miércoles, 27 de febrero de 2013

Becqueriana / 3


Las calles del invierno, transitadas por sombras esquivas, desembocan necesariamente en un portal. Los hay luminosos y limpios, con apliques dorados en las paredes y un sillón de escay junto a los buzones. Su puerta no se atasca nunca y los propietarios piden datos por el interfono. Otros portales quedan entreabiertos y una corriente de aire los recorre inmisericorde. El yeso de las paredes se desprende a capas, podrido de humedades, y el suelo colecciona desperdicios. Huelen a rancio. Se oyen voces, un niño llora, las cucarachas inspeccionan. Si un vecino entra de súbito y nos descubre, solo nos insulta.

lunes, 25 de febrero de 2013

Becqueriana / 2


La luz de la tarde deja en silencio los claveles cantarines y el dulzor de la gardenia. Se despereza el jazmín antes de su trabajo en el turno de noche. Un perro ladra endecasílabos sombríos. Por el empedrado baja el tiempo hacia el puerto con cuidado de no perder la tapa de sus tacones. Corre a una cita. Ha quedado para cenar con un marino. Al levantar los ojos de la página, en el momento de pasarla, veo la paleta del crepúsculo en sus mejillas. Le digo con la mirada que me gusta. Ni me ve. Pienso en nadie. Leo.

sábado, 23 de febrero de 2013

Becqueriana / 1


La tapa corredera del plumier descubre mi museo de maravillas. La pluma nacarada, de capuchón dorado. No la uso nunca, me digo, para conservarla siempre. La sopeso, la descubro. Hago un trazo hasta que vierte una línea de tinta. La guardo. Saco la otra. La azul, de capuchón azul, con la que anoto las palabras cuando ya estoy seguro de ellas. Antes, si dudo, las garabateo a lápiz, a propósito con mala letra. Si no sirven, que queden ilegibles. Han de ganarse la caligrafía, pienso. Cuanto pueda escribir está encerrado aquí, en esta sencilla caja de madera. Todo lo olvidado.

jueves, 21 de febrero de 2013

1975

Pier Paolo Pasolini es asesinado la noche del 2 de noviembre

El desabrido noviembre deposita sus noches con el mismo encanto que el carnicero deja caer la pieza. Acaso los cuerpos sean también, en noviembre, la masa sanguinolenta que golpea la tabla de cortar. El descampado aporta escaso entusiasmo a los encuentros. Matas y rastrojos entre las dunas que producen los camiones al volcar los escombros furtivos. Bolsas de plástico chascan en la maleza y al descubierto el lomo de una nevera cuya blancura es el único destello, encintados los cuchillos. Y aún así, el amor hierve, impulsa la ceguera del deseo. Desprecia los signos. Apaga el motor y las luces.

martes, 19 de febrero de 2013

1868

El manuscrito de Gustavo Adolfo Bécquer desaparece

—¿Vamos a algún sitio?
—¿Al Suizo?
—Está cerrado estos días. No ganan para espejos rotos.
—Todo anda al retortero. No importa. Hablemos en este portal.
—¿De Casta?
—¿Qué dices? No te entiendo. Traigo una noticia que darte.
—Otra desgracia. Annus miserabilis.
—Puede. De parte de González Bravo, el Ministro.
—¿Una bendición suya?
—Me dice que te diga que las hordas entraron ayer en el Ministerio.
—¿Y…?
—Sí. Asaltaron su despacho. Le levantaron la plata. Le volcaron la mesa.
—¿Y mi…?
—Le vaciaron los cajones. Le lanzaron los tinteros contra las pinturas.
—¿Y el libro que…?
—Prendieron fuego. No salvó nada.

domingo, 17 de febrero de 2013

1845

A los ocho años, Rosalía de Castro vive en una aldea

Las campanas de la iglesia de Ortoño dan las horas. Una de las vacas que va de camino al establo les responde con un mugido seco, áspero. La sotana vieja de sus sillares ni se inmuta. Un moho oscuro, ennegrecido casi, le cierra ojos y oídos a la piedra. Al ternero que se aparta para arrancar la maleza que prende junto al muro el can le ladra. Da un respingo y regresa al sendero. Con una vara la niña que conduce el rebaño se detiene y en el lodazal dibuja una palabra que no ha aprendido en la escuela: paxariño.

viernes, 15 de febrero de 2013

Intemperie / 15


—¿Has visto qué ha hecho?
—¿Quién?
—Un insulto. Un desprecio hacia todo y hacia todos. Inadmisible.
—Quieres decir que…
—Claro, ¿no lo has visto? Ante todo el mundo.
—Cuando…
—Sí, cuando yo estaba hablando. Un insulto hacia los presentes.
—¿Por qué insulto?
—¿No te parece una desconsideración inadmisible que estuviera leyendo el periódico cuando yo hablaba?
—¿Quién, él?
—Claro. ¿Quién va a ser? Pareces tonta. ¡Él!
—Pero no era el único. También lo leía Mario. Y Julio Villacañas.
—Imposible. ¡Solo lo estaba leyendo él!
—Pues yo los he visto a los tres.
—Los otros lo ojearían. Él nos insultaba leyéndolo.

miércoles, 13 de febrero de 2013

1942

Juan Ramón Jiménez descubre el paisaje andaluz en La Florida

Avanzo muy despacio por la tarde que el horizonte incendia sobre el espejo de la marisma. Agua cárdena bajo el cuerpo de leves y anaranjadas nubes. Su pasión dicta en mí las palabras que se dicen los amantes al oído en la hora de su encuentro, pero yo no puedo escribirlas. La luz de la hoja me ciega en cuanto desenrosco el capuchón de la pluma. Mi voz balbucea, aún no formada. Acaso aún no nacida. Asisto al abrazo de cielo y tierra anegada y soy el vástago que aguarda su fecundación. De camino a cualquier parte, los patos parpan.

lunes, 11 de febrero de 2013

1915

Franz Kafka empieza a escribir una novela

Al renacer una noche de junio entre troncos apilados en el patio de la serrería, tras una plácida vida como larva, el oryctes se sorprendió al no poder alzar el vuelo y alcanzar la nube de sus iguales, quienes ya partían hacia los bosques, ansiosos por aparearse. El poder endurecido de sus élitros habíase convertido en una masa fláccida y rechoncha, inútil para volar. Sus antenas se multiplicaban en una irritante pelambrera y, al contrario, sus patas, pegadas unas a otras, se reducían a solo dos. Movió las mandíbulas y escuchó un desconcertante ruido. Suyo: Was ist mit mir geschehen?

sábado, 9 de febrero de 2013

Proustiana / 10


En un solo pergamino caligrafían los días su paso. Fruición o desgarro, la pluma los inscribe, jornada a jornada, sobre las mismas líneas escritas. Tantas veces un carácter repasa la idéntica letra que encuentra debajo como otras tantas el signo nuevo contradice aquel sobre el que extiende su trazo. A aquello se suele llamar memoria; a esto, olvido. En los márgenes de la blanda tablilla también el estilete descuidado deja una rara muesca al quedar apoyado mientras no registra vivencias —acaso solo sueños— que en el ilegible recuento de una vida será esa hendidura, al cabo, el único signo comprensible.

jueves, 7 de febrero de 2013

«Interior azul», de Anna R. Ximenos


Los filósofos suelen iniciar su obra por una historia de las ideas. Saben que antes de empezar a escribir conviene haber leído. Anna R. Ximenos (1972) arranca como narradora con una peculiar historia personal de la literatura: la evocación de algún momento en la vida de las escritoras que, desde Mary Shelley hasta Anne Sexton, forman su galaxia particular, que también lo es, por cierto, de una posible historia de las mujeres escritoras. Y al tiempo rehabilita una lección de los clásicos: asimilar un universo no es copiar sus rasgos expresivos —como se cree ahora—, sino encarnar un destino.

martes, 5 de febrero de 2013

Intemperie / 14


La información, como género coloquial, se muestra de un modo curioso ante esa dinámica de fragmentación que afecta a cualquier realidad de nuestra época. Por una parte, centrifuga. Excluye cualquier otra forma de diálogo (desde el humor hasta el análisis). Sin un ¿Sabes la última? o un Déjame que te cuente lo que pasó cada vez es más difícil hablar. Hablar es ya casi solo transmitir informaciones. Por otra parte, como la realidad obviamente no produce tanta información como necesitan los usuarios, la información inicia un proceso de segregación de lo real que tiene como primer efecto la deseada multiplicación. 

Así, desligada de su origen, la información puede crecer vinculada a sí misma, replicándose constantemente, disgregándose o hinchándose según la necesidad y carácter de los interlocutores. Convertida en el único género coloquial, dos personas vinculadas por una experiencia real (trabajo, partido, club…) difícilmente podrán nutrir una conversación si entre ellas no fluyen informaciones. Informaciones cuya finalidad ya no depende de lo real, sino del propio informar, de su mera existencia como fuente de privilegio en la conversación. A nadie le preocupa enfocar el asunto del mejor modo, sino solo conocer más entresijos, existan o no existan. Sean verdad o no.

domingo, 3 de febrero de 2013

Grosziana / 1919

George Grosz

La misma telaraña mugrienta en la esquina del techo. El humo de iguales cigarros. Idéntica inflamación del vientre en la patrona y en el jefe. Una, pechos colgantes; otro, mejillas caídas, pero exacto carraspeo. Dos teatros de marionetas con los muñecos alineados al fondo —unos, lamparones en el uniforme; otras, churretes en el viso— mientras el pantomimo que les hubiera dado vida abraza la botella entre cáscaras de altramuz. Calendarios similares donde solo figuran tachadas las noches. Las mías, cada vez más parejas; unas en el burdel, otras en la comisaría. Gemelos guiñoles donde se parodia la tragedia de Berlín.

viernes, 1 de febrero de 2013

Grosziana / Gestern

George Grosz

Ayer, qué extraña palabra me repite en la cabeza, cebolla mal digerida. Esta noche, cuando lo que me estoy diciendo es ahora, sin más cascabeleo que aquel que las promesas otorgan. Como regüeldo, ayer, otra vez. Señor, como resabio. Y no, no. Es ahora lo que me digo. Señal que eriza la piel. Momento en el que la grieta cede, la cañería revienta. Y hasta que cierren la llave de paso, manantial. O niño que corre con el cántaro vacío justo antes de tropezar. Ay, dios, qué pesadez. Es ahora lo que digo. Es instante. Es reventón, ¿me oyes, voz?

miércoles, 30 de enero de 2013

Grosziana / Intemperie 13

George Grosz 

Los dibujos que Grosz ideó como denuncia de su época, el movimiento de la historia —por decirlo con palabras grandilocuentes— parecía haberlos convertido en arqueología. O cuando menos en piezas de una didáctica que a veces sonrojaba por su simplicidad. Su trazo los convierte en entrañables, como un viejo candil. Poco más. Con esta idea me he plantado frente a la brutalidad de un dibujo y de repente han desaparecido su don arqueológico y su discurso histórico. De pronto la historia, su movimiento, ha convertido a Grosz en un visionario. Quien retrata el futuro al que quieren conducirnos. Que añoran.

lunes, 28 de enero de 2013

Grosziana / Rooms

George Grosz

Cuando desenvuelvo el bombón que deja el servicio sobre el cenicero salta el gusano que se me ha adelantado. Al descorrer las cortinas me alcanza un ácido olor a tabaco. Con la navaja de las uñas hago una melladura en la mesita. Creí que me consolaría sentirme en la mente de alguien el huésped que se dio aquel golpe. Las sábanas, húmedas. La calefacción hace gárgaras. El retumbar de pasos sobre la madera trae el corredor hasta el centro del cuarto. La ventana da a una hilera de coches aparcados. En el parabrisas de uno cualquiera leo mi destino: «Habitaciones».

sábado, 26 de enero de 2013

Grosziana / Café nocturno

Gerorge Grosz

Humean los pecados dúctiles
del candil. Sudan las paredes
las aguas que del río huyen ávidas.
Las jarras de cerveza deliberan
arduas cuestiones de filosofía.
Las puertas gritan si despiden
un ápice de condolencia.

Mira la luz que mira
en ojos que te miran
mirarlos con los ojos
turbios de tu deseo.

Chisporrotea el mal tabaco,
los salivazos lacan las maderas,
la gaseosa duerme sus burbujas.
la pianola conduce el coro
de los espejos. Otra noche
en el café. La luna, ausente.

En ojos que te miren
turbios de algún deseo
mira que estén mirando
los ojos que los miran.

miércoles, 23 de enero de 2013

1931

María Zambrano da clase de Filosofía

Se contempla para ser pone, ¿no?
—Yo qué sé. Es de la clase anterior. Bórralo.
—No, déjalo. Habrá que pensarlo.
—¿El qué, esa tontería? Con la batalla de Siracusa tengo suficiente.
—¿Así lo crees, una tontería?
—La letra no parece de un profesor.
—Una pintada no veo que sea. ¿Qué tocaba antes?
—Metafísica, creo. Quiero decir que no parece de un hombre.
—¿No salía una mujer joven cargada de libros el otro día?
—Es verdad, cuando llegamos, ahora que lo dices.
—Nosotros no tenemos tanta suerte.
—Nosotros solo tenemos bigotudos. Nada de metafísica.
Se contempla para ser. ¿Qué querrá decir?

lunes, 21 de enero de 2013

Grosziana / Miradme al menos

George Grosz

Si mirara. A veces se lo digo a los setos que cercan las flores en el jardín público. A las begonias se lo diría. Si mirasen, al mirar. A las petunias, que proliferan porque no le dan trabajo. A cubierto, al jardinero se le va la mañana en distribuir las hebras del tabaco. Muerto de risa, el rastrillo. Si la encontrara, tal vez sentada en un banco, bajo el sol de las camelias. Pero no planta camelias. Ni se sienta en el banco que comparto conmigo. Acaso por eso. Acudo. A que me mire. A que, al mirarme, me mire.

sábado, 19 de enero de 2013

Grosziana / En Berlín

George Grosz (fragmento)

Bosque de las luciérnagas,
sonata que ensayaba a su regreso
de la escuela en invierno, cobertizo
donde se oía el tren cada mañana
camino de Berlín. Maleta
atada con correas, niebla, luces
a lo lejos de pronto allí delante,
dos bocadillos, zumo, con las señas
de una calle en Berlín. Ventana
hacia un patio interior, gritos, peleas,
humedades del techo que le dicen,
como fantasmas de cinematógrafo,
¡qué suerte, en Berlín! Tranvías,
una carta de recomendación
que no tiene. La espera, un balde roto.
Asentir a un susurro en el café
es fácil en Berlín. Abrazo
que aplasta las luciérnagas.
 

jueves, 17 de enero de 2013

Grosziana / Nachtcafé

George Grosz 

Desafina la luz de los candiles desde las paredes ennegrecidas por su pasado. Las tablas del entarimado se hastían de solo merecer el taconeo de los borrachos y el escupitajo de los banqueros. Es cierto que entre sus resquicios las maderas guardan monedas de cobre que rodaron de alguna propina, inútiles sin embargo para detener la putrefacción de las cáscaras de altramuces jamás barridas. Las jarras guardan memoria de las salivas que transitaron por sus bocas y por ello sienten el orgullo que las aúpa a la consideración de meretrices. Al entrar la puerta no chirría, pero al salir sí.

martes, 15 de enero de 2013

Intemperie / 12


En la pantalla aparecen dos tipos que discuten. Andan empatados en todo, en gritos, en amenazas, en sinrazón. De repente, uno de los dos saca una arma. Ese gesto tiene un efecto inmediato, el silencio. Se callan, se detienen, no parpadean. Los dos saben quién tiene la razón en la disputa. El que pierde el debate reacciona, da una patada, y el arma cae al suelo. Los dos la miran. No se miran, como antes, cuando se peleaban. La miran a ella. Quien la alcance tendrá la razón. Cuando alguien se acostumbra a este irrebatible argumento, ¿cómo prescindirá de él?

domingo, 13 de enero de 2013

Grosziana / El poema del 13 del 13 del 13

George Grosz 

La melodía de un piano cuyas notas trasladan la presión sobre cada tecla a las mejillas y a la nuca de quien escucha. El rubor de un clarinete al que la voz aún no le ha cambiado. El trazo firme del violonchelo al caminar sobre las tablas de un precario entarimado. Nubes de color desprende la armonía sobre las butacas, y la realidad va tornándose una vaporosa materia a través de la cual solo se adivina cómo las certidumbres salen a bailar a los pasillos. Para que su perfume vague por la sala, para que la rotación no se detenga.

miércoles, 9 de enero de 2013

Grosziana / El parado

George Grosz

En qué travesía el hombre de rostro en sombra se desvía y sus pasos olvidan la entrada al laberinto. En qué instante el itinerario de ayer se ha convertido en el mismo que hará mañana por la mañana y mañana por la tarde. Idéntico al que hace hoy, un domingo en el que la luz, descansada, le presta su mejor azul a las fachadas. Y en el que la farola aprovecha que ahora puede ver para fisgonear a través de las ventanas la vida de los vecinos. En qué edad el gorro se transforma en hongo, el asombro en ceguera.

lunes, 7 de enero de 2013

«Brazos piernas cielo», de Isabel Bono

otra vida igual 
sin cambiar ni una letra 
de tu nombre
I.B.

Me gustan los charcos y a veces pienso que no todo el mundo los entiende, pero leyendo los versos de Isabel Bono con charco me doy cuenta de lo contrario, ¡lo que me queda por aprender de los charcos! Se diría incluso que en la página sus poemas son solo lo que aparece reflejado de ellos mismos en un charco de lluvia. Sobre todo aquellos que parecen escritos con tinta simpática y solo permiten que se lean los raros versos donde la pluma ha fallado y al apretarla ha dejado una incisión —un arañazo— legible en el papel al trasluz.

sábado, 5 de enero de 2013

El relatillo de la noche de Reyes


No, no puede ser. Primero el atasco por la cabalgata. Ahora no es que el asfalto se derrita, no, la sensación es la misma, pero el olor no. Una mierda. Será de camello. El atasco. Andando me adelantaban. Luego, plas, un caramelo en mitad del vidrio, bum, otro en pleno techo, cloc, un tipo que me atropella el coche por atraparlo. Y ahora, la suela del zapato... La suela de mi zapato echada a perder. Qué peste, ¿dónde voy yo así? «Señor, señor». Qué narices se le habrá perdido a este mocoso. «Que le traigan muchas cosas los Reyes, señor».

jueves, 3 de enero de 2013

«Monósticos», de Jordi Doce


Jordi Doce descompone la escritura en sus estructuras esenciales, atómicas, íntimas. Monósticos parece un poema visto al microscopio: su materia muestra lo nunca contemplado al mirarlo, sus átomos de métrica y de sentido. Las estructuras inusitadas son siempre una manera de adentrarse en significados inusitados para los que no hay roderas que conduzcan al poeta. Y en este ejercicio de introspección se trazan dos ámbitos simétricos, lo construido y lo desconocido. La senda hasta donde le dirige lo vivido, y la maleza que acecha al intentar salir no por donde uno ha entrado, sino por el otro lado del vivir.

martes, 1 de enero de 2013

El relatillo de Año Nuevo


La luz de la lámpara es una piedra que impacta sobre las aguas tranquilas de la página que lee. Un círculo alcanza el tablero oscuro de la ventana para dibujar con su tiza un arabesco. Ha de preparar un platito con doce uvas, pero aún hay tiempo. Una manta de lana cubre en el sofá sus piernas. Desde el tocadiscos suena un piano distante, como una letanía de los bosques. Debería cenar algo, tal vez. Una honda calma llega desde la calle y lo invade todo. De repente, un petardo, un griterío general, coches que pitan. Otro año. Continúa leyendo.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Bye bye 2012


El acuarelista de atardeceres ha comprado tubitos nuevos hoy y los prueba en el apresurado cielo de diciembre. Un amarillo denso en el centro, naranjas atenuados alrededor, granates a lo lejos, reflejos rosados en las nubes deshiladas y en los cristales de los edificios de oficinas. Contemplo el cielo de la ciudad entre las ramas secas de los tilos y los muñones de los plátanos recién podados. Los ojos de los amantes buscan pájaros en las calles, se aprietan uno contra otro como si estuvieran a punto de iniciar el vuelo. Nadie dirá que acabas, año, si algo tuyo continúa.

viernes, 21 de diciembre de 2012

1963


Las ventanas del primer piso son altas, verticales, egregias. Están rematadas por un frontón de cornisas blancas. Las del segundo son cuadradas, algo menores. Una baranda con dibujo circular le proporciona a la azotea aires idealistas. Al color cobrizo del ladrillo, sin embargo, le gusta olvidar, pasar desapercibido. Fue refugio en las montañas nebulosas del norte y ahora es, a casi todas las horas, salón de juegos infantiles. Pero cuando los niños duermen, las ventanas se convierten en dados negros que se entrechocan en el cubilete, saltan y rebotan sobre el paño y se detienen siempre sobre la misma cara.

lunes, 17 de diciembre de 2012

1891


Como si en cada traviesa las ruedas saltaran sobre su muñón. A cada traqueteo se le crispa el rostro. Suda. Con un pañuelo húmedo trato de refrescarle, pero solo consigo convertir en negro lodo el humo que entra por la ventanilla abierta a agosto. Cuando el vagón se detiene y desentumece los músculos de la cara, le aparecen pequeñas arrugas blancas donde, de tan contraído el gesto, no ha logrado entrar la carbonilla. Apenas habla, ni sé qué decirle. Un hermano la ata a una, lo sé, pero no dejo de preguntarme si es un hermano o es un desconocido.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nefertiti


Llueve. Mientras ante la taquilla la cola avanza despacio, cae una lluvia sosa, sin ninguna gracia. En el paso provisional, habilitado por las obras, malviven charcos que se entretienen dibujando el encofrado sobre los muros. En el Nuevo Museo da la impresión de que sigue lloviendo dentro de las perneras de los pantalones calados y en la escasa resistencia de los zapatos de verano al agua. Hasta tu sala llego más preocupado por mis calcetines húmedos que por la cronología egipcia, pero de repente estás ahí, Nefertiti, y enseguida veo cuánto echas de menos salir a la calle. Sin paraguas.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Río de diciembre


Hay cuerpos que son agua y cuerpos que son cauce. Palabras que se lleva la corriente, otras prenden en la ribera y esperan solo que las agite el viento para sentirse vibrar. Hay juncos altos y hay peces alrededor en el río de la vida. Río sereno y sociable, río blanco de álamos a mediodía y verde de complicidad al atardecer. Río ancho, musical, sabio. Los domingos me siento a soñar que me baño en su claridad mientras los niños le tiran piedras por hacerle cosquillas en la piel. Se ríen. Por él navego cada vez que cierro los ojos.

martes, 4 de diciembre de 2012

Presagio


Los músicos lanzan sus colillas por el ventanuco del camerino. Cogen sus instrumentos para ir en busca del do. Un pequeño caos sonoro se escapa por las grietas de las viejas puertas del teatro. Un muchacho rubio, estudiante de flauta a ratos libres, por los pasillos grita los minutos que aún tiene la orquesta para arreglar sus pajaritas. De un momento a otro el inmenso espacio de la platea será conquistado por una nube sonora. Irresistible. Algún rezagado molesta, al dirigirse a su butaca, a quienes ya la aguardan. Un coro de toses ameniza la espera. Ojos expectantes. Furtivas caricias.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Palabras con agua


A la lluvia le gusta escribir. Sobre el cristal de las ventanas, en la carrocería de los vehículos imprime sus obras. Y en cuanto cae sobre un papel se le escucha el taconeo de gozo con que lo hace. Sabe trazar una hendidura en su superficie, como hacía la vieja tipografía, luego la redondea. Y, sobre todo, si hay algo escrito, lo desdibuja hasta borrarlo. Lo que la lluvia escribe prevalece sobre cualquier tinta. Y al día siguiente, cuando el papel se haya secado, quedarán grabados sus signos, una iconografía casi cuneiforme que es secreta y es también para siempre.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

1929


Con las manos lo agarra por sus nudos y con la cabeza inclinada hacia el hombro sujeta un trapo sucio sobre el que, una vez alzado, descargará el saco. Mientras una mano guarda el equilibrio, trata la otra de evitar el roce áspero de la arpillera sobre su oreja estirando hacia arriba el ennegrecido paño. A grandes zancadas, el hombretón alcanza la boca de la carbonera, donde tras desanudarlo con una sola mano, verterá el saco con estrépito de rocas que entrechocan. La boca de mi alma, Luchía. El alimento de mi alma, Luchía. El color de mi alma, Luchía.

lunes, 26 de noviembre de 2012

1907


El escribiente anota ciudades en la pizarra y luego las borra con un trapo que desprende una coleta de tiza que acaba por crear dunas diminutas sobre las losas ministeriales. En eso consiste el destino, un nombre de lugar que el funcionario suprime de un listado y convierte en montoncitos que, tras ser pisados, esparcirán vestigios blancos al albur de los reniegos del barrendero. Leí «Soria» en la retahíla y sin saber cómo vi que le adjudicaban mi apellido. Casi a mis espaldas. Un destino, una cascada de yeso. Hueco topónimo que este viaje en tren… ¿habrá empezado a llenar?

sábado, 24 de noviembre de 2012

First Sonata for flute and piano. Allegro poco moderato


Saca a bailar, y sin contemplaciones, a las sábanas de la colada, al flequillo de los toldos recogidos y a las flores que tratan de dar dignidad a las macetas donde las han plantado. El viento zarandea la realidad a su gusto. Su temblor divierte a las copas de los plátanos. Sus hojas lo aprovechan para huir muy lejos, imitando la lección aprendida de las aves durante un verano entero de atento examen y estudio. La ventolera ama, sobre todo, las faldas de las transeúntes. En su agitación certera e irreverente descubre el flautista el perverso secreto de su instrumento.

viernes, 23 de noviembre de 2012

First Sonata for flute and piano. Adagio


En la playa reluce el lomo de las olas tenuemente iluminado por la luna y unas chispas de fuego que suben y bajan allí donde haya un marinero que fume. La oscuridad respira como un dios que todo lo acoge. Al relente no le asustan los abrigos y enfría hasta las palabras, que al salir se cubren con un halo blanco. La noche, en su aventura solitaria de desdibujar las líneas de la costa, se despliega con convicción. El oleaje interpreta su partitura dodecafónica ante quien, atento a todo y a nada, a veces se detiene y sueña un nombre.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

First Sonata for flute and piano. Allegro Moderato


Una algarabía de pájaros trenza la sombra de la tarde en la arboleda. El torrente va a lo suyo, sin miramientos. Los chiquillos le lanzan piedras, él ni se inmuta. Le esperan en alguna parte. Tal vez le requieran para un gran proyecto. Las mariposas aprenden a volar en cada desplazamiento. Dan ganas de darles lecciones. Señalar al impecable vencejo y mostrárselo. Los mayores juegan a las cartas. De la atención que ponen se diría que se están intercambiando aquellas que recibieron de jóvenes, cuando festejaban. El músico escribe en su cuaderno de pentagramas. Traduce. Donde escucha pájaros, anota fa.