jueves, 17 de enero de 2013

Grosziana / Nachtcafé

George Grosz 

Desafina la luz de los candiles desde las paredes ennegrecidas por su pasado. Las tablas del entarimado se hastían de solo merecer el taconeo de los borrachos y el escupitajo de los banqueros. Es cierto que entre sus resquicios las maderas guardan monedas de cobre que rodaron de alguna propina, inútiles sin embargo para detener la putrefacción de las cáscaras de altramuces jamás barridas. Las jarras guardan memoria de las salivas que transitaron por sus bocas y por ello sienten el orgullo que las aúpa a la consideración de meretrices. Al entrar la puerta no chirría, pero al salir sí.

martes, 15 de enero de 2013

Intemperie / 12


En la pantalla aparecen dos tipos que discuten. Andan empatados en todo, en gritos, en amenazas, en sinrazón. De repente, uno de los dos saca una arma. Ese gesto tiene un efecto inmediato, el silencio. Se callan, se detienen, no parpadean. Los dos saben quién tiene la razón en la disputa. El que pierde el debate reacciona, da una patada, y el arma cae al suelo. Los dos la miran. No se miran, como antes, cuando se peleaban. La miran a ella. Quien la alcance tendrá la razón. Cuando alguien se acostumbra a este irrebatible argumento, ¿cómo prescindirá de él?

domingo, 13 de enero de 2013

Grosziana / El poema del 13 del 13 del 13

George Grosz 

La melodía de un piano cuyas notas trasladan la presión sobre cada tecla a las mejillas y a la nuca de quien escucha. El rubor de un clarinete al que la voz aún no le ha cambiado. El trazo firme del violonchelo al caminar sobre las tablas de un precario entarimado. Nubes de color desprende la armonía sobre las butacas, y la realidad va tornándose una vaporosa materia a través de la cual solo se adivina cómo las certidumbres salen a bailar a los pasillos. Para que su perfume vague por la sala, para que la rotación no se detenga.

miércoles, 9 de enero de 2013

Grosziana / El parado

George Grosz

En qué travesía el hombre de rostro en sombra se desvía y sus pasos olvidan la entrada al laberinto. En qué instante el itinerario de ayer se ha convertido en el mismo que hará mañana por la mañana y mañana por la tarde. Idéntico al que hace hoy, un domingo en el que la luz, descansada, le presta su mejor azul a las fachadas. Y en el que la farola aprovecha que ahora puede ver para fisgonear a través de las ventanas la vida de los vecinos. En qué edad el gorro se transforma en hongo, el asombro en ceguera.

lunes, 7 de enero de 2013

«Brazos piernas cielo», de Isabel Bono

otra vida igual 
sin cambiar ni una letra 
de tu nombre
I.B.

Me gustan los charcos y a veces pienso que no todo el mundo los entiende, pero leyendo los versos de Isabel Bono con charco me doy cuenta de lo contrario, ¡lo que me queda por aprender de los charcos! Se diría incluso que en la página sus poemas son solo lo que aparece reflejado de ellos mismos en un charco de lluvia. Sobre todo aquellos que parecen escritos con tinta simpática y solo permiten que se lean los raros versos donde la pluma ha fallado y al apretarla ha dejado una incisión —un arañazo— legible en el papel al trasluz.

sábado, 5 de enero de 2013

El relatillo de la noche de Reyes


No, no puede ser. Primero el atasco por la cabalgata. Ahora no es que el asfalto se derrita, no, la sensación es la misma, pero el olor no. Una mierda. Será de camello. El atasco. Andando me adelantaban. Luego, plas, un caramelo en mitad del vidrio, bum, otro en pleno techo, cloc, un tipo que me atropella el coche por atraparlo. Y ahora, la suela del zapato... La suela de mi zapato echada a perder. Qué peste, ¿dónde voy yo así? «Señor, señor». Qué narices se le habrá perdido a este mocoso. «Que le traigan muchas cosas los Reyes, señor».

jueves, 3 de enero de 2013

«Monósticos», de Jordi Doce


Jordi Doce descompone la escritura en sus estructuras esenciales, atómicas, íntimas. Monósticos parece un poema visto al microscopio: su materia muestra lo nunca contemplado al mirarlo, sus átomos de métrica y de sentido. Las estructuras inusitadas son siempre una manera de adentrarse en significados inusitados para los que no hay roderas que conduzcan al poeta. Y en este ejercicio de introspección se trazan dos ámbitos simétricos, lo construido y lo desconocido. La senda hasta donde le dirige lo vivido, y la maleza que acecha al intentar salir no por donde uno ha entrado, sino por el otro lado del vivir.

martes, 1 de enero de 2013

El relatillo de Año Nuevo


La luz de la lámpara es una piedra que impacta sobre las aguas tranquilas de la página que lee. Un círculo alcanza el tablero oscuro de la ventana para dibujar con su tiza un arabesco. Ha de preparar un platito con doce uvas, pero aún hay tiempo. Una manta de lana cubre en el sofá sus piernas. Desde el tocadiscos suena un piano distante, como una letanía de los bosques. Debería cenar algo, tal vez. Una honda calma llega desde la calle y lo invade todo. De repente, un petardo, un griterío general, coches que pitan. Otro año. Continúa leyendo.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Bye bye 2012


El acuarelista de atardeceres ha comprado tubitos nuevos hoy y los prueba en el apresurado cielo de diciembre. Un amarillo denso en el centro, naranjas atenuados alrededor, granates a lo lejos, reflejos rosados en las nubes deshiladas y en los cristales de los edificios de oficinas. Contemplo el cielo de la ciudad entre las ramas secas de los tilos y los muñones de los plátanos recién podados. Los ojos de los amantes buscan pájaros en las calles, se aprietan uno contra otro como si estuvieran a punto de iniciar el vuelo. Nadie dirá que acabas, año, si algo tuyo continúa.

viernes, 21 de diciembre de 2012

1963


Las ventanas del primer piso son altas, verticales, egregias. Están rematadas por un frontón de cornisas blancas. Las del segundo son cuadradas, algo menores. Una baranda con dibujo circular le proporciona a la azotea aires idealistas. Al color cobrizo del ladrillo, sin embargo, le gusta olvidar, pasar desapercibido. Fue refugio en las montañas nebulosas del norte y ahora es, a casi todas las horas, salón de juegos infantiles. Pero cuando los niños duermen, las ventanas se convierten en dados negros que se entrechocan en el cubilete, saltan y rebotan sobre el paño y se detienen siempre sobre la misma cara.

lunes, 17 de diciembre de 2012

1891


Como si en cada traviesa las ruedas saltaran sobre su muñón. A cada traqueteo se le crispa el rostro. Suda. Con un pañuelo húmedo trato de refrescarle, pero solo consigo convertir en negro lodo el humo que entra por la ventanilla abierta a agosto. Cuando el vagón se detiene y desentumece los músculos de la cara, le aparecen pequeñas arrugas blancas donde, de tan contraído el gesto, no ha logrado entrar la carbonilla. Apenas habla, ni sé qué decirle. Un hermano la ata a una, lo sé, pero no dejo de preguntarme si es un hermano o es un desconocido.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nefertiti


Llueve. Mientras ante la taquilla la cola avanza despacio, cae una lluvia sosa, sin ninguna gracia. En el paso provisional, habilitado por las obras, malviven charcos que se entretienen dibujando el encofrado sobre los muros. En el Nuevo Museo da la impresión de que sigue lloviendo dentro de las perneras de los pantalones calados y en la escasa resistencia de los zapatos de verano al agua. Hasta tu sala llego más preocupado por mis calcetines húmedos que por la cronología egipcia, pero de repente estás ahí, Nefertiti, y enseguida veo cuánto echas de menos salir a la calle. Sin paraguas.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Río de diciembre


Hay cuerpos que son agua y cuerpos que son cauce. Palabras que se lleva la corriente, otras prenden en la ribera y esperan solo que las agite el viento para sentirse vibrar. Hay juncos altos y hay peces alrededor en el río de la vida. Río sereno y sociable, río blanco de álamos a mediodía y verde de complicidad al atardecer. Río ancho, musical, sabio. Los domingos me siento a soñar que me baño en su claridad mientras los niños le tiran piedras por hacerle cosquillas en la piel. Se ríen. Por él navego cada vez que cierro los ojos.

martes, 4 de diciembre de 2012

Presagio


Los músicos lanzan sus colillas por el ventanuco del camerino. Cogen sus instrumentos para ir en busca del do. Un pequeño caos sonoro se escapa por las grietas de las viejas puertas del teatro. Un muchacho rubio, estudiante de flauta a ratos libres, por los pasillos grita los minutos que aún tiene la orquesta para arreglar sus pajaritas. De un momento a otro el inmenso espacio de la platea será conquistado por una nube sonora. Irresistible. Algún rezagado molesta, al dirigirse a su butaca, a quienes ya la aguardan. Un coro de toses ameniza la espera. Ojos expectantes. Furtivas caricias.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Palabras con agua


A la lluvia le gusta escribir. Sobre el cristal de las ventanas, en la carrocería de los vehículos imprime sus obras. Y en cuanto cae sobre un papel se le escucha el taconeo de gozo con que lo hace. Sabe trazar una hendidura en su superficie, como hacía la vieja tipografía, luego la redondea. Y, sobre todo, si hay algo escrito, lo desdibuja hasta borrarlo. Lo que la lluvia escribe prevalece sobre cualquier tinta. Y al día siguiente, cuando el papel se haya secado, quedarán grabados sus signos, una iconografía casi cuneiforme que es secreta y es también para siempre.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

1929


Con las manos lo agarra por sus nudos y con la cabeza inclinada hacia el hombro sujeta un trapo sucio sobre el que, una vez alzado, descargará el saco. Mientras una mano guarda el equilibrio, trata la otra de evitar el roce áspero de la arpillera sobre su oreja estirando hacia arriba el ennegrecido paño. A grandes zancadas, el hombretón alcanza la boca de la carbonera, donde tras desanudarlo con una sola mano, verterá el saco con estrépito de rocas que entrechocan. La boca de mi alma, Luchía. El alimento de mi alma, Luchía. El color de mi alma, Luchía.

lunes, 26 de noviembre de 2012

1907


El escribiente anota ciudades en la pizarra y luego las borra con un trapo que desprende una coleta de tiza que acaba por crear dunas diminutas sobre las losas ministeriales. En eso consiste el destino, un nombre de lugar que el funcionario suprime de un listado y convierte en montoncitos que, tras ser pisados, esparcirán vestigios blancos al albur de los reniegos del barrendero. Leí «Soria» en la retahíla y sin saber cómo vi que le adjudicaban mi apellido. Casi a mis espaldas. Un destino, una cascada de yeso. Hueco topónimo que este viaje en tren… ¿habrá empezado a llenar?

sábado, 24 de noviembre de 2012

First Sonata for flute and piano. Allegro poco moderato


Saca a bailar, y sin contemplaciones, a las sábanas de la colada, al flequillo de los toldos recogidos y a las flores que tratan de dar dignidad a las macetas donde las han plantado. El viento zarandea la realidad a su gusto. Su temblor divierte a las copas de los plátanos. Sus hojas lo aprovechan para huir muy lejos, imitando la lección aprendida de las aves durante un verano entero de atento examen y estudio. La ventolera ama, sobre todo, las faldas de las transeúntes. En su agitación certera e irreverente descubre el flautista el perverso secreto de su instrumento.

viernes, 23 de noviembre de 2012

First Sonata for flute and piano. Adagio


En la playa reluce el lomo de las olas tenuemente iluminado por la luna y unas chispas de fuego que suben y bajan allí donde haya un marinero que fume. La oscuridad respira como un dios que todo lo acoge. Al relente no le asustan los abrigos y enfría hasta las palabras, que al salir se cubren con un halo blanco. La noche, en su aventura solitaria de desdibujar las líneas de la costa, se despliega con convicción. El oleaje interpreta su partitura dodecafónica ante quien, atento a todo y a nada, a veces se detiene y sueña un nombre.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

First Sonata for flute and piano. Allegro Moderato


Una algarabía de pájaros trenza la sombra de la tarde en la arboleda. El torrente va a lo suyo, sin miramientos. Los chiquillos le lanzan piedras, él ni se inmuta. Le esperan en alguna parte. Tal vez le requieran para un gran proyecto. Las mariposas aprenden a volar en cada desplazamiento. Dan ganas de darles lecciones. Señalar al impecable vencejo y mostrárselo. Los mayores juegan a las cartas. De la atención que ponen se diría que se están intercambiando aquellas que recibieron de jóvenes, cuando festejaban. El músico escribe en su cuaderno de pentagramas. Traduce. Donde escucha pájaros, anota fa.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Proustiana / 9


Precioso libro sobre el tiempo detenido. No circula hacia delante, no hay lugar al que llegar —horarios, citas, obligaciones—, sino hacia adentro, del tiempo, del espacio, del sujeto. Fuera de la ciudad todo cobra una densidad que asombra. A esa densidad Eduardo Moga le pone palabras. Precisas. Cuanto dice es exacto. No en la realidad, sino en el lenguaje. Parece paradójico: riqueza extrema del lenguaje y exactitud. Lo que solo se pude entender de una manera: la riqueza extrema en la comprensión de la realidad. Objeto y fin de la poesía, lo sé, pero al alcance de tan pocos.

sábado, 17 de noviembre de 2012

1958


No eres losa, ni mayúscula de epitafio, ni amapola marchitándose sobre la piedra. Aunque roca, caligrafía fúnebre y pétalos desprendidos por la lluvia sea tu presencia, ahora. Lo único que me colma cuando alguien se aviene a empujar mi silla de ruedas hasta ti. No eres ya tampoco quien fuiste, y a mí me dejas deshabitado de mí mismo, espurio, recién nacido a la desaparición. Niego con ira que seas las fechas que ensartan tu nombre. Lo vivido no crea números, sino conciencia. Y ese numen, espíritu, esa armonía emerge, la presiento, del granito, de sus hendiduras. De la rosa.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Proustiana / 8


En cuanto cierra el libro el lector busca en Google alguna foto de Ginka Trifonova, sin éxito. En la opción Maps-Street view clica rue de la Clôture y aparecen los pilares del periférico, las vías ferroviarias, los descampados, las calles y avenidas de paso con aceras flanqueadas por tapias y verjas, sin apenas transeúntes. Y por todas partes la basura desperdigada como lunares por un vestido de fiesta. Pasea el lector por las fotografías de lugares ajenos, sin memoria, anodinos, olvidadizos, triviales… a los que, de repente, La cerca les ha dado sentido. Nombres propios, historias, paisaje reconocible, familiaridad. Memoria.

martes, 13 de noviembre de 2012

1793


Constance. Entorno los ojos y por fin leo tu nombre, una y otra vez. He logrado que la cerámica le dé el brillo apagado con que lo evoco. No ha sido fácil. Con las uñas, hasta con los dientes, he rascado años de bardoma y excrementos momificados. Llegan aullidos de las celdas abarrotadas, y de vez en cuando un preso interrumpe mi sueño para apartarme y defecar. Constance. La blancura del azulejo arañado al fango me devuelve tu candor. Mis orines han ablandado la mugre y la he limpiado con mi saliva hasta que del lodo ha emergido tu nombre.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Proustiana / 7


Montaña de roca caliza, el presente comparte la erosión de las aguas de la memoria, que abren galerías en su interior y esculpen olas de zozobra en su superficie. Del presente, condicionado por tanto pasado, solo emerge la materia sólida que permanece en pie tras el efecto disgregador de lluvias y vientos. Un recuerdo que traza grietas y hendiduras donde antes hubo piedra. Un presente que mire más la fisura que la roca, contemplada esta como futura ausente, acerca la muerte; pero un presente que olvide el desgaste, no la aleja. Montaña de roca caliza, brillas, tan blanca, al amanecer.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Proustiana / 6


Esos pequeños recipientes de palabras, los días, cuencos que quedan a la intemperie y la lluvia les deja una calderilla húmeda en el fondo sobre la que cae una hoja dispuesta a navegar por ella. E inmediatamente otra hoja, encima, se abraza a la primera. Los días. Cazos con el culo abollado e impregnado en tizne. Quedaron inservibles para la cocina y ahora con un poco de tierra acumulada en su interior acogen un ramillete de flores amarillas. Lo único que tenemos para ir guardando las palabras. La lluvia, la arena que trae el viento, las semillas. También algún deseo.

martes, 6 de noviembre de 2012

Fechas


Jesús: no te preocupes por las fechas. Te cuento. En 1492 se vislumbra el Renacimiento, pero solo lo ven los hijos, no los padres. Es algo inaudito, hacía siglos que no ocurría un cambio de mentalidad tan rápido. En 1952 se estrena Esperando a Godot. Copio las dos primeras frases de la obra. En febrero de 1524 Garcilaso participó en la batalla de Fuenterrabía, el año anterior había estado en Nápoles y había leído a los poetas italianos. De hecho, la mujer que imagina no parece su amada, quizá la de Cavalcanti. Era hijo del nuevo siglo: vivía en Renacimiento.

sábado, 3 de noviembre de 2012

1524


El viento del norte acuchilla los rostros, los llaga. Febrero. Por el cauce del Bidasoa discurre plomo. Las manos, amoratadas, prefieren la suciedad a sus aguas. Los centinelas patean el suelo por desentumecerse. Humean ascuas en las cocinas. El cielo abotagado amuralla ojos y pensamientos. Por una grieta el mío aún huele los orines en las callejas de Nápoles. Ante la evocación de su bochorno extiendo las manos para ofrecerles un poco de calor. Este silencio invernal se puebla de voces que convierten la grisura en bosque; la nada, en espera de contemplarla. De que me sonría. Que la bese.

jueves, 1 de noviembre de 2012

1492


Muere el que ha muerto y los que le entierran, ensayan. Y aunque el arcipreste eleve los brazos hacia el cielo, solo le sobrevivirá el anillo en el dedo de un ladrón de tumbas, que tampoco sentirá nada cuando se lo arranquen de un tajo. Así pensaba mi padre y el padre de mi padre, pero a mi hijo un revuelo le ha desordenado las témporas. Habla de que en la vida solo hay vida, presente, conquista, fruición. Habla de nuevos mundos y sus ideales se hinchan como nubes al final del día. La tontería se apodera de los débiles.

lunes, 29 de octubre de 2012

1952


A country road. A tree. Suena el chasquido de una cuerda que salta y sacude la mano del guitarrista mientras interpreta el primer acorde de la melodía. Una bruma oculta la charca desde donde llegan graznidos de cuervo. Cruza con una carpeta bajo el brazo y una cinta métrica entre los dedos el empleado de pompas fúnebres. Salta sobre el montículo espumoso de una flema que ocupa el centro. Una furgoneta se aleja. Vuelan partidas de nacimiento que desordena una corriente. Hacen cabriolas en el aire y aterrizan donde nadie las ve. Luz de retrete. Moscas. Toses en la platea.

sábado, 27 de octubre de 2012

Proustiana / 5


Los diarios de Ramon Dachs, este es el tercer volumen, buscan entreverar lo cotidiano y lo artístico. No se limitan a la mera anotación de lo sucedido. Su desafiante actitud propone, por una parte, la objetivación de la experiencia y, por otra, la sublimación de su capacidad visionaria (sobre todo para captar y capturar los cruces de significados latentes y ocultos que entrelazan realidades). Parece contradictorio, pero de lo que no lo es ya emerge muy poco. Solo enfrentando opuestos se descubren caminos por desbrozar. Dachs extrae la subjetividad a las vivencias y carga de sentido visionario los datos objetivos.

jueves, 25 de octubre de 2012

1831


—¿Vienen hacia aquí? 
—No, creo que han subido unos por Santo Domingo y otros por la Bola. 
—¿Son muchos? 
—Un batallón. Lo que traen de costumbre. 
—Exagerados. 
—Nos tienen miedo. 
—Si somos cuatro gatos. 
—Sí, pero no llevamos la munición a cuestas. 
—La encontramos allá donde pisemos. 
—Fíjate. Qué hermoso. 
—Tallado tan a propósito para una honda. 
—Para una mano si me apuras. 
—Y debe de doler cuando golpea la frente, ¿verdad? 
—Más que una bala. 
—Y debe de ahogar cuando se hunde en el pecho. 
—Seguro. 
—¿Y si impacta en el corazón? 
—Lo destroza. 
—Adoquín, te llamas Epifanio Mancha.

martes, 23 de octubre de 2012

1667


No te reconocía, mujer; no pienses mal, claro que estoy encantado de verte y saludarte. ¿También yo he cambiado tanto? No era más tersa y brillante la fruta del manzano que tu piel. (Ni lo es ahora menos la pieza que cae al suelo y asaltan los escarabajos). ¡Cuánto tiempo, Eva! Desde que nos desahuciaron y nos separamos solo he dado tumbos, trabajos eventuales, ya sabes, poca cosa, ¿y tú? ¿Que si me he casado? Quia, nadie ha querido cargar este saco de huesos, ni siquiera Lucifer. Aquí estoy. Esperando un plato de sopa recalentada de la beneficencia. Como tú.

domingo, 21 de octubre de 2012

Intemperie / 11



Leo que la última palabra escrita por Freud fue Kriegspanik,  quizá para nombrar el ambiente de guerra que percibía en las calles, donde sus libros eran amontonados en piras premonitorias. Era en 1939. Sesenta años antes Eça de Queirós lo contó así: el diablo se presenta ante un oficinista y le promete enriquecerle si toca una campanilla que matará a un mandarín en China. La toca. Kriegspanik: no hay diablo, ni promesa de riquezas, ni mandarines en China (si acaso, algún vecino), pero sí la campanilla en el velo del paladar a la que la lengua exaltada se aproxima. Toca.

viernes, 19 de octubre de 2012

Proustiana / 4


Claire, el personaje central de la última novela de Pascal Quignard, cumple cincuenta años en 2010. Es un día que hubiera preferido no ver amanecer. O que tal vez ya haya vivido, en la infancia. Un personaje es una metáfora, y si cumple años a nuestro lado, al brillar refleja alguna cara del prisma. Lo es, Claire, de la fuga hacia uno mismo. Parecen proustianas sus raíces. No lo son. Un abismo —un acantilado— los separa. Claire no encuentra nada en la dirección hacia donde huye. O acaso solo una nimiedad: el lugar. La landa. Un horizonte cruzado por cormoranes. 

Su hermano Paul, tampoco encuentra acomodo en la ciudad. Pero él es más joven. Puede sumergirse en la tecnología. Claire ni siquiera tiene subterfugios. Se ha fugado hacia la tiniebla de sí misma, donde no hay nada que reconstruir, nada que salvar. Nació tarde para las ideas igual que nació pronto para el consuelo de la electrónica. Ha vivido en tierra de nadie. La landa, el horizonte atravesado por los graznidos de las gaviotas desde donde solo se avista la niebla. En esa tierra de nadie vive. Una metáfora, el destello de un cristal del prisma. Su fuga. Su nada.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Intemperie / 10


Que la información se convierta cada día en una red más compleja —gracias a la calidad y valor de análisis, reflexiones y datos— tiene una curiosa contrapartida: el mínimo común informativo cada día es más simple e inane. Se pueden leer artículos magníficos en la prensa, pero la gente coincide solo en la última ocurrencia graciosa. Nadie se preocupa en exceso porque eso ocurra con la información. Ni siquiera yo. Pero más serio es extrapolarlo a la política. Las exigencias de la mayor complejidad del mundo y sus situaciones, ¿no nos dejan en manos de las ideas vacías y engañosas?

lunes, 15 de octubre de 2012

Proustiana / 3


Se sienta en un banco, a la sombra de un tilo, mientras por delante cruza el gentío que los días de fiesta invade el paseo. Le apetece cerrar los ojos y los cierra. No le importa, en este momento, que lo que vive no se convierta en ninguna vivencia. El ruido del tránsito, que ya no escucha, voces gritonas de niños y el espesor oscuro de sus párpados. Todo baladí, perdido aún antes de ocurrir. ¿Conseguirá así engañar al tiempo? Si deja de entregarle instantes, quizá este cese de acabar con ellos. No recordarlos será natural entonces, no una amputación.

jueves, 11 de octubre de 2012

Intemperie / 9


Miro la hora en la pantalla del móvil multiusos de alguien que viaja en el metro. Al pie de los números —las 11:46— veo unas nubes dibujadas. Es verdad, hoy está el cielo nublado. El otoño ha empezado con grises. En el metro no se ve, claro; pero la información meteorológica sobre el lugar y el momento en el que se vive parece redundante. ¿Es redundante esa redundancia? Si lo fuera, ¿por qué su insistencia? Cuando se recibe la información por pantalla de lo que se puede ver por la ventana es posible que lo redundante resulte la experiencia real.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Intemperie / 8


La racionalidad cartesiana agoniza. Se diría que la irracionalidad, el gran argumento del siglo XX, ha acertado en alguna de sus estocadas al aire. Es difícil creerlo, pero bonito. Mientras tanto, la racionalidad lanza bocanadas de sangre sobre un periódico abierto en el suelo por las páginas de política. Se diría que expira. ¿Y en su lugar, la irracionalidad? En absoluto. La irracionalidad desapareció hace tiempo. ¿Entonces? Aquella larva que entró en el sistema operativo de lo racional. Se llamaba interés. Se apellidaba propio. Es lo que queda. Utiliza apariencia de argumento, objetividades —espejismos—, ilusorias razones —mentiras—. Solo interés.

domingo, 7 de octubre de 2012

Proustiana / 2


No solo desaparecen los recuerdos, como si después de haberse hecho añicos se tiraran al cubo de la basura, sino también los sueños. No las ilusiones ni los deseos, que a veces están hechos de una estopa más resistente, sino las narraciones que a lo largo de los años se desarrollan de forma recurrente mientras uno duerme. Se van los sueños en los que buscamos dentro de un laberinto un lugar donde orinar. O los que nos devuelven al cuartel. Y aquellos en los que corremos con desespero por los pasillos de una estación a punto de perder un tren.