viernes, 19 de octubre de 2012

Proustiana / 4


Claire, el personaje central de la última novela de Pascal Quignard, cumple cincuenta años en 2010. Es un día que hubiera preferido no ver amanecer. O que tal vez ya haya vivido, en la infancia. Un personaje es una metáfora, y si cumple años a nuestro lado, al brillar refleja alguna cara del prisma. Lo es, Claire, de la fuga hacia uno mismo. Parecen proustianas sus raíces. No lo son. Un abismo —un acantilado— los separa. Claire no encuentra nada en la dirección hacia donde huye. O acaso solo una nimiedad: el lugar. La landa. Un horizonte cruzado por cormoranes. 

Su hermano Paul, tampoco encuentra acomodo en la ciudad. Pero él es más joven. Puede sumergirse en la tecnología. Claire ni siquiera tiene subterfugios. Se ha fugado hacia la tiniebla de sí misma, donde no hay nada que reconstruir, nada que salvar. Nació tarde para las ideas igual que nació pronto para el consuelo de la electrónica. Ha vivido en tierra de nadie. La landa, el horizonte atravesado por los graznidos de las gaviotas desde donde solo se avista la niebla. En esa tierra de nadie vive. Una metáfora, el destello de un cristal del prisma. Su fuga. Su nada.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Intemperie / 10


Que la información se convierta cada día en una red más compleja —gracias a la calidad y valor de análisis, reflexiones y datos— tiene una curiosa contrapartida: el mínimo común informativo cada día es más simple e inane. Se pueden leer artículos magníficos en la prensa, pero la gente coincide solo en la última ocurrencia graciosa. Nadie se preocupa en exceso porque eso ocurra con la información. Ni siquiera yo. Pero más serio es extrapolarlo a la política. Las exigencias de la mayor complejidad del mundo y sus situaciones, ¿no nos dejan en manos de las ideas vacías y engañosas?

lunes, 15 de octubre de 2012

Proustiana / 3


Se sienta en un banco, a la sombra de un tilo, mientras por delante cruza el gentío que los días de fiesta invade el paseo. Le apetece cerrar los ojos y los cierra. No le importa, en este momento, que lo que vive no se convierta en ninguna vivencia. El ruido del tránsito, que ya no escucha, voces gritonas de niños y el espesor oscuro de sus párpados. Todo baladí, perdido aún antes de ocurrir. ¿Conseguirá así engañar al tiempo? Si deja de entregarle instantes, quizá este cese de acabar con ellos. No recordarlos será natural entonces, no una amputación.

jueves, 11 de octubre de 2012

Intemperie / 9


Miro la hora en la pantalla del móvil multiusos de alguien que viaja en el metro. Al pie de los números —las 11:46— veo unas nubes dibujadas. Es verdad, hoy está el cielo nublado. El otoño ha empezado con grises. En el metro no se ve, claro; pero la información meteorológica sobre el lugar y el momento en el que se vive parece redundante. ¿Es redundante esa redundancia? Si lo fuera, ¿por qué su insistencia? Cuando se recibe la información por pantalla de lo que se puede ver por la ventana es posible que lo redundante resulte la experiencia real.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Intemperie / 8


La racionalidad cartesiana agoniza. Se diría que la irracionalidad, el gran argumento del siglo XX, ha acertado en alguna de sus estocadas al aire. Es difícil creerlo, pero bonito. Mientras tanto, la racionalidad lanza bocanadas de sangre sobre un periódico abierto en el suelo por las páginas de política. Se diría que expira. ¿Y en su lugar, la irracionalidad? En absoluto. La irracionalidad desapareció hace tiempo. ¿Entonces? Aquella larva que entró en el sistema operativo de lo racional. Se llamaba interés. Se apellidaba propio. Es lo que queda. Utiliza apariencia de argumento, objetividades —espejismos—, ilusorias razones —mentiras—. Solo interés.

domingo, 7 de octubre de 2012

Proustiana / 2


No solo desaparecen los recuerdos, como si después de haberse hecho añicos se tiraran al cubo de la basura, sino también los sueños. No las ilusiones ni los deseos, que a veces están hechos de una estopa más resistente, sino las narraciones que a lo largo de los años se desarrollan de forma recurrente mientras uno duerme. Se van los sueños en los que buscamos dentro de un laberinto un lugar donde orinar. O los que nos devuelven al cuartel. Y aquellos en los que corremos con desespero por los pasillos de una estación a punto de perder un tren.

viernes, 5 de octubre de 2012

1746


Las he visto sobre la mesa atestada de un escritorio, en la cueva que dio refugio a un santo, junto al árbol azotado por el viento. Son campanas que anuncian el único final. Sombrías calaveras que un día sonrieron ante un manjar o suspiraron tras una caricia. Su recuerdo era condición durante mi juventud. La vieja que al anochecer recorría las calles a oscuras anunciando la tiniebla lanzaba los cuerpos sobre los cuerpos. Que aguarde era la mejor noticia. Mi juventud. La muerte le daba vida. ¿Y ahora que se muere la muerte? Saldré al jardín y admiraré su inanidad.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Feliniana

Mientras camina sobre el muro, su figura se recorta oscura contra la luz del poniente. Sus pasos siguen un ritmo que ya no se entiende en el mundo, ebrio de velocidad. Sus ojos determinan la geometría del silencio de quien se acerca. Superviviente, acaso, de alguna antigua catástrofe devastadora, escruta y comprende el sentido de los movimientos que le rodean. Se detiene ante ellos, los husmea y solo restriega su lomo en piernas que le recuerden la corteza del árbol donde fue concebido. Entonces su ronroneo casi feliz y casi alegre emerge de las entrañas de la tristeza. El gato.

lunes, 1 de octubre de 2012

1939


Hay lugares ya para mí incomprensibles. El cesto de la ropa sucia, por ejemplo. Eras un pequeño huracán que de vez en cuando se colaba en la vitrina para hacer añicos las copas de cristal de bohemia. Su silencio relumbra ahora cuando les alcanza un inútil rayo de luz. Y cuando dejo en el cesto mi camisa usada, cae sobre la camisa del día anterior. Hay lugares para mí ya insoportables. El parque infantil. Los cines de verano. Un carromato con payasos dibujados. Y hay, también, una palabra que no pronunciaré aunque la oculten todas las palabras que escriba, Antonietto.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Intemperie / 7


Cuando se agrupan, los humanos tienden a formar triángulos. Unos ocupan el vértice superior; la mayoría la base. En algún lugar profundo estará inscrita esta figura. Cuando se trata de poder, dinero y tantas otras cosas, parece muy claro desde dónde se rige el triángulo. En cuestiones de arte e inteligencia —tal vez incluso en política— no resulta ya tan evidente que el prestigio se ubique en el vértice. Se tiende a pensar que es así. Así se narra el pasado. Pero desasosiega ver que tantas veces el punto rector, la impuesta excelencia, se sitúa a mitad de la hipotenusa.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Proustiana / 1


La disgregación de los recuerdos y la dispersión de sus escombros en la memoria no siempre propicia su reconstrucción. Quien contempla la vieja casa de sus años sin tejado, las vigas sobre los aplastados muebles y las hojas que trajo el viento podridas entre lo que fuera descubrimiento y satisfacción, a veces se va sin siquiera hurgar en los rincones. Y entonces, no es que abandone la vieja casa, sino también el presente. Con qué voluntad vivirlo, se pregunta, con qué entusiasmo y dedicación, si el tiempo lo convertirá, y todo cuanto le rodea, en un irreconocible montón de inmundicias.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Intemperie / 6


Quizá haya llegado el momento de anotar errores. No fallos, tantos, sino equivocaciones en la comprensión del presente. Los errores son los que definen, también. Anoto uno de bulto. Hace varios años alguien me descubrió los blogs. Me pareció lo que me sigue pareciendo, pura fantasía. Solo un aspecto me molestaba. Mucho. Que la herramienta «Comentarios» se convirtiera, a espaldas del propio blog, en tertulia dicharachera, en cristal de espejo, qué se yo, en guirigay. No me gustó nada y solo respiré cuando vi que se podía desconectar. Lo desconecté. Jamás hubiera inventado Facebook. Pensé, anticuado, fuera de mi tiempo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

1936


La tarde de verano se tiende sobre las huertas con su túnica de esmaltes dorados. El jazmín engalana el aire, como negándose a que la oscuridad que asoma oculte su belleza. Los vencejos han cesado su carrusel aéreo y el cielo ha quedado sereno como el agua del estanque. Los mosquitos cosen su delicada puntilla sonora alrededor de la sombra del mulo. En una cesta de mimbre, olvidada sobre la mesa, colorean unos tomates maduros, brillantes. Al lado, desde unos higos negros en un plato parece que nazca la noche. El encalado de la casa guarda silencio. Truena un insulto.

jueves, 20 de septiembre de 2012

1660


Paolo Veronese lo había pintado exhausto, tumbado a la sombra de una encina, mientras Venus le acaricia el cabello con inocencia. Le basta la luz para dar brillo a los cuerpos encandilados. No ha necesitado untar su pincel en el magenta de la ira ni en el cobalto de los celos. No precisa darle voz al desengaño ni quitarle sordina a los gritos del cinabrio. Las manos enamoradas dibujan solo los rizos del cazador cansado. Pero el libreto es como la vida, no se detiene. No se ensimisma. Sigue y persigue el candor hasta convertir el placer en su ruina.

lunes, 17 de septiembre de 2012

1800


Esta extensión de colinas rasuradas como cabezas de reclutas tumbados boca abajo. En verano están cosidas por la aguja e hilo de los rebaños de ovejas. En invierno el soldado envejece y la única ventana que se agita es la del hogar. Estos senderos por los valles, con umbrías que esconden la cicatriz de un arroyo y prados que se extienden sobre los tejados de piedra oscura. Estas hayas que le dictan versos al transeúnte. Era lo que buscaba en los Lagos, Dorothy, solo temblor y naturaleza. Pero me aguardaba la agreste y sucia humareda de fábrica de tu monosílabo.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Nel mezzo del cammin di nostra vita / mi ritrovai per una selva oscura


Evoco, siempre que viene al caso, a Eduardo Moga en un baño romano de la provincia interior, tumbado en el tepidarium  de inicios del verano. Su túnica de lino blanco descansa en una silla curul bajo la pérgola y sobre ella siempre olvida un libro como quien fecha el manuscrito de su vida. Mientras hidrata su sabiduría con el amargor de una cerveza lo que más me gusta compartir con Moga es su risa de niño pequeño gigante. Y los escritores que ama. Dicen que se acercan los nuevos bárbaros, las pantallas; nosotros continuaremos en los baños romanos del papel.

jueves, 13 de septiembre de 2012

«Cartas del verano de 1926»


Una Europa que centrifuga a sus escritores, la admiración literaria a pesar de las dificultades para conseguir libros,  la esperanza de un encuentro que se sabe que no se producirá jamás. Con estos pobres ingredientes la poeta rusa Marina Tsvietáieva y el poeta («No eres alemán… No eres bohemio… No eres austríaco… ¿significa entonces, Rainer, que acabarás siendo eslovaco?») Rainer Maria Rilke acaban intercambiando una breve correspondencia —Rilke estaba ya amenazado por la enfermedad— tan intensa y fulgurante que se lee a la misma altura que sus obras. Ni una única frase convencional, ni una palabra que suene a hueco.

martes, 11 de septiembre de 2012

Cómo ser mejor persona

Hay espejos que favorecen la fisonomía. Es obvio que a la gente le gusta verse reflejada donde la muestran más atractiva. Una mañana descubrí que el reloj del aparato de radio del baño también me mejoraba bastante más de lo imaginable. Me había levantado con el tiempo justo. Entré en la ducha y al salir le eché un vistazo. El reloj me devolvió un simpático guiño de complicidad. No había pasado ni un minuto desde que había abierto el grifo. Suspiré. Recuperaba tiempo. Me comprendía. Desde aquel día ya solo conservo en casa relojes que atrasen. A cuál más favorable.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Intemperie / 5


El siglo XX ha dejado sobre la mesa de su sucesor dos cadáveres. Es decir, dos herederos. Del de la política se habla en todas partes, pero hay otro muerto al lado que no huele tanto, el pensamiento. Tal vez porque su dulzón beneficiario o gusta o no se entiende que disguste: los chistes. El chiste es el sucesor de la idea en la expectativa de pensamiento. Lo ingenioso, la farsa, la parodia, el disparate marcan el umbral de lo que se quiere leer. De lo que se quiere escribir, por lo tanto. Una nada divertida, es cuanto se ofrece.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Intemperie / 4


En el arte también está latente el encanto de su descubrimiento. Coetáneo e histórico. La obra aguarda la llegada de quien la aprecie, a veces mucho tiempo. Esta espera a ser comprendida la implica. Aun en el desván y arrinconada contra la pared, se percibe el anhelo de una mano que le dé la vuelta. Así se creía que funcionaban las cosas que el presente desbarata con su impaciencia. La obra ya no aguarda; se planta delante, persigue, se descubre. Se excluye su silencio. Se acumula todo para después del ruido. Obligada, quizá, porque a nadie le interese descubrir nada.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

1574


Lee el manuscrito en pie, junto a la ventana. Un mensajero acaba de entregárselo y a cambio le ha dado unos maravedíes. Rompe el sello de lacre y  lo desenrolla. Está nervioso. Se aproxima a la ventana, el crepúsculo cuela reflejos rosados que atenúan lo marmóreo del papel. Relee aquel primer verso que envió en mitad de una hoja en blanco. Un endecasílabo prodigioso por el que andan peleándose todos los sonetos que ha escrito desde entonces. Se lo mandó a Ella, aunque nunca se hubiera atrevido a dirigirle la palabra cuando la veía, al otro lado de la calle,

amurallada por sus criados. Y Ella, algo que no podía ocurrir, días después, se lo devolvió. Iba otro endecasílabo, debajo, caligrafiado con la letra pulcra y menuda de las damas. Compuso de inmediato un tercer verso, rimado con el que había recibido, y lo envió  con el correo de vuelta. Ahora, según lee a la luz menguante de la tarde, la caligrafía menuda y pulcra cierra el cuarteto con la rima que él había soñado para Ella. En sus manos, el manuscrito tiembla levemente. Cierra los ojos y recita para sí el cuarteto que han escrito entre los dos, y

que ya está en su memoria. No es gran cosa, apenas unos versos, nada de lo que se pueda fanfarronear en la taberna, pero su escritura a dos manos le estremece como nunca antes un poema. Manda encender un candil, aunque aún es temprano, y a él se acerca con el papel. Busca en el trazo de la tinta signos que, detrás de las palabras, colmen su exaltado espíritu, mientras su pensamiento se ordena en las once sílabas que abrirán el segundo cuarteto. Que Ella, de eso ya está cierto, completará. Su letra delicada, primorosa. Las rimas de los dos.


lunes, 3 de septiembre de 2012

1856


Ropa tendida en las azoteas y unas nubes remolonas, por encima, que ensucian el cielo. Allí donde he buscado tus montañas, gran pastor de verdades, tus caminos minerales, el trébol al viento que me enseñaste a admirar, nada veo. Gritos de vendedor y relincho de acémila pautan acentos en los versos de la calle. Sobre adoquines discurren las ruedas de los carros que traquetean en el idioma. El hedor del vino reclama en cada esquina. Busco la luz de las siemprevivas y la hondura de las violetas en tu nombre, gran Heine, andariego, cuando alguien, quién, ha traído la noticia.

sábado, 1 de septiembre de 2012

1763


La claridad ciega. En estos días de verano, cuando la luz es tan generosa desde el alba, cómo sabré si ha salido ya a reponer el agua de casa o desde el horno regresa con una hogaza bajo el brazo. Sus sandalias solo dejan silencio sobre la arena. En los días afortunados la sigo tres calles de Königsberg. Su moño presuroso del que algunos mechones escapan, el faldón caído, el cordón de su blusa mal atado. Una imagen colma. Estas mañanas inciertas añoro el invierno. Sobre la nieve leo el sentido de sus zuecos y conozco de antemano mi felicidad.

sábado, 25 de agosto de 2012

Siete aforismos temporales para el final de agosto




El tiempo es una bebida que se consume creyendo que la botella sigue llena en la nevera.

El tiempo se consume pensando que dejará un circulito de agua sobre la mesa cuando alcemos el vaso para beberlo.

El tiempo nunca parece el resto de bebida que queda en el vaso cuando se descongelan los cubitos de hielo.

El tiempo a veces se confunde con lo que falta para que empiece el partido. 

El tiempo acecha fuera del vaso y le resta frescor a la bebida.

El tiempo agua la bebida.

El tiempo tal vez sea quien nos haya bebido ya.

martes, 21 de agosto de 2012

1773


Crepita la voz del trovador herido de amores en la sala de armas del castillo. La oigo cuando trinan los pájaros. No veo estos tapices torpes ni estos muebles con molduras repujadas en latón, sino las piedras en forma de espiga y la huella del escoplo en el respaldo de la silla. Donde tintinea un cascabel sobre la zapatilla de seda, imagino la rudeza del cuero con salpicaduras de barro y goterones de vino. Vivo este presente inocuo y falso solo en su pasado. Desprecio la lengua jabonosa de hoy, que transformo, en mi Goetz von Berlichingen, en hierro templado.