Aun pareciéndome exacto cuanto dices, hay un factor que siempre me ha dado qué pensar. Desde los años 70 hasta hoy se ha producido un paulatino deterioro del valor de lo editado. La crítica, expectativas, atención lectora y memoria de otros poetas han ido cerrándose hasta enroscarse en sí mismas. Un libro publicado en los 70 era conocido y comentado por todos. Hoy, libros de poetas jóvenes interesantes desaparecen antes de aparecer. No circulan. Nadie habla de ellos. Nadie siente interés por leerlos... si no forman parte de un circuito preestablecido. Hasta cierto punto, se explica ese nerviosismo por existir.
lunes, 3 de mayo de 2010
sábado, 1 de mayo de 2010
Песня о любви
Histoire du Soldat, Igor Stravinsky
Sveta aprovechaba cualquier cristalera para contemplar su corte de pelo, en especial le gustaba mirarse de reojo al pasar frente al bar donde se reunían los reclutas parlanchines de un cuartel próximo a su casa: repentinos silencios y miradas atentas, también la suya, confluían en el dulce balanceo de su media melena. Una tarde, junto a la boca del metro, haciendo cola frente al puesto de kvas, habló con un soldado. «Me llamo Rodion», él. «Ah, Rodya», ella. «Estas cosas sólo pasan en las novelas», él. «Pide, que nos toca, Rodya», ella, meneando la cabeza. «Ni en las novelas», él.
miércoles, 28 de abril de 2010
«Maleza»

Abandona el sendero que ensanchan las acémilas con su tránsito de palabras y se encamina hacia la alberca lírica abriéndose paso entre la maleza. Al poeta le gustaría contemplar reflejado su rostro en el agua. Sobre la superficie flotan hojas, la pinaza que ha arrastrado el viento, un breve remolino de insectos, la invasión de una enramada. Con un palo busca apartar los estorbos, pero sus movimientos sólo consiguen remover viejos lodos y turbiedades. Por más que se esfuerza, no consigue ver en el agua estancada quién es. Abre el cuaderno que ha traído, y dibuja. Poesía, la dicción extraña.
martes, 27 de abril de 2010
«Empapado de sequía» Toni Montesinos Gilbert
Al mismo tiempo que, de repente, cesa con un flop el zumbidillo que tizna siempre el silencio del que escribe, la pantalla ennegrece y los dedos quedan suspendidos sobre el teclado sin saber qué hacer. El botón de arranque no responde. Miro el gran cajón metálico del ordenador como quien observa un perro atropellado en mitad de la calzada y su religión le dice que era el depositario de su memoria. Busco el disco externo, una especie de cajetilla de puros metálica. E inútil sin el perro. Escribimos, sin saberlo, nuestras obras sobre la superficie del agua, empapados de sequía.
domingo, 25 de abril de 2010
Laulu rakkauden
Voces intimae, op. 56, Jean Sibelius
De haber recurrido a una quiromante, las cartas hubieran pronosticado una encrucijada en sus vidas, pero ambos, Sirkka y Kalevi, en diferentes colas de facturación, se encomendaron a los designios de una computadora, que los sentó una al lado del otro. Atendieron las instrucciones de seguridad, pidieron sendos zumos de naranja a la misma azafata y se vieron reflejados en la ventanilla contemplando la ciudad desde las nubes durante la maniobra de aterrizaje. Aunque en algún momento se preguntaran quién sería el vecino, no cruzaron palabra, y con tan escasa realidad nada pudo hacer el amor para enloquecerlos un poco.
viernes, 23 de abril de 2010
Un hombre de acción leyendo
Desde el principio se creyó que el Quijote era una cosa y Cervantes algo bien distinto. Hubo quien se esforzó en mostrar lo obvio, que Cervantes estaba a la altura de su personaje. Oídos sordos. En los Encantes raro es el lote de una casa desalojada que no tenga un Quijote: enmarcado, de madera, de metal, una miniatura, un busto… la variedad es enorme, también gestos y posturas. Hoy encuentro una sorprendente: un Quijote con armadura, sentado, con un libro en las manos, leyendo. No hay mayor paradoja. Si el Quijote se detuviera a leer no sería Quijote, sería Cervantes.
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A Man of Action Reading
From the beginning it was believed Quijote was one thing and Cervantes something quite different. There were those who who went to great lengths to demonstrate the obvious, that Cervantes was as singular as his character. On deaf ears. At estate auctions rarely is a Quijote figure missing: framed, wooden, metal, miniature, as a bust... the variety of forms is enormous, as is the variety of gestures and postures. Today I find a surprising one: an armored Quijote, seated, book in hands, reading. There is no greater paradox: if don Quijote sat down to read, he wouldn't be Quijote, he'd be Cervantes.
From the beginning it was believed Quijote was one thing and Cervantes something quite different. There were those who who went to great lengths to demonstrate the obvious, that Cervantes was as singular as his character. On deaf ears. At estate auctions rarely is a Quijote figure missing: framed, wooden, metal, miniature, as a bust... the variety of forms is enormous, as is the variety of gestures and postures. Today I find a surprising one: an armored Quijote, seated, book in hands, reading. There is no greater paradox: if don Quijote sat down to read, he wouldn't be Quijote, he'd be Cervantes.
Traducción de Mark Aldrich
miércoles, 21 de abril de 2010
Casa de pueblo en la ciudad
Me doy cuenta de que las viviendas que vacían y subastan en los Encantes son sobre todo pisos urbanos al encontrar esta mañana los atributos de una casa rural: en primer término un amontonamiento grande de útiles de campo y herramientas propias de variados trabajos artesanos. Me detengo y mi memoria de las casas de pueblo empieza a identificarlo todo: las típicas fotos de estudio enmarcadas en madera oscura, un cuadro del sagrado corazón, unos cuantos sifones, varios baúles, botellas de licor vacías, un cristo hecho con pinzas de la ropa y un único libro: una biblia de hojas doradas.
lunes, 19 de abril de 2010
Abril
sábado, 17 de abril de 2010
Liebeslied
Ute Lemper
La primera vez que hicieron el amor no sabían cómo se llamaban. Se lo habían dicho un poco antes, cuando se conocieron en la barra, pero el volumen atronador de la música se había comido sus nombres. Luego, en el cuarto oscuro, se apresuraron a desnudarse sin que se les ocurriera preguntárselo de nuevo. En el aparcamiento de la discoteca, entre coches en marcha, se reconocieron. En esta ocasión caminaron juntos hasta el chiringuito, y con una cerveza servida en vaso de plástico, cuando Geert dudó, Ilse dijo: Ilse, me llamo Ilse. Y resultó una hermosa revelación de la noche.
jueves, 15 de abril de 2010
Mecheros
Sumidero de vidas, en el filtro de los Encantes quedan atrapadas casi todas las obsesiones; y acaso la más simple y ñoña he visto negociarla esta mañana. Una colección de mecheros. La mayoría corrientes, de propaganda. Unos pocos casi obscenos: una pistola que al disparar saca la llama, una figura femenina que también. El vendedor, tras mostrar que funcionaban —decenas de mecheros sucios— se ha entusiasmado con el arma, a la que trataba como joya de la colección. Han discutido algo el precio. Lo han concertado en ochenta euros. Me he quedado sin saber qué pensar... de la condición humana.
lunes, 12 de abril de 2010
«Noches insomnes» de Elizabeth Hardwick, en Duomo editorial

La abrupta fragmentación con la que ha construido Elizabeth Hardwick (1927-2007) esta novela de estirpe memorialista, prescindiendo de cualquier estructura temporal, la aproxima al poema en prosa. Contribuye a esta impresión su diáfana y brillante escritura. Se podría decir que se trata de una obra dodecafónica, en la que se ha eliminado la sucesión del tiempo, un elemento tan indisociable a la prosa como lo es la armonía a la música. En una época donde la literatura parece caminar sólo por los senderos trillados de los argumentos enfáticos y los personajes histriónicos, el atrevimiento experimental de Hardwick sólo admite devoción.
sábado, 10 de abril de 2010
愛の歌
Shakuhachi
A Sakura no la impresionó el primer beso de Hayato. Se lo pudo haber dado en el tranvía, mientras hablaba sin que el traqueteo le permitiera entenderlo. En el parque, el día en el que los cerezos florecieran. En una terraza del paseo marítimo, bebiendo un Calpis. ¿En qué película, se decía Sakura, habrá visto que el amante se declara en un portal idéntico a todos los portales de una calle? Sólo la impresionó el amor cuando fue a saltar sobre un charco —¡cuánto disfrutaba haciéndolo!— y al ver reflejado a Hayato se detuvo y no quiso romper el cristal.
miércoles, 7 de abril de 2010
Insaciable sed
Botellas. Cientos de botellas de vidrio, grandes y minúsculas, figurativas y abstractas, de bebidas y de potingues. Cada una con su etiquetita, numerada. Busco la cifra más alta: 798. Tal vez haya más. Arracimadas las grandes, en cajones las pequeñas. Toda una vida de pequeños éxitos —¡una nueva pieza!— catalogados. La vida de un coleccionista abre un vacío en quien la observa. ¿Qué sentido darle? Parece un evidente exceso de tiempo, acaso una pasión reconducida hacia el ojo de una aguja. Quizá sólo sea una ingenua partida de ajedrez con la muerte la de quien trata de vencerla comiéndole peones.
martes, 6 de abril de 2010
SC
Un amigo que llega a Barcelona me pregunta, ¿es segura? Mientras no tengas que hablar con el director de algo, es una ciudad maravillosa. La policía registra en sus estadísticas los delitos que se comenten en las calles, pero la violencia más cruda que sufren los ciudadanos suele ocurrir en un despacho. En una entrevista con el director de algo. Es descorazonador ver cómo el acceso a un insignificante cargo gestor, en la mentalidad de quien lo ejerce, exime de representar los valores que han convertido una autarquía en una sociedad democrática. Cómo se confunde el ejercicio con la vesania.
domingo, 4 de abril de 2010
Canzone d’amore
Musiche di Paolo Conte
Un café de barrio no es lugar para perder una tarde de sábado. Cocetta lo que quiere es pasear por el Corso, aunque haya que ir en autobús. Recorrer tiendas, no sé, tomar un helado en Piazza del Popolo. Tiene la ilusión de sentir la mano de Orazio de repente sobre la suya en mitad de los sonidos imposibles con los que se hablan los turistas. La ilusión de que los escaparates la contemplen cuando acaricie su cabello suelto. La ilusión de acabar muerta en la parada y allí de pie que no importe que no pase nunca el suyo.
jueves, 1 de abril de 2010
SC
—La sentencia.
—Pero...
—¿Cómo que pero? Aquí tiene la sentencia.
—¿Y el...?
—¿El qué? Esas zarandajas ya las cumplimentará mi subordinado más tarde. Tiene un mes para hacerlo.
—Pero...
—¿Qué pero? La sentencia. Ahí la tiene.
—La defensa.
—Eso háblelo con mi subordinado.
—Los hechos.
—Los hechos, en efecto, son de la máxima gravedad.
—Tal vez...
—No hay tal vez que valga. Sólo la sentencia.
—¿Y la sentencia...?
—La dicto yo. El resto trátelo con mi subordinado. A mí no me importa.
—Y si...
—¿Y si qué? Hable.
—¿Y si la razón...?
—¿La razón, dice? Será maleducado, cuestionar mi autoridad.
—Pero...
—¿Cómo que pero? Aquí tiene la sentencia.
—¿Y el...?
—¿El qué? Esas zarandajas ya las cumplimentará mi subordinado más tarde. Tiene un mes para hacerlo.
—Pero...
—¿Qué pero? La sentencia. Ahí la tiene.
—La defensa.
—Eso háblelo con mi subordinado.
—Los hechos.
—Los hechos, en efecto, son de la máxima gravedad.
—Tal vez...
—No hay tal vez que valga. Sólo la sentencia.
—¿Y la sentencia...?
—La dicto yo. El resto trátelo con mi subordinado. A mí no me importa.
—Y si...
—¿Y si qué? Hable.
—¿Y si la razón...?
—¿La razón, dice? Será maleducado, cuestionar mi autoridad.
viernes, 26 de marzo de 2010
Love song
Tom Waits: Vocals
El engarce entre listones de la persiana bajada dibuja tumores amarillos sobre el mármol. El polvo de la taberna baila, como al son de una pianola, en el rayo que los provoca. Molly y Jimmy se sirven el licor en una taza de café cuyo borde mancha una aureola oscura. Por las ventanas abiertas se cuela la megafonía de la estación que hay enfrente, acaso escondiéndose de su propio destino. Como si fueran copas, desprecian el asa cuando alzan las tazas para brindar. Luego vuelven a llenarlas y miran hacia la cristalera donde, echado el toldo, se reflejan sus besos.
miércoles, 24 de marzo de 2010
Fotografías póstumas
No sé si al antiguo propietario de esta colección de cámaras fotográficas —de variada época y condición— los familiares que la han vendido le reservaron una para dejársela entre las manos dentro del ataúd, por lo que pudiera pasar. En todo caso el dueño actual del lote lo expone en los Encantes con cuidado infrecuente: sobre una sábana blanca, extendidas y agrupadas por parecidos. Tampoco sé si estaría satisfecho con este mimo o inquieto, como el visitante que se sitúa delante del puesto y contempla el centenar de objetivos apuntándole, sin que nadie, sin embrago, intente inmortalizar ese instante mortal.
lunes, 22 de marzo de 2010
Μεταφορές
A: sé de tu afición a cambiar de casa constantemente. Llegas a un piso, sales al balcón, y cuando sientes que los libros reposan plácidamente sobre los anaqueles, te incorporas: ¡otra mudanza! Peor fue cuando decidiste cambiar de dirección electrónica. Eso sí que me tuvo al borde del histerismo. Cada diez minutos una nueva. Había que correr a responderte porque si me demoraba, el mensaje no te encontraría nunca. Menos mal que sosegaste aquel ímpetu y lo encaminaste hacia la realidad. Ahora, felizmente, veas lo que veas por la ventana, la pantalla del ordenador se abre en el mismo enlace.
sábado, 20 de marzo de 2010
Fábula de las férulas
jueves, 18 de marzo de 2010
Llegando al nuevo club
JUANA CASTRO
Los libros se apresuran a celebrarlo. En Novela once, obra dieciocho, Dag Solstad habla de su personaje: «Porque tenía que admitir el hecho de que pronto cumpliría cincuenta años y empezaría el declive». Vaya. Poco antes había escrito: «La cantidad de maldades que puede idear un empleado de unos cincuenta años... que se considera víctima de una jugarreta al no haber ascendido... es indescriptible». Menuda imagen. Pero en Fabian, de Erich Kästner, la cosa empeora: «Cornelia estaba en la cama con un hombre de cincuenta años, cerrando los ojos con resignación». ¿En qué diabólico y tan detestado club ingresaré mañana?
martes, 16 de marzo de 2010
Mar de invierno
Jadea cansado. Su lengua de agua hace lo posible por alcanzar los zapatos de quien lo contempla, para devolverle acaso la caricia sobre su gran lomo de solitario. No tiene amigos ni acepta tratos. Tantas cosas se cuentan sobre el mar que acaban enterrándose unas a otras; dejan a quien va a escribir áptero. Gruñe enfurecido, a veces. Su zarpa arrastra. Su mirada enfría las palabras de quien se dispone a describirlo. Huye siempre. Resulta difícil decir algo de él que no sea esto: Cuando uno se acerca a su orilla, sabe que va a llegar; luego, que ha llegado.
domingo, 14 de marzo de 2010
Solo Castigos


Al poco de publicarse, El lazarillo obtuvo un lugar destacado en el índice de libros prohibidos por la inquisición. Se entiende, rezumaba erasmismo por los cuatro costados. Pero el libro ya había estado en la calle y los lectores suelen ser más tercos que los inquisidores. A estos sólo se les ocurrió una solución: El lazarillo castigado, es decir, «emendado». El castigo siempre tiene esta dirección: enmendar lo incómodo. Comparte siempre la misma jerarquía del desprecio: el tribunal que abre y cierra decisiones. Persigue parejos fines: extirpar la realidad de la realidad. Ensimisma y ciega a quien lo impone, siempre.
viernes, 12 de marzo de 2010
SC
—¡Eh, tú!, ¿no sabes cómo se camina por un pasillo?
—¿Yo?
—Sí, tú, ¿nadie te ha enseñado que no se puede caminar tan lento? Muévete.
—Pero...
—¿No me has oído? Que te muevas. Que avances.
—Yo...
—No me contestes, ¿eh? Que te conozco bien. Me han dicho muchas cosas de ti. Ya veo que tenían razón en todo. Ni caminar por un pasillo sabes.
—Si yo...
—¡Te quieres callar, impertinente! Eres un impresentable. ¡Camina, he dicho!
—¡Ay!... Y no me insulte.
—¿Yo te he insultado? Encima mentiroso.
—¿Y si le dijera a usted lo que me ha dicho, qué pensaría?
—¿Yo?
—Sí, tú, ¿nadie te ha enseñado que no se puede caminar tan lento? Muévete.
—Pero...
—¿No me has oído? Que te muevas. Que avances.
—Yo...
—No me contestes, ¿eh? Que te conozco bien. Me han dicho muchas cosas de ti. Ya veo que tenían razón en todo. Ni caminar por un pasillo sabes.
—Si yo...
—¡Te quieres callar, impertinente! Eres un impresentable. ¡Camina, he dicho!
—¡Ay!... Y no me insulte.
—¿Yo te he insultado? Encima mentiroso.
—¿Y si le dijera a usted lo que me ha dicho, qué pensaría?
miércoles, 10 de marzo de 2010
SC
—¿No saca buenas notas?
—¿Y qué importa eso? Se las bajaremos. Mucho. Podemos hacerlo.
—¿Valdrá la pena?
—Claro. Es un alumno que molesta. Siempre.
—¿Siempre?
—Pregunta. Constantemente.
—¿No se puede preguntar?
—También cuando está callado molesta.
—¿Si?
—Es un maleducado. Se cree que sabe más que el profesor. No respeta a nadie.
—Increíble.
—Peor que eso. ¿Cómo te lo diría? Pone en entredicho la autoridad. Nuestra autoridad de profesores. Es terrible.
—¿Y qué se puede hacer?
—Echarlo. Borrarlo de las listas. Acabar con él.
—¿Tanto?
—Es poco. Se ha equivocado de lugar.
—¿Por qué?
—Porque no es de los nuestros.
—¿Y qué importa eso? Se las bajaremos. Mucho. Podemos hacerlo.
—¿Valdrá la pena?
—Claro. Es un alumno que molesta. Siempre.
—¿Siempre?
—Pregunta. Constantemente.
—¿No se puede preguntar?
—También cuando está callado molesta.
—¿Si?
—Es un maleducado. Se cree que sabe más que el profesor. No respeta a nadie.
—Increíble.
—Peor que eso. ¿Cómo te lo diría? Pone en entredicho la autoridad. Nuestra autoridad de profesores. Es terrible.
—¿Y qué se puede hacer?
—Echarlo. Borrarlo de las listas. Acabar con él.
—¿Tanto?
—Es poco. Se ha equivocado de lugar.
—¿Por qué?
—Porque no es de los nuestros.
lunes, 8 de marzo de 2010
La neige tombe
Sobre la ciudad boquiabierta, la nieve extiende un sudario con el que juegan los muchachos al salir del instituto como si fueran niños. Todo lo iguala la nieve: tejados, árboles y colores. Su democracia blanda y fría no conoce excepciones, ni siquiera donde el paso de los vehículos abre roderas y la ensucia. Incansable va depositando su minucia, la única que deforma los trazados de la razón. Todo lo abraza la nieve, como ocurre en el sueño del adolescente que lanza bolas en la calle e ignora el asterisco que amenaza su cabeza porque no piensa en la lengua apropiada.
domingo, 7 de marzo de 2010
Sesión de tarde en el Lliure (díptico)
Cuando tenían veinte años, los poetas coetáneos de la mayor parte de espectadores de la sesión de tarde ensalzaron los referentes culturales como emblema del significado poético. Gimferrer (1945) publicó Arde el mar en 1966. Aunque el culturalismo hubiera nacido un siglo antes, en toda Europa esta generación lo abrazó como seña de identidad. Cincuenta años después —eso suele tardar una idea innovadora en divulgarse—, la sociedad se ha acostumbrado a pensar los significados simbólicos en clave histórica y cultural. De hecho, es lo que prefiere: basta ver la lista de novelas de la temporada. Vivimos una cultura culturalista.(2)
De ahí, también, que en absoluto se haya equivocado el programador teatral al pensar que el público disfrutaría y entendería tan bien el intrincado diálogo entre Descartes y Pascal joven. Un Descartes que rebosa sentido común —incluso pragmatismo— y un Pascal obcecado por el fanatismo religioso. Un Descartes que siente el fétido aliento de la muerte acercarse, y lo acepta; un Pascal ebrio de retórica funeraria, que se revuelve en el ataúd de su propia vida. ¿Y quien nunca creyó que el mar ardiera...? Sucumbe ante la seducción de los nombres y sus símbolos; vive un culturalismo sin soñar alternativas.
viernes, 5 de marzo de 2010
Hilario J. Rodríguez presenta «Otro mundo»
Una veintena de sillas en un pasillo de la librería y quien no ha encontrado asiento, de pie. En pie también el novelista, ahora contándonos la vida de Elizabeth Bishop. Una vida que no guarda demasiado parecido con la biografía que estuve leyendo este verano, y sin embargo refleja en el rostro de los asistentes el mismo entusiasmo que provocan los poemas de la Bishop. Luego, el padre del novelista y sus libros. Y el libro aquel donde aparecía la fotografía del edificio hundido por una bomba en el que sólo se mantenían erguidas dos paredes: la biblioteca. La literatura.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Busque, busque
Aún perplejo por la colección de figuritas de elefante que he visto, al abandonar los Encantes me llama la atención un puesto con ajetreo. El vendedor ha volcado sobre el suelo todo cuanto tenía, formando una montonera de objetos variados en la que escarba frenéticamente una docena de ancianos. Una señora, de peluquería, pregunta: «¿No tendrá una llave de paso del gas?» «¡Cómo no! Busque, busque». «¿Y una lamparita de noche? —otra de abrigo bueno— que se me rompió la que tenía». «Lo que me sobran son lamparitas de noche. Busque, busque». Cómo aburren a nuestros mayores las normativas europeas.
lunes, 1 de marzo de 2010
«El ganso salvaje» de Ogai Mori (1862-1922), en Acantilado
Esta sutil historia oriental de amores asimétricos podría servir como paradigma a muchos pensadores occidentales del presente: el paso que la protagonista da hacia su subjetividad («decidió sepultar en su corazón toda la angustia») le proporcionará individualismo, ironía, indiferencia y desinhibición; atributos con los que la filosofía piensa al ser contemporáneo. Y proporciona una metáfora magnífica: el ganso salvaje que muere tras haber recibido una pedrada al azar, sin voluntad ni motivo. Escrita con múltiples puntos de vista, esta entrañable historia muestra cuánta casualidad, capricho e irracionalidad hay en el amor, empeñado siempre en encarar a quien no le mira.viernes, 26 de febrero de 2010
Tríptico valenciano (y 3)
Para don J.L.S.G.
Nel mezzo del cammin di nostra vita
Perdido en el laberinto de la subjetividad —lo que fue liberación romántica es hoy, ay, la estación previa al narcisismo— y desorientado por la súbita desafección de la naturaleza y del mundo, camina el ser contemporáneo sin moverse de sitio como el trébede cojo que arrinconaron porque sus dos patas restantes no aseguran ya el perol sobre el fuego. Tres, se necesitan tres pies para sostener las sartenes y ollas del pensamiento. El don trinitario que forja el aro de las convicciones. Tres pilares. ¿Y el tercero? Será porque a mi alrededor sólo encuentro las certidumbres de la luna menguante.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Tríptico valenciano (2)
martes, 23 de febrero de 2010
Tríptico valenciano (1)
domingo, 21 de febrero de 2010
Escribir bodegones
Giorgio Morandi (1890-1964). Natura morta con vasi e bottiglie, 1958De Bolonia me acuerdo siempre del museo y la casa Morandi. No sé si había grandes obras allí; lo que recuerdo son unas pinturas de juventud que evocaban tapias y caminos de tierra bajo el sol del verano o calles solitarias de un pueblo. Y la colección de jarrones y tarros que Morandi utilizaba en sus composiciones. Igual que en el barroco, la intensidad del bodegón no está en lo que refleja, sino en lo que renuncia a pintar. Los grandes ideales, los barrocos; la gran desesperanza, Morandi. Algo así pasa con esta escritura —ensimismada en lo inmediato— del blog.
viernes, 19 de febrero de 2010
«Fanfarria» de Lorenzo Gomis, en Pre-Textos
Leo el libro póstumo de Lorenzo Gomis con tristeza al principio, pero con sonrisas al final. Hay poemas en la primera sección cuyas palabras ya son signos: «Dame alegría para dar el salto...». Pero lentamente las páginas lo vencen hacia otro lado: con colores —una fiesta de palabras—, con cuadros —magistralmente contemplados— y con la irrupción súbita de la vida, a borbotones. Hasta el final fue descubriéndola y maravillándose como hacen solo los niños —ahí están los animales encarnados que dan voz al niño que juega—. Es un acierto devolver esta fanfarria al lugar donde nació, la vida.miércoles, 17 de febrero de 2010
Hoy se vende infancia
El niño había adaptado unas bandejas para que albergaran, ordenada por colores y modelos, su colección de coches en miniatura. Baratos, sin otro encanto que el de volver una tarde de diario, tras el paseo, con uno nuevo a casa. El niño tuvo muchos cochecitos. Disfrutaba, se nota. Por el tipo de juguete, la suya fue una infancia en los noventa. Era cuidadoso y los dejó a buen recaudo —como buen coleccionista— para la eternidad. Pero un piso pequeño, un nacimiento, quién sabe, le obligó a perderlos. Ahí está en los Encantes también el niño que he dejado de ser.
lunes, 15 de febrero de 2010
Exposición «A través del bosque», de Rodney Graham, en el MACBA, visitada el 14 de febrero con entrada gratuita
RheinmetallVictoria 8. 2003. Installation 35mm film (color, silent), Cinemeccanica Victoria 8 projector. Gift of Jo Carole and Ronald S. Lauder. © 2007 Rodney GrahamSe da por supuesto que quien escribe sobre un artista es porque lo ha comprendido. Tras visitar la exposición de Rodney Graham (1949) me siento tan desorientado que no consigo renunciar a hablar. Graham llena los bosques de camiones con proyectores y se queja amargamente —él— de que para disfrutar del bosque lo llena de potentes luces y ruidos. Esto sólo me divierte. Lo que me enfada un poco es su trabajo con libros: diseña estantes para las obras de Freud, clona ediciones decimonónicas, enharina máquinas de escribir y proclama que con ello entierra la literatura. No sé qué pensar.
domingo, 14 de febrero de 2010
«Los cuadernos del escolar», de Antonio García Rodríguez, en Islavaria

Gracias al empeño del poeta Guillermo López Lacomba por conservar la memoria y la obra de Antonio García Rodríguez (1949-2006), ésta se ha publicado en una pequeña editorial onubense. García Rodríguez es un caso ejemplar de autor oculto por el paso de las generaciones —sólo publicó dos títulos en los 70— sin el que no se podrá escribir la historia literaria de su época. Cuanto se da por novedad en la poesía de la experiencia en los 80, está ya en estos versos, que fueron, a contracorriente, coloquiales, figurativos y sentimentales en los 70; herméticos y culturalistas en los 90.
sábado, 13 de febrero de 2010
Desde la escalera de incendios
Lo cambié todo por este cigarrillo que me fumo en el rellano de la escalera de incendios después del almuerzo. La abubilla traviesa, el vuelo del azor, el inquieto herrerillo. Los oigo aún entre chirridos del tranvía al dar la curva, ronquidos del toro mecánico al elevar la carga hasta el furgón e insistencias de vendedores ambulantes. ¿No vas a volver?, me pregunta Madre cuando le escribo. ¿Estos cielos, estos bosques —insiste—, no los echas de menos? Cada día, cuando me siento en el escalón y enciendo el cigarro. Por eso me quedo: para guardar su pureza de recuerdo.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Mañana de sol radiante
Las copas que el nadador ha merecido en su juventud, el vendedor de los Encantes las junta sobre una mesita de café, donde se asoman al corredor de los compradores como entusiastas en un balcón el día del desfile. Grandes unas, otras menudas. Las cuento, son veinte. Más algunas medallas. Casi todas llevan el emblema labrado de un brazo saliendo del agua con ánimo de avanzar. El metal de las copas se ve entristecido, taciturno, no se sabe si por la nostalgia o por su mala aleación. Se niega a devolver, por ejemplo, los destellos del sol de la mañana.
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