lunes, 4 de octubre de 2010
Crepusculares, 2
viernes, 1 de octubre de 2010
Crepusculares, 1
lunes, 27 de septiembre de 2010
La montaña, y 7

Ni bajo la quietud del mediodía.
Ni lo ocultan los cantos de los pájaros.
Ni la inocencia de la brisa amable.
No cesa, aquel estruendo, ni el remanso
de luz lo ahoga. Aquel triscar de ramas,
al principio, de árbol que se inclina,
chascar de árbol que ya no es árbol.
Tronco, astillado leño, las luciérnagas
brotarán de tu piel como de un sueño.
Y al verte ahí tumbado, yerto, emerge
del mediodía, de la brisa y el canto
el atronar de tu altura perdida.
Hundido cada vez más en la tierra,
sigo oyendo tu muerte. La indolencia del bosque.
jueves, 23 de septiembre de 2010
La montaña, 6
A tus laderas escarpadas, lejanas cimas e intrincadas sendas vienen buscando, montaña, a quienes ya no son. Mientras tú seguías impertérrita y mantenías inalterables tus exigencias, los humanos inventaban mil modos de caminar sentados, alterar las condiciones del aire, ascender a los cielos o viajar por donde sólo corrían las aguas, siempre gracias a ruidos, zumbidos, estridencias. A ti llegan ahora, y, lo que resulta más chocante, emprenden con entusiasmo la caminata como si nunca hubieran existido coches, aires acondicionados, aviones, metros, imprescindibles para poder moverse. Dicen que es por la belleza, pero no es cierto. Es por tu silencio.sábado, 18 de septiembre de 2010
La montaña, 5
Hay idilios estáticos —como el que mantienen las puertas que comparten rellano— y amores dinámicos, igualmente imposibles, como el que sienten las nubes por la montaña. Desde el valle, con el carrusel del arroyo por almohada, se sigue con deleite la inagotable seducción con que las nubes la acechan: acariciándola o haciendo que la acarician. Se acerca una pequeña, juguetona; luego llegan otras, con argumentos de amor inflamado, que la cubren con su blancura dúctil y envolvente. Por la tarde el corazón de piedra de la montaña las desespera y las nubes se enfurecen, le gritan, la maldicen, echan chispas.lunes, 13 de septiembre de 2010
La montaña, 4
miércoles, 8 de septiembre de 2010
La montaña, 3
El camino —abrupto, áspero, angosto— sigue hacia delante: la única promesa ante el sufrimiento —la anchura del circo, el frescor del manantial, la gran cascada—, la dicha. Pensar en los símbolos es siempre más llevadero que encarnarlos. De todas formas, no está claro qué da sentido a qué, si el camino a su símbolo, o si su símbolo a la caminata. Si caminar fuera como vivir, la jornada tal vez resultara un poco más ardua: sin veredas, sin nombres, sin oriente. Creer en símbolos gratifica: simplifican los significados complejos, y complican los significados simples: ¿este mero andar, la vida?domingo, 5 de septiembre de 2010
La montaña, 2
Cuando los humanos estaban hechos de un mismo bloque de piedra, como tú, montaña, los libros que escribían se transformaban en cada lectura; su eco variaba con los tiempos y las generaciones. Ahora son los hombres los que combinan diversas personalidades según la hora del día, o de la noche, los que comparten cuatro o cinco identidades a la vez. Los libros que escriben, sin embargo, cada vez son más uniformes, más iguales, más funcionales… como los adoquines con los que sueña el empresario al ver tus laderas. Y ya no son imprescindibles como tú, montaña, sino salidos del obrador.miércoles, 1 de septiembre de 2010
La montaña, 1
jueves, 26 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: cou
Musée du Louvrepara que el cuello fuera la luciérnaga
y el abrazo las manos que la atrapan.
El cuello que Novalis ha soñado
despierto como fatuo resplandor
donde el agua se abraza a los nenúfares.
Abrazo que Novalis sentiría,
y en los labios la tenue piel de un dios,
al estrechar los hombros de la náyade.
La piel imaginada por Novalis,
azul, no blanca, entre las sombras déspotas.
Blanca en medio de la noche azul.
Una noche que la noche no tuvo.
Un cuello que aquel cuello. Un dios. La ráfaga.
domingo, 22 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: genoux
Musée du Louvre . —¿Las rodillas? No puede ser.
—Lo es. No podría vivir sin acariciar sus rodillas.
—¿De rodillas?
—Jamás se ponen de rodillas las rodillas. Las ponen. Así las menosprecian.
—Ya será menos.
—Cuando las rodillas se juntan, palpito.
—¿No confundes la rodillas con los muslos?
—En absoluto. Rimbaud les pedía a sus amorcillos provincianos que entrechocaran sus rodillas. ¿Sentiría él lo mismo que siento yo?
—Nada más provinciano, en efecto, que una rodilla.
—¿Lo cosmopolita sería el muslo?
—O el pecho descubierto.
—Para ti. Donde esté el oteruelo de una rodilla. Su simpatía.
—Su simplicidad, dices.
—Quizá sí. Su casi nada.
miércoles, 18 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: fesses
domingo, 15 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: cheveux
Musée du LouvreLa gacela mira tras las ramas y los rizos de las hojas que la brisa mece desvelan su belleza velada a quien la observa de la mano de Ibn Arabi. Se diría que se oculta tras las trenzas de los troncos o que su pelaje asoma entre mechones que invitan a ser peinados. La túnica de su desnudez desarbola la geometría que se aprende en las escuelas. Tan próxima e inalcanzable como distante y ahí. Flequillo que cierra ojos abiertos. De la mano de Ibn Arabi. Sin este celaje de opuestos, ¿cómo el amor, el único, remontaría su viscosidad animal?
jueves, 12 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: pieds
Musée du LouvreEl gesto de quitarse los zapatos —sin calcetines, los calcetines rara vez ocupan un lugar en la imaginería amorosa— deja a los pies indefensos, como un niño que sale a jugar desnudo. Así lo escribió Anne Sexton en el poema «Barefoot» para que existiera una imagen con la que comprender desde dónde arranca el deseo —exactamente my hunger mark—. Los pies tienen apariencia de asalariados frente a los órganos aristocráticos: las tímidas y lunáticas plantas, la difícil belleza de los dedos extraños, la provocación de los tobillos: olvidada esa pendiente de colina, la noche se encamina hacia donde quiera.
domingo, 8 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: mains
Bécquer las había pensado como avanzadilla que explora y aprueba las condiciones de paso del grueso de los sentimientos. Pero las manos rara vez van al frente y cuando lo hacen fundan la parodia. Las manos son la retaguardia del amor: sólo llegan al campamento cuando la luna está muy alta y capitanes y soldados duermen junto a las brasas de lo que fue calor, cocina y memoria. Se reparten sin chistar las sobras de la cena y viendo rendidos al sueño los vigías y extenuadas las palabras, ellas, las manos, se convierten en las únicas centinelas de lo ocurrido.
domingo, 1 de agosto de 2010
Cœurs périphériques: yeux
Musée du Louvre
Algo dejó sin aclarar Petrarca sobre los ojos: ¿los que aman con tanta intensidad son los mismos ojos que el labriego entorna cuando aventa el grano sin impedir que el polvo del cascabillo los seque e irrite? ¿Los mismos que acarician sobre el pergamino el nombre de la amada son aquellos que en la era giran al sol, atados a la abrupta geografía de costras que cubre la grupa del mulo? Los ojos sacian, dijo Petrarca, y a pies juntillas le creo mientras quien sube a la cabina de la cosechadora protege sus ojos con unas gafas. El mirar colma.
domingo, 25 de julio de 2010
Via delle Vergini
En una calleja medieval, donde sólo mueren tapias de antiguos conventos convertidas en traseras de almacén y junto a las que se apilan maderas, cartones y aparatos inservibles que reciben resignados la orina de los transeúntes solitarios, descubrí el amor. En la intimidad del abandono desabotonó la blusa que me había puesto para él y sentí cómo mis caricias transformaban su espalda en un piano de silencios. Regresamos, más tarde, a la avenida, que los turistas anhelaban captar —con la cámara de unos ojos a los que no se les había retirado el protector del objetivo— y que nosotros olvidábamos.
martes, 20 de julio de 2010
Vicolo d'Orfeo
viernes, 16 de julio de 2010
Vicolo della Tinta
Rara vez la página en blanco produce vértigos: las primeras frases se componen en la cabeza y se copian de memoria. La verdadera zozobra se presenta cuando la pluma de súbito rasca la página y nada queda grabado en ella. Los dedos, entonces, bailan un garabato nervioso como quien improvisa un masaje cardiaco. El trueno de la desaparición definitiva de la escritura resuena en el cielo ennegrecido del miedo. Un cartucho, un tintero. Y a mitad del trazo de prueba, regresa la tinta, humor caprichoso y enigmático que a veces da cuerpo a los sueños y otras les da alma.
martes, 13 de julio de 2010
Via del Boschetto
La arboleda dulcifica el verano. Lo desmiente con su derroche de ramas que se extienden y alzan las manos como voces de un coro en lo más álgido de la nota. El verdor oculta el cielo y protege de sus designios y vigilancias. Igual que el colegial que corre al rincón discreto, en la hora del patio, para encender el cigarrillo contrario a las normas. La arboleda disimula prohibiciones, atenúa rigores. Resulta más humano el viandante desconocido al que se saluda. Parece más próximo el momento, acaso al principio inadvertido, que con el tiempo, para esclarecerse, reclame la palabra «milagro».
viernes, 9 de julio de 2010
Vicolo del Puttarello
martes, 6 de julio de 2010
Via Leopardi
sábado, 3 de julio de 2010
Via della Lupa
Entre legañas, quistes y llagas en los ojos de la perra vieja se abre paso la tumefacción de la melancolía. Tantas veces como dio a luz cachorros suaves y hermosos, sanos, juguetones, cuanto aprendieron entre sus piernas y bajo sus ubres llegado el día les sirvió para destrozar a dentelladas el cuello de un igual, cuando no de su propio hermano. Ningún valor tuvieron las horas que pasaba lamiendo sus cuerpos, con ternura, mostrándoles afecto, si luego aparecía el padre y, antes de partir nuevamente, ufano les mostraba los dientes ensangrentados, y sólo ese instante se convertía en la realidad.
miércoles, 30 de junio de 2010
Palabras, palabritas, palabrotas

martes, 29 de junio de 2010
Canción de amor (y 14)
miércoles, 23 de junio de 2010
A vueltas con los géneros literarios (tríptico)
(2)
El camino hacia nadie el escritor no puede realizarlo solo. Es una de las paradojas más abruptas de la literatura: en la esencia de lo escrito late la aquiescencia y comprensión de otro. Quien diga «Escribo para mí» abre la brecha insoportable de la vanidad. De ahí que la obsesión de los novelistas por las ventas, de los poetas por las reseñas y de los dramaturgos por las subvenciones no sean más que síntomas veniales de una ansiedad de mayor calado: ¿quién en nuestra época será ese otro? Los tradicionales —editores, críticos, profesores, eruditos, estudiosos— son figuras en penosa decadencia.
(3)
El modelo más diáfano de refrendo para una actividad artística es el de la música. Se aprende música para enseñarla, y en ese tránsito, en el que rara vez intervienen las variantes sociales, los músicos aseguran la pervivencia —la eternidad— de la Música, y a su vez reciben la legitimación de su actividad. Un solo discípulo justifica el saber de un músico. De algo parecido disfrutó la literatura. Así lo creyeron los poetas cuando pensaban en el lector como maratoniano portador de la antorcha. Hoy esa imagen les da risa: la magnitud sociológica del lector les empuja al archigénero periodístico.
lunes, 21 de junio de 2010
เพลงความรัก
sábado, 19 de junio de 2010
Lembrança
jueves, 17 de junio de 2010
«Verano», de J.M. Coetzee, en Mondadori

martes, 15 de junio de 2010
Lisboa

domingo, 13 de junio de 2010
սիրո երգը
viernes, 11 de junio de 2010
«Mientras viva el doliente», de Antonio Daganzo, en Vitruvio

miércoles, 9 de junio de 2010
Premonición del blog 3: «Oceanografía del tedio», de Eugeni d’Ors
Si alguien hubiera disfrutado con un blog es Eugeni d’Ors. Su bitácora en papel tenía título y espíritu de blog, sólo le faltó la tecnología: en lugar de cuartillas, un teclado y conexión. Se piensa hoy en día que el soporte es la esencia. En esta época, con esas ideas, todo parece posible. Pero Eugeni d’Ors descubrió las profundidades del tiempo vacío, la seducción de los rincones, el abismo que se agazapa en lo inane. Y lo fue cartografiando en prosas precisas, matemáticamente exactas. La tarde de verano, la siesta: ahí donde los demás no ven nada; el blog descubre.lunes, 7 de junio de 2010
El túnel
sábado, 5 de junio de 2010
Aşk şarkisi
miércoles, 2 de junio de 2010
Porcelana oral
martes, 1 de junio de 2010
«Abierto», de Juan Marqués, en Pre-Textos

domingo, 30 de mayo de 2010
Premonición del blog 2: «Zoo o cartas de no amor», de Vicktor Shklovslki

jueves, 27 de mayo de 2010
Canção de amor
miércoles, 26 de mayo de 2010
Lectura poética, hoy

El camino serpea hacia la ermita. Una brisa leve acompaña el ascenso. A cada paso, la mirada hacia atrás transforma la realidad en paisaje; y arriba, las paredes blancas de la iglesuela le prometen que ha de abarcar aún más, la lejanía. Por el barranco donde el último incendio acabó con los viejos y enormes castaños de indias, sus troncos ennegrecidos claman contra la injusticia de que otros más jóvenes y temblorosos verdeen ahora sin sombra. Lo anotan los ojos y buscan palabras que lo conviertan en ritmo. Palabras como estas, desasistidas de la mañana, de la luz, de piel.



