Las ventanas son páginas de un cuaderno que guarda palabras del presente. En las ventanas quedan escritas las dimensiones de una mirada, el arco que traza el tiempo al recorrer el cielo, la intensidad cromática de una aguja en la copa del pino. Da gusto asomarse a las ventanas para pensar. Lo que en sus cristales se dibuja forma la colección de metáforas elegidas. Cada ventana se alza en la pared como un poema enmarcado. A este lado de la ventana siempre hay lo mismo que al otro lado. Quien contempla se convierte en lo contemplado. Cada uno, un paisaje.
Mostrando entradas con la etiqueta Naturaleza muerta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Naturaleza muerta. Mostrar todas las entradas
martes, 12 de mayo de 2015
lunes, 20 de abril de 2015
Becqueriana / 67
De la mano. Balanceándolas. Con pasos saltarines. Deteniéndonos de súbito y de repente echando a correr. Sin parar de hablar, los dos casi a la vez, o dejando que sea el silencio quien hable con nosotros. Las aves que gorjean en el cable del teléfono o el trigo ya crecido que tontea con el viento, alocado e impetuoso siempre. Todo parece ahí delante solo para que nosotros pasemos por delante, rozándolo con las palabras. Hoy vamos de camino al mar. El mar es siempre una fiesta. Una fiesta diferente. Cuando llegamos en lugar de bailar, nos quedamos serios, estáticos. Emocionados.
sábado, 18 de abril de 2015
Cuaderno de tapas rojinegras \ 37
Los árboles cantan. Sus hojas forman un coro de voces diáfanas. La brisa lo dirige. Y a veces invitan a un director foráneo, que llega con una larga melena despeinada y la barba sin recortar, se quita la chaqueta y remangada la camisa no cesa de dar indicaciones con la batuta a las hojas para que alcancen los tonos más altos. Es el viento. Da gusto escuchar las canciones de los árboles. Sus melodías serenas, amorosas. Letras que aprendieron hace siglos y que repiten a diario con la misma jovialidad. Como si las inventaran. Abro la silla de tijera. Escucho.
martes, 14 de abril de 2015
Cuaderno de tapas rojinegras \ 35
Toldo que los cuerpos cuelgan sobre su abrazo con cuatro palos clavados en la arena, la noche los ensimisma. Enramada de silencios que acoge los susurros, la noche entra en el interior de cada uno con su callada armonía. La peregrina. La que llega a la hora de los cansancios para entregar la vitalidad escondida de la ternura. La efusiva. La que enciende la chimenea de los anhelos con su aliento. La desdibujada. La que arranca las hojas del cuaderno donde están escritas las costumbres. La amiga. Manto que se echa sobre los hombros de los deseos. La que vibra.
domingo, 12 de abril de 2015
Becqueriana / 66
El viento pasea su oráculo por los campos, desordenándolos. Su único propósito es alterar la forma majestuosa de las flores, despeinándolas; de los árboles, socavando su condición enhiesta; del silencio, poblándolo de culebras. Su profecía es el cambio, la mudanza de lo conocido, el temblor del espacio donde con ladrillos construirán un edificio que lo desafíe. Entra por las ventanas para saciar su sed de preguntas. Cierra las puertas de golpe con desparpajo de bromista y oculta los secretos que están a la vista. Solitario allá donde sople, donde se aloje, donde trastorne, su voluntad busca siempre desmelenar las voluntades.
viernes, 10 de abril de 2015
Becqueriana / 65
La lluvia escribe en el aire con una caligrafía densa, apretada, enigmática. Los zapatos escriben en el polvo del camino con una letra pausada, plácida, dócil, que de vez en cuando se detiene a meditar con las dos puntas de sus signos cara a cara. Las mariposas copian sobre el prado grafías caprichosas y coloristas que parecen transcribir una única palabra, la misma siempre, con infinidad de significados. Las manos escriben sobre la piel de un cuerpo con trazo delicado e insistente un verso que le hace gemir de satisfacción. Recrean en la piel la escritura desbordada de la lluvia.
sábado, 28 de marzo de 2015
Cuaderno de tapas rojinegras \ 34
El ramillete de violetas
silvestres con el que se regresa de un paseo revitaliza el recibidor. Una rosa
en un jarrón de vidrio tan delgado como su tallo señorea encima de la mesa. Un
haz de tulipanes en una jarra de barro antigua hace amistad con los libros en
el estante. Una maceta con una orquídea solitaria controla la calidad de la luz
que la ventana cuela. En su alféizar un parterre de claveles se mira con gusto
en el reflejo del cristal. La tarde entre flores acentúa los valores del
presente. La exaltación de los colores desbanca el tiempo.
jueves, 12 de marzo de 2015
Becqueriana / 64
La lluvia aprendió música en la calle. De un palo que golpea un tronco. De una teja desprendida que abolla el coche de un concejal. De una piedra que impacta con el cristal de la ventana. Sus sonidos son severos, rotundos. Nacen del abandono y de la injusticia. Maullidos en el fondo del callejón. Ulular en los corredores del edificio en ruinas. Graznar de aves famélicas. La lluvia no tuvo otro maestro que la intemperie ni otra compañía que el desprecio. De ahí su ira. Entramos en casa chorreando, sin paraguas, las ropas empapadas, el deseo a flor de piel.
viernes, 30 de enero de 2015
Becqueriana / 62
La cocina, un rectángulo lleno de milagros. La fuente con frutas. El tarro de la miel. El bote del café molido. El plato con galletas de avena. La panera con las rebanadas recién cortadas. El recipiente con membrillo. Una ventana al patio. La dicha recuerda lugares más hermosos para ubicarse, sin pensar que la humildad suele ser más generosa. Desde la cafetera se desprende un aroma que invita a conversar con alegría. En la bandeja las formas del bizcocho de chocolate imitan a la perfección la felicidad. Una palabra que guardará la servilleta donde se registra el prodigio del momento.
miércoles, 28 de enero de 2015
Becqueriana / 61
Las manos siempre han querido ser pájaros. Ya no solo ala de ave, sino ellas mismas, en sí mismas, pájaro. Conocen las manos las ondulaciones, el fluir en el aire, la dicción de los vientos, la respiración de los pájaros. Y aspiran a serlo. También saben posarse como pájaros. Sobre el hombro, con precisión; sobre la cabeza, con dulzura; sobre los labios, con delicadeza. Saben alanzar la rama y agitarla un instante casi imperceptible cuando se posan, ese estremecimiento que se siente cuando las alas de la mano rozan la mejilla, acarician el cuello, caminan por la espalda. Ese pájaro.
viernes, 16 de enero de 2015
Cuaderno de tapas rojinegras \ 32
Viernes. El aleteo de una paloma que se despide del sopor de la plaza. La lámina de agua que se vierte por encima del mirador del estanque tras la lluvia. El ciervo que asoma curioso la cabeza un instante entre los arbustos antes de desaparecer. Habitar un viernes. Cucharada de miel en la infusión de hierbas de la tarde. Nube que brinda su blancura a los delirios cromáticos de un sol senil. Dedos que modulan sobre las teclas blanquinegras del piano una melodía cuya partitura fue escrita por el deseo. Hoy es viernes. Todo lo dice. Claro de bosque. Ensenada.
lunes, 12 de enero de 2015
Becqueriana / 60
Cabellos repeinados con gomina,
almidón en el traje, brillantina en las mejillas. Los músicos suben al
escenario. Susurros en el micrófono —sí,
sí, ¿se oye?—, algunas notas desparejadas, toques de baqueta en la caja,
temblor de platillos y un golpe en el bombo. Repentino silencio en la mano
elevada del pianista. Cuenta: uno, dos,
tres. Y la orquesta del atardecer arranca su bolo de viernes noche para los
dos únicos bailarines sobre la hierba del jardín. Con el vestido que más admira,
ella; con la camisa de lino que le gusta acariciar, él. Descalzos, los dos. La
noche, mirándolos.
sábado, 10 de enero de 2015
Becqueriana / 59
Lo mejor del día es cuando dejamos que nos hable la tarde. Que nos cuente el arroyo su vida nómada, la antigüedad mineral de su linaje, sus altas aspiraciones. Y lo haga con sonidos tenues, casi cansados, mientras le escuchamos, devotos siempre de los lienzos que pinta a cualquier hora con pigmentos desprendidos de la luz. Que nos reciten los peces de colores saltarines los poemas que aprendieron de memoria siendo alevines, cuando serpenteaban entre juncos. Que nos descubra la piedra de suave tacto su corazón enamorado. La paciencia con la que aguarda que la crecida la empuje. Y acerque.
lunes, 29 de diciembre de 2014
Becqueriana / 58
Desde el horno un aroma dulce, a canela y a virutas de limón, impregna la tarde. Con su vaho desembarca en el puerto del recuerdo la niebla de una infancia. Por la pasarela del presente desciende confusa dentro de uno mismo, que al evocar aquel olor de la inocencia habla ahora con un tono más alto, más desinhibido también. Es el dulzor que expande por el aire una idea muy precisa del gozo. Rumor de multitud que en el muelle espera ver llegar al forastero. Expectativa del encuentro, cuando la cafetera lo mezcla con el olor a cabaña de bosque.
sábado, 27 de diciembre de 2014
Becqueriana / 57
Cada gesto de la mujer que se ha asomado a la ventana modifica el paisaje, lo transforma. Si sopla como quien deshace un diente de león, las flores de la acacia pintan la hierba y los guijarros del sendero de amarillo-van-gogh. Si silba la melodía de una canción de amor las violetas despiertan en el talud del ferrocarril y lo saludan cuando pasa. Si canta la letra de un poema que se aprendió de memoria cuando era niña, los gatos se tumban en el alféizar a escucharla. Si sueña, unas manos vaporosas sujetan su cintura por detrás y la elevan.
lunes, 1 de diciembre de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 28
No se sientan nunca las sillas. En pie siempre. Esperándonos. Igual que un perro que aguardara el regreso de su amo junto a la puerta. Un ramo de rosas sobre la mesa que pide un jarrón lleno de agua. Así las sillas nos esperan. Su paciencia, imperturbable. Y cuando nos sentamos, también ellas al fin se sientan. Descansan. Ladrido del can feliz, aroma de flores. Nos hacen masajes en la espalda, en el trasero, en las pantorrillas. Sujetan los brazos. Y cuando nos movemos intervienen en la conversación con un ligero gruñido, que es su rara manera de expresar alegría.
sábado, 29 de noviembre de 2014
Becqueriana / 56
El modo cómo las olas se lanzan
contra las rocas y su golpe retumba con un sonido grave, intenso, estremecedor,
y su impulso y fuerza se fraccionan en una lluvia de gotas que humedece la
impasibilidad de las piedras, tiene algo erótico. Un erotismo primitivo,
agreste, germinal. Como el de los volcanes y su incandescencia. Como el de un
géiser y su desmesura. Un erotismo no de los cuerpos, sino de la naturaleza. De
las selvas. De los ríos cuando devienen cascada. De las tormentas. Escuchamos
el retumbar de las olas también dentro de las venas. Ese desbordamiento. Ese
exceso.
jueves, 27 de noviembre de 2014
Becqueriana / 55
Los días de lluvia imprimen un pequeño diccionario. Con sus tapas de color de nube, el papel con tacto de agua y la tipografía de moras silvestres en los taludes del camino. Cada tarde sale de la imprenta un nuevo volumen que se añade a la colección en los estantes de la memoria. Nuevas palabras, nuevas definiciones. Las escriben los gestos. Las manos en la melena. Un pie adentrándose por la pernera de los pantalones. Hombros contra otros hombros de quien baila de espaldas. Cada inventada caricia requiere un término. Su etimología. Los prefijos. Una manera intensa de ser vivida.
lunes, 17 de noviembre de 2014
Cuaderno de tapas rojinegras \ 27
Llega de ninguna parte, ordena el viento a su favor, un
estrépito que reclama todas las atenciones mientras se le ve correr con
estruendo, una cinta de película mal regulada, y en un tris ya ha desaparecido
camino de ninguna parte. Deja la mente pensativa. Desorientada. A quién trae, a
quién se lleva. Las ramas de los árboles y los setos que acompañan su pasar de
manera enloquecida poco a poco regresan a la quietud. Las dos vías recobran su
resignación de trazos que añoran encontrarse. Ha pasado el tren. Su
intensidad. Queda el eco de los símbolos. Un hueco.
martes, 21 de octubre de 2014
Autumn
El país del otoño tiene color de tierra y del aire que incendian las copas de los árboles con sus túnicas granates. Esta paleta de tonos severos echa a la cesta del pensamiento ideas lentas y reposadas. Los versos se extienden por la hoja cuando se le describe. Sus frutos son rugosos y estriados. Renuncian a la seducción y al dulzor de las frutas del verano, pero ganan austeridad y pureza en el gusto. Carecen de la voluptuosidad de los jugos, aunque sus texturas ásperas poseen poder evocador. El otoño siempre rememora. Y ofrece recorrer sus recuerdos a los desmemoriados.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










