Echado en el sofá de casa viajo en el pescante de un carruaje, con una piel de coyote sobre las piernas y una bufanda de lana en la boca. Las praderas de Nebraska, de una aridez cobriza, inmisericorde, se extienden a ambos costados como ilustraciones de un dibujante hastiado de su oficio. El camino se lo inventan los brutos al avanzar a fuerza de azotes en la grupa con el tiro. En el lateral va siempre una vara de avellano para defenderse de las serpientes de cascabel. Me ha parecido oír un crujido bajo los cojines. Mi pantorrilla, maldita sea.
domingo, 29 de enero de 2012
Willa Cather
Echado en el sofá de casa viajo en el pescante de un carruaje, con una piel de coyote sobre las piernas y una bufanda de lana en la boca. Las praderas de Nebraska, de una aridez cobriza, inmisericorde, se extienden a ambos costados como ilustraciones de un dibujante hastiado de su oficio. El camino se lo inventan los brutos al avanzar a fuerza de azotes en la grupa con el tiro. En el lateral va siempre una vara de avellano para defenderse de las serpientes de cascabel. Me ha parecido oír un crujido bajo los cojines. Mi pantorrilla, maldita sea.
viernes, 27 de enero de 2012
El descansito de media mañana
miércoles, 25 de enero de 2012
Cupidesca doce
Todo iba fantástico hasta lo de los germinados de soja. Nos conocimos en un bar, alguien nos había presentado, no sé. Inmediatamente empezamos a reír. A lo tonto. A cualquier cosa que decía, me mondaba. Le respondía, no sé, algo, y llorábamos de risa. Fue tan bonito. Tanto. Inmediatamente escribí un tuit: «Desde que le conozco no he parado de reír». Maribí me dijo que podía haberme esmerado más, que por eso no lo iba a retuitear. Luego… y después, y al día siguiente todo iba bien. Pero le puse germinados en la ensalada y gritó: «¡Qué porquería es esta!».
lunes, 23 de enero de 2012
Cupidesca once
Entre lo que desaparece en nuestra época y sólo deja rastro en las vitrinas está el enamoramiento. Enamorados habrá, pero su interés mengua y su atractivo se acerca a lo espurio. ¿Qué valor tiene que uno se enamore? El mismo que salga de fiesta. O vaya al teatro. Lo que importa no son los enamoramientos, sino las rupturas. De una vida sólo cuenta el relato de desamores. Claro que antes hubo enamoramientos, pero sólo las separaciones causan impresión, merecen respeto, palabras para ser contadas. Acaso nos enamoremos sólo para eso, por sentir un día la intensidad de una ruptura catastrófica.
viernes, 20 de enero de 2012
Cupidesca diez
Mecanógrafo del teclado, el pianista se embosca entre sus propios brazos como ausentándose. Del contrabajo parecen emanar las volutas de humo que nublan sala y ritmo. La batería salta sobre los charcos y la trompeta corre calle adelante, así un loco que solo les hablara a las farolas. La música atronadora expande las almas que chocan contra las paredes y no queda un resquicio sereno en el club salvo la ínfima cavidad que han formado tu mano y la mía al apretarse juntas. Una gotita de luz azul, huida del escenario, la ha buscado para acostarse en su dulce regazo.
martes, 17 de enero de 2012
Cupidesca nueve
—Pequeña, te quiero.
—¿Decías algo, corazón?
—Claro, pequeña, que te quiero.
—Cielo, grita un poco más, que no te oigo.
—¡Pequeña! ¡Que te quiero!
—¿Que quieres la pequeña? Qué desilusión, yo que te había comprado la grande.
—No la pequeña, no, pequeña, sólo decía pequeña.
—Ay, pesado, no ves que no te puedo oír. ¿Qué remugas a mis espaldas?
—¿Yo? Dios mío, si sólo te he dicho que te quiero.
—Y dale. Primero pasas de mí y luego refunfuñas para que no te escuche.
—¿Yo? Si sólo te he dicho ¡te quiero!
—¿Y ahora, dime qué es lo que quieres?
domingo, 15 de enero de 2012
Liber fugit
Los libros tienen su propia vida. Ahora uno es propenso a creer que se ha disparado la mortalidad infantil entre los libros. Son las cosas que se piensan como respuesta a las impresiones inmediatas. Si a uno, pongamos por caso, le flojea la suela del zapato, es el mundo que se arruga. Los libros tienen su propia vida. Yo tengo uno, por ejemplo, el más reciente, que ha elegido la clausura. En su túnica marrón vive su soledad, como un anacoreta. Me desazona que lo único que le quede sea leerse a sí mismo... De verdad, no importa —me consuela.
viernes, 13 de enero de 2012
El poema del 13 de enero
miércoles, 11 de enero de 2012
Blanca Mancha V
No puedo decir que me alegrara del deceso de la pobre mujer. Era una santa. Sólo dejaba la costura para ir a misa diaria. En una única ocasión, un domingo por la tarde, se le cruzó por el pensamiento un recuerdo, digamos, no virtuoso. El mío era un encargo tranquilo, no diré aburrido, porque este concepto no existe entre nosotros, pero sí echaba de menos alguna lucha cuerpo a cuerpo con la tentación. Lo echaba de menos, sí, antes, cuando esperaba destino, no ahora que voy arriba abajo. No sabía lo que era un gigoló. Ya lo sé, un sinvivir.
lunes, 9 de enero de 2012
Blanca Mancha IV
Es buen chico. Apenas sale de casa, con eso no me da trabajo. Va a buscar el pan y devuelve el cambio aunque le digan que se lo guarde. Con sus amigos, cuando queda, se pasa la tarde en una plazuela, sin más, es verdad que dice algunos tacos, pero con hacerse uno el sordo, cumple. Lo malo es cuando está solo y busca el cuaderno secreto. No consigo saber lo que pasa por su cabeza a la hora de ponerse a dibujar. Arriba y abajo, por todas partes lo único que le gusta es pintar cientos, miles de demonios.
sábado, 7 de enero de 2012
Blancha Mancha III
jueves, 5 de enero de 2012
Blanca Mancha II
martes, 3 de enero de 2012
Blanca Mancha I
domingo, 1 de enero de 2012
Pequeño cuento de Año Nuevo
viernes, 23 de diciembre de 2011
Mínimo cuento de Navidad
lunes, 19 de diciembre de 2011
Cupidesca ocho
viernes, 16 de diciembre de 2011
Cupidesca siete
En la ciudad las multitudes horrorizaron al pensamiento humanista. Hoy no asustan a nadie. Poetas y filósofos acuden cada domingo al estadio, tan campantes. En el poema Anfield Stadium, Bonilla escribe: «y somos una multitud de unos que suman uno». Buena reducción del horror vacui de las multitudes: suman uno con nosotros, ¿por qué temerlas? Es más, ¿por qué no amarlas, si juntos sumamos lo mismo que uno? Amemos la multitud; invitémosla a casa, a nuestro cuarto, entreguémosle el cuerpo, nuestra intimidad (¿nuestra identidad?). Porque en la ciudad a la multitud lo único que le horroriza es el pensamiento humanista.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Cupidesca seis
jueves, 8 de diciembre de 2011
Cupidesca cinco
—¿Te gusta?
—El papel es guay.
— Me pasé la tarde envolviéndola. ¿Y el lazo, no te parece lindo?
—Sí. El lazo. Está curioso.
—Y, ¿no te gusta?
—No, yo no he dicho eso.
—Pero como te fijas en el papel de fuera.
—No, no es eso. No seas mal pensada.
—Entonces, ¿te gusta?
—Bueno, sí. Lo que pasa es que.
—Es que qué.
—Pues que solo es una palabra.
—Sí, eso es, exactamente eso.
—Una palabra. Pensaba que era un regalo.
—Y lo es. Es tu regalo de aniversario.
—Ya. Una palabra: «Verano».
—Sí. ¿No te gusta?
—Si consiguiera entenderte.
domingo, 4 de diciembre de 2011
A salvo de la tormenta
jueves, 1 de diciembre de 2011
Desplazamiento
martes, 29 de noviembre de 2011
Cupidesca cuatro
La monogamia es uno de los acuerdos sociales que menos comprometen. De hecho, hoy día un escritor con un adulterio entre las manos no sabría cómo ganarse la vida. Casi ni los abogados matrimonialistas. Ahora bien, la monogamia presenta una exigencia máxima cuando el cónyuge es el poder. En doble sentido: quien lo consigue sólo acepta para sí la monogamia, y los súbditos penalizan cualquier asomo de bigamia. El poder sigue siendo monógamo, como en tiempos ancestrales. Y sin embargo, ya nadie, por sí solo, puede encarnar la sociedad actual, ni ofrecer una biografía que apasione más de diez minutos.
domingo, 27 de noviembre de 2011
Cupidesca tres
viernes, 25 de noviembre de 2011
Cupidesca dos
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Cupidesca uno
—Sólo soy una chica.
—¿Y por eso no hay nada más que hablar?
—Y usted un hombre casado.
—Pero además somos personas, y un hombre y una mujer siempre pueden inventarse a sí mismos.
—Tonterías.
—¿Por qué? Nada hay escrito. La vida está siempre por vivir.
—¿Usted se cree esas pamplinas?
—Claro que me las creo. Todo puede empezar ahora mismo. ¿Quieres probarlo?
—No soy más que una chica. Es verdad que en un momento dado puedo ser el no va más. Los momentos son así. Pero, los días son otra cosa, y la vida está llena, llena, de días.
lunes, 21 de noviembre de 2011
«Arrojar piedras», de Javier Pérez Walias, en La isla de Siltolá

sábado, 19 de noviembre de 2011
Anotación 555
jueves, 17 de noviembre de 2011
NY Nocturne (Tribute to Yvonne Jacquette)
Desde el balcón se ven a lo lejos las luces del puente, las únicas que cruzan la cinta negra del río. Por las orillas se diría que alguien ha enhebrado un hilo de resplandores a lo largo de la avenida. Las ventanas, en los bloques de oficinas, brillan como la sonrisa desdentada de un viejo. Es mi ciudad. La manta de la noche la cubre para que tenga dulces sueños. A veces me imagino, desde aquí arriba, que yo misma soy la madre que se preocupa para que las calles no se destapen. Hasta que se apague la última luz.
martes, 15 de noviembre de 2011
«Siete años», de Peter Stamm, en Acantilado

sábado, 12 de noviembre de 2011
Luna de noviembre

De todos tus meses, luna, acaso al que más quieras sea al que menos caso hacemos. El poco agraciado, el peor vestido. El que estorba: en las calles ya están colgando los racimos de luces navideñas. El mes que parece una rancia sala de espera. Y no sé por qué, luna, sospecho que este es tu mes predilecto, acaso con el que más disfruta tu frío corazón de luz desvaída. O al menos, el único mes por el que haces esto, asomarte a la ventana de mi estudio para que cada año te fotografíe, solo a ti, luna de noviembre.
jueves, 10 de noviembre de 2011
La coartada
martes, 8 de noviembre de 2011
«Tan bella, tan cerca», de José Manuel Mora Fandos, en La isla de Siltolá (díptico)
Parece que la vida cotidiana sea aquella sobre la que no vale pana decir nada, como si vivir de otra manera estuviera al alcance de cualquier prosa. José Manuel Mora Fandos se propone en este libro su elogio. Quizá más, su comprensión. Digo quizá porque el autor en ningún momento declara sus objetivos, no es un ensayo al uso. Crea un mosaico de breves, delicados y lúcidos tratados que, juntos, sugieren otra forma de entender la vida cotidiana. Compartir, leer, concretar, narrar son los verbos que vertebran la experiencia diaria, Mora Fandos los presenta, pero al lector le toca machihembrarlos.
(2)
Parece que decirlo todo —de hecho, insistir en decirlo todo— sea la única manera de decir algo. No es ya una cuestión de una pedagogía desbocada, sino patológica. Casi publicitaria. Cómo se agradece, por lo tanto, cuando alguien, al escribir, calla. Deja que sea el silencio que reina en la mente del lector quien ensamble las piezas. Así ha escrito Mora Fandos este libro, y sobre todo un capítulo, «Espacios y paisajes», pequeña colección de relatos de vida cotidiana en 3D cuya finalidad no es convencernos de nada (se agradece tanto), sino adiestrar nuestra mirada para ver más con ella.
sábado, 5 de noviembre de 2011
El silencio
jueves, 3 de noviembre de 2011
Búfala de Palau

La primera vez que había tenido noticia de las búfalas fue hace años en un restaurante de Bolonia, donde se me presentaron en forma de mozarela. Desde entonces, uno ya se ha acostumbrado al gusto ácido de su queso y hasta las reconoce en los logotipos que lo etiquetan. Cosa distinta es seguir un sendero trufado de unas bostas descomunales, colonizadas por miles de escarabajos que patean felices, y de repente encarar en el paisaje un trazo negro e intenso y una frente bien corneada que se yergue para observarle a uno con desconocida altivez. Pausadamente, las búfalas se alejan.
martes, 1 de noviembre de 2011
«Metro», de Federico Abad (tríptico)

Federico Abad resuelve las estrofas clásicas, aún las más intricadas, con una flexibilidad que impresiona. Consigue engastar una escritura contemporánea, casi coloquial, en formas que sólo se han dominado en épocas áureas. Es una botella de oxígeno —ave fénix— para la moribunda métrica: el metro también sirve para hablar del metro. O dicho al revés, del metro también se puede hablar en metro. Y el resultado produce una sonrisa intelectual, que de hecho no procede de lo que se cuenta en los poemas, sino del modo cómo se adapta el relato poético a la tradición implícita en las formas métricas.
(2)
La ironía de este libro da un paso un poco más allá en la propia formulación de la ironía: no busca el contenido, sino la relación —casi podríamos decir hipertextual— con la memoria del lector. Reconozco que este fenómeno ocurre sólo en la memoria de lectores con alguna formación, pero me he fijado un poco más, y he visto que consigue rizar el rizo: el lector aprendiz (para quien están escritos los poemas, en apariencia) percibe inconscientemente esa ironía, al sonreír por un contenido irónico plagado de rimas y ritmos, que no reconoce, pero que no le resultan tampoco desconocidos.
(3)
Es el lenguaje quien genera lenguaje, y el poeta es un mero reponedor en las estanterías del sentido. Va ordenando el lenguaje que nace de sí mismo para que parezca que lo ha hecho él. Ahora bien, nada crea más impotencia en el lenguaje que la liberalidad. Al lenguaje hay que ponerle horario, límites, disciplina y charcos en los que no pueda mojarse. Es decir: trabas. Métrica. Cuanto más compleja la dificultad, mayor brillo tiene esa capacidad del lenguaje de sortear todos los inconvenientes para crear sentido. Y existir en él. Y esta es la lección que imparte este libro.
jueves, 27 de octubre de 2011
El pilón de la memoria, y 7
domingo, 23 de octubre de 2011
El pilón de la memoria, 6
Ignacio Fortún. Puentes sobre el Gállego, 2007 miércoles, 19 de octubre de 2011
El pilón de la memoria, 5
No podía ser verdad. Cuando la maestra dijo que era la representación de la belleza se me atravesó la frase. Yo había visto un reportaje en la tele sobre Picasso y me fascinó su taller. En un lugar así podría amontonarlo todo sin que madre me diera la matraca. Sería un genio. Que iba a ser pintor ya lo sabía, porque padre me había dicho que acabado el colegio, le llevaría a él los botes. Y soñaba con pasar de una pintura a la otra. Pero tenía un problema, la belleza. ¿Dónde encontraba en el barrio la belleza que representar?
viernes, 14 de octubre de 2011
El pilón de la memoria, 4
Ignacio Fortún. Retorno, 2005domingo, 9 de octubre de 2011
El pilón de la memoria, 3
Ignacio Fortún. Caracoles, 2002En la gran sala de la vieja casa se abrían tres alcobas donde dormíamos nosotras. Desde el ventanal, que se alzaba sobre los restos de la muralla, se veía nuestro patio, las eras, a lo lejos la Cuesta y el idilio entre los campos de trigo y el cielo. Teníamos las maletas ya en la calle, atadas con cordeles, cuando apareció el hombre que se lo quedó todo y le dio a padre un montón de billetes que abultaban mucho, pero no valían nada. Ahora padre cultiva un huerto, ahí abajo. Si levanta la azada, choca con la pared trasera.




