martes, 28 de mayo de 2013

Caligrafías / 3


Un muro suele anhelar, como si fuera un soneto, la perfección. La armonía rectilínea de su decir, el golpe de racionalidad que cuadró la piedra, las cesuras donde respiran las incógnitas. Un muro levanta catorce versos sobre un desconcierto o tal vez sobre una emoción. Como si fuera un soneto, el amontonamiento de palabras los oculta al otro lado, donde habitan gusanos, culebras de campo y algunas especies de escarabajos que se entierran tras aparearse. Un muro, al fin y al cabo, nunca dice nada. Como un soneto. Se atraganta quien lee su emplasto de sílabas numeradas y sillares desparejados.

domingo, 26 de mayo de 2013

Caligrafías / 2


Cielo nocturno a mediodía, la luminosidad de pétalos tan blancos dicta la oscuridad a su alrededor. Se dice que los filósofos estudian las estrellas reflejadas en un espejo; los poetas, tan predispuestos siempre a dejar olvidados los instrumentos encima de la mesa, contemplan las geografías de la noche en la trama de florecillas silvestres que crecen en el margen de los caminos sin tránsito. Igual que soles muertos, continúan deslumbrando mucho tiempo después de haberse apagado. Alguna rueda despiadada pasará por encima. Las arranca el campesino térreo para que no corra su semilla, pero permanece inalterable su tan diminuta enormidad.

viernes, 24 de mayo de 2013

Caligrafías / 1


La tarde escribe sus odas de género con la pluma del viento sobre el verdor adolescente de los campos de cereal. Los trigales se apuntan con entusiasmo a cualquier juego. Les gusta deshacer la trenza de su espiga y brindársela a la brisa. El sol, pintor paisajista aficionado, desenrosca el tubo de amarillo que acaba de comprar. Un simple apretón en el culo vierte sobre la paleta el churretón luminoso con el que repasará cada una de las sombras. La primavera se expresa con una métrica clásica, en su armónica cadencia las amapolas crecen siempre dispuestas a subvertir la rima.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Una habitación de hotel en Málaga

 Para o JLBG 

No es por el color mustio del papel pintado, tampoco por el tacto acrílico en las cortinas, pero siempre impregnan con su tristeza. Digo yo que quizá sea porque las habitaciones de hotel son lo más parecido que exista a nosotros mismos por dentro. El huésped que acogió ayer nuestra alma, sus emociones o pensamientos, ya no está hoy, cuando entra otro con un presente que dejará de serlo cuando salga mañana por el pasillo arrastrando una maleta. E igual que en la memoria, del visitante quedará solo la melladura en el mueble donde se dio el golpe al pasar.

lunes, 20 de mayo de 2013

Carmen. Elegía.


A nuestra espalda, la espalda del templo del Tibidabo. Delante Collserola, una alfombra verde tendida ante la llanura industrial y en exceso poblada del Vallès. Como fondo, algunas nubes dibujadas por la mano de un niño. Te quedaste, Carmen, un instante ensimismada. Francisco hablaba de cómo había aprendido la filosofía que corre por sus escritos. De pie los cuatro, en la explanada de tierra sin urbanizar, estábamos hechos de la materia efímera del habla. Sin siquiera imaginarlo, el arte —la memoria— ya trabajaba para extraer el tiempo de aquella tarde y convertirla en un símbolo. Un dolor, aturdimiento. Un silencio.

sábado, 18 de mayo de 2013

1924

Franz Kafka fallece en Kierling, Austria

El candil del imperturbable jefe ferroviario dio vía libre a cuantos trenes cruzaban por los libros que escribía, uno tras otro, en espera de que sus páginas sintieran el vapor de agua y el taconeo de los viajeros al apresurarse leyéndolas. Nadie descendía en la estación de mis obras, y no es razonable que ahora, cuando nada queda por llegar, aún espere un cambio en las rutas, una sustitución del jefe, algún nombramiento en la alta dirección de los ferrocarriles. No, Dora. Los obreros desmontarán marquesinas, derruirán paredes. Lo que imaginé y nadie quiso, en la noche se pierda. Conmigo.

miércoles, 15 de mayo de 2013

1923

Rainer Maria Rilke se aloja en Schöneck,enfermo

Crecen rosas rojas entre los sonidos de una lengua cuando no es la que aprendimos de pequeños. Paredes, baldosas blancas. El bordado azul con el nombre del Sanatorio en las toallas. Blancas. Si me pregunto, no reconozco otra patria que esta sucesión de cuartos como agua en el patio que no encontrara sumidero. Así me estanco y flotan en mi superficie pétalos de amapola traídos por el viento. Colcha, mesa y silla blancas. Almohada. Objetos que me verán morir. En un jarroncillo, una rosa. Con ella hablo en francés. De ningún lugar cuando nací, de ninguna parte cuando me vaya.

lunes, 13 de mayo de 2013

1868

El peor año en la vida de Gustavo Adolfo Bécquer

Yo aprendí temprano, amigos, a querer a los poetas. Enjuto, casi pobre, sus ojos lagrimeaban cuando se inclinó ante la reina, y allí estaban todos aclamando a Quintana y yo mismo, barbilampiño, aprendiéndolo. Lancé las campanas al viento por Enrique Heine desde cuantas torres pisé. Lo divulgué en el fondo de las tabernas y en el imperial de los tranvías. Por Augusto di la vida y La soledad estuvo en mi boca más que mi nombre. Así he vivido, no me hagáis ahora, amigos, que sea yo adalid de mis propias rimas. Si nadie las defiende, morirán sin ese amparo.

sábado, 11 de mayo de 2013

Soho Square


En la plaza del Soho me besó. Fui a besarla, porque me dio la impresión de que era lo que tenía que hacer, pero ella se adelantó. El camino de la escuela a casa no pasaba, ni por casualidad, por allí. Con los cursos lo había ensanchado. Tanto que en aquella época recorría media ciudad de regreso. «Qué simpático» me había dicho. Era mayor que yo, bastante. Pelo largo, muy rizado, vestido de flores, gafas redondas. Yo, con el uniforme. Después de un elogio así, pensé que podía. Pero ella se adelantó y el Soho dejó de ser una plaza.

jueves, 9 de mayo de 2013

White Horse Street


Una colina áspera como un muñón. El viento se ensaña con sus lomas amarillentas de hierba quemada por la nieve. Algunas matas, entre piedras, como único aliciente para que el caballo blanco, solitario, eleve la grupa y avance unos pasos. Desde el ventanuco del pajar, donde he subido con una novela policíaca, lo observo cuando ya sé quién es la víctima y me aburre seguir leyendo. Padre ordeña, madre enciende lumbre. El olor a madera que arde se cuela por las rendijas. El cielo enlosado de la tarde precipita el día. Para la ciudad nada guardaré de la palabra colina.

martes, 7 de mayo de 2013

Bow Street


Elegir lazo, zapatos, medias, broche, silencios. Siempre había creído que lo más difícil era aprender a interrumpir la frase que estaba diciendo en su momento y no continuar hablando como una cotorra hasta que alguien tuviera la amabilidad de cortarme. Dios mío, sí, eso era lo más difícil. Contar algo sin descubrirse una por entero. Quedarse con alguna prenda puesta. Sí, pero cuando vi la cinta adecuada para el verde de la noche y el lazo por hacer, las cavilaciones se quedaron en nada. ¿Cómo anudarlo sin arrugas, vistoso, elegante? Y si prescindo de lazos… ¿sabrá apuntar bien el arco?

domingo, 5 de mayo de 2013

Becqueriana / 15


Con la corriente del río estampada en su falda la veo pasar en un vuelo de gaviota. Por el paseo las muchachas cascan pipas con los dientes y un coro de ancianos ensaya una obra que algunos aún no se han aprendido del todo. Aletea su blusa de plumas blancas con la brisa del mar. Un ciclista detenido sorbe con ansiedad un helado de vainilla. Dos vehículos de limpieza del municipio juegan una partida de ajedrez en una esquina. Me doy la vuelta para verla caminar con sus sandalias de hojas de cedro mientras las nubes sestean en los escaparates.

viernes, 3 de mayo de 2013

Becqueriana / 14


Las gafas me ordenan el mundo. El cauce desbordado de la realidad se acoge de repente a las leyes de la ingeniería. Cada color regresa a los límites de su dibujo como en la clase de los principiantes. Aflora lo que no existía, emerge lo desconocido. En la biblioteca del paseo cada rostro adquiere título y autor. Las gafas me confirman lo que hay. Todo lo que hay. La hilera de hormigas que sube por las piernas de granito en el monumento al héroe, la polilla que duerme dentro de un pliegue de la bandera. Muchos días prefiero no ponérmelas.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Becqueriana / 13


De la misma forma que existen acontecimientos, por efímeros que parezcan, que después de vividos buscan palabras, imágenes, verso y hasta estrofa en los que transformarse para pervivir, o tal vez solo para dejarse engatusar por el espejismo de la pervivencia, otros, sin que en el momento de producirse se pueda adivinar esta condición, carecerán de tiempo para sedimentarse en una mínima colección de palabras. La mañana de diciembre en la que Bécquer subió al tranvía, ya enfermo, y no encontrando lugar en su abarrotamiento decidió sentarse en el imperial descubierto, quedó perdida, sin respiración. Escribir será prestársela. Seguir contándolo.

lunes, 29 de abril de 2013

Proustiana / 11


En su ático la memoria celebra hoy una fiestecita. Acuden los recuerdos en su versión más elegante. El maquillaje desdibuja arrugas y la seda le da encanto a aquello que no lo tuvo nunca. Les veo llegar a mi pesar, aunque cierre los ojos. Y cuando la música sube de tono insisto a la policía del sueño para que intervenga de inmediato. Inútil. Entre ellos bailan, se rozan, gritan y beben el licor de la realidad que les embota y les hace sudar. Camisas fuera de los pantalones, blusas desabrochadas, rímel corrido. Cada vez más parecidos a lo que fueron.

sábado, 27 de abril de 2013

Half Moon Street


Cuando regreso a casa, a veces, entre la neblina nocturna que frecuenta el río asoma una media luna algo encogida, triste, vagabunda, a la que siempre he pensado que me parezco. Una luna cada vez más escuálida que se va de la ciudad y toma un tren cuya partida nadie acude a despedir. Un cuello encorvado que rodea sin gracia una gargantilla de humedad. Es el frío de su mirada perdida, tal vez, lo que me atrae de ella, lo que me asusta en mí misma cuando salgo del pub a medianoche y encaro la ruta hacia la luna nueva.

jueves, 25 de abril de 2013

Portobello Road


Era la única de clase que tenía que levantarme todos los domingos de madrugada. La única que, desde pequeña, ayudaba a cargar los fardos en la furgoneta, y luego los descargaba mientras padre levantaba la parada con hierros y plásticos, y madre distribuía con primor faldas a un lado, calcetines a otro, cada blusa colgada en su percha. Los domingo, en la misma esquina de Portobello. Siempre la misma ropa delante y rostros distintos que desfilaban. Así el día entero, como ven las actrices el teatro, pero sin asientos ni teatro. Sabiendo que lo vivía todo al revés. La única.

martes, 23 de abril de 2013

Cecil Court


Cecil me dijo que era su nombre. En la mano llevaba un libro. Viejo, con la sobrecubierta amarillenta y rota. Un libro de esos que al leerlos huelen a humedad, como si las palabras dentro hubieran empezado a pudrirse. ¿Eso es lo que piensas?, respondió a mi ocurrencia. Supe que había tomado la línea equivocada. A veces es difícil dar la vuelta. Cuando abren las puertas un alud humano se precipita a entrar y uno se resigna a seguir. Aunque el símbolo ya ha quedado dentro. Lo sé por las librerías de viejo que frecuento, desde entonces, en Cecil Court.

sábado, 20 de abril de 2013

Becqueriana / 12


Las paredes recién pintadas, como los versos acabados de escribir, anhelan colorear a quien pasó el rodillo por su superficie. Por eso los pintores visten camisa y pantalones blancos, que la pintura fácilmente puede impregnar con su caligrafía amorosa y casual. El caso de los versos es menos claro. Hoy ya nadie se ajusta la corbata para medir un endecasílabo, pero cómo agradecía el metro ese cosquilleo sobre la parte inferior de la hoja. Los poetas escriben vestidos de pintor, unos. Otros, de decorador. De ahí que sea tan fácil distinguir las manchas que la lavadora se apresura a borrar.

jueves, 18 de abril de 2013

Becqueriana / 11


Les dice «Ahora vuelvo, no os larguéis» y se adentra en el callejón con el gesto de quien aparta una cortina. La oscuridad es lo que busca, lo descubre mientras se desabrocha la cremallera y trata de localizar el hueco. Con cierta prisa. Había decidido beber una cerveza y lo ha cumplido tres veces. De ahí la urgencia. Se curva, hombros atrás, cintura hacia delante. Orina. Desde la esquina lo veo. Un chorro que dibuja un arco sobre la pared en la que nos habíamos apoyado para besarnos. Se sacude. Cuando vuelve, sus amigos se han marchado. Tampoco me consuela.

martes, 16 de abril de 2013

Becqueriana / 10


Escribiré algún día —me dije— un diccionario de calles. Las calles figurarán con su nombre, cómo si no podrán encontrarlas, y a cada una le adscribiré una palabra. La palabra que, cuando recorro sus aceras, cruza por mi cabeza. La cabeza no siempre está donde se ubica, con frecuencia convive con otras calles que acaso ni siquiera conozca, con otro ángulo de luz sobre el agua de los estanques, pero siempre atraviesa los dos mundos un mismo término. Tantos términos como he evocado, aun desconociéndolos, anotaré en cada entrada de mi diccionario. Los diccionarios —me dije— no sirven para nada.

domingo, 14 de abril de 2013

Margaret Street


La niebla cubre la ciudad con su ceniza. Llueve sin ganas, casi por compromiso. Con idéntico estado de ánimo he salido a comprar algo para la cena. Al cruzar Margaret Street echo un vistazo hacia la calle. Algún borrón que se mueve y al fondo, en la avenida, el paso nómada de los autobuses, enganchados como vagones. Los faros de un coche se acercan. Me quedo en esta esquina, apoyado contra la pared. No se podría decir que vea algo, pero tampoco que no vea nada. Es raro. La lluvia va haciéndose con mi gorro, mi gabardina. Todo yo niebla.

viernes, 12 de abril de 2013

Langham Street


Detrás de la iglesia, las lápidas alineadas, aunque a suficiente distancia, dejaban un corredor de hierba perfecto para jugar a fútbol. Lo peor era marcar un gol, porque si gritábamos salía el párroco de Langham dando voces y en ocasiones ni nos daba tiempo a salvar la pelota. Peor aún, sin embargo, hubiera sido celebrar un gol en silencio. Así que nuestros partidos acababan siempre uno a cero. Marcar y salir corriendo era lo mismo. Es lo único que recuerdo del lugar donde nací. Nos vinimos a Londres, debuté con el Sutton, y en el banquillo añoro nuestro cementerio.

martes, 9 de abril de 2013

Carnaby Street


«En Carnaby Street empezó todo», le oí decir un día. Yo tenía once años. Regresaba del colegio y él tocaba con sus amigos en el sótano de casa. Me llamaba, «Ven ricura», pero mi madre no quería que bajara. Luego se enfundaba su cazadora tejana, aunque estuviera nevando, y se iba. Cuatro, cinco días. Por las noches, a través de las paredes, oía sus gemidos. «Hemos andando de gira», se justificaba siempre mi padre al volver y aquella noche los dos reían hasta la madrugada. Lo recuerdo cuando estoy desecha, al salir de la tienda donde trabajo, en Carnaby Street.

domingo, 7 de abril de 2013

1960

Luis Cernuda va al cine en Coyoacán

En la parada, el tranvía traza un charco de sombra rectangular. Por ese costado se salta desde la plataforma con engaño. El empedrado hierve, pared contra pared con el infierno. Y cuando el trole empiece a echar chispas y un repentino estruendo lo aleje, el sol ya habrá anegado la avenida y la tarde. Lo veo cruzar entre carros y algún que otro vehículo que vigila de reojo. Traje de lino, camisa cruda, sombrero claro. La boca pintarrajeada del palacio del cinema está a punto de comérselo, engatusando su blancura con la grata oscuridad del tiempo sin densidad de tiempo.

viernes, 5 de abril de 2013

1913

Boris Pasternak escribe el poema «Noche de invierno» 

De camino a la ciudad el tren arrastra mercancías que no pesan. La luz que parece fundir al este el sudario de nieve en los campos. Aunque la carga sea el saco de patatas colgado junto a las maletas que desprende arenilla sobre los viajeros dormidos, tampoco pesa. Ni pesan las cartas que en la ciudad he de certificar, los libros que el viejo Rabinad me habrá guardado bajo la mesa camilla, apilados encima del brasero que no enciende nunca, el balcón que reflejará el sol del crepúsculo cuando parta el tren de regreso cargado con el fardo del vacío.

miércoles, 3 de abril de 2013

1919

Juan Ramón Jiménez publica Piedra y cielo

La rosa. Y cuando se siente deseada, se sabe rosa deseada como cualquier rosa. Como la rosa que brota en otra rama. Rosa como rosa, no como ella, capaz de iluminar y rendir con su color y fragancia. Rosa sola, que lo es. Rosa sublime, que lo es. Rosa entre las rosas, su única ambición. La rosa. Y cuando el tiempo deje sobre sus pétalos la huella de sus pisadas. Y cuando una cenefa oscura marchite su esplendor, cómo seguir siendo sola, sublime, singular. Cómo continuar manteniendo su esencia de rosa, de rosa deseada por ser ella misma, ella sola.

lunes, 1 de abril de 2013

Becqueriana / 9


Durante esa hora extraña del inicio de la tarde, cuando la razón cae en un insípido duermevela y las palabras rezongan entre sí, atropellándose, crispadas, qué sé yo, entonces tomo la mano del sinsentido y la acaricio solo con las yemas de mis dedos, como levitando sobre su piel incomprensible. Es solo un momento, ese tonto de los culebrones en el televisor y de las tacitas de café con los bordes manchados sobre las mesas sin recoger en los restaurantes. Nos tomamos de la mano, lo irracional y yo, y nos lanzamos promesas con la mirada. Un instante, nada más.

sábado, 30 de marzo de 2013

Becqueriana / 8


Con un diestro giro de muñeca le da la vuelta al recorte de papel de estraza, asegura con un doblez el extremo y llena de cerezas el cucurucho que luego me entrega. De dos en dos las como entre los puestos del mercadillo hasta que una a medio morder resbala de mis labios y deja impresa sobre mi camisa su beso carmesí, jugoso de retórica y de maldad. La multitud sigue su paseo ajena a mi desgracia. El cielo diáfano, el sol que se cuela entre los toldos. Mi camisa blanca, el cucurucho a medias. Y yo, tan triste, tanto.

sábado, 23 de marzo de 2013

Becqueriana / 7


Se sientan a la mesa del Café las tardes de verano. Cuando les alcanza el ventilador giratorio melenas y rizos tiemblan un instante. Uno, con ojos inventados, explica cómo escribe la partitura para una sinfonía de la ciudad. Cuando ha de sonar una moto con el tubo de escape recortado, la dibuja en el pentagrama. Otro cuenta que se acerca con sigilo cada noche hasta su sueño para descubrirse soñando. El súbito oleaje del ventilador vuelve a erizar sus cabellos a su paso. La espuma de las cervezas consumidas, émula acaso de los artistas, graba sus abstracciones en los vasos.

martes, 19 de marzo de 2013

Hotel Literatura


—Buenos días. Encantado. Mi nombre es Natsume.
—Vaya, señor Soseki, qué emoción, veo que conoce mi lengua.
—Sí, también a mí me alegra que hable algo de japonés.
—¿De japonés? Disculpe, pero no tengo ni idea.
—¿Entonces?
—Eso digo yo, ¿cómo es que nos entendemos?
—Sin duda hablamos el mismo idioma.
—El castellano…
—¡Ah, sí, castellano! Cervantes. Magnífico. Pero yo solo hablo un poco de inglés.
—Igual conversamos en inglés sin darnos cuenta. Aunque mi inglés muere tras el Hello.
—¿Entonces?
—Ya es raro, ¿verdad, señor Soseki?
—Será cosa del guionista de sueños.
—Será. No iba a atravesársele esta minucia.

sábado, 16 de marzo de 2013

Becqueriana / 6


Se arremolina la hojarasca en la escalera que conduce a la estación de metro, ansiosa acaso por utilizar su libertad para huir a otros barrios. O tal vez, solo esté escondiéndose por temor a que el viento la arrastre demasiado lejos de los árboles. Me lo pregunto mientras mis pasos conversan con su carraspeo al subir y bajar. Llego al vestíbulo y regreso a la calle. Se diría que he caído en el mismo hueco que las hojas, corran o se oculten, que no lo sé. Se diría también que espero. Abrigo largo, cabello moreno. Una cita que no tengo.

lunes, 11 de marzo de 2013

Becqueriana / 5


Coincidimos esta mañana. En realidad, la conozco de vista desde siempre, pero solo hoy empezamos a hablar. Al principio, un poco atolondrados. Ella, con precaución; yo, en manos de las sílabas saltarinas. Nos sentamos en un café con mesas antiguas y sillas de roble con respaldo semicircular. Pido un cortado y le ofrezco un sorbo de mi taza. Quiero que le guste. Nos encontramos, por fin, la palabra «luciérnaga» y yo. Le dedico un poema lleno de sutilezas. Lo escribo sintiendo los tropiezos de la pluma en las cicatrices del mármol. Vivo así nuestro idilio, sin que nadie nos vea.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Becqueriana / 4


Cuando entraste en la vieja casa de los sentimientos una capa de polvo recubría lámparas, muebles y cuadros. Te fue fácil con un dedo escribir tu nombre sobre cualquier superficie. Abriste el armario del lenguaje y de allí salieron apolilladas las palabras que había lucido cuando la vida era una pintura de Matisse. Póntelas, dijiste, y me probé aquellos pantalones que no podía abrochar y la camisa comida por los insectos. Nos reímos de frases tan ridículas. De par en par la sonrisa de las ventanas colaba el aire de la calle en las habitaciones. Se llenaban de hojas secas.

sábado, 2 de marzo de 2013

«Aracne», de José Antonio Moreno Jurado, en Paréntesis, Sevilla, 2011


Antes que una autobiografía más, Aracne es casi un manual de lo que de verdad le interesa a la literatura de una vida. El tono lírico para evocar la infancia y los hechos felices, la contundencia narrativa del relato para explicar los acontecimientos, la perspicacia para desvelar la intrahistoria de los conocimientos, no los conocimientos, y finalmente la reflexión —a veces casi ensayística, otras casi filosófica, moralista— como reflejo de la madurez, porque acaso eso sea vivir después de la vida: descubrir el sentido de lo vivido. Cada época se amolda al género literario que más le puede interesar evocarla.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Becqueriana / 3


Las calles del invierno, transitadas por sombras esquivas, desembocan necesariamente en un portal. Los hay luminosos y limpios, con apliques dorados en las paredes y un sillón de escay junto a los buzones. Su puerta no se atasca nunca y los propietarios piden datos por el interfono. Otros portales quedan entreabiertos y una corriente de aire los recorre inmisericorde. El yeso de las paredes se desprende a capas, podrido de humedades, y el suelo colecciona desperdicios. Huelen a rancio. Se oyen voces, un niño llora, las cucarachas inspeccionan. Si un vecino entra de súbito y nos descubre, solo nos insulta.

lunes, 25 de febrero de 2013

Becqueriana / 2


La luz de la tarde deja en silencio los claveles cantarines y el dulzor de la gardenia. Se despereza el jazmín antes de su trabajo en el turno de noche. Un perro ladra endecasílabos sombríos. Por el empedrado baja el tiempo hacia el puerto con cuidado de no perder la tapa de sus tacones. Corre a una cita. Ha quedado para cenar con un marino. Al levantar los ojos de la página, en el momento de pasarla, veo la paleta del crepúsculo en sus mejillas. Le digo con la mirada que me gusta. Ni me ve. Pienso en nadie. Leo.

sábado, 23 de febrero de 2013

Becqueriana / 1


La tapa corredera del plumier descubre mi museo de maravillas. La pluma nacarada, de capuchón dorado. No la uso nunca, me digo, para conservarla siempre. La sopeso, la descubro. Hago un trazo hasta que vierte una línea de tinta. La guardo. Saco la otra. La azul, de capuchón azul, con la que anoto las palabras cuando ya estoy seguro de ellas. Antes, si dudo, las garabateo a lápiz, a propósito con mala letra. Si no sirven, que queden ilegibles. Han de ganarse la caligrafía, pienso. Cuanto pueda escribir está encerrado aquí, en esta sencilla caja de madera. Todo lo olvidado.

jueves, 21 de febrero de 2013

1975

Pier Paolo Pasolini es asesinado la noche del 2 de noviembre

El desabrido noviembre deposita sus noches con el mismo encanto que el carnicero deja caer la pieza. Acaso los cuerpos sean también, en noviembre, la masa sanguinolenta que golpea la tabla de cortar. El descampado aporta escaso entusiasmo a los encuentros. Matas y rastrojos entre las dunas que producen los camiones al volcar los escombros furtivos. Bolsas de plástico chascan en la maleza y al descubierto el lomo de una nevera cuya blancura es el único destello, encintados los cuchillos. Y aún así, el amor hierve, impulsa la ceguera del deseo. Desprecia los signos. Apaga el motor y las luces.

martes, 19 de febrero de 2013

1868

El manuscrito de Gustavo Adolfo Bécquer desaparece

—¿Vamos a algún sitio?
—¿Al Suizo?
—Está cerrado estos días. No ganan para espejos rotos.
—Todo anda al retortero. No importa. Hablemos en este portal.
—¿De Casta?
—¿Qué dices? No te entiendo. Traigo una noticia que darte.
—Otra desgracia. Annus miserabilis.
—Puede. De parte de González Bravo, el Ministro.
—¿Una bendición suya?
—Me dice que te diga que las hordas entraron ayer en el Ministerio.
—¿Y…?
—Sí. Asaltaron su despacho. Le levantaron la plata. Le volcaron la mesa.
—¿Y mi…?
—Le vaciaron los cajones. Le lanzaron los tinteros contra las pinturas.
—¿Y el libro que…?
—Prendieron fuego. No salvó nada.