viernes, 15 de junio de 2012

Nicht schnell


Las manos del pianista chapotean sobre la alberca alargada del teclado. Saltan notas, aquí y allá, que las hormigas reúnen en montoncitos antes de guardarlas en sus ciudades; las distinguen bien de otras semillas que andan por el suelo, como los adjetivos o las formas verbales anodinas, que no son de su apetito. Nunca se equivocan, ni siquiera cuando la cantante entona con corrección la melodía. Les disgusta todo lo que tenga dentro significado. Para alimentarse de esta grana hay otros insectos, nocturnos, que se confunden con las sombras. Del cosquilleo del pianista aprenden las hormigas sus pasos de baile.

miércoles, 13 de junio de 2012

«Conjeturas y esperanza (antología 1988-2008)», de John Burnside en Pre-Textos


Con pasos precisos sobre las losas cubiertas de nieve de la poesía del escocés John Burnside (1955), las elegantes traducciones de Jordi Doce descubren una obra deslumbrante que emerge desde los rincones de la realidad que suelen pasar inadvertidos para el género: el invierno sin épica en los pueblos de montaña, puertos pesqueros de aguas sucias y malolientes o vecinos de barrios en las afueras. Una poética que «plasma una escritura con la nada que aprendió de memoria». Y en este diálogo con la otredad desacreditada no olvida las desapariciones, aquellas que laceran, humillan, o las que inquietan y fascinan.

lunes, 11 de junio de 2012

Bayas


Entre las piedras, junto a las roderas del camino, la brisa agita un brote de galio. A sus florecillas menudas, amarillas, diminutas solo parece apreciarlas un escarabajo feo y rechoncho, oscuro. Planta e insecto comparten, sin embargo, cierto secreto idilio. A su alrededor la tarde se esmera por componer la grandiosa sinfonía del crepúsculo de verano. Las copas de los nogales resplandecen, el trigo suelta su melena dorada que los vencejos peinan. Entre las nubes, la lluvia ha dejado un arco iris como embeleso de un dios arcaico. Pero nada tan intenso como la fruición que leo sobre el pedregal.

sábado, 9 de junio de 2012

Mapas


De niños, las páginas de tipografía de ciertos libros crecieron como hojas de un cuaderno. Desde la primera a veces vigila una fecha que ocupa el doble de espacio en la cuadrícula. Su obviedad poco a poco desaparece y con el tiempo se convierte en una estaca clavada en un camposanto. «1932». Algo estremece siempre en las fechas. De niños, los libros tuvieron peor caligrafía, cuando las frases se ensanchan desde dentro, con ganchos que las sujetan a una barra, frases que se pelean consigo mismas hasta merecerse. Arrugados cuadernos donde la tinta con cada trazo transcribe sentido y melancolía.

jueves, 7 de junio de 2012

Lámparas


En junio te gusta madrugar, luz, para colarte entre los listones de las persianas que no consiguen nunca cerrar del todo. Buscas visitar los cuartos donde los amantes se entrelazan. Aunque te gustaría trasnochar, luz, para disfrutar con sus rostros de encandilamiento, hay un momento en el que se te caen los ojos y los cierras, y te pierdes, tumbada en el sofá, el argumento de la película cuyo final conoces cuando te despiertas para infiltrarte por las ranuras. Todas estas cosas las sé, las veo, pero tengo una duda, luz, ¿contemplas las sábanas revueltas o también lo que sueñan?

martes, 5 de junio de 2012

«Ninguno es mi nombre», de Eduardo Gil Bera, en Pre-textos


Ya en La sentencia de las armas (2007), un estudio sobre la Ilíada, Eduardo Gil Bera (1957) atribuía la Odisea a un seguidor de Homero de la generación siguiente. Ahora concreta el nombre del discípulo y las circunstancias de su escritura y de su edición junto a la obra del maestro. Gil Bera resuelve de este modo un rompecabezas, mosaico descompuesto por el autor de la Odisea con la esperanza de que alguien, poco después, lo rehiciera. Pero desde el 581 aC nadie ha sido capaz de encajarlo hasta el presente. Y el lector lo vive con intensidad casi policíaca.

domingo, 3 de junio de 2012

Cartas


La tarde se remansa como el arroyo que llega al lago y su ímpetu se queda en nada, apenas alguna leve onda cuando un remo empuja una barca. Sobre su cubierta, las aguas distinguen con el espejo nublado de su visión dos sombras. Eres tú y soy yo. La arboleda teje una densa cenefa alrededor que solo cruza el canto eufórico de los pájaros. La embarcación avanza lentamente, con el leve chasquido de su proa al cortar el cristal del agua. A veces se detiene. Sobre el verdor del lago se refleja entonces la única sombra que funde un abrazo.

viernes, 1 de junio de 2012

Agua


En la acuarela de la tarde he buscado acomodo sobre el prado verde. Para no verme tan solitario a una margarita la he llamado Berceo y a una amapola Garcilaso. Los tres, he pensado, podríamos entretenernos charlando. Cuando un moscardón se acera a las flores, le grito Lárgate inmediatamente, Quevedo. Con qué pocos trazos, apenas una aguada en verde y un poco de amarillo encima para hacer el azul del río, unas motas blancas, un polvo de gotitas rojas, se logra tanto significado. El sentido más hondo del vivir. Lo espiritual y lo sensual de la mano, este prado verde.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Landas


Cuando levanté la cabeza para seguir el vuelo apresurado del vencejo, mis ojos tropezaron con el gesto resentido de la nube. ¿No me reconoces? —como si al preguntarme adivinara la respuesta. No sé nada sobre vuestra manera de caminar. Cuando miro al cielo ya veo llegar otras, y sin embargo no os he visto partir. ¿Cómo voy a reconoceros, nubes? ¿Por qué me tratas en plural? —mi afabilidad solo conseguía aumentar su malhumor— ¿Acaso te llamo yo a ti ser humano en lugar de pronunciar tu nombre? Qué metedura de pata, pensé. Nube, déjame ir contigo. No debería —masculló. Anda.

lunes, 28 de mayo de 2012

Guadaíra


De niño quería ser como tú, río. Primero porque eras muy divertido. Tenías una playita pasado el puente donde el verano se remansaba. Segundo porque eras oscuro. El único dios que temían de verdad los mayores. Y tercero porque te estudiábamos en la escuela y tu cauce era como un viaje. Nacías en las montañas y morías en el mar. Anduve creyéndome que tu biografía era una aventura media vida, mientras mis aguas corrían a la par que tus arroyos. Ahora querría ser como tú, Guadaíra, que al mismo tiempo naces, mueres y estás en todas las ciudades y aldeas.

viernes, 25 de mayo de 2012

de


El novelista se encuentra con sus lectoras (y algún lector). La tarde es calurosa. Después de este ratito que pasan juntos, empieza el verano. En verano las ventanas se quedan abiertas durante la noche y a veces entra una brisa que refresca el sudor perlado en los cuerpos. Es cuando aprevechan para regresan los personajes de las novelas a la mente, y se les regaña por no haber sabido defender lo suyo. O se les espanta con un golpe de abanico, por molestos. En verano las novelas se deshacen como el helado en la mano del niño demasiado, demasiado lento.