Lo llaman Castilla, pero no es más que un crepitar de guijarros bajo las botas. La luz que alguien arruga, un paso. La llama en la que alguien caligrafió las palabras erradas, otro paso. Caminar es el revés de la escritura, un ir deshaciendo lo que se sabe. Un convertir el frufrú metódico de la pluma sobre el papel en rumores. El agua del arroyo, la cantinela de los gorriones, el temblor de la maleza donde se embosca el animal. En murmullos sin significado. Lo llaman paisaje, pero no es más que el chasquido de ramas tiernas bajo las botas.
martes, 25 de febrero de 2014
Machadiana \ 3
Lo llaman Castilla, pero no es más que un crepitar de guijarros bajo las botas. La luz que alguien arruga, un paso. La llama en la que alguien caligrafió las palabras erradas, otro paso. Caminar es el revés de la escritura, un ir deshaciendo lo que se sabe. Un convertir el frufrú metódico de la pluma sobre el papel en rumores. El agua del arroyo, la cantinela de los gorriones, el temblor de la maleza donde se embosca el animal. En murmullos sin significado. Lo llaman paisaje, pero no es más que el chasquido de ramas tiernas bajo las botas.
sábado, 22 de febrero de 2014
Machadiana \ 2
En el entablado del proscenio nunca se acaba el polvo. Siempre están sucios los codos del apuntador y las rodilleras en los pantalones del artista que más sufre el desdén de la trama. Por los camerinos la mugre camela a las virutas de carmín que desprenden las voces. Los suelos de cerámica en corredores y aulas huelen a vapor de lejía. Cualquier palabra traza un eco átono, sin gracia. Hay que borrar las pizarras varias veces para exhalar un aire menos riguroso. Y cuando suena la campana no empieza, acaba. El destino ya no tropieza en los clavos mal hincados.
martes, 18 de febrero de 2014
Machadiana \ 1
La madreselva salta la tapia del
jardín y desciende hacia la calle donde saluda con desmelenado gesto a los
solitarios. Las sombras ensanchan los bultos por perpetuar, en el crepúsculo,
la luz invisible de los jazmines. Sevilla sueña. Las sílabas tintinean. En la
página modernista nada es lo que parece. La yedra está alegre con su traje
oscuro. Los jacintos desangelados en su remolino de color. Niño que musita
palabras emborronadas frente a un caramelo. Las rimas dan las horas desde el
campanario del poema. En el azúcar modernista solo existe lo que sueña. Sevilla
es también un cartel ferroviario.
viernes, 14 de febrero de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 8
La lluvia es un pintor que no mezcla los colores en la paleta. Aplica el óleo directamente desde el tubo, con toda su intensidad de marrones tierra y de verdes hierba. Un chorretón sobre la tersura del lienzo, que se queda durante horas cenagoso. La lluvia es un pintor rebelde, que no quiere que nadie cuelgue sus cuadros, ni siquiera que una mirada transite por ellos. Ha inventado artilugios de toda índole para cegar sus obras: los paraguas, la niebla, el barro. Es un pintor que siempre me ha gustado. Me sobrecogen sus interiores: la chimenea, la manta, un libro.
domingo, 9 de febrero de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 7
Un tímido sol les hurta grisura a
las nubes nómadas de la mañana, restos del temporal. La cordillera del Canigó,
en el horizonte, luce una cresta nevada. Los almendros solitarios desbordan la
carretera con flores diminutas que se apiñan para formar, desde lejos, una
única flor. La casa encalada abre los ojos somnolienta cuando el olor a cerrado
la abandona. El mantel que extiendo en la mesa lleva aguardando todo el
invierno para sentir esta alegría. Febrero se prueba vestidos blancos frente al
espejo. Da vueltas para ver cómo giran sus volantes. Sueña con los colores que
nunca ha visto.
miércoles, 5 de febrero de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 6
De los días vividos con intensidad, también de las palabras con las que han sido encarnados, quedan revoloteando en el aire aparasoladas cipselas como si el tiempo hubiera soplado un diente de león. Cada acrobática semilla lleva en su interior momentos de vehemencia, notas de una canción, sílabas que pertenecieron a un nombre pronunciado. El viento antojadizo y cambiante las conduce a lugares diferentes, las dispersa en los campos y por calles empedradas de los pueblos. Casi burbujas de jabón, flotan en la cavidad del recuerdo si cerramos los ojos. Escribir es recolectarlas. Reunir la flor antes de ser soplada.
domingo, 2 de febrero de 2014
Intemperie / 16
Echar un vistazo a lo que ocurre inquieta. Los signos apuntan, con tozudez, hacia un mismo significado. Algunos oficios esenciales para la vida social están siendo humillados por el poder político. Son, curiosamente, aquellos a los que la sociedad reconoce una concepción autónoma de su labor: los jueces y su independencia judicial, los profesores y su libertad de cátedra, las profesiones con códigos deontológicos nada coyunturales (médicos, periodistas…). Hay un oficio que, mientras estos naufragan, está adquiriendo un protagonismo insólito y desmesurado en la sociedad: los fiscales. La única profesión civil que reconoce en su organización el orden jerárquico. Curioso.
jueves, 30 de enero de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 5
El amanecer teje sonidos con displicencia. Permite que los gorriones despierten al bosque con su inarmónico cántico y vandálico piar. Una celebración sonora de la luz que acompaña la caótica creación de las formas, la profunda desorganización de lo visible que para mitigar sus efectos denominamos paisaje. El coro desafinado de gaviotas se une, con graznidos ásperos e intimidatorios. Le sigue el lánguido lamento de los mamíferos, el zumbido de los insectos, el chapoteo de los reptiles. Una orquesta de aprendices fogosos que de repente, cuando una batuta de palabras golpea el atril, el poeta consigue conciliar para los demás.
martes, 28 de enero de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 4
En el cristal de la ventana la
lluvia deja caligrafiado su monólogo interior. Igual que ocurre con las
palabras, cada gota refleja en su esfera un universo. Coincide con lo que la
ventana encuadra y al mismo tiempo no coincide. Como un espejo diminuto capta
lo que los ojos pueden ver, pero su redondez transforma las dimensiones de lo
reverberado. El poema de la lluvia habla de cuanto existe bajo su escritura
incesante, pero con las proporciones cambiadas. Lo diminuto más próximo es
mayor que lo grande más lejano. Una miga de bizcocho en el mantel deja pequeño
al monte.
sábado, 25 de enero de 2014
Becqueriana / 39
Los colores tienen memoria. No
los colores, sino los matices de los colores. Los aspectos que la lengua solo
consigue atrapar con metáforas. Por eso son tan importantes las metáforas. Nos
diferencian de las matemáticas. De la convención matemática a la que conduce el
uso pragmático del lenguaje. El rojo es rojo. Cuando nunca ha sido rojo el
rojo. Ha sido clavel rojo en un balcón, crepúsculo de verano, vuelo de
mariquita, tomatera, vestido, o ha sido gota de sangre sobre la piel. Cada
rojo, una imagen. La del té que tomo mientras escribo, una carta de amor al
silencio.
jueves, 23 de enero de 2014
Becqueriana / 38
La lluvia presenta un mundo recién extraído de su tarro de cristal. Intacta, su fragancia húmeda se expande por todo lo visible. Inventa colores. Modifica formas. Altera distancias. Invade pensamientos. Se divierte haciéndolo. Su intensidad asusta. Su empeño desespera. Su perseverancia impregna de melancolía las notas de las canciones. La lluvia trastorna el mundo conocido. Ciegos videntes, el tacto resulta inútil para comprenderlo. El olfato es su primera conquista. Los pasos temen los charcos. El oído, la redundancia. Lo ahuyenta. Lo hace inasible. Transforma texturas, anula olores, convoca desconciertos. Pero bajo su repiqueteo las palabras acercan lo que está lejano.
martes, 21 de enero de 2014
Becqueriana / 37
La humedad oscurece, en invierno, la arena de la playa. Su granulación se arracima, se compacta, se alisa el cabello con la gomina del rocío. Fragua un yeso siena sobre el que la suela del calzado escribe con caligrafía gótica su deambular. Los pasos, a lo largo de la bahía, componen un poema chino de cuatro caracteres. Buscan estrellas de mar. Antiguas astros del cielo, tal vez, abandonados por la luz, cuyo postrer destello se convirtió en animal oceánico. Almas olvidadas, quizá, de viejos poetas románticos que lanzaron sus escritos a las aguas. Nunca encuentran estrellas, pero siempre descubren explicaciones.
sábado, 18 de enero de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 3
El pájaro se acerca al charco a saltitos, con precaución. Picotea su borde para asegurarse de que no es lo que su superficie dibuja, una nube aburrida en un día de sol. Cuando tiene la certeza de que la alfombra en medio del camino es de agua, extiende un poco las alas, como para sobrevolarlo, pero se adentra de un brinco y sumerge un instante el pico. Lo saca tan rápidamente como ágiles son sus movimientos para sacudirse las gotas. Extiende, ahora sí, las alas y echa a volar. Poco a poco la nube regresa a la mirada del charco.
jueves, 16 de enero de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 2
Los días sombríos, osco el cielo y la luz sucia, alguien parece enfadado con nosotros por algo que no somos conscientes de haber hecho. Nada hay que se realice a gusto, nada que se emprenda por placer. Los huesos sienten nostalgia de su futuro y se abandonan. Los músculos no soportan esa cháchara de pensionistas. El alfiler de la humedad teje su desangelado hábitat con el hilo de la incomprensión hacia las aspiraciones de los mortales: el paseo hasta el parque, la araña entre los setos, el vocerío de los niños, el chasquear de las páginas del periódico al pasarlas.
lunes, 13 de enero de 2014
El poema del trece de enero
Para M.
Las calles recitan cada día su
poema. Para quienes no lo conocen y pasan por allí al acaso de una gestión, es
una única salmodia. La canción de todas las calles. El tránsito, los comercios,
las marquesinas en las paradas de los autobuses, el debate de los semáforos.
Para quienes transitan todos los días, sin embargo, nada hay tan diferente a
una palabra como la misma palabras pronunciada en otro tono, leída en otra
frase. Nada tan distinto como la melodía que recita cada día la misma calle. La incidencia de la luz sobre las paredes,
cristaleras, miradas. Su convicción.
sábado, 11 de enero de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 1
Abro el cuaderno. El salitre en el fondo del recipiente que contuvo un pensamiento. La luz del día despejado después de la nevada. Las letras dejan su huella de botas altas que avanzan por la página descubriendo objetos, realidades, en los bultos blancos. Ahí los asientos del parque, el seto, un arbusto, la fuente. Los pasos alrededor, contemplándolos, los descubren. Los describen. Su materia, sus colores, el tacto, las fisuras, ahora ocultos, aparecen de súbito ante la mirada de quien, en la página escrita, les pasa la mano enfundada en un guante por encima para retirar la nieve cuando lee.
jueves, 9 de enero de 2014
«Las ruinas del cielo», de Christian Bobin, en Sibirana Ed. de Zaragoza
Al leer las frases de Christian Bobin se percibe el frufrú de la pluma al escribirlas en el cuaderno. El tacto verjurado del papel, la prestancia de las tapas de cartón duro. Desde su cocina llega el olor de la cafetera y se oye un coro de gorriones desafinados al otro lado de su ventana. Cada página es un libro entero. Cada libro, una biblioteca. Los aforismos de Bobin se imprimen acompañados por la luz de la estancia donde se leen. Y donde la mirada queda enmarañada de palabras. Sus fragmentos, sutiles e incisivos, por el lápiz que los señala.
martes, 7 de enero de 2014
La facilidad de los poetas difíciles
Eugenia: En su época Pessoa era considerado un poeta ininteligible. No le comprendían. Así que él mismo se hizo a la idea de que nadie puede ser entendido por sus coetáneos, se necesita que llegue la generación siguiente. Pasolini lo dijo con más crueldad: igual que una película se hace en la sala de montaje, una vida solo puede ser comprendida tras la muerte. Y en el caso de Pessoa es descorazonadoramente cierto. La muerte empezó a tejer para los demás la vida deshilada que había llevado siempre. Y a trenzar una metáfora que no ha dejado de crecer aún.
domingo, 5 de enero de 2014
Pequeño Auto de los Reyes Magos
—¿Y eso?
—Nada, cosas mías.
—¿Un martillo? ¿No será peligroso?
—Qué va. Ya sé utilizarlo. ¿No te lo crees?
—¿Y ese paquetito?
—Clavos. Para el martillo. ¿Qué hace un martillo sin clavos?
—No había caído. ¿Y los listones?
—Cuando se clava algo, algo hay que clavar, ¿no?
—¿Listones?
—Sí. Lo vi en un reportaje del Katrina.
—¿Del huracán?
—Sirven para que las ventanas no se abran.
—¿Y para qué quieres sellarlas precisamente hoy? ¿Será que
no quieres que entren los Reyes Magos?
—No exactamente. Es para que no se vayan mis padres a
comprarme juguetes y se queden aquí conmigo.
viernes, 3 de enero de 2014
1926
La persiana cuela algunas migas de la mañana. Despejado día de invierno. El sol resbala sobre la capa de hielo del estanque, tropieza con las gotas petrificadas en la boca del bajante, se remansa en la lona que cubre la leña bajo el cobertizo. La luz se desmenuza y pasa también por las ranuras, entre los listones de madera que ciegan la ventana. Dentro, no ve pétalos a los que iluminar. Una semana antes pidió que las retiraran. Que no le trajeran más flores. Más recuerdos. No encuentra ojos a los que seducir. Se esparce por las losas, agua derramada.
miércoles, 1 de enero de 2014
Pequeño cuento (corporativo) de Año Nuevo
En la vida me he visto en tal aprieto. Los cuento y suman quince. No puede ser. Es: he convertido el primer terceto en el tercer cuarteto. Puedo quitar un verso, pero ese uno arrastra a otro. Y entonces son trece. Trato de arreglarlo, pero todo lo que se me ocurre se acentúa en quinta. Lo puedo dejar así. Nadie ha de saber lo que he querido escribir; claro, después de que le haya quitado el título, «Soneto de Año Nuevo». Puedo borrar la mención al soneto, pero pierdo el juego con el año. ¿Me entiendes? Catorce, catorce. No quince.
domingo, 29 de diciembre de 2013
Bye, bye 2013
Cuando tantos coinciden en
alegrarse de que por fin te largues, 13, a mí me gustaría que no te marcharas
tan pronto. Aunque solo sea porque me he acostumbrado a tu número. O porque tu
esencia se queda corta al cabo de solo doce meses. O porque son tantos los que
hablan mal de ti que dan ganas de no acercarse a ese catorce adonde todos
quieren ir. Qué bueno sería quedarse un poco más a solas, año 13, prescindir
del calendario, amparado en tu humildad de combinación fea, de fila ausente, de
piso que no existe. Contigo. Y solos.
sábado, 28 de diciembre de 2013
La caligrafía de la luz
Foto Susana Solano
Para Susana Solano
La luz de la mañana aprende a escribir aforismos sobre el zócalo enlucido en el edificio de la Universidad. Como un estudiante más, desde muy temprano se sienta en la hierba a caligrafiar las mismas palabras cada día, que borrará cada día la oscuridad al anochecer. Le gusta que el metal le guíe el trazo con su firmeza. Que los árboles jueguen sobre sus letras al teatro de sombras. Que el crepúsculo le añada matices violáceos con su paleta de acuarelista. Y disfruta descubriendo inauditos sentidos a las palabras que escribe en la pared cada mañana con su lápiz diáfano.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Pequeño cuento de Navidad
Oigo voces en la calleja. No hay nadie en la avenida. Voy directo a donde me dirijo, cabizbajo. Imagino que esta noche los contenedores estarán llenos. De sobras exquisitas. Me llaman. Cuatro cocineros chinos vestidos de negro, con gorro, fuman sentados a la puerta de las cocinas. Lo dudo solo un momento. «¿En China también se come tanto?» «No China, Birmania, ¿fumar cigarrillo?» Lo acepto. «Me llamo Joseph». Sonríen. Me dejan un hueco en el escalón. «Nosotros, no Navidad», me dicen. «Yo tampoco. No dinero». Ríen. Decimos no qué sé yo cuántas cosas. Y a cada no, más nos reímos.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra / Hotel Tívoli
Es curioso que una cama revuelta y sin nadie muestre un bulto mayor que una cama ocupada por un cuerpo. Dormido, su relieve apenas muestra volumen en la estepa nevada —o florida, depende de la estética— de la colcha. Inmóvil se diría que se acomoda en el espacio con la discreción de quien se ha marchado. Pero cuando se va deja constancia fehaciente y crecida de que ha estado. Allí donde apenas tuvo conciencia de estar. Es curioso. Cuánta importancia le damos a perpetuar pompas donde fuimos apenas contorno. Cuánto empeño para que vean lo que ya no podremos ver.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ Loja das Meias
A Fernando Sanmartín
Un retrato es un espejo frente a quien lo contempla. Si se trata de un retrato antiguo, refleja solo lo que quien mira sabe. Ante un doncel renacentista no ve su sosería sino lo ideal del perfil. Ante una vieja barroca no le repudia la fealdad, sino el paso del tiempo. Por eso gustan los retratos antiguos, muestran solo el rostro de Narciso haciendo la lista de sus conocimientos. Los retratos contemporáneos son el rostro exacto de quien los observa. Solo emocionan, sin embargo, si concilian sus ideas estéticas y la época. Si no, los juzga fotografía de una mueca.
jueves, 19 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ Às claras
Niña aplicada que hace los deberes en la mesa del comedor mientras su hermana sestea en el sofá, la mañana dibuja rectángulos sobre paredes, muebles y objetos. Y los pinta con el lápiz de la luz del día hasta que, tras contemplarlos a cierta distancia, ve que le han quedado perfectos. Cuando guarde los colores en el plumier y recoja los libros y cuadernos, sus rectángulos irán bailando por todos los rincones de la vida. Hasta que su hermana se despierte y con las ojeras de un mal sueño vaya borrándolos uno a uno. Un juego que entretiene los silencios.
martes, 17 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ Beco dos Prazeres
—¿Te has escapado de la escuela?
—No. La verdad. Pasaba.
—¿Por aquí, muchacho? Por aquí no se va a ninguna parte
donde se vaya.
—No. La verdad. No sabía.
—¿O sí sabías y no quieres decírmelo?
—No. La verdad. Ya me iba.
—No tan rápido, mozalbete. Antes tenemos que hablar tú y yo.
—¿Y yo?
—Sí. Y tú. Aún no me has contado qué has venido a buscar por
aquí.
—No. La verdad. Nada.
—¿Nada o quizá algo?
—No. Nada. La verdad.
—¿Y no quieres subir conmigo? Es el amor. Es dulce. Hace
bien.
—No, no. La verdad. Digo, sí.
sábado, 14 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ «Desaparecido»
No es esta que tengo en las manos la edición que elogió Pessoa, ni siquiera la que pudo ver en vida Carlos Queiroz, pues la Bertrand la imprimió dos meses después. Tampoco podría pagar aquella, pero esta sí, que tiene un retrato de poeta muy peinado y una cubierta a dos tintas de sobria tipografía. Leo: E a tua boca sabe a amanhecer! Ahora, cuando la época pide que se encomien los libros, diré solo que su cansancio e imperfección acogen. Y que su sueño se parece tanto al de la muerte: que un día alguien abra sus tapas duras.
jueves, 12 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ 1313
Padre Agostinho, padre Agostinho. Ni lo oigo aunque lo oiga, que me llamen sordo y sordera parecerá, si no de oído, de mollera. Lo que digan siempre será mejor que sentirlo ahora. No quiero oír lo que ya sé que voy a escuchar. Y darme la vuelta, y encarar el refectorio e intervenir en el debate y dejar que los razonamientos me arrastren como tronco en la crecida, sin saber contra qué roca astillaré mi entereza. Padre Agosti…. Haldean las piernas como campanas en día de fiesta. Mi celda. El silencio. Este pergamino. Secreto. La sordera. Que digan, cuando llegue.
martes, 10 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ Janela
Voy como quien va de un sitio a otro. Paso la mañana soleada dando paseos, aunque sé que no me muevo en el espacio, sino en el tiempo. Voy desde quien soy a quien fui. Prefiero pasar por lugares que recuerdo a seguir calles desconocidas. A cada paso coloco en su emplazamiento una tesela del mosaico descompuesto de la memoria. Regreso a donde estuve solo para certificar con su existencia la mía. Un espejismo. Se diría que no escribo, sino que simplemente copio citas. No leo; sobre una página en blanco palpo solo la tinta corrida que quedó en mí.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ Lua de Novembro
Sentada bajo la marquesina en la parada del autobús con traje de lentejuelas, chal y medias oscuras, la luna diurna disimula su disonancia. Vestida para la noche, siempre llegan el antojo de la luz y sus acólitos ocultos en bufandas y gorros de lana para zanjar un territorio de tan exigua extensión. Acaso, ahora que con los colores las sombras pierden encanto, un espejismo. Un poco más, si hubiera durado la noche un poco más el aire indiferente de la luna hubiese enamorado al joven, despeinado e indeciso, con el que se ha cruzado tantas veces y sin embargo ninguna.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Diário de Coimbra \ Mondego
Sosegado río. Humildes palabras lo navegan. Las que se dicen los estudiantes ennoviados en el espolón a la caída de la tarde. Vida pequeña, la del trajín del saber aún no aprendido en casillas idénticas; tan importantes las manías y portes evocados de quienes, de tan importantes, serán olvidados nada más subir al tren. Río menudo, tonada desprovista de grandeza, ese zarandeo de lo conocido por conocer que tanto ocupa, con números, en las conversaciones de los enamorados bajo los plátanos centenarios. Al caer el sol, silencioso, y subir la humedad como un chantaje en el latido de la hojarasca.
martes, 3 de diciembre de 2013
Callejón de la fragua
Aun en los días de mayor frío fumaba en la puerta, sudoroso, con la camiseta azul sin mangas pegada al cuerpo, viéndonos pasar. El hollín le vestía más que a los demás la lana. Abría el paquete de tabaco por debajo, para sacar los pitillos por la punta y encenderlos por donde sus dedos habían dejado negro el papel blanco. Los brazos fuertes, casi de héroe de tebeo, la barba descuidada, los cabellos ensortijados. Temible. Quizá fuera la primera noticia que tuve de la mitología clásica. Y siempre imaginé que en aquel antro era donde un dios fabricaba el verano.
domingo, 1 de diciembre de 2013
Callejón de la carpintería
Aquel hombre seco y oscuro, un cacho de cecina con patas, feo y casi tartamudo, caminaba sin embargo sobre un suelo de nubes. Y nubes se creaban con solo soplar sobre los blandos montones de serrín. Tomaba un listón, lo alargaba como lanza en los cromos del Cid, guiñaba un ojo y algo veía. Qué. Yo cerraba un ojo y el otro le seguía, y el día que quise acercarme a una madera para descubrir los ángeles que el carpintero vislumbraba, se me clavó una astilla en la nariz. Madre me soltó, encima, un tortazo que hizo reír a todos.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Callejón del batanero
Ni siquiera el maestro con su vara de avellano y su malhumor perpetuo conseguía zurrarnos tan seguido. Al pie de la cuesta, una especie de segundero de despertador. Solo dos veces cada jornada su insistencia se detenía para que el batanero cambiara de posición mantas y paños. Y enseguida, de nuevo el tableteo, que de puro constante ya ni se oía. Qué habrá quedado, a veces me pregunto, de tal tenacidad. ¿Seguirán los palmoteos sonando por la atmósfera, perdidos en el espacio? Su métrica tan exacta, ¿acompañará memorias que valga la pena recordar? O, ¿qué significa ahora la palabra recuerdo?
martes, 26 de noviembre de 2013
Callejón del estanco
Fumaba padre. Sentado en el zaguán. Antes de quitarse las botas, de atar el macho, de dar de comer a los perros, de arrancarse las costras de barro de los pantalones y dejarlas amontonadas junto a la puerta. En la silla de enea, cabizbajo. La embocadura del cigarro brillaba entre las sombra con la humedad de la saliva. Antes de peinarse con agua de colonia el pelo revuelto y de abrocharse la camisa hasta el cuello. Antes de tomar el camino de la taberna. Y yo, un chiquillo, aguardaba en pie. Que le faltara y me enviase a por tabaco.
domingo, 24 de noviembre de 2013
Callejón del agua
El olvido deja su cesta de silencios a la puerta cada madrugada. Pero al amanecer bajan los mulos resbalando por el empedrado húmedo de rocío y sus chasquidos patalean el sueño. En las terrazas ya sacuden las mantas con palmoteos enérgicos y por las ventanas huyen los estribillos de las canciones de moda que suenan y resuenan. La chiquillería pasa alborotando a la hora de la escuela y cuando dan las nueve, el afilador inicia su serenata de chifla y el repartidor de butano la suya de taconeo. Ningún ruido te despierta en mí, pero abro el grifo. Y apareces.
viernes, 22 de noviembre de 2013
Becqueriana / 36
Piedrecitas de cuarzo en el
sendero, las luciérnagas trazan al anochecer caminos imposibles. Vías que jamás
regresan a lugar alguno ni emprenden búsqueda que acabe con acierto. Una
estrategia baldía para cartografiar el bosque. Un desvarío de la razón. Un despropósito
para cualquier tránsito. Quizá por eso mismo, en la tiniebla del día y entre
los laberintos de la espesura nos atrae tanto orientarnos únicamente a través
de la errática señal de los insectos de la luz. Su caótica guía nos conforta.
Cada vez más perdidos en la intimidad de la fronda, vagando por la maleza,
llegamos certeros a nosotros.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Becqueriana / 35
Los habitantes de la noche se
reconocen por los aromas cultivados en la piel durante el día. El vaho agreste
del té, la fragancia de las camelias, el salitre del abrazo. Se descubren en la
oscuridad por el tacto. El cuenco de las manos se colma con el dulzor de las
mejillas, la levedad del cuello, la tersura de unos brazos. Los transeúntes de
la noche identifican su compañía en el exacto eco de las pisadas que queda
flotando sobre la gravilla del sendero. En el rumor de una respiración que se aproxima.
En las palabras que no necesitan pronunciarse.
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