbujitas achampañadas salen de cada palabra mientras se sellan sus poros. La extraigo luego y unto un poco de argamasa en una de sus caras. El cemento de los sueños lo he mezclado antes con la arena de lo vivido. Y la coloco en su lugar, siguiendo el nivel que marca un cordel tirado a plomo. Ladrillo a ladrillo, escribo la casa que me acoge.

martes, 27 de mayo de 2014

«Alambres», de Lola Nieto


Lola Nieto (1985) presenta en su primer libro una fábula contemporánea, en la estela de la metamorfosis kafkiana, dividida en dos partes que se corresponden también con dos registros opuestos de una misma evocación: un poema fragmentario, astillado se diría, y unas turbadoras prosas de dietario que en cierto modo ofrecen a posteriori claves para desentrañar los elípticos versos. Un texto impresionista que traza una simbiosis entre la vida animal —una perra negra—, la vegetal —con su propio neologismo: «serárbol»— y la subjetividad, encarnada en una Perséfone que responde más al juego pseudoetimológico del término (para-sí-habla) que al mito.
(El Ciervo nº 747. Mayo-junio, 2014)

lunes, 26 de mayo de 2014

Portuaria # y 7


«Siete es el número de los silencios». Lo escribí en aquel libro que mereció el Premio Local. No sé por qué nunca se cita este premio. Los premios no tienen importancia, pero si se citan, hay que citarlos bien. «El siete se estremece ante el silencio». Este verso causó pavor en el jurado del Premio Regional, decisivo en mi carrera. Ahora me concentro en el Premio Nacional. Por cierto, ya no puedo hablar de números, el presidente del jurado es alérgico a las matemáticas. Ni del silencio, Fulanito es pro discurso. Y Menganito, ¿qué pensará Menganito de lo que pienso?

sábado, 24 de mayo de 2014

Portuaria # 6


Biu biu biuti ful, jolí, linda jolí. No not no te digo más. O ni me menos. Biu biuti biutiful. Jolí. Co como quie quiera que se di diga. Chun chune frau. Frau. Chun. Jolí, linda jolí. Si si pudiera pudiera de decir telo en ver en ver en verso. Odi Odis Odiseo como Odiseo al palo al palo ama amarr amarra do amarrado al palo al palo. Biuti, jolí, frau, lin linda. Odi Odiseo yo yo. Tú si tú si tú sirena. Yo be be bebi do. Tú tú al tú alco ho ho hol. Chun frau. Linda. Jolí.

jueves, 22 de mayo de 2014

Portuaria # 5


El aburrimiento le llevó al extremo de escribir versos. Contó sílabas con los dedos, aunque no recordaba dónde iban los acentos. Los dejó allí donde cayeran. Total, nadie iba a leerlo. Sentado en la escollera, reunió unas cuantas palabras que le parecieron hermosas. Poéticas. Al cabo de un rato se sentía exultante. Un poema. Mejor: ¡Un poema! Arrancó la hoja de la agenda. En una papelera encontró un bote de mermelada. Sucio. Guardó el papel, lo cerró y lo lanzó al mar. Esperanzado. Regresó paseando. Al doblar el muelle del puerto deportivo vio un tronco flotando. Al lado, su tarro.

martes, 20 de mayo de 2014

Portuaria # 4



Es rubia. La piel muy blanca. Nieve recién caída sobre los prados, la piel. El cabello del color de los atardeceres de verano. No de los de ahora, de los de antes. Y alrededor de su cuello blanco, un lazo azul. Un collar, sí, tal vez. La melena, una red que atrapa las miradas. Su vientre, un óvalo perfecto. Sus manos son las mías cuando suelto el cabo y se desliza sobre la sábana del puerto hacia la bocana. El chapoteo de sus pasos cuando la impulsa el remo. Se llama Laura. Se llama Madonna Laura. Y está en venta.

sábado, 17 de mayo de 2014

Portuaria # 3


—Sí, es de los nuestros.
—Es cierto. Pero.
—Nada de peros. Es uno de los nuestros. Y basta.
—De acuerdo, de acuerdo. Sí, estoy de acuerdo.
—¿Entonces?
—Bueno, está aquel escrito, ya sabes. Quizá lo redactó sin creerlo.
—Di obligado.
—Quizá empujado por las circunstancias.
—Di manipulado. ¡Coaccionado!
—Pero ahí está. El texto.
—Como si no estuviera. Lo quitaremos de las obras completas.
—No se puede hacer eso.
—¿Por qué? Tú mismo lo has dicho. Obligado y manipulado. Son palabras tuyas. Luego, si no es suyo, hay que retirarlo.
—Eso es imposible.
—Me pregunto si tú eres de los nuestros.

jueves, 15 de mayo de 2014

Portuaria # 2


Una mañana salieron todas las embarcaciones menos la suya, que se quedó amarrada, oscilando, pensativa. Tampoco apareció el viejo al día siguiente ni al otro. Semanas después se subió a la barca un joven, le echó fuel al motor y la arrancó. Salió a pescar con los demás. Dijo que se llamaba Ernesto. Igual que el viejo. Pensamos que quizá fuera un hijo. Pródigo, no sé. Al cabo de un tiempo Ernesto ya era él. Alguien le preguntó por el otro, por el dueño de la barca. Le respondió de espaldas, con desprecio: El único Ernesto que existe soy yo.

martes, 13 de mayo de 2014

Portuaria # 1


Anclado en el puerto y sujeto al noray, un barco es un cuaderno con las hojas en blanco. Un nieto del Pequod que muestra orgulloso la foto de su abuelo a quien se acerque. Así funciona el mecanismo de la ficción. Una piedra que lanza el niño a espaldas de sus padres por ver cómo se rompe el cristal del agua en forma de círculos que no acaban. Y lo que era fiel pizarra que mostraba las ecuaciones de la realidad, de repente se transforma en plasticidad ininteligible. Desconocido idioma que el muchacho, ya castigado en un banco, tampoco traduce.

sábado, 10 de mayo de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 16


No todas las plumas con las que escribo en el cuaderno de tapas rojinegras están en óptimo estado. Antes, quizá, debería anotar lo feliz que me hace poder escribir de nuevo en estas páginas con pluma. Los papeles ya no admiten la tinta y durante años mis borradores eran necesariamente a lápiz. Temo el momento en el que se acaben las hojas de este cuaderno cuyo papel no transparenta ni los borrones. Que no son pocos, pues elijo la pluma en peor estado; la que, cuando acabo de escribir, me deja los dedos impregnados de su color oscuro. De escritura.

jueves, 8 de mayo de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 15


No son buenos pintores, los lugares. No les guía ninguna estética. Lo ancho resulta estrecho. Lo menudo, basto. Tampoco entienden los colores. Los mezclan mal. Desconocen la simetría, estropean la perspectiva, alteran la ordenación. En una lámina solo convocarían irritados garabatos en rojo del corrector. Algún improperio, quizá. Sin embargo, a diferencia de las obras artísticas, los lugares huelen. Los pasos resuenen en su interior. Les hablan con sensaciones a los dedos que se aventuran. Cultivan higueras cuyos frutos carnosos se ofrecen con desprendimiento. Lo hacen todo sin boceto ni premeditación. Nunca serán reconocidos paisajistas. Una simple niebla los ciega.

martes, 6 de mayo de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 14


El papel donde la mañana sosegada se convierte en escritura aún conserva las irregularidades del molde que filtró el agua. Y pequeñas motas grises, también partículas oscuras, restos de ciertas impurezas que acabaron trituradas junto a los periódicos viejos, los trapos y los cartones con los que se hizo la pasta pobre de papel que unas manos artesanas encuadernarían, después del secado. La pluma va tropezando en los baches de la hoja. Y la caligrafía avanza turbia. Un cauce removido en el que el lodo del fondo asciende a la superficie. Una forma de dejar de ver que muestra más.

sábado, 3 de mayo de 2014

Colores Níveos


La luz enharina la masa moldeada de la realidad antes de introducirla con la pala en el horno del día. Instante en el que despiertan los pájaros bajo las cornisas y entre la yedra. Accidentada sinfonía que borda cenefas alrededor de la sábana del silencio. Momento en el que sobre las hojas del magnolio las gotas de rocío dibujan en universos diminutos el esplendor de sus flores. Tiempo de nubes perezosas que de mala gana se tumban en la alfombra del cielo a cumplir, antes que a hacerlos, con sus ejercicios de levitación. Un abrir el libro por cualquier página.

jueves, 1 de mayo de 2014

Canción de cuna de la marea baja, y 5


Los libros que casi se sabe de memoria junto a alguno que no ha leído. Los trenes en miniatura que surcan la mesa del comedor. Los carretes perfectamente ordenados con las instantáneas de lugares increíbles. El álbum de sellos que completó con su padre y los que rellena con los viajes. Las figuritas de búho en diferentes culturas y materiales. Los cuadernos de anillas con dibujos de la infancia, cuando algún prodigio prometía. La Leika del 32 que tanto había deseado. Todo lo que hemos sido cabe en la caja de fruta donde lo amontonará el vendedor de los Encantes.

domingo, 27 de abril de 2014

Canción de cuna de la marea baja, 4


Las nubes prietas, grises, torpes —se diría— filtran en el aire sin embargo un fulgor cobrizo, óxido de estatua ecuestre sobre el pedestal de granito. Tanta oscuridad en el cielo parece que agolpe también en la cabeza su hollín pelirrojo y la despeine. Que la atribula, seguro. ¿Dónde habré puesto la navajilla que había dejado sobre estos cabos recogidos? El mar, tozudo como pizarra, encabrita por debajo. Arremete de malas maneras. Desasosiega con la filosofía de un demente. ¿O se quedó en proa esta mañana cuando icé los foques, la navajilla? Con la que escribo mis días. Analfabeto me deja.

viernes, 25 de abril de 2014

Canción de cuna de la marea baja, 3


Mis sentimientos no se marchitarán nunca, le dijo, y la brisa que soplaba hacia el mar se llevó las palabras. Quiso atraparlas e hizo un gesto rápido, brusco, como el de quien descubre un mosquito al acecho. En ese momento imaginó el jarroncito de vidrio con incrustaciones doradas donde las colocaría, sobre la mesita de noche. Se vio a sí misma cambiándoles el agua cada día para que jamás se amustiaran. Incluso se le pasó por la cabeza la idea de echarles, a diario, una aspirina. Las imaginaba una revolución perpetua. Pero las palabras, literales, ya flotaban sobre las olas.

miércoles, 23 de abril de 2014

Canción de cuna de la marea baja, 2


No debería estar aquí sentado en esta silla, sino ahí afuera, vigilando el piso franco donde llegan los fardos de lo que luego sale en bolsas. Perfectamente sé que no se puede ser ladrón y policía al mismo tiempo, pero me gusta venir a este comedor en apariencia tan inocente y sentarme a la mesa y esperar a que la vieja que lo habita como tapadera me traiga un café. Tampoco creo que sea cosa de dinero. El dinero llega y se va. Es otra necesidad más íntima. Sin doble vida, sin el filo permanente, sin errores, quién siente vivir.

lunes, 21 de abril de 2014

Canción de cuna de la marea baja, 1


Cuando el cigarrillo que han olvidado en el cenicero se consume hasta la boquilla, se cae hacia atrás y rueda por la mesa hasta encallarse en el tapete de terciopelo. Un humillo asciende con trazo perplejo. La ventana abierta cuela el olor a gasoil quemado de la camioneta, enculada hacia la puerta. En el porche aguardan, uno encima de otro, los capazos negros con los escombros. Azulejos rotos, un espejo hecho añicos, ladrillos con pegotes de cemento. A un lado, puesto en pie, el termo eléctrico antiguo. Tuberías retorcidas por el suelo. Las puertas traseras del vehículo en marcha, abiertas.

sábado, 19 de abril de 2014

Becqueriana / 48


Suena la orquesta. Las flores que adornan el pabellón, pizpiretas trasnochadoras, miran a todas partes. La luna sonríe en el tragaluz. El coro de ancianas de la aldea ocupa sus sillas en el fondo de la pista. Polillas alrededor de una lámpara, los niños revolotean bajo el escenario. El celofán de colores con el que han recubierto las bombillas se despega con el calor y desvirtúa la atmósfera del baile. Los músicos a lo suyo. La cantante deja que la falda se le suba poco a poco. Cuando salimos a bailar la fiesta ha desaparecido. Ya solo existe la inmediatez.

jueves, 17 de abril de 2014

Becqueriana / 47


El papel sobre el que se escribe el primer poema del día es la luz de la mañana. La pluma de los labios, que ha sido cargada en el tintero de las caricias nocturnas, pronuncia las palabras que quedan grabadas en el aire, revoloteando como una bandada de pájaros cantarines. Un nombre, el que traza el horizonte. Los signos, los que señalan el río donde se bañan. Los ojos, fluviales, acogen la pureza y la abrigan con su humedad. Dibujan la alameda donde una tarde se acercó una mano a otra mano y quedaron así entrelazadas. La caligrafía cursiva del gozo.

martes, 15 de abril de 2014

Becqueriana / 46


Las calabazas condensan el silencio de los crepúsculos. Cuando las matas que las vieron nacer se marchitan, consiguen ver entre las hojas alicaídas la imagen del sol último antes de ocultarse por el horizonte y a su semejanza se moldean a sí mismas. Su forma abultada se redondea y el verde negruzco de la tierra se convierte en la luminosidad azafranada de la piel. El sueño del cielo les da identidad y dulzura. Nos hemos sentado en un mojón frente a un campo de calabazas. Admiramos la desprendida alegría. El descaro. Aprendemos de las calabazas a soñarnos mientras nos contemplamos.

domingo, 13 de abril de 2014

Contra el tiempo


Se le da más importancia al tiempo de la que quizá tenga. Como idea, muestra una concepción muy pobre. Como práctica, no pasa de ser un sistema de medición rudimentario. Se piensa que influye decisivamente en la vida de las personas, pero bien pensada no es esta más que una creencia que empobrece la vida. Hay aspectos más decisivos y determinantes a los que a veces no se les da ninguna importancia. Lo peor, sin embargo, de otorgarle privilegios al tiempo es que reduce cuanto se somete a su consideración. Siendo inagotable el vivir, el tiempo lo convierte en repetitivo.

viernes, 11 de abril de 2014

Contra el presente


Cuantas más noticias hay sobre lo que ocurre, menos me apetece conocerlo. Como si la realidad, en realidad, solo fuera un estorbo para descubrir la realidad. La espuma sucia que el cauce remansa en un recodo y es donde se está mirando al pronunciar la palabra río. Un país ideal, aquel en el que al cambiar de emisora en busca de mejor música no se comprende el idioma de los noticiarios. De repente, ese vacío le da sentido a lo que se vive. La información, una garrafa de licor barato con el que rellenar la realidad que no es real.

miércoles, 9 de abril de 2014

Becqueriana / 45


En una de las paredes de la sala hay un cuadro donde de vez en cuando entramos a pasar la tarde. Una mínima bahía, con una estrecha playa de piedras y una barca de pesca varada. La mañana de invierno se ha remangado la falda y se remoja los pies y las piernas, hasta las rodillas; el rostro de viejo pescador con pipa en la boca de las rocas la contempla con indiferencia. Buscamos en la acuarela una piedra donde sentarnos. Le subimos el cuello al abrigo, porque la brisa llega gélida, nos damos la mano y suspendemos el pensamiento. 

lunes, 7 de abril de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 13


Cualquier descripción tiene siempre algo de epitafio anticipado. El lugar que acoge y se dispone como un argumento que evidencia el vivir no es menos fugaz que una fecha. Se ignora mientras el lugar no se distingue de quien lo habita; bien porque se acabe de conocer, bien porque se haya residido allí de un modo prolongado. Pero si la ausencia aleja del lugar, el regreso ya no reconoce espacios. Solo existen ojos, entonces, para lo que no está. Únicamente lo que ha muerto se ve. Toda descripción es un ejercicio optimista —un espejismo de permanencia— que camufla una elegía. 

sábado, 5 de abril de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 12


La mediocridad tiene dos caras. Pongamos un tema sobre la mesa. Cualquiera. Cuatro personas alrededor. La primera enumera tópicos como si dijera aquello por primera vez.  Intervención espuria. La segunda les da la vuelta. Con humor. No es así, sino al contrario. Mejor, con chistes. Primera cara de la mediocridad, el iconoclasta. La tercera le enmienda. Guardián de las esencias. No recurre al tópico, sino a lo que, en la creencia consensuada,  es. Segunda cara. Queda una cuarta persona. Es posible que sea yo, que estoy en silencio. Miro a ambos. Y no veo que haya otra cosa que decir. 

jueves, 3 de abril de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 11


Compro en un puesto del mercadillo donde solo hay cerezas —hermosas, gordas, brillantes, apetitosas— un cuarto de kilo. La mujer recorta un pedazo de papel de estraza, hace en un instante casi de magia un cucurucho y lo llena con cerezas que elige de la parte posterior del montón que muestra. Me voy contento, feliz, ansioso por probar la delicia de los dioses. Pero abro el cucurucho y dentro solo hay un montón de cerezas, todas, sistemáticamente todas, podridas. Ni siquiera se me ocurre ir a reclamarlo: me ha regalado la más cruel de las metáforas por un precio ridículo.

martes, 1 de abril de 2014

Intemperie / 17


Al líder de un partido político la sociedad le pide que acalle las voces o gestos discordantes, que domine férreamente el pensamiento expresado por los suyos, que su voz sea la única que se escuche, que no se mueva nadie en sus filas. Cualquier opinión fuera del discurso oficial del partido se convierte en una acusación de debilidad en el liderazgo. Una simple controversia derrumba las expectativas electorales del partido. La sociedad, que se rige por un sistema democrático, exige a los aspirantes a gobernarla una incuestionable formación como dictadores en su partido. De hecho, suelen serlo. ¿No resulta contradictorio?

sábado, 29 de marzo de 2014

Becqueriana / 45


En una de las paredes de la sala hay un cuadro donde de vez en cuando entramos a pasar la tarde. Una mínima bahía, con una estrecha playa de piedras y una barca de pesca varada. La mañana de invierno se ha remangado la falda y se remoja los pies y las piernas, hasta las rodillas; el rostro de viejo pescador con pipa en la boca de las rocas la contempla con indiferencia. Buscamos en la acuarela una piedra donde sentarnos. Le subimos el cuello al abrigo, porque la brisa llega gélida, nos damos la mano y suspendemos el pensamiento.

jueves, 27 de marzo de 2014

Becqueriana / 44


Los amantes clásicos. Les gusta la madera de los bancos del parque. Aquellos situados en el sendero que llega hasta la tapia, casi cubiertos por la fronda que no poda el jardinero. Allí donde les conduce la lentitud de los pasos entrelazados las tardes en las que al sol se le ha roto el tubito de vidrio de la purpurina sobre la paleta de sus óleos. Se sientan en el banco a sentir dentro el espacio exterior, remansado en las palabras, próximo en las miradas, inofensivo en la luz. Amantes que al besarse interpretan una dulce, ensimismada, melodía de cámara.

martes, 25 de marzo de 2014

Becqueriana / 43


Lo enigmático se esconde en las pequeñas liturgias del día. Instantes que parecen de transición, un ir a hacer algo y detenerse nadie sabe para qué. Ni siquiera quien entra en el cuarto para acostarse y antes de deshacer el embozo se acerca a la ventana para sentirse cerca de las estrellas. O quien se levanta del escritorio para realizar una tarea y desvía los ojos hacia el cielo que cuela la puerta que alguien ha abierto, y ve cimbrear una rama sobre una cartulina azul en un trabajo escolar de la infancia. Lo desconocido me acompaña. Está ahí, dentro.

sábado, 22 de marzo de 2014

Suárez


Escucho estos días, reproducidos, fragmentos de los discursos de Suárez. La mayoría los recuerdo. Ahora me chocan. No hay político con un engrudo retórico —y envarado— mayor que él. Sus discursos son perpetuas perífrasis. Retórica mala. Sin embargo, no he encontrado ni una sola frase que no tuviera conexión con la realidad. Con lo que hacía. Ahora uno nunca se sorprende de que ocurra lo contrario. Los políticos hablan de un modo coloquial, sin siquiera una frase bien estructurada, pero nada de lo que dicen tiene que ver con la realidad. Como si hablar fuera un fin en sí mismo.

jueves, 20 de marzo de 2014

Mañana después de la Cremà


Isabel, gracias por acordarte ayer. Los cumpleaños se parecen tanto a las jarras que tenían antiguamente en las vaquerías y cuyo significado uno, cuando era niño, se esforzaba por comprender. Una especie de peine con números de vez en cuando las recorría de arriba abajo. La vaquera metía la jarra en la cuba e iba soltando leche hasta que algo le decía que ya debía verterla en el recipiente que llevaba mi madre. Qué sabiduría la suya. Siempre acertaba. No sobraba, en el fondo, ni una pizca. Dónde estaría la magia, me preguntaba. Ojalá supiéramos también leer así la edad.

martes, 18 de marzo de 2014

«Adiós al fútbol», de Valerio Magrelli, en Xordica


Como no era bueno ni siquiera de defensa, los de mi clase solían dejarme la portería en los recreos. Éramos cuatro o cinco porteros bajo palos. Cuando se acercaban los delanteros de cada partido se quedaba uno y los demás nos apartábamos. A veces llegaban dos ataques juntos, y cada uno lo defendía por su lado. Jamás nos estorbábamos. Jugábamos en mundos paralelos. Valerio Magrelli cuenta algo parecido de los parques públicos en Roma, «compartimentados en decenas de efímeros rectángulos». Del fútbol que nace de la experiencia —preciosas las observaciones sobre los sonidos de la pelota— habla estremecedoramente este libro.

domingo, 16 de marzo de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 10


Cuando uno llega a deshora a un aeropuerto, y al seguir los pasos de los otros viajeros por los vastos corredores siente que pertenece a una tribu nómada en mitad del desierto, observa con inquietud el bulto solitario de personas que aquí y allá, permanecen sentados o tumbados en las hileras vacías de asientos. Si están despiertos, su rostro apenas consigue expresar nada. Y uno se queda meditando, a veces, en el extraño simbolismo de la imagen. Parecen personas que se hubieran quedado sin tiempo. Atrapadas en la rejilla del sumidero que es la vida. Sin un presente que despilfarrar.

viernes, 14 de marzo de 2014

Cuaderno de tapas rojinegras \ 9


Dejan los libros una mancha de aceite en el lugar donde ha pernoctado la lectura. Como los coches averiados. La maquinaria antigua. Como el tiempo. Es un tizne blanco, a veces amarillo, con aguas que hacen visos al mirarlas con detenimiento. Un polvo apelmazado por la sequedad. Los libros abandonan bultos que resisten al ser rascados con lija o rociados con líquidos cáusticos. Una humedad que ninguna corriente logra airear. Los libros no sirven para calzar armarios ni trazan peldaños que conduzcan de un lugar a otro más alto. Sí, son una molestia porque permanecen. No se los lleva la nada.  

martes, 11 de marzo de 2014

Becqueriana / 42


La noche es la lona que el vendedor del mercadillo extiende sobre los colores de sus mercancías cuando los compradores han desaparecido del recinto y solo sombras caminan por las callejas del barrio antiguo. Las cortinas tamizan la luz que escapa por las ventanas. Se expanden olores de alimentos al fuego. La retransmisión deportiva compone la banda sonora de la ciudad deshabitada, invadida por un viento crispado que recorre con cierta desesperación el laberinto en busca de una salida y halla una plaza mal iluminada con un surtidor cantarín en medio, donde los amantes recientes aprovechan para besarse con timidez.

domingo, 9 de marzo de 2014

Becqueriana / 41


El blanco viste la desnudez tendida entre unos brazos. Es el blanco del horizonte, allá, sobre la lejanísima caricia que el cielo parece entregar al mar. El blanco de la palma de una mano cuando se acerca a una melena revuelta para peinar su desconcierto. Blanco de las coladas tendidas en las ventanas de los barrios populares, colegiales que saludan ruidosos desde el tren que les lleva hacia el final de la infancia. La delicadeza, la tenacidad, la alegría tejen sobre la piel un vestido de nieve cálida, de arena dulce, de silencios amables. Cuando se amanece entre unos brazos.

viernes, 7 de marzo de 2014

Becqueriana / 40


El país del brezo y del tomillo es áspero. Araña con sus escarpaduras el algodón de las nubes. Las pantorrillas de los caminantes. El lomo de los perros abandonados. La brisa aromática lo zarandea sin descanso y los insectos interpretan la incesante sinfonía de su vuelo. Las tierras altas del romero y las azaleas son abruptas. Los caminos se convierten en zanjas, en taludes, en angosturas. El caminar, en una crepitación de piedras arrastradas. Su sequedad causa impresión a las palabras. Su angustia estremece. Su reciedumbre, sin embargo, acompaña. Solo en un paisaje tan solitario se es más uno mismo.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Machadiana \ y 5


Un lugar es también el nombre de un poeta a cuyos pies se tiende un mar hospitalario que lame las heridas de la playa. Un sol orfebre que dora el torso de las hojas de yedra y la cabeza erguida de las aves. Un lugar son los garabatos desposeído de paisaje. Un mirlo en lo alto de la tapia. El conejo subiendo el talud del camino. El rastro de cartuchos que abandona el cazador en su escondite. Un lugar, su pesadilla. En la losa dejo una maceta de narcisos para que den luz sobre el lomo en sombra de febrero.