Un ratito dublinés le convierte a uno el río Liffey. Pintor nocturno, se esmera con el puntillismo de las luces sobre su lienzo negro. También las bibliotecas, que conservan la madera al pie de los estantes y el austero banco que devolvía a los libros vida. Los mercadillos callejeros, donde se siguen voceando las frutas igual que en el Ulises. Deidad común también es la cerveza. Más difícil cometido tiene el pedazo de grasa que se fríe en la sartén y arrasa digestiones. La taberna como emblema. Recorro Temple Bar y solo entro en un café vacío que se traspasa.
sábado, 28 de septiembre de 2013
miércoles, 25 de septiembre de 2013
Erin / 10 Trinity
Cada vez más las librerías parecen bares. Los libros se muestran charlatanes, ruidosos, ensordecedores. Colores tan chillones. Agresivos. Sensación de que no van a parar de hablar. Como en las discotecas, donde todos conversan lo que nadie consigue oír. Añoro las viejas librerías de libros dormidos. Polvorientos. Silenciosos. Las palabras necesitan silencio para expresar. Cuanto más silencio acumulen unos versos, mayor será el estremecimiento de quien los pronuncie. El silencio es consustancial a la palabra. Es difícil comprender esta condición, una vida rara vez da para ver la soledad que un libro necesita. Porque solo quietud y olvido otorgan densidad.
lunes, 23 de septiembre de 2013
Erin / 9 Wilde 1896
Insomnio del prisionero C.3.3 en la cárcel de Reading
Como las cucarachas, el helor asciende por los muros del presidio e, igual que en mi cuartucho de estudiante del Trinity, congela desde las paredes el mismísimo aire. Nadie crea que el frío es silencioso. Berrea en la boca misma del oído su odio a la calma. Su aborrecimiento de la quietud. Aquel pasmo de ventana encarada al norte y esta gelidez de encierro, ¿entumecen igual el alma? Bajo las mantas el sueño de la vida se resumía en una frase de Symonds: It was a powerful and masculine emotion. Tantos años de vida, ahora, se reducen a una tachadura.
sábado, 21 de septiembre de 2013
Erin / 8 Howth
Si al mirar por la ventana contempla una mañana despejada, el paisajista de cielos de Howth considera festivo el día. Si hay nubes, toma caballete, silla de tijera, maletín y paraguas, y se dirige hacia el puerto. Allí raras veces se le ve levantar la cabeza. Coloca en el suelo un espejo donde observa la nubosidad. Luego mezcla azules, grises y blancos que esparce en el lienzo. Cuando los ojos regresan al espejo, el modelo es otro. Rehace colores, volúmenes. Al compararlos nunca resultan iguales. Una y otra vez empieza. En ocasiones, si no sopla el viento, concluye un cuadro.
jueves, 19 de septiembre de 2013
Erin / 7 Ulysses
He stood at Fleet street crossing
J.J.
La cristalera del restaurante de la jarley lo convierte en una pecera. Peces de alberca. Pez tigre. Primer plano de tigresa, enfundada en exacta piel, escote de bandeja de té, dándole con el tenedor, tan tierna, un pedacito de pizza al niño con pajarita de colores. Tigretón el maromo, vista perdida, deshaciéndose con el calor de la cocina, camperas de punta que se afilan para alcanzar el embrague de la moto que no alcanza. Cada mesa un remolino de peces sobre las migas que lanza un colegial desganado. Lo contrario de querer cenar cuando me detuve en la calle Fleet.
martes, 17 de septiembre de 2013
Erin / 6 Newgrange
Esculpe cada invierno un círculo de la espiral que se cierra sobre sí misma siguiendo los pasos del hilo de las horas en torno al huso. Los cielos de piedra, la ira de la tierra enjuta, el clamor de las ventiscas. Una vuelta sobre uno mismo, arropándose. Senda que se abisma en el bosque impenetrable. Golpe de viento que turba la columna de humo sobre la roca de las incineraciones. Una aflicción hasta el amanecer que ilumine el rostro de los muertos. Y cambie de sentido la espiral, una dulce claridad que ilumina desde el horizonte, abriéndose mientras se cierra.
domingo, 15 de septiembre de 2013
Erin / 5 Glendalough
Sobre el lienzo de agua, la ladera vierte sus verdes directamente, sin mezclas en la paleta. No los oscurece con las sombras ni los combina con la noche. La noche ya llegará por sí misma para zanjar la sesión de pintura. Pinceladas escuetas e impregnadas de color se funden con otras dilatadas, crecientes, con los pelos casi desnudos de pintura. Cada trazo evoca la urdimbre de la fronda en el bosque. Una mancha de blancos, las paredes de la casa; un ángel rosa, sus jambas. La asimetría ordena la visión y la mirada puede prender en cualquier lugar del cuadro.
viernes, 13 de septiembre de 2013
Erin / 4 Beckett
Murmullos, pasos indecisos, chasquidos de entradas que se rasgan. Un timbre. Traqueteo de butacas que se bajan. Otras que precipitadamente se suben para dejar paso. Frufrú de ropas que rozan, que se desprenden, que se doblan. Dos timbres. Carraspeos, crujir de papel que se abre, se arruga. Alguien lo lee entre susurros. Runrún sordo de respiraciones. Tres timbres. El sonsonete se interrumpe. Un instante suspendido entre el antes y el esperado después, que aún no llega. Se hace lo oscuro en la platea. En el escenario. Casi en el alma. Una tos repentina. Rumor de traseros acomodándose. Silencio. Una luz.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Erin / 3 Dublín
Nadie recoge los colores cuando se va. Si ha de irse, ni siquiera se dará la vuelta. Así se quedan los sueños. El sol los despinta. La lluvia los reblandece. El frío los arranca. Pero permanecen. Sin que les importe cubrirse con el polvo del ambiente o la indiferencia de los transeúntes. En la ciudad solo cuenta el alma de neón que parpadea sobre una fecha. El único significado es el que cruje recubierto de papel celofán. Y que solo a lo nuevo se le reconozca historia nos deja, a lo abandonado y a mí, huérfanos de nuestra única posesión.
lunes, 9 de septiembre de 2013
Erin / 2 Belfast
Con su vestido nuevo de flamantes franquicias en calles peatonales Belfast gira y gira gustándose, tan guapa busca mostrarse como cualquier ciudad a donde alguien quiera ir. Los pendientes nuevos de plata que apuntan a los cuatro vientos al bailar convierten la cueva del chatarrero en un jardín. Iracunda, exasperada siempre, la grisura del cielo la otea indiferente. Llovizna, pero Belfast sigue rotando, entusiasmada frente al espejo roto de su pasado, mientras bajo las faldas que ruedan volátiles la mirada únicamente busca zurcidos de la ciudad descosida que aún late en el nombre. Los jirones también de quien la observa.
sábado, 7 de septiembre de 2013
Erin / 1 Tara
La colina de Tara señorea en la llanura con el verdor de sus laderas. El idilio que mantiene el prado sin fin con los cielos de piedra eleva su altura, o quizá sean las nubes que en su tránsito se inclinan para tumbarse sobre la hierba. Como en ningún otro lugar la historia es aquí tan presente como invisible. No quedan sillares truncados ni altas cruces, solo surcos circulares donde se alzaron las empalizadas con sus signos. Un dibujo infantil sobre una cartulina arrugada. Y como niño que busca un duende, me descalzo para sumergirme en el verde, incansable, oleaje.
jueves, 5 de septiembre de 2013
Septiembre
Las uvas alargan el verano. Todo el sol condensado en su azúcar. Los días de mercado lo sujetan a los palos que sostienen los toldos. Aún hay quien se empeña en comprar una camiseta de tirantes para que no escape el calor. En el poema que el muchacho escribe bajo la sombra de un castaño la tarde tiene ojos lánguidos. La mira pasar sin atreverse a decirle nada. Niñas y niños hacen cola en un columpio para imaginar que alcanzan el cielo con su tecnología. El crepúsculo deja la letra de un nombre en cada ventana abierta a su frescor.
martes, 3 de septiembre de 2013
Becqueriana / 30
Las flores se visten con tejidos leves, tan delicados, y con colores joviales, tan excelsos. Solo poseen vestuario de verano. El calor las hipnotiza. Les da intensidad, fragancia, belleza. Absorben la luz con descaro. Es su territorio. Su conquista. Por ellas, por su levedad y colorido, existe el resplandor. Lo saben. Su vida eterna —se diría— se compone de momentos efímeros. A veces brevísimos días, instantes casi fugaces que tejen unos con otros lo que permanece. También las palabras que las nombran comparten esta condición. Florecen en la mirada de quien las lee y se marchitan guardadas en los estantes.
domingo, 1 de septiembre de 2013
Becqueriana / 29
A veces el río se echa el chal sobre los hombros del puente que lo cruza. La corriente desaparece. La arena de la orilla. Los juncos altivos. Los sauces bonachones. Los reflejos. No queda nada en el paisaje, salvo la lana húmeda que el cielo olvida en el valle. Es como si uno cerrara los ojos. Pero los abre con las palabras. Sobre aquella rama que hace las veces de trampolín hay posado un mirlo. Una golondrina inicia un vuelo rasante para beber. No se ve nada y se ve todo. Como si el chal dejara los hombros al descubierto.
viernes, 30 de agosto de 2013
Becqueriana / 28
Bajo el puente de las piernas fluye una corriente de versos destilados al amanecer entre los suspiros de un abrazo. Presagio de las aves que despertarán la luz sobre los prados y profecía de las manos que anhelan entrelazarse para contemplar los crepúsculos. Con la cascada de agua de una melena manan las palabras que cosquillean el papel donde han sido escritas. Su dicción transforma la ventolera del tiempo que eriza las aguas en una suave brisa que las detiene. En el valle de los brazos abiertos crece la hierba con el empeño de chiquillos que colorean dibujos. El poema.
martes, 20 de agosto de 2013
Caligrafías / 9
Ríos subterráneos cruzan las regiones interiores de las palabras. Súbitas heridas en la piel vierten su humedad, en ocasiones, al exterior. Así también las gotas que perlan la tersura de ciertos términos en verano. O la confusa sabiduría que derraman las fuentes cuando nacen en vocablos antiguos. Al contrario de lo que se cree, el silencio recupera los acuíferos del vocabulario, y su sobreexplotación merma y agota la generosidad de las palabras acotadas por cañerías de extracción. El desierto también se extiende en las frases que se pronuncian. Solo cuando se habla para no decir nada, llueve sobre las lomas.
viernes, 16 de agosto de 2013
Caligrafías / 8
Se lanza sobre sí misma para desbaratar el silencio. Entre la fronda resuenan tambores que borran trinos, ladridos y cantos de grillo. Tampoco cuando la brisa agita las copas de los árboles las hojas consiguen hacerse oír. Ni el tamborileo de la lluvia existe a su alrededor. El agua bate consigo misma y su resuello, como un rencor, la deja sola, deshabitada de cualquier otra armonía. La blanca melena entrega su belleza junto al perpetuo motor de estruendos. El clic de las cámaras fotográficas también perece, aunque es el único lugar donde el fragor de la cascada no consigue penetrar.
lunes, 12 de agosto de 2013
Caligrafías / 7
Rugoso cristal aficionado a redactar brillos y sombras sin preferencias. Impresiones más que realidades. Estados de ánimo a los que olvida darles valor. El tiempo no envejece su piel ni la luz la tizna. Admiro esta sencillez para utilizar términos joviales, entusiastas o afligidos con el mismo convencimiento. Está ahí cantarina, dispuesta a jugar siempre con el viento y con los frutos que caen de los árboles. Es la única caligrafía que sabe combinar lo que guarda dentro y lo que contempla fuera en una misma imagen. Me entretengo en aprender del agua la condición efímera de lo que permanece.
jueves, 8 de agosto de 2013
Becqueriana / 27
En las rocas tropieza el ímpetu con el que busca la playa y su súbita espuma se reparte y cuela entre los huecos que sestean como lagartos negros al sol. Con rodillas descarnadas de tanto golpearse y nudillos en carne viva, la ola se retira a las profundidades donde solo la displicencia de las medusas se preocupa por ella. Acaba de entregar un ronco y áspero poema de amor escrito con paciencia durante la travesía azul. Pero insensible, arrogante, el rompeolas lo desprecia. Solo a quien sentado en una piedra asiste atónito al idilio imposible le sobrecoge su agreste belleza.
domingo, 4 de agosto de 2013
Becqueriana / 26
Las aguas del puerto mecen las barcas con el cuidado que pondría una madre primeriza al acunar a su bebé. Cunas son también las embarcaciones, que se dejan balancear y les gusta cuando una ola chapotea en popa y las empuja contra las defensas de sus compañeras de amarre. Los cabos se tensan y destensan en un ejercicio con el que mantienen su trenzada musculatura. Al llegar la noche, la luz de la luna vuelve a pintar los cascos con el color nacarado de la oscuridad que, tras esta apariencia, oculta una navegación verdadera. En el sueño de los amantes.
jueves, 1 de agosto de 2013
Becqueriana / 25
De la tierra alta, seca, áspera. Color del viento cuando la levanta y esparce por el aire. Así el papel de los años malos, hecho de trapos sucios, sin pulpa vegetal, ni aguas limpias, ni maestros del oficio, que dejaron horario, saber y traje del día de la boda para los domingos por un fusil. De un tiempo opaco, tantas ausencias, el color del papel de los años cuarenta. Papel entristecido que aún se esfuerza por contener la tipografía de los sueños. Papel abrasado, pero papel, con el orgullo de que la belleza de las palabras mantenga intacto su fulgor.
domingo, 28 de julio de 2013
Caligrafías / 6
No es fácil leer las líneas del destino en los violentos montones de libros que nadie quiere. Su enmarañada caligrafía confunde. Como signos de una civilización derrotada cuyos significados se han diluido en la sangre de los nuevos colonos, así opera la tipografía despreciada. En la sombra. Literalmente en la sombra, en aquella que proyecta quien busca sobre el amontonamiento y quien espera. A veces, casi todas, se yergue de la genuflexión con que ha revuelto en el caos y se va. Raramente ocurre el prodigio del encuentro. Ese estremecimiento que también siente el libro. Por él se deja apilar.
jueves, 25 de julio de 2013
Caligrafías / 5
El conjunto de metáforas de una vida sale como lote a subasta cada madrugada de mercado. Conforme pasen las horas se irá descomponiendo el poema igual que bajo tierra lo hace el cuerpo que dirigió la orquesta de tropos a la venta, y uno a uno los objetos se irán incorporando como símbolos a otras versos, a la épica de un encandilamiento o a la lírica de una ausencia. Quién sabe. Y así, en esas metáforas que pasan de pared en pared, de vitrina en vitrina, acaso conserven lo único que perviva de un ser. Una memoria muda y áptera.
martes, 23 de julio de 2013
Caligrafías / 4
Avaro de su soledad, delata cualquier acercamiento. Lo repele con la amenaza de oscuridades, esa negrura tejida por el tiempo como pudorosa túnica ante la vida. La caligrafía uniforme del polvo no distingue entre las propiedades de la materia, ni le importa el alfabeto o el idioma que amortaja con su persistencia. Se sabe milicia imbatible, hormiguero en plena actividad reproductora, plaga, epidemia. Se denomina a sí mismo heraldo del señor más poderoso de cuantos rigen el acontecer, el olvido. A diferencia de la muerte, sus suciedades ásperas y secas prescinden de ritos. Esa carencia es, posiblemente, su mayor fortaleza.
domingo, 21 de julio de 2013
Intemperie / 15
Sin alguien que mire, ¿quién otorga realidad a la realidad? Lo preguntaba el obispo Berkeley, lo sugieren los físicos del presente, que ubican en el cerebro lo que los demás creemos que está ahí afuera. Sin alguien que esté mirando, ¿cómo saber que ocurre lo que está ocurriendo? Quizá la pregunta que esta pregunta sugiere sea otra: ¿Por qué el sujeto cada vez se siente más desvalido a la hora de certificar su experiencia por él mismo? Pero tampoco esta es la pregunta más curiosa: ¿Por qué necesita que quien esté mirando sea un ente múltiple, anónimo, una red social?
viernes, 19 de julio de 2013
Becqueriana / 24
Por el gusto de mirarse al espejo
y contemplar su belleza, las acacias siembran el suelo de flores amarillas,
tantas en el reflejo sobre la tierra como en sus ramas, y en idéntica
disposición. El jazmín crece tan prieto para que no se cuelen las sombras entre
sus hojas, ni siquiera al anochecer, cuando sigue exhibiendo la luz de su
fragancia. Las magnolias tallan con paciencia de orfebres las áureas flores que
lucen en la solapa de su traje de terciopelo oliva. El jardín escribe el poema
del verano en los ojos. Las manos abiertas lo recitan en voz alta.
miércoles, 17 de julio de 2013
Becqueriana / 23
Las palabras mantienen armarios, altillos, trasteros, desvanes e incluso cobertizos donde guardan montones de significados que no muestran cuando exponen su caligrafía. Quien las lee suele quedarse con el sentido que luce en el escaparate, sin ir más allá, sin indagar donde un simple trapo del polvo devuelve brillos antiguos o sabores ya desaparecidos. En cada palabra está inscrita también la luz que la iluminó y el tacto de la madera que sostuvo su escritura, los sonidos que pudo oír antes de viajar hasta el oído, donde al ser pronunciada enciende recuerdos tal vez inexistentes. Las palabras usan doble fondo.
lunes, 15 de julio de 2013
Becqueriana / 22
La tarde escribe novelas con los argumentos del verano. Sabe investigar qué ocurre en los intersticios que aparecen entre los pétalos de la rosa. Lo que oculta la frondosidad de las hortensias. Quién causó la tristeza de las glicinias. La tarde imagina y cuenta la coartada de las nubes que trajeron la lluvia súbita, atormentada, los mensajes cifrados que dejó en el aire el trino del ruiseñor, el código secreto del vuelo de las mariposas. La tarde es una escritora de best sellers y también de libros cuyos títulos no conoce nadie. A ambos géneros trata con la misma dedicación.
sábado, 13 de julio de 2013
1881
Sir Justo Horacio Perry consuela a Carolina Coronado en Lisboa
Cabecita de poetisa, sí. Conservas su belleza y también su locura, mi dulce esposa. Decir que las paredes de Mitra no hablan tu idioma. Qué ocurrencia. Sencillamente no hablan, ni a ti, cariño, ni a nadie. Aunque tal vez lo que necesiten para comunicarse por telégrafo sea un cable que las conecte (ríe). Mira estos dibujos sobre los ladrillos azulejos de la escalera. Hablan de historias antiguas que ignoramos, pero algún día, en un futuro palacio, los artesanos copiarán nuestros retratos junto al trazado del cable que cruza el océano. Convéncete, esta inversión será nuestra Gran Obra para la Humanidad.
jueves, 11 de julio de 2013
1881
Cornelia Adriana repudia las cartas de amor de su primo Vincent
Cómo quieres que lea la sarta de sandeces que me escribe cada día desde que llegó a Etten sin que nadie sepa qué demonios se le ha perdido aquí. Ya cometí el error de leer la primera que me mandó, y aún echo espuma por la boca. Maldito holgazán. ¿Por qué no se enamora de un pozo y se tira? Solo imaginarme su cuerpo seboso de zanahoria me entran arcadas. Y además, qué futuro tiene. Se pasa el día pintando tontadas. El otro día me enseñó un sembrador que parecía un payaso con retortijones. Que cosa más fea. Qué pesadilla.
martes, 9 de julio de 2013
1881
Vincent Van Gogh se enamora en Etten de su prima Cornelia
Pasos de nube sobre la arena es la inaudible fricción de las alpargatas de los sembradores al amanecer. Un silencio de rebanada de hogaza en la lumbre. Los hatillos de tela, cruzados en el pecho, albergan tantos síes que quiero saltar por la ventana y unirme a ellos en su jornada. La mía sembrará solo estas palabras que te escribo entre las lascas de granito de tu nombre, Kee, y tras rodar por su desnivel de alta montaña caerán en el regato que corre hacia ninguna parte. No lances al fuego esta carta, por piedad. Este temblor azul y amarillo.
domingo, 7 de julio de 2013
1881
Carolina Coronado recuerda a su hija muerta
Inhóspito lugar para quien despierte, la tierra. Su húmeda, áspera, doliente terquedad. Yerma negrura donde solo gusanos y alimañas transitan. Deja siempre, Carolina, hija, tu mano posada sobre el terciopelo de aquella cama para que sientas el calor de su luz si despiertas. Un espejo por si has de arreglarte el cabello, un tarro con polvos para tus sonrisas. Cuando despiertes del silencio con el que te ausentaste. Agreste refugio para quienes el corazón y las palabras y los sueños aman, la tierra. Inmunda sordera, clausura, sinrazón. Le hablo a las paredes, que no conocen mi idioma, hablándote a ti.
viernes, 5 de julio de 2013
Becqueriana / 21
Acicalada con polvos de arroz, la
luz se pasea en bata por la mañana. El viento la reprende desde las cañerías.
Transitan las nubes sin explicar hacia dónde se dirigen. Nadie parece contar
con ella. Persianas echadas, comercios cerrados, semáforos en verde. Habrá
quien ande besándose en la penumbra de algún portal; otros se abrazarán, es
posible, en sueños. Despeinada y ojerosa, la luz regenta un café en el que da
igual que haya madrugado para abrir sus puertas. Las sillas continúan bocabajo
sobre las mesas. Los cruasanes se reblandecen en el cesto. Una luna diurna
sonríe en lo alto.
miércoles, 3 de julio de 2013
Becqueriana / 20
Irradian tanta suavidad en su tersura que aún antes de morderlas ya palpitan donde la sangre las presiente. Tanto brillo su piel arrebolada, su mejilla incandescente por movimientos que no encontrarán nunca palabras que los describan, su bola de cristal escarlata que absorbe toda la luz de la noche. Tanto resplandor emanan de su cielo diminuto que ciegan. Tanto jugo promete su dejarse acariciar por la lengua, la tierna penetración que ofrece a los dientes, el terciopelo para cubrir las paredes del paladar. Tanto dulzor concentrado en la dimensión exacta de un beso, ahí, encima de la mesa. Las cerezas.
lunes, 1 de julio de 2013
Becqueriana / 19
El abrazo de la luna crece día a día. Unas noches hacia la luz; otras, camino de la oscuridad. Una metamorfosis que la conduce siempre hacia el interior de sí misma. El agua de las fuentes nace al atardecer tras haber sentido un presagio. Y como hontanar repentino, traza un cauce que serpentea sobre la arena. Que su movimiento refleje el rostro de la luna será su manera de quedarse quieta, ella, el agua, la constante fugitiva. La que da frescor a los labios de los amantes. Antes del abrazo, cuando se buscan, desconocidos, en el terreno de los sueños.
jueves, 27 de junio de 2013
Pedagogía
Tras los puntos suspensivos que deja una persiana bajada o en el paréntesis que abre una cortina siempre hay alguien que observa cómo nos besamos. Ella es feliz, dedicándose solo a la artesanía de los besos. A mí me deja el papel de vigilante. Escruto los ruidos que llegan desde el interior del piso para evitar a su madre el feo de descubrirnos y controlo el lugar desde donde nos espía algún vecino. Ya ni puedo concentrarme en la tarea y casi más satisfacción obtengo al imaginarme la suya, solitaria, escondida, tan íntima, cuando así nos retorcemos en el balcón.
miércoles, 26 de junio de 2013
Persuasión
—No, en esta tarifa no puede ser.
—¿Tarifa? ¿Quién habla de tarifas? Se trata de amor.
—Llámalo como quieras.
—Lo que te propongo es una manera más alta de amar.
—Igual por eso es más cara.
—Dinero, dinero. Yo solo hablo de amor.
—A la persona equivocada.
—¿Equivocada, por qué? ¿No me brindas tu cuerpo? El placer que tienes ahí reservado para mí. Lo quiero.
—La tarifa va antes.
—¿Algo antes que el amor?
—El orden es muy importante. Me lo decían en el colegio, de niña.
—Venga, por favor. Hagámoslo así en nombre del amor.
—Nací tonta del bote.
lunes, 24 de junio de 2013
La mañana de San Juan
Quien saltó el fuego y sintió cómo se le chamuscaban las perneras del pantalón duerme ahora tumbado sobre la arena. Cascos, latas, bolsas y colillas ardieron en la misma hoguera en la que intentó besar a una muchacha que se despedía en ese momento con amabilidad. El tiempo queda así varado entre las dunas. La madera de los sueños convertida en el polvo blanquecino que la brisa esparce por el aire. Y donde la llama fue avivada con deseos, cuarteados tizones, rescoldos aún humeantes. Ceniza cuanto se pronunció para ensalzar la noche. En las zarzas, las moras aguardan que despierte.
viernes, 21 de junio de 2013
El verano
El silencio deja unas gotas de agua sobre la hoja del níspero en las que se zambulle el primer rayo de sol de la mañana. Así se inaugura el verano. Las alondras picotean en los taludes del camino. Los mirlos acechan el brillo de las cerezas desde los muros de piedra. La brisa remueve los álamos altos y un algodón blanco nieva sobre la hierba. Las tomateras crecen al paso de las cañas y llenan de pecas rojas la luz. La flor del calabacín luce su vestido de volantes. Los ojos se encandilan ante el cuadrado luminoso de las ventanas.
miércoles, 19 de junio de 2013
Patriota
Aquel que se fija en el guijarro huido del parterre. Lo identifica en la acera, entre colillas. Lo sitúa en el centro de un objetivo imaginario y a partir de entonces no hay otra realidad en la realidad de una calle céntrica de la ciudad, a una hora comercial. Se acerca. Felino. No le quita ojo al pedazo de granito. Despacio flexiona la rodilla y levanta la pierna derecha medio palmo. La suelta con fuerza. La puntera de la bota impacta en la piedra. Saliva luego la mano y con la palma trata de limpiar la mella en el cuero.
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