lunes, 16 de julio de 2012

11 de enero de 1930


Los copos han revoloteando por el cielo de agua, su incierto vuelo y sus destellos han encantado los días, encendido las noches. Sin las manos que la agitan, las blancas ilusiones van posándose en el suelo de la bola de vidrio. A la vista quedan las humedades del cuarto alquilado, los martillazos ante la ventana del despacho que da a las traseras, los adoquines mal ajustados que encharcan los zapatos las tardes de lluvia. Por más que trate de removerla, no volverá a nevar en la libreta cuyas páginas arrancaba para escribirle. Dos palabras —hasta pronto— mienten sobre su negrura.

jueves, 12 de julio de 2012

1514


Hierática, la garza observa el temblor de las aguas mientras paciente espera que caracoleen en el remanso de la orilla. Un aroma a espliego, cuyas flores aún cuidan gotitas de rocío, se esparce en compañía de una luz a la que el caño de la fuente ha borrado todos los oscuros.  El Tajo, silente, a lo suyo. ¿Tú eres el benjamín de los Lasso, quia? La pregunta de la mujer desconocida le retrasa del grupo de pillos. Azorado, busca una respuesta al tiempo que los suyos se agazapan. La piedra, certera, astilla la mañana con el estremecedor graznido del ave.

miércoles, 11 de julio de 2012

«El Premio Herralde de Novela», de Jordi Bonells


En cada una de sus novelas memorialistas Jordi Bonells vuelve a contar la misma vida que ya había contado (obviamente), pero con un propósito distinto. En este caso la idea que anima esta postrera autobiografía es convertirla en paradigma de los escritores que, por razones propias, no consiguieron ser considerados escritores: Rimbaud, Walser, Kafka, Pessoa… Bonells, su heredero, desentraña en su experiencia la paradoja de quien al mismo tiempo que quiere ser escritor hace todo lo posible por no serlo. Con el mismo empeño busca editar y que no le editen, o que ocurra como si no hubiera editado nunca.

martes, 3 de julio de 2012

1774


El viento helado descubre grietas entre los sillares, atraviesa rudas puertas de roble y traza deformes flores azules sobre los tapices que cubren los muros. El fuego que crepita en la chimenea apenas consigue defender su aureola dorada. Por los corredores resuena el caminar nervioso de los criados, sus voces, sus quehaceres casi desesperados. La baronesa le reza a un dios humilde y cercano, el que le pidió a su primer hijo para el coro de ángeles. En la cuna llora Georg Friedrich Philipp. Paños empapados en agua limpian un cuerpo que arde y acaso ya anhele convertirse en resplandor.

domingo, 1 de julio de 2012

Corazonada

Joan Llimona. Noia estirant-se (1916)
 
La desaparición de temas y motivos religiosos a veces no desacraliza la pintura. Lo que la pintura muestra también puede comprenderse como una imagen de lo sagrado. La muchacha que se vuelve de espaldas al pintor y se estira con solitaria desinhibición, la cesta de la comida en el suelo y la barca aún amarrada puede ser leído como signos que caligrafían la trascendencia. El viento que zarandea la falda de la joven, el paño blanco que preserva los alimentos. La salvación —la plenitud— no está en los acontecimientos,  en su solemnidad, sino en el presentimiento, en su aparente vacuidad.

viernes, 29 de junio de 2012

Ruhiges tempo, mit zartem Ausdruck


Tiene complejo de que nadie la ha elegido. De que a ella solo se llega por su facilidad de trato, su simpatía hacia quienes se conforman con cualquier cosa. Se lo atribuye a su sobrepeso, que es el eufemismo que prefiere para no pensarse de otra manera. También a su edad, que hace más opacas sus notas, menos agudos sus gemidos. Quisiera, si fuera cantante, entonar alguna letra triste de empedrado húmedo al amanecer percutido solo por dos tacones, uno de ellos torcido. Quisiera, si fuera solista, pero no lo será nunca, artífice solo de las melodías compartidas. La viola.

miércoles, 27 de junio de 2012

Einfach, innig


Fásmido del pentagrama, extrae de su inmovilidad el azucarillo que disuelve sus notas entre las del conjunto de cámara. Su piel de alpaca le hace propenso a las simetrías entre sonido y destellos luminosos. Un alambicado sistema de clavijas juega al escondite con el aire que el flautista introduce por una embocadura lateral en el tubo de las metamorfosis. El aire disfruta buscando y encontrando el hueco por donde huir en forma de dulzor. Estas cualidades las aprovechan los flautistas para convertirse en figuras legendarias. Y es cierto que la brisa les ayuda a esparcir su música y su melena.

lunes, 25 de junio de 2012

DVD, no una elegía, una oda


Porque nos gustaba leer a los poetas y evocar sus vidas, sus libros, ese gozo nos puso en el camino de escribir, luego de hablar de ellos, y como uno no deja nunca de vivir mientras vive, publicamos nuestros libros, editamos otros, pensamos sobre ellos, seguimos avanzando quizá demasiado lejos, apartados y nostálgicos de la playa donde comenzamos a amar la poesía. Cuando se pierde de vista este punto, a donde le conduzcan a uno las mareas siempre será un extranjero. Hay que elegir el momento para regresar, como las tortugas, al lugar donde nacimos. Así he entendido que hacías.

jueves, 21 de junio de 2012

Langsam, mit melancholischem Ausdruck


Ausculta la madera el violinista para rastrear en su pasado el instante cuando puede extraer el mayor líquido de una nota. Si bajo los lamentos de un arce, siglos atrás, un enamorado grabó una inicial con la punta de un cuchillo, la tabla armónica devolverá un ápice de sonido gutural. Si nevó profusamente el año posterior a la tala del abeto blanco que el lutier eligió como tapa, las notas huirán añoradas por las ranuras de las eses. El violinista sabe la novela de su instrumento, pero nunca la cuenta. No tiene tiempo. La vida se le va en conocerlo.

martes, 19 de junio de 2012

Lebhaft


En tardes de levante exasperado, un solitario camina por la costa. En el estruendo irritado del oleaje batiendo contra las rocas lee los sonidos que jamás saldrán de su instrumento. Junto a los muros desolados de la fábrica, sorteando desguaces e inmundicia, un paseante absorbe el espantoso rugido de la maquinaria. Atiende a cada una de las estridencias que nunca ha de pronunciar su instrumento. Durante las riñas obscenas de la taberna portuaria bebe su vino déspota el músico. Estudia la partitura que no soplará en la boquilla de su instrumento. Conociéndola preservará el dulzor y la candidez del clarinete.

domingo, 17 de junio de 2012

Amarga escribe la verdad


La da un empujón un viernes cualquiera a una mentira y la echa a rodar en un mundo con las dimensiones de un cuartel. Quien se propone esparcirla antes acude a la peluquería, elige vestuario, combina tonos, estrena prendas. La mentira embellece. Del pozo ciego de su carácter extrae simpatía, ojos risueños, palabras dulces, mano en el brazo, sabe que convencer requiere antes gustar. La mentira seduce. Aquel empujón ya es un propósito de vida, un súbito descubrimiento que redime de la angostura. Nueva fe, militancia, credo. Ya nada se sostiene sin las virtudes de una mentira. La mentira consuela.