Lo que eres, cómo eres, lo saben mis manos de memoria. Son las grandes expertas en ti. Conocen el tacto de tu melena, la suavidad de tus hombros, la comunicación de tus manos. Caminantes de las praderas de tus vestidos, compañeras de las palabras que te digo, buscadoras de florecillas silvestres para colocarlas en tus ojales. Mis manos. Las miro cuando quiero verte. Son un espejo de la dulzura que les has transmitido. Son también un oráculo de mis deseos. Son los ojos que leen el libro de tu cuerpo y son la pluma que escribe en él mis poemas.
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martes, 19 de julio de 2016
martes, 5 de julio de 2016
# 560 oiɿɒƚɘib ,yɒnƨo⅃ ɒǫɒM
Voy a llamarle «tinta» a la brisa que aletea entre las hojas góticas del níspero. Al abejorro que zumba de camelia en camelia y desaparece tras el muro. A la música que acabo de sintonizar y propone que se baile. Al canto de los pájaros emboscados en la umbría. Al libro que se ha quedado abierto bocabajo en la hierba cuando he oído que me llamaban. A los surcos donde empiezan a verdear las plantas que hacen crecer frutos bajo tierra. Al horizonte de montañas y bosques que enmarca la ventana del cuarto. Le llamo «tinta» al presente y escribo.
viernes, 1 de julio de 2016
# 559
En las fresas del cuenco que dejo sobre el mármol de la cocina se lee el don de este día y en su lectura se elige el sabor de las horas. En la pizca de azúcar que esparzo por encima y que blanquea un instante los frutos para disolverse casi de inmediato en sus jugos adivino una metáfora de la escritura, que se deslíe en el curso de la vida y la endulza. Pero cuando el plato, ya dispuesto, presida la mesa donde brillen las fresas, el libro que ha enseñado a leer el tiempo quedará cerrado en el estante.
martes, 28 de junio de 2016
# 558
Los caminos, tanto aquellos que se recorren a través de sendas silvestres, entre la umbría de enigmáticos sonidos, o por los campos luminosos, donde los cereales aprenden del sol a elaborar dorados; como los que se han de recorrer aún en busca de fuentes apartadas, que manen al pie de algún laurel, o de viejos molinos que sostengan su hidalguía piedra sobre piedra, o de claros de bosque silenciosos moteados por flores diminutas de rara belleza. Los caminos, los pasados y los futuros, están entre los dedos, abierto el cuaderno, ahora, en este instante, cuando la pluma empieza a escribir.
domingo, 26 de junio de 2016
# 557
Una manera de estar ahí en el momento en el que se transforma. Sin siquiera haberlo visto; de hecho, ver suele ser una de las propiedades de la ceguera inadvertida; la que, a diferencia de la que no ve, resulta incapaz de proporcionar algún conocimiento. Sin siquiera haber estado presente. Es una forma de situarse en aquello que va a cambiar, y de dejarse cambiar. Convertirse en lo que se es en cada frase, en cada párrafo, en cada página. Se escribe para estar en el instante crucial de la alteración y en el gesto de contarlo, de poderlo contar.
viernes, 24 de junio de 2016
# 556
Esta suerte de costura que al hilo le llama tinta y pluma a la aguja remienda las prendas que el vivir desgarra. Zurce las rodilleras del pantalón de los días laborables, el cansancio de la incomprensión y de la impiedad, la angosta senda de los horarios y de las tareas; remata los jirones del delantal de sí mismo, la áspera convivencia con los errores y con las pérdidas, el insoportable silencio que responde cada vez que los ojos se cierran. Pero hilvana también la ilusión por ver florecer los jacarandás y borda con su recuerdo una cenefa en el mantel.
miércoles, 22 de junio de 2016
# 555
A diferencia del tiempo, que solo sirve para establecer medidas sin más metafísica que la esgrimida por el metro de carpintero, la escritura construye estancias a las que se puede regresar. A diferencia del paso del tiempo, que como un obseso de la geometría circular se inhibe ante el placer o el dolor que sus incesantes dictámenes provocan, la escritura dibuja retratos fidedignos de cada gesto. A diferencia de la duración, cuyo desvanecimiento constante exige al ser la condición de brevedad y aun de nimio, la locuacidad de lo escrito acompaña cuando no hay nadie, permanece aunque nada exista ya.
lunes, 20 de junio de 2016
# 554
Parece irse, pero siempre se queda. Es como si desapareciera y no se ha ido nunca. Globo que se suelta de la mano infantil y asciende donde ya se ve inalcanzable. Charco que la mañana soleada extenúa y olvida. Pájaro que durante un instante inunda el bosque con su canto y luego enmudece. Se diría que la escritura se deslíe en el aire, se disuelve en el tiempo, vuela, se seca o calla. Pero el globo en un punto pierde altura y regresa, la lluvia recobra la memoria del charco y el piar se reanuda. Siempre está ahí. Soy yo.
sábado, 18 de junio de 2016
Maga Losnay, dietario # 553
La primavera invita a que la escritura abandone abrigos y jerséis de lana, bufandas, gorros, guantes, cuanto usaba entre las frases en los días breves y oscuros que le preceden. Se desviste. Una camiseta, un pantalón de tela ligera, unas sandalias. Es el nuevo atuendo con el que el escrito se me presenta en el cuaderno, imponiendo al lápiz su ritmo, su liviandad, su alegría. Le veo bailar a las horas en que antes leía. Cenar a destiempo. Trasnochar. Le aconsejo que salga a la página con el paraguas, con un pañuelo para el cuello, con una cazadora. Todo inútil.
martes, 14 de junio de 2016
Dietario de sensaciones, 16 (Confitería)
Me gusta mi oficio. Soy distribuidor de peladillas. También tengo caramelos, bombones y golosinas. Todos en forma de oraciones. Frases que endulzan. Que suavizan los endiablados engranajes del tiempo. Que atemperan el desangelado aire que circula en los espacios vacíos. Reparto confites, chocolatinas, hojaldres. Los envuelvo en sonidos de vocablos gustosos, los unto con la sabrosa mantequilla de los recuerdos. No sabría hacer otra cosa en esta vida. Me siento en mi esquina predilecta, entre la plaza y la avenida, y espero a que vuelen mis palabras y el viento las acerque al lugar exacto donde alguien contempla el cielo.
viernes, 10 de junio de 2016
Dietario de sensaciones, 14 (El espejo)
El espejo es un artista dominado
por su estilo. La finura de su técnica, la precisión de su gesto, la rapidez en
captar el movimiento no le permiten, sin embargo, ser él mismo. Se debe solo a
los conocimientos que le convirtieron en virtuoso. Y a esa capacidad se entrega
sin apartarse ni un ápice en su práctica. Reo de la excelencia, lo que daría
por empezar de nuevo en las clases de dibujo y equivocarse. Por soliviantar las
medidas sabiamente trazadas por la teoría que tan bien aprendió. Por pintar con
los ojos cerrados cuando el modelo está posando.
miércoles, 8 de junio de 2016
Dietario de sensaciones, 13 (Junio)
Junio se enreda, buganvilla en flor sobre los cuerpos recién salidos de la ducha, y se transforma en los colores elegidos para festejarlo. El caramelo infantil del calor y el café poco cargado de las mañanas frescas van juntos en el vestuario que presagia el verano. Se prefiere la blusa que combine con cierta falda y los calcetines a juego con la camisa. Y se procura que la ropa sea la más agradecida al tacto de unas manos para que se abracen a la cintura de quien ha extendido su brazo por los hombros. El placer de desvestirse en junio.
lunes, 28 de marzo de 2016
# 548
No posea, tal vez, corporeidad de tiempo. Ni extensión de tiempo. Ni siquiera propicie el olor o el tacto que el tiempo entrega a los cuerpos. Tampoco acerque la apatía y el cansancio que el tiempo acarrea entre sus bultos. No es el tiempo del tiempo, sino otro tiempo el de la escritura. Tiempo poético. Tiempo que levita sobre el tiempo. Leve nube en cielo azul. Sombra de sauce en día de verano. Fuente que mana entre dos piedras. Un tiempo construido con la realidad de las palabras. Con su convicción. Con su intimidad. Con su consistencia. Un poético existir.
martes, 22 de marzo de 2016
Maga Losnay, dietario # 545
Género redundante, lo es el diario cuando copia el tiempo que ha sido. Si se ha ido, ¿qué le añade lo escrito? ¿La permanencia? Pero no amarran las palabras el tiempo como los cabos sujetan el barco al noray. ¿Qué le añade, entonces, al querer así fijarlo? El buque retenido en puerto —mientras los marineros engordan y las arañas aprovechan los orificios de la cadena que tensa el ancla para sus delirios geométricos—, ¿continúa siendo navío? Al diario le corroe idéntica quietud. Solo le libera desentenderse del tiempo: contar lo que ocurra cuando una ya no esté. Ser espacio.
jueves, 17 de marzo de 2016
Becqueriana / 88
Es biógrafa. Estudia la vida de las palabras. Cuándo se levantan cada día, qué piensan de sí mismas, cómo se relacionan con el aire al ser pronunciadas, dónde se sienten más a gusto. Observa sus matices, sus inflexiones, su cansancio o euforia. Confecciona con los datos estadísticas y leyes que anota en el cuaderno de los versos. Es biógrafa de las palabras, pero de vez en cuando se olvida del trabajo y de su objeto, se diría que se va de vacaciones, que silencia los vocablos para no tener que acumular más saberes sobre ellos. Es cuando se deja besar.
martes, 8 de marzo de 2016
Maria Gabriela Llansol, charla (y 8)
Tras tanto tiempo viviendo en los puntos suspensivos, en carromatos que circulan por la página con las cortinas echadas, como las otras hermanas, o unas mujeres beguinas, o el viento aquella tarde estropeaba la caligrafía del humo… Cisca se sorprendió al ver su nombre escrito con letra de la cronista sobre el pergamino del Libro de Horas. Pensó, al principio, que se trataba de un apelativo de la Romana, o incluso de un error. Cualquier cosa que la mantuviera donde siempre había estado. Pero al saberse ella misma reflejada, y no otra, sintió angustia por la pequeñez de su nombre.
lunes, 22 de febrero de 2016
Maria Gabriela Llansol, charla (3)
La nostalgia de réplicas la suple Eleonora gracias a una pequeña maceta con siete bulbos de narciso. Si el terciopelo de los nubarrones cuelga como cortina ante la ventana, la coloca en el alféizar. Si una frase adolece de esta ausencia de voces por los corredores de su construcción, la deja entonces en la mesa, sobre el montón de folios escritos. Sin precaución, a veces, por regarla, vierte la jarra del agua y me apresuro trapo en mano a limpiar tierra y humedad antes de que la tinta abandone las palabras, salte de unas a otras, las confunda, las ciegue.
jueves, 14 de enero de 2016
Becqueriana / 81
Los poemas de amor se escriben con la caligrafía secreta de los laberintos,
pero tienen la apariencia clara, sencilla y rotunda de una flor. Se leen con la
facilidad que tiene el agua para encontrar un cauce cuando desciende una
ladera, pero ocultan el lugar exacto de la fuente, que solo dos conocen. Un
poema de amor flota siempre sobre la superficie del significado, abierto como
un nenúfar con los colores mejor combinados, pero sus raíces se hunden en la
profundidad del sentimiento, de la voluntad y del deseo, lugares que la luz
nunca ilumina. Nacen del fondo del ser.
martes, 27 de octubre de 2015
Becqueriana / 78
Escribas de los designios de la lluvia, artesanos del barro de las palabras, el lenguaje es la piel donde, al ser acariciados, se estremecen los cuerpos. Con más realidad que la realidad, las metáforas se encuentran, se cubren unas a otras con la saliva de los besos, se comunican extensos códices en el contacto de sus lenguas, las manos tañen con sabiduría el instrumento que produce el suspiro más dulce. Las metáforas se despeinan, sudan, gimen. Amanuenses de la disposición de los guijarros en los caminos, menestrales del metal de los sonidos, desnudamos el lenguaje para abrazarnos en su interior.
miércoles, 21 de octubre de 2015
Cuaderno de tapas rojinegras \ y 45
La lluvia deja caminos de agua en la ladera, cauces tumultuosos que dan saltos infantiles sobre las rocas, que serpentean entre los árboles o que corren hasta quedarse sin aliento. Ofrece una prosa exuberante escrita sobre las hojas, sobre la arena, sobre las piedras; en cualquier parte su caligrafía brillante y húmeda atestigua su paso. Interpreta melodías de exquisita belleza, el goteo de un canal de desagüe en el tejado, el murmullo nervioso de un torrente o arrullo de un arroyo por el prado. Hay que leer la lluvia con devoción de discípulo. En ella uno aprende a pasar inadvertido.
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