martes, 4 de enero de 2011
Emmaus
sábado, 1 de enero de 2011
Amauante
—¿Es este el camino a Emaús?
—Si no llevara una venda lo vería por sí mismo.
—Mi caballo ve las vueltas del camino y las piedras que lo entorpecen, ¿sigo la buena dirección?
—¿Ha sufrido algún daño? ¿Le molesta el aire, el polvo, el sol?
—Por aquí, ¿llegaré a Emaús? Solo esto quiero saber.
—¿Alguien se los ha vendado, cierto? Puedo ayudarle a desatar el lazo. Tengo un cuchillo.
—Un cuchillo no. Mi caballo ve. Se asustaría. Mi caballo son mis ojos.
—Se equivoca.
—¿No es este el camino a Emaús?
—Con sus ojos lo vería.
—¿Emaús?
—Vendados, ¿por qué?
viernes, 24 de diciembre de 2010
Nubes, y 7

nacieron dos elementos: el ángel y el pájaro
RAFAEL PÉREZ ESTRADA
lunes, 20 de diciembre de 2010
Nubes, 6
.He observado que existen dos maneras de que no haya nubes. El anticiclón —o nubes simpáticas— se las lleva a otra parte y deja el cielo pintado de un azul transparente, artesano, conmovedor. Con este fondo las fotografías quedan impecables. Incluso la vida da la impresión de que está a la altura de las fotografías. En la otra forma, las nubes, ahora hinchadas y ápteras, restriegan su opacidad por el suelo e impiden que al elevar la vista se vea nada. Cuando llega la niebla —la taciturna, la incómoda— la misma idea de cielo se convierte en quimera. En realidad.
jueves, 16 de diciembre de 2010
Nubes, 5
.En la tarde despejada, el paso de los aviones deja el cielo atravesado por nubes imposibles. Rectilíneas. Las falsas resultan tan atractiva como las de verdad. Artificio y naturaleza han perdido definitivamente sus fronteras. En la biología, desde luego; también en la poesía, desde Pessoa. No cuesta casi nada tomar por naturales los jardines, las nectarinas y los versos. De hecho, tal vez estas cosas sean las más naturales para los humanos: son elementos que han superado el tiempo cíclico de la naturaleza y han entrado en el tiempo lineal. Como esas nubes que dejan los aviones, cuando van muriéndose.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Nubes, 4
.¿Cuándo aprendí a mirar las nubes? No es una pregunta trivial. Observo la dimensión de las manchas en el cielo y siento que las entiendo. Que sé lo que me están contando. Que comparto el desgarro del que hablan. No fue en el cielo donde aprendí a leerlas, sino en la pintura. Las formas y los trazos de los pintores abstractos que admiraba en mi juventud como la voz de mi época —¿dónde sonará la voz de esta época?— fueron los que me enseñaron a mirar las nubes. Las contemplo y emergen en mi memoria los cuadros que he comprendido.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Nubes, 3
.sábado, 4 de diciembre de 2010
Nubes, 2
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Nubes, 1

miércoles, 24 de noviembre de 2010
Les nymphéas, et 7
sábado, 20 de noviembre de 2010
Les nymphéas, 6
—¿Sí?
—Mi nombre es Villaespesa, Francisco Villaespesa, soy poeta español.
—¿Español?
—Sí, poeta. Villaespesa. ¿Le suena?
—Ah, poeta.
—Bravo. Señor Monet, quería hacerle una pregunta, ¿sería posible?
—Poeta…¿es usted acaso el mejor poeta español?
—Lo intento. Publico mucho. Tal vez demasiado, los editores me piden libros constantemente y soy débil para decirles que no.
—Hay que aprender a decirle no al mundo.
—Es difícil, cuando se es poeta.
—Humilde oficio. Y hermoso.
—De eso quería hablarle.
—Dígame.
—De los nenúfares, también humildes y hermosos. Me pregunto de qué serán símbolo.
—¿Símbolo los nenúfares? De nada. Sólo son remordimientos.
martes, 16 de noviembre de 2010
Les nymphéas, 5
viernes, 12 de noviembre de 2010
Les nymphéas, 4
lunes, 8 de noviembre de 2010
Les nymphéas, 3
jueves, 4 de noviembre de 2010
Les nymphéas, 2
lunes, 1 de noviembre de 2010
Les nymphéas, 1
En la bengala que sube a los cielos
sin luna. En la corriente con arenas
y con aceites pesados del río
sin campo. En los buñuelos que cayeron
al camino y reboza el polvo. Luz
acuartelada por las nubes rojas
ya sin resuello, ya sin el perdón
que sólo puede otorgar el olvido.
Que sólo puede otorgar la llegada
del vacío a los cielos con bengalas,
a los ríos de aguas arenosas,
a los buñuelos que madre lió
pacientemente en un pañuelo rojo
que se quedó abrazado al simple hueco.
Brasero bajo la mesa camilla
cuando ya nada logras calentar.
domingo, 24 de octubre de 2010
Crepusculares, y 7
Patea el aire, seis agujas,
seis filamentos insaciables,
insaciables los seis insomnios
que patean la noche, agujas
incansables, las seis angustias.
Escarabajo boca arriba
en el sendero. Seis insomnios.
Dos brazos, manos, dedos, dos
afluentes los dos brazos, manos,
dedos, sin número los dedos,
arroyos o torrentes, nunca
charcos, los dedos navegan,
transportan secos troncos, muertos
que llegan hasta el río y más.
Siete palabras. Cada signo
arañado a la piedra, siete
signos en orden inflexible,
arañadas palabras, siete
uñas, siete silencios, cantos
ruidosos, inflexibles cuando
se desmoronan, piedras, signos.
Senderos, ríos y poemas,
no vengáis, no riáis, no habléis.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Crepusculares, 6
sábado, 16 de octubre de 2010
Crepusculares, 5
martes, 12 de octubre de 2010
Crepusculares, 4
viernes, 8 de octubre de 2010
Crepusculares, 3
lunes, 4 de octubre de 2010
Crepusculares, 2
viernes, 1 de octubre de 2010
Crepusculares, 1
lunes, 27 de septiembre de 2010
La montaña, y 7

Ni bajo la quietud del mediodía.
Ni lo ocultan los cantos de los pájaros.
Ni la inocencia de la brisa amable.
No cesa, aquel estruendo, ni el remanso
de luz lo ahoga. Aquel triscar de ramas,
al principio, de árbol que se inclina,
chascar de árbol que ya no es árbol.
Tronco, astillado leño, las luciérnagas
brotarán de tu piel como de un sueño.
Y al verte ahí tumbado, yerto, emerge
del mediodía, de la brisa y el canto
el atronar de tu altura perdida.
Hundido cada vez más en la tierra,
sigo oyendo tu muerte. La indolencia del bosque.
jueves, 23 de septiembre de 2010
La montaña, 6
A tus laderas escarpadas, lejanas cimas e intrincadas sendas vienen buscando, montaña, a quienes ya no son. Mientras tú seguías impertérrita y mantenías inalterables tus exigencias, los humanos inventaban mil modos de caminar sentados, alterar las condiciones del aire, ascender a los cielos o viajar por donde sólo corrían las aguas, siempre gracias a ruidos, zumbidos, estridencias. A ti llegan ahora, y, lo que resulta más chocante, emprenden con entusiasmo la caminata como si nunca hubieran existido coches, aires acondicionados, aviones, metros, imprescindibles para poder moverse. Dicen que es por la belleza, pero no es cierto. Es por tu silencio.sábado, 18 de septiembre de 2010
La montaña, 5
Hay idilios estáticos —como el que mantienen las puertas que comparten rellano— y amores dinámicos, igualmente imposibles, como el que sienten las nubes por la montaña. Desde el valle, con el carrusel del arroyo por almohada, se sigue con deleite la inagotable seducción con que las nubes la acechan: acariciándola o haciendo que la acarician. Se acerca una pequeña, juguetona; luego llegan otras, con argumentos de amor inflamado, que la cubren con su blancura dúctil y envolvente. Por la tarde el corazón de piedra de la montaña las desespera y las nubes se enfurecen, le gritan, la maldicen, echan chispas.lunes, 13 de septiembre de 2010
La montaña, 4
miércoles, 8 de septiembre de 2010
La montaña, 3
El camino —abrupto, áspero, angosto— sigue hacia delante: la única promesa ante el sufrimiento —la anchura del circo, el frescor del manantial, la gran cascada—, la dicha. Pensar en los símbolos es siempre más llevadero que encarnarlos. De todas formas, no está claro qué da sentido a qué, si el camino a su símbolo, o si su símbolo a la caminata. Si caminar fuera como vivir, la jornada tal vez resultara un poco más ardua: sin veredas, sin nombres, sin oriente. Creer en símbolos gratifica: simplifican los significados complejos, y complican los significados simples: ¿este mero andar, la vida?domingo, 5 de septiembre de 2010
La montaña, 2
Cuando los humanos estaban hechos de un mismo bloque de piedra, como tú, montaña, los libros que escribían se transformaban en cada lectura; su eco variaba con los tiempos y las generaciones. Ahora son los hombres los que combinan diversas personalidades según la hora del día, o de la noche, los que comparten cuatro o cinco identidades a la vez. Los libros que escriben, sin embargo, cada vez son más uniformes, más iguales, más funcionales… como los adoquines con los que sueña el empresario al ver tus laderas. Y ya no son imprescindibles como tú, montaña, sino salidos del obrador.miércoles, 1 de septiembre de 2010
La montaña, 1
jueves, 26 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: cou
Musée du Louvrepara que el cuello fuera la luciérnaga
y el abrazo las manos que la atrapan.
El cuello que Novalis ha soñado
despierto como fatuo resplandor
donde el agua se abraza a los nenúfares.
Abrazo que Novalis sentiría,
y en los labios la tenue piel de un dios,
al estrechar los hombros de la náyade.
La piel imaginada por Novalis,
azul, no blanca, entre las sombras déspotas.
Blanca en medio de la noche azul.
Una noche que la noche no tuvo.
Un cuello que aquel cuello. Un dios. La ráfaga.
domingo, 22 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: genoux
Musée du Louvre . —¿Las rodillas? No puede ser.
—Lo es. No podría vivir sin acariciar sus rodillas.
—¿De rodillas?
—Jamás se ponen de rodillas las rodillas. Las ponen. Así las menosprecian.
—Ya será menos.
—Cuando las rodillas se juntan, palpito.
—¿No confundes la rodillas con los muslos?
—En absoluto. Rimbaud les pedía a sus amorcillos provincianos que entrechocaran sus rodillas. ¿Sentiría él lo mismo que siento yo?
—Nada más provinciano, en efecto, que una rodilla.
—¿Lo cosmopolita sería el muslo?
—O el pecho descubierto.
—Para ti. Donde esté el oteruelo de una rodilla. Su simpatía.
—Su simplicidad, dices.
—Quizá sí. Su casi nada.
miércoles, 18 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: fesses
domingo, 15 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: cheveux
Musée du LouvreLa gacela mira tras las ramas y los rizos de las hojas que la brisa mece desvelan su belleza velada a quien la observa de la mano de Ibn Arabi. Se diría que se oculta tras las trenzas de los troncos o que su pelaje asoma entre mechones que invitan a ser peinados. La túnica de su desnudez desarbola la geometría que se aprende en las escuelas. Tan próxima e inalcanzable como distante y ahí. Flequillo que cierra ojos abiertos. De la mano de Ibn Arabi. Sin este celaje de opuestos, ¿cómo el amor, el único, remontaría su viscosidad animal?
jueves, 12 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: pieds
Musée du LouvreEl gesto de quitarse los zapatos —sin calcetines, los calcetines rara vez ocupan un lugar en la imaginería amorosa— deja a los pies indefensos, como un niño que sale a jugar desnudo. Así lo escribió Anne Sexton en el poema «Barefoot» para que existiera una imagen con la que comprender desde dónde arranca el deseo —exactamente my hunger mark—. Los pies tienen apariencia de asalariados frente a los órganos aristocráticos: las tímidas y lunáticas plantas, la difícil belleza de los dedos extraños, la provocación de los tobillos: olvidada esa pendiente de colina, la noche se encamina hacia donde quiera.
domingo, 8 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: mains
Bécquer las había pensado como avanzadilla que explora y aprueba las condiciones de paso del grueso de los sentimientos. Pero las manos rara vez van al frente y cuando lo hacen fundan la parodia. Las manos son la retaguardia del amor: sólo llegan al campamento cuando la luna está muy alta y capitanes y soldados duermen junto a las brasas de lo que fue calor, cocina y memoria. Se reparten sin chistar las sobras de la cena y viendo rendidos al sueño los vigías y extenuadas las palabras, ellas, las manos, se convierten en las únicas centinelas de lo ocurrido.
domingo, 1 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: yeux
Musée du Louvre
Algo dejó sin aclarar Petrarca sobre los ojos: ¿los que aman con tanta intensidad son los mismos ojos que el labriego entorna cuando aventa el grano sin impedir que el polvo del cascabillo los seque e irrite? ¿Los mismos que acarician sobre el pergamino el nombre de la amada son aquellos que en la era giran al sol, atados a la abrupta geografía de costras que cubre la grupa del mulo? Los ojos sacian, dijo Petrarca, y a pies juntillas le creo mientras quien sube a la cabina de la cosechadora protege sus ojos con unas gafas. El mirar colma.
domingo, 25 de julio de 2010
Via delle Vergini
En una calleja medieval, donde sólo mueren tapias de antiguos conventos convertidas en traseras de almacén y junto a las que se apilan maderas, cartones y aparatos inservibles que reciben resignados la orina de los transeúntes solitarios, descubrí el amor. En la intimidad del abandono desabotonó la blusa que me había puesto para él y sentí cómo mis caricias transformaban su espalda en un piano de silencios. Regresamos, más tarde, a la avenida, que los turistas anhelaban captar —con la cámara de unos ojos a los que no se les había retirado el protector del objetivo— y que nosotros olvidábamos.
martes, 20 de julio de 2010
Vicolo d'Orfeo
viernes, 16 de julio de 2010
Vicolo della Tinta
Rara vez la página en blanco produce vértigos: las primeras frases se componen en la cabeza y se copian de memoria. La verdadera zozobra se presenta cuando la pluma de súbito rasca la página y nada queda grabado en ella. Los dedos, entonces, bailan un garabato nervioso como quien improvisa un masaje cardiaco. El trueno de la desaparición definitiva de la escritura resuena en el cielo ennegrecido del miedo. Un cartucho, un tintero. Y a mitad del trazo de prueba, regresa la tinta, humor caprichoso y enigmático que a veces da cuerpo a los sueños y otras les da alma.


