miércoles, 28 de noviembre de 2012

1929


Con las manos lo agarra por sus nudos y con la cabeza inclinada hacia el hombro sujeta un trapo sucio sobre el que, una vez alzado, descargará el saco. Mientras una mano guarda el equilibrio, trata la otra de evitar el roce áspero de la arpillera sobre su oreja estirando hacia arriba el ennegrecido paño. A grandes zancadas, el hombretón alcanza la boca de la carbonera, donde tras desanudarlo con una sola mano, verterá el saco con estrépito de rocas que entrechocan. La boca de mi alma, Luchía. El alimento de mi alma, Luchía. El color de mi alma, Luchía.

lunes, 26 de noviembre de 2012

1907


El escribiente anota ciudades en la pizarra y luego las borra con un trapo que desprende una coleta de tiza que acaba por crear dunas diminutas sobre las losas ministeriales. En eso consiste el destino, un nombre de lugar que el funcionario suprime de un listado y convierte en montoncitos que, tras ser pisados, esparcirán vestigios blancos al albur de los reniegos del barrendero. Leí «Soria» en la retahíla y sin saber cómo vi que le adjudicaban mi apellido. Casi a mis espaldas. Un destino, una cascada de yeso. Hueco topónimo que este viaje en tren… ¿habrá empezado a llenar?

sábado, 24 de noviembre de 2012

First Sonata for flute and piano. Allegro poco moderato


Saca a bailar, y sin contemplaciones, a las sábanas de la colada, al flequillo de los toldos recogidos y a las flores que tratan de dar dignidad a las macetas donde las han plantado. El viento zarandea la realidad a su gusto. Su temblor divierte a las copas de los plátanos. Sus hojas lo aprovechan para huir muy lejos, imitando la lección aprendida de las aves durante un verano entero de atento examen y estudio. La ventolera ama, sobre todo, las faldas de las transeúntes. En su agitación certera e irreverente descubre el flautista el perverso secreto de su instrumento.

viernes, 23 de noviembre de 2012

First Sonata for flute and piano. Adagio


En la playa reluce el lomo de las olas tenuemente iluminado por la luna y unas chispas de fuego que suben y bajan allí donde haya un marinero que fume. La oscuridad respira como un dios que todo lo acoge. Al relente no le asustan los abrigos y enfría hasta las palabras, que al salir se cubren con un halo blanco. La noche, en su aventura solitaria de desdibujar las líneas de la costa, se despliega con convicción. El oleaje interpreta su partitura dodecafónica ante quien, atento a todo y a nada, a veces se detiene y sueña un nombre.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

First Sonata for flute and piano. Allegro Moderato


Una algarabía de pájaros trenza la sombra de la tarde en la arboleda. El torrente va a lo suyo, sin miramientos. Los chiquillos le lanzan piedras, él ni se inmuta. Le esperan en alguna parte. Tal vez le requieran para un gran proyecto. Las mariposas aprenden a volar en cada desplazamiento. Dan ganas de darles lecciones. Señalar al impecable vencejo y mostrárselo. Los mayores juegan a las cartas. De la atención que ponen se diría que se están intercambiando aquellas que recibieron de jóvenes, cuando festejaban. El músico escribe en su cuaderno de pentagramas. Traduce. Donde escucha pájaros, anota fa.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Proustiana / 9


Precioso libro sobre el tiempo detenido. No circula hacia delante, no hay lugar al que llegar —horarios, citas, obligaciones—, sino hacia adentro, del tiempo, del espacio, del sujeto. Fuera de la ciudad todo cobra una densidad que asombra. A esa densidad Eduardo Moga le pone palabras. Precisas. Cuanto dice es exacto. No en la realidad, sino en el lenguaje. Parece paradójico: riqueza extrema del lenguaje y exactitud. Lo que solo se pude entender de una manera: la riqueza extrema en la comprensión de la realidad. Objeto y fin de la poesía, lo sé, pero al alcance de tan pocos.

sábado, 17 de noviembre de 2012

1958


No eres losa, ni mayúscula de epitafio, ni amapola marchitándose sobre la piedra. Aunque roca, caligrafía fúnebre y pétalos desprendidos por la lluvia sea tu presencia, ahora. Lo único que me colma cuando alguien se aviene a empujar mi silla de ruedas hasta ti. No eres ya tampoco quien fuiste, y a mí me dejas deshabitado de mí mismo, espurio, recién nacido a la desaparición. Niego con ira que seas las fechas que ensartan tu nombre. Lo vivido no crea números, sino conciencia. Y ese numen, espíritu, esa armonía emerge, la presiento, del granito, de sus hendiduras. De la rosa.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Proustiana / 8


En cuanto cierra el libro el lector busca en Google alguna foto de Ginka Trifonova, sin éxito. En la opción Maps-Street view clica rue de la Clôture y aparecen los pilares del periférico, las vías ferroviarias, los descampados, las calles y avenidas de paso con aceras flanqueadas por tapias y verjas, sin apenas transeúntes. Y por todas partes la basura desperdigada como lunares por un vestido de fiesta. Pasea el lector por las fotografías de lugares ajenos, sin memoria, anodinos, olvidadizos, triviales… a los que, de repente, La cerca les ha dado sentido. Nombres propios, historias, paisaje reconocible, familiaridad. Memoria.

martes, 13 de noviembre de 2012

1793


Constance. Entorno los ojos y por fin leo tu nombre, una y otra vez. He logrado que la cerámica le dé el brillo apagado con que lo evoco. No ha sido fácil. Con las uñas, hasta con los dientes, he rascado años de bardoma y excrementos momificados. Llegan aullidos de las celdas abarrotadas, y de vez en cuando un preso interrumpe mi sueño para apartarme y defecar. Constance. La blancura del azulejo arañado al fango me devuelve tu candor. Mis orines han ablandado la mugre y la he limpiado con mi saliva hasta que del lodo ha emergido tu nombre.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Proustiana / 7


Montaña de roca caliza, el presente comparte la erosión de las aguas de la memoria, que abren galerías en su interior y esculpen olas de zozobra en su superficie. Del presente, condicionado por tanto pasado, solo emerge la materia sólida que permanece en pie tras el efecto disgregador de lluvias y vientos. Un recuerdo que traza grietas y hendiduras donde antes hubo piedra. Un presente que mire más la fisura que la roca, contemplada esta como futura ausente, acerca la muerte; pero un presente que olvide el desgaste, no la aleja. Montaña de roca caliza, brillas, tan blanca, al amanecer.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Proustiana / 6


Esos pequeños recipientes de palabras, los días, cuencos que quedan a la intemperie y la lluvia les deja una calderilla húmeda en el fondo sobre la que cae una hoja dispuesta a navegar por ella. E inmediatamente otra hoja, encima, se abraza a la primera. Los días. Cazos con el culo abollado e impregnado en tizne. Quedaron inservibles para la cocina y ahora con un poco de tierra acumulada en su interior acogen un ramillete de flores amarillas. Lo único que tenemos para ir guardando las palabras. La lluvia, la arena que trae el viento, las semillas. También algún deseo.

martes, 6 de noviembre de 2012

Fechas


Jesús: no te preocupes por las fechas. Te cuento. En 1492 se vislumbra el Renacimiento, pero solo lo ven los hijos, no los padres. Es algo inaudito, hacía siglos que no ocurría un cambio de mentalidad tan rápido. En 1952 se estrena Esperando a Godot. Copio las dos primeras frases de la obra. En febrero de 1524 Garcilaso participó en la batalla de Fuenterrabía, el año anterior había estado en Nápoles y había leído a los poetas italianos. De hecho, la mujer que imagina no parece su amada, quizá la de Cavalcanti. Era hijo del nuevo siglo: vivía en Renacimiento.

sábado, 3 de noviembre de 2012

1524


El viento del norte acuchilla los rostros, los llaga. Febrero. Por el cauce del Bidasoa discurre plomo. Las manos, amoratadas, prefieren la suciedad a sus aguas. Los centinelas patean el suelo por desentumecerse. Humean ascuas en las cocinas. El cielo abotagado amuralla ojos y pensamientos. Por una grieta el mío aún huele los orines en las callejas de Nápoles. Ante la evocación de su bochorno extiendo las manos para ofrecerles un poco de calor. Este silencio invernal se puebla de voces que convierten la grisura en bosque; la nada, en espera de contemplarla. De que me sonría. Que la bese.

jueves, 1 de noviembre de 2012

1492


Muere el que ha muerto y los que le entierran, ensayan. Y aunque el arcipreste eleve los brazos hacia el cielo, solo le sobrevivirá el anillo en el dedo de un ladrón de tumbas, que tampoco sentirá nada cuando se lo arranquen de un tajo. Así pensaba mi padre y el padre de mi padre, pero a mi hijo un revuelo le ha desordenado las témporas. Habla de que en la vida solo hay vida, presente, conquista, fruición. Habla de nuevos mundos y sus ideales se hinchan como nubes al final del día. La tontería se apodera de los débiles.

lunes, 29 de octubre de 2012

1952


A country road. A tree. Suena el chasquido de una cuerda que salta y sacude la mano del guitarrista mientras interpreta el primer acorde de la melodía. Una bruma oculta la charca desde donde llegan graznidos de cuervo. Cruza con una carpeta bajo el brazo y una cinta métrica entre los dedos el empleado de pompas fúnebres. Salta sobre el montículo espumoso de una flema que ocupa el centro. Una furgoneta se aleja. Vuelan partidas de nacimiento que desordena una corriente. Hacen cabriolas en el aire y aterrizan donde nadie las ve. Luz de retrete. Moscas. Toses en la platea.

sábado, 27 de octubre de 2012

Proustiana / 5


Los diarios de Ramon Dachs, este es el tercer volumen, buscan entreverar lo cotidiano y lo artístico. No se limitan a la mera anotación de lo sucedido. Su desafiante actitud propone, por una parte, la objetivación de la experiencia y, por otra, la sublimación de su capacidad visionaria (sobre todo para captar y capturar los cruces de significados latentes y ocultos que entrelazan realidades). Parece contradictorio, pero de lo que no lo es ya emerge muy poco. Solo enfrentando opuestos se descubren caminos por desbrozar. Dachs extrae la subjetividad a las vivencias y carga de sentido visionario los datos objetivos.

jueves, 25 de octubre de 2012

1831


—¿Vienen hacia aquí? 
—No, creo que han subido unos por Santo Domingo y otros por la Bola. 
—¿Son muchos? 
—Un batallón. Lo que traen de costumbre. 
—Exagerados. 
—Nos tienen miedo. 
—Si somos cuatro gatos. 
—Sí, pero no llevamos la munición a cuestas. 
—La encontramos allá donde pisemos. 
—Fíjate. Qué hermoso. 
—Tallado tan a propósito para una honda. 
—Para una mano si me apuras. 
—Y debe de doler cuando golpea la frente, ¿verdad? 
—Más que una bala. 
—Y debe de ahogar cuando se hunde en el pecho. 
—Seguro. 
—¿Y si impacta en el corazón? 
—Lo destroza. 
—Adoquín, te llamas Epifanio Mancha.

martes, 23 de octubre de 2012

1667


No te reconocía, mujer; no pienses mal, claro que estoy encantado de verte y saludarte. ¿También yo he cambiado tanto? No era más tersa y brillante la fruta del manzano que tu piel. (Ni lo es ahora menos la pieza que cae al suelo y asaltan los escarabajos). ¡Cuánto tiempo, Eva! Desde que nos desahuciaron y nos separamos solo he dado tumbos, trabajos eventuales, ya sabes, poca cosa, ¿y tú? ¿Que si me he casado? Quia, nadie ha querido cargar este saco de huesos, ni siquiera Lucifer. Aquí estoy. Esperando un plato de sopa recalentada de la beneficencia. Como tú.

domingo, 21 de octubre de 2012

Intemperie / 11



Leo que la última palabra escrita por Freud fue Kriegspanik,  quizá para nombrar el ambiente de guerra que percibía en las calles, donde sus libros eran amontonados en piras premonitorias. Era en 1939. Sesenta años antes Eça de Queirós lo contó así: el diablo se presenta ante un oficinista y le promete enriquecerle si toca una campanilla que matará a un mandarín en China. La toca. Kriegspanik: no hay diablo, ni promesa de riquezas, ni mandarines en China (si acaso, algún vecino), pero sí la campanilla en el velo del paladar a la que la lengua exaltada se aproxima. Toca.

viernes, 19 de octubre de 2012

Proustiana / 4


Claire, el personaje central de la última novela de Pascal Quignard, cumple cincuenta años en 2010. Es un día que hubiera preferido no ver amanecer. O que tal vez ya haya vivido, en la infancia. Un personaje es una metáfora, y si cumple años a nuestro lado, al brillar refleja alguna cara del prisma. Lo es, Claire, de la fuga hacia uno mismo. Parecen proustianas sus raíces. No lo son. Un abismo —un acantilado— los separa. Claire no encuentra nada en la dirección hacia donde huye. O acaso solo una nimiedad: el lugar. La landa. Un horizonte cruzado por cormoranes. 

Su hermano Paul, tampoco encuentra acomodo en la ciudad. Pero él es más joven. Puede sumergirse en la tecnología. Claire ni siquiera tiene subterfugios. Se ha fugado hacia la tiniebla de sí misma, donde no hay nada que reconstruir, nada que salvar. Nació tarde para las ideas igual que nació pronto para el consuelo de la electrónica. Ha vivido en tierra de nadie. La landa, el horizonte atravesado por los graznidos de las gaviotas desde donde solo se avista la niebla. En esa tierra de nadie vive. Una metáfora, el destello de un cristal del prisma. Su fuga. Su nada.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Intemperie / 10


Que la información se convierta cada día en una red más compleja —gracias a la calidad y valor de análisis, reflexiones y datos— tiene una curiosa contrapartida: el mínimo común informativo cada día es más simple e inane. Se pueden leer artículos magníficos en la prensa, pero la gente coincide solo en la última ocurrencia graciosa. Nadie se preocupa en exceso porque eso ocurra con la información. Ni siquiera yo. Pero más serio es extrapolarlo a la política. Las exigencias de la mayor complejidad del mundo y sus situaciones, ¿no nos dejan en manos de las ideas vacías y engañosas?

lunes, 15 de octubre de 2012

Proustiana / 3


Se sienta en un banco, a la sombra de un tilo, mientras por delante cruza el gentío que los días de fiesta invade el paseo. Le apetece cerrar los ojos y los cierra. No le importa, en este momento, que lo que vive no se convierta en ninguna vivencia. El ruido del tránsito, que ya no escucha, voces gritonas de niños y el espesor oscuro de sus párpados. Todo baladí, perdido aún antes de ocurrir. ¿Conseguirá así engañar al tiempo? Si deja de entregarle instantes, quizá este cese de acabar con ellos. No recordarlos será natural entonces, no una amputación.

jueves, 11 de octubre de 2012

Intemperie / 9


Miro la hora en la pantalla del móvil multiusos de alguien que viaja en el metro. Al pie de los números —las 11:46— veo unas nubes dibujadas. Es verdad, hoy está el cielo nublado. El otoño ha empezado con grises. En el metro no se ve, claro; pero la información meteorológica sobre el lugar y el momento en el que se vive parece redundante. ¿Es redundante esa redundancia? Si lo fuera, ¿por qué su insistencia? Cuando se recibe la información por pantalla de lo que se puede ver por la ventana es posible que lo redundante resulte la experiencia real.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Intemperie / 8


La racionalidad cartesiana agoniza. Se diría que la irracionalidad, el gran argumento del siglo XX, ha acertado en alguna de sus estocadas al aire. Es difícil creerlo, pero bonito. Mientras tanto, la racionalidad lanza bocanadas de sangre sobre un periódico abierto en el suelo por las páginas de política. Se diría que expira. ¿Y en su lugar, la irracionalidad? En absoluto. La irracionalidad desapareció hace tiempo. ¿Entonces? Aquella larva que entró en el sistema operativo de lo racional. Se llamaba interés. Se apellidaba propio. Es lo que queda. Utiliza apariencia de argumento, objetividades —espejismos—, ilusorias razones —mentiras—. Solo interés.

domingo, 7 de octubre de 2012

Proustiana / 2


No solo desaparecen los recuerdos, como si después de haberse hecho añicos se tiraran al cubo de la basura, sino también los sueños. No las ilusiones ni los deseos, que a veces están hechos de una estopa más resistente, sino las narraciones que a lo largo de los años se desarrollan de forma recurrente mientras uno duerme. Se van los sueños en los que buscamos dentro de un laberinto un lugar donde orinar. O los que nos devuelven al cuartel. Y aquellos en los que corremos con desespero por los pasillos de una estación a punto de perder un tren.

viernes, 5 de octubre de 2012

1746


Las he visto sobre la mesa atestada de un escritorio, en la cueva que dio refugio a un santo, junto al árbol azotado por el viento. Son campanas que anuncian el único final. Sombrías calaveras que un día sonrieron ante un manjar o suspiraron tras una caricia. Su recuerdo era condición durante mi juventud. La vieja que al anochecer recorría las calles a oscuras anunciando la tiniebla lanzaba los cuerpos sobre los cuerpos. Que aguarde era la mejor noticia. Mi juventud. La muerte le daba vida. ¿Y ahora que se muere la muerte? Saldré al jardín y admiraré su inanidad.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Feliniana

Mientras camina sobre el muro, su figura se recorta oscura contra la luz del poniente. Sus pasos siguen un ritmo que ya no se entiende en el mundo, ebrio de velocidad. Sus ojos determinan la geometría del silencio de quien se acerca. Superviviente, acaso, de alguna antigua catástrofe devastadora, escruta y comprende el sentido de los movimientos que le rodean. Se detiene ante ellos, los husmea y solo restriega su lomo en piernas que le recuerden la corteza del árbol donde fue concebido. Entonces su ronroneo casi feliz y casi alegre emerge de las entrañas de la tristeza. El gato.

lunes, 1 de octubre de 2012

1939


Hay lugares ya para mí incomprensibles. El cesto de la ropa sucia, por ejemplo. Eras un pequeño huracán que de vez en cuando se colaba en la vitrina para hacer añicos las copas de cristal de bohemia. Su silencio relumbra ahora cuando les alcanza un inútil rayo de luz. Y cuando dejo en el cesto mi camisa usada, cae sobre la camisa del día anterior. Hay lugares para mí ya insoportables. El parque infantil. Los cines de verano. Un carromato con payasos dibujados. Y hay, también, una palabra que no pronunciaré aunque la oculten todas las palabras que escriba, Antonietto.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Intemperie / 7


Cuando se agrupan, los humanos tienden a formar triángulos. Unos ocupan el vértice superior; la mayoría la base. En algún lugar profundo estará inscrita esta figura. Cuando se trata de poder, dinero y tantas otras cosas, parece muy claro desde dónde se rige el triángulo. En cuestiones de arte e inteligencia —tal vez incluso en política— no resulta ya tan evidente que el prestigio se ubique en el vértice. Se tiende a pensar que es así. Así se narra el pasado. Pero desasosiega ver que tantas veces el punto rector, la impuesta excelencia, se sitúa a mitad de la hipotenusa.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Proustiana / 1


La disgregación de los recuerdos y la dispersión de sus escombros en la memoria no siempre propicia su reconstrucción. Quien contempla la vieja casa de sus años sin tejado, las vigas sobre los aplastados muebles y las hojas que trajo el viento podridas entre lo que fuera descubrimiento y satisfacción, a veces se va sin siquiera hurgar en los rincones. Y entonces, no es que abandone la vieja casa, sino también el presente. Con qué voluntad vivirlo, se pregunta, con qué entusiasmo y dedicación, si el tiempo lo convertirá, y todo cuanto le rodea, en un irreconocible montón de inmundicias.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Intemperie / 6


Quizá haya llegado el momento de anotar errores. No fallos, tantos, sino equivocaciones en la comprensión del presente. Los errores son los que definen, también. Anoto uno de bulto. Hace varios años alguien me descubrió los blogs. Me pareció lo que me sigue pareciendo, pura fantasía. Solo un aspecto me molestaba. Mucho. Que la herramienta «Comentarios» se convirtiera, a espaldas del propio blog, en tertulia dicharachera, en cristal de espejo, qué se yo, en guirigay. No me gustó nada y solo respiré cuando vi que se podía desconectar. Lo desconecté. Jamás hubiera inventado Facebook. Pensé, anticuado, fuera de mi tiempo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

1936


La tarde de verano se tiende sobre las huertas con su túnica de esmaltes dorados. El jazmín engalana el aire, como negándose a que la oscuridad que asoma oculte su belleza. Los vencejos han cesado su carrusel aéreo y el cielo ha quedado sereno como el agua del estanque. Los mosquitos cosen su delicada puntilla sonora alrededor de la sombra del mulo. En una cesta de mimbre, olvidada sobre la mesa, colorean unos tomates maduros, brillantes. Al lado, desde unos higos negros en un plato parece que nazca la noche. El encalado de la casa guarda silencio. Truena un insulto.

jueves, 20 de septiembre de 2012

1660


Paolo Veronese lo había pintado exhausto, tumbado a la sombra de una encina, mientras Venus le acaricia el cabello con inocencia. Le basta la luz para dar brillo a los cuerpos encandilados. No ha necesitado untar su pincel en el magenta de la ira ni en el cobalto de los celos. No precisa darle voz al desengaño ni quitarle sordina a los gritos del cinabrio. Las manos enamoradas dibujan solo los rizos del cazador cansado. Pero el libreto es como la vida, no se detiene. No se ensimisma. Sigue y persigue el candor hasta convertir el placer en su ruina.

lunes, 17 de septiembre de 2012

1800


Esta extensión de colinas rasuradas como cabezas de reclutas tumbados boca abajo. En verano están cosidas por la aguja e hilo de los rebaños de ovejas. En invierno el soldado envejece y la única ventana que se agita es la del hogar. Estos senderos por los valles, con umbrías que esconden la cicatriz de un arroyo y prados que se extienden sobre los tejados de piedra oscura. Estas hayas que le dictan versos al transeúnte. Era lo que buscaba en los Lagos, Dorothy, solo temblor y naturaleza. Pero me aguardaba la agreste y sucia humareda de fábrica de tu monosílabo.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Nel mezzo del cammin di nostra vita / mi ritrovai per una selva oscura


Evoco, siempre que viene al caso, a Eduardo Moga en un baño romano de la provincia interior, tumbado en el tepidarium  de inicios del verano. Su túnica de lino blanco descansa en una silla curul bajo la pérgola y sobre ella siempre olvida un libro como quien fecha el manuscrito de su vida. Mientras hidrata su sabiduría con el amargor de una cerveza lo que más me gusta compartir con Moga es su risa de niño pequeño gigante. Y los escritores que ama. Dicen que se acercan los nuevos bárbaros, las pantallas; nosotros continuaremos en los baños romanos del papel.

jueves, 13 de septiembre de 2012

«Cartas del verano de 1926»


Una Europa que centrifuga a sus escritores, la admiración literaria a pesar de las dificultades para conseguir libros,  la esperanza de un encuentro que se sabe que no se producirá jamás. Con estos pobres ingredientes la poeta rusa Marina Tsvietáieva y el poeta («No eres alemán… No eres bohemio… No eres austríaco… ¿significa entonces, Rainer, que acabarás siendo eslovaco?») Rainer Maria Rilke acaban intercambiando una breve correspondencia —Rilke estaba ya amenazado por la enfermedad— tan intensa y fulgurante que se lee a la misma altura que sus obras. Ni una única frase convencional, ni una palabra que suene a hueco.

martes, 11 de septiembre de 2012

Cómo ser mejor persona

Hay espejos que favorecen la fisonomía. Es obvio que a la gente le gusta verse reflejada donde la muestran más atractiva. Una mañana descubrí que el reloj del aparato de radio del baño también me mejoraba bastante más de lo imaginable. Me había levantado con el tiempo justo. Entré en la ducha y al salir le eché un vistazo. El reloj me devolvió un simpático guiño de complicidad. No había pasado ni un minuto desde que había abierto el grifo. Suspiré. Recuperaba tiempo. Me comprendía. Desde aquel día ya solo conservo en casa relojes que atrasen. A cuál más favorable.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Intemperie / 5


El siglo XX ha dejado sobre la mesa de su sucesor dos cadáveres. Es decir, dos herederos. Del de la política se habla en todas partes, pero hay otro muerto al lado que no huele tanto, el pensamiento. Tal vez porque su dulzón beneficiario o gusta o no se entiende que disguste: los chistes. El chiste es el sucesor de la idea en la expectativa de pensamiento. Lo ingenioso, la farsa, la parodia, el disparate marcan el umbral de lo que se quiere leer. De lo que se quiere escribir, por lo tanto. Una nada divertida, es cuanto se ofrece.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Intemperie / 4


En el arte también está latente el encanto de su descubrimiento. Coetáneo e histórico. La obra aguarda la llegada de quien la aprecie, a veces mucho tiempo. Esta espera a ser comprendida la implica. Aun en el desván y arrinconada contra la pared, se percibe el anhelo de una mano que le dé la vuelta. Así se creía que funcionaban las cosas que el presente desbarata con su impaciencia. La obra ya no aguarda; se planta delante, persigue, se descubre. Se excluye su silencio. Se acumula todo para después del ruido. Obligada, quizá, porque a nadie le interese descubrir nada.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

1574


Lee el manuscrito en pie, junto a la ventana. Un mensajero acaba de entregárselo y a cambio le ha dado unos maravedíes. Rompe el sello de lacre y  lo desenrolla. Está nervioso. Se aproxima a la ventana, el crepúsculo cuela reflejos rosados que atenúan lo marmóreo del papel. Relee aquel primer verso que envió en mitad de una hoja en blanco. Un endecasílabo prodigioso por el que andan peleándose todos los sonetos que ha escrito desde entonces. Se lo mandó a Ella, aunque nunca se hubiera atrevido a dirigirle la palabra cuando la veía, al otro lado de la calle,

amurallada por sus criados. Y Ella, algo que no podía ocurrir, días después, se lo devolvió. Iba otro endecasílabo, debajo, caligrafiado con la letra pulcra y menuda de las damas. Compuso de inmediato un tercer verso, rimado con el que había recibido, y lo envió  con el correo de vuelta. Ahora, según lee a la luz menguante de la tarde, la caligrafía menuda y pulcra cierra el cuarteto con la rima que él había soñado para Ella. En sus manos, el manuscrito tiembla levemente. Cierra los ojos y recita para sí el cuarteto que han escrito entre los dos, y

que ya está en su memoria. No es gran cosa, apenas unos versos, nada de lo que se pueda fanfarronear en la taberna, pero su escritura a dos manos le estremece como nunca antes un poema. Manda encender un candil, aunque aún es temprano, y a él se acerca con el papel. Busca en el trazo de la tinta signos que, detrás de las palabras, colmen su exaltado espíritu, mientras su pensamiento se ordena en las once sílabas que abrirán el segundo cuarteto. Que Ella, de eso ya está cierto, completará. Su letra delicada, primorosa. Las rimas de los dos.