Un té a media tarde es una bola de cristal que todo lo sabe, pero que ha decidido no adivinar nada. Dejarlo en suspenso. En el ámbar líquido se concentran los designios del universo, las maravillas, los conocimientos, las contradicciones. Se diría que el té lo conoce todo. Por eso nada le inquieta. Salvo una galleta de avena, que si se desmigaja en su interior, ambos —galleta y líquido— se funden como amantes encandilados. Nada más necesita meditar el té sobre el mundo. De ahí la paz que entrega cuando humea en la taza. Cuando regala la quietud que acerca.
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martes, 12 de abril de 2016
domingo, 10 de abril de 2016
Dietario de sensaciones, 11
Es la noche la que desvela los colores verdaderos. No los colores con los que se rodean las cosas, ni los colores con los que se ocultan, tampoco los colores que decoran el mundo a cada instante con un matiz novedoso. No las palabras de colores que se oyen y hasta se dicen sin pensar al ir por la calle. Ni los gestos de colores que de tan aprendidos se repiten sin que nadie los solicite ni digan ninguna verdad. Tampoco los colores que visten, ni siquiera los que desnudan, para disfrazar el auténtico color. El que revela la noche.
lunes, 4 de abril de 2016
# 551
A lo que queda por nombrar nadie lo ve. Y en el no oír un nombre, hasta lo innominado se desconoce a sí mismo. Se confunde con la nada, siendo algo. No hay confusión más absurda. Convierte a un inocente en reo de la galería de los penados a perpetuidad. Y como nadie lo ha nombrado se le atribuye idéntica condición a la que posee lo que ha perecido, existiendo aún. Y en el no ser leído su nombre ignora dónde habrá de darse la vuelta, cuándo tendrá que alzar la mirada, cómo sonará el lugar que replique sus pasos.
miércoles, 6 de enero de 2016
Dietario de sensaciones, 6 (La mañana de Reyes)
Mañana de pies descalzos que corren pasillo arriba, pasillo abajo. De gritos ahogados. Chillidos de sorpresa. De alegría. Mañana de zapatos alineados cubiertos de paquetes. Con colores brillantes. Con lazos. Con cartas. Con enigmas por desentrañar. Mañana de papeles rasgados. De papeles emulsionados. De papeles explosionados. De cajas huidizas, voladoras, fulminadas. Mañana de sonrisas, de risas, de carcajadas. De sueños cumplidos. De ilusiones reales. De inocencias convencidas. La mañana del año. Sin siquiera tiempo para vestirse, para desayunar, para ponerse el abrigo. La mañana de las sorpresas. Del candor. De los cánticos inarmónicos con los que se expresa la felicidad.
sábado, 5 de diciembre de 2015
Dietario de sensaciones, 5
La brisa de poniente baila melodías románticas con la ropa que hay tendida a secar. Abraza los vestidos por la cintura, aletea en el dobladillo de las faldas, acaricia la seda de las blusas, se enamora de los colores de las camisetas. Da vueltas alrededor de los pantalones variando la tonada para que sus perneras se agiten al ritmo casi frenético de la modernidad. Arranca un tango con el jersey de cuello alto que bocabajo parece el rey de la indolencia. La brisa no se pierde nunca un baile antes de que las sombras clausuren la fiesta. Tampoco las sábanas.
jueves, 3 de diciembre de 2015
Dietario de sensaciones, 4
Cada hogaza, cada rosca, cada torta son piezas únicas. Por similares que parezcan bien ordenadas en la panadería, jamás hay dos iguales. Amasadas por unas manos hábiles, pero no mecánicas, atravesadas cada día por un pensamiento. Horneadas por un fuego que cada noche se inventa su manera de arder. Enfriadas por una temperatura diferente. Cada pan es la concentración del tiempo en un instante. Y cada instante es una creación del vivir. Cada pieza luce las formas y las características de un presente. También su sabor varía en cada barra, se vive de manera distinta en cada beso, digo, bocado.
martes, 1 de diciembre de 2015
Dietario de sensaciones, 3
La niebla reescribe la realidad con sus fantasías. Borra el horizonte, oculta la torre de la iglesia, diluye las copas de los árboles entre las nubes bajas, matiza los colores, permite que las hojas lloren con desconsuelo, deja a la hierba recién salida de la ducha, ciega los cristales de las ventanas y a quienes los miran, juega al escondite con las señales de tráfico, oscurece la arena del parque, alimenta los charcos, rejuvenece el cutis de las losas, da de beber a los pájaros, adorna con destellos acharolados las fachadas, crea enigmas. Nada se parece a como era ayer.
martes, 17 de noviembre de 2015
Dietario de sensaciones, 2
Hay un pájaro que picotea entre las macetas del balcón. Nos ha dejado de repente en silencio. Inmóviles. Por ver cómo da saltos de un lugar a otro, confiado, sin darse cuenta de que hay alguien cerca observándolo. Sus plumas oscuras reflejan el sol de la mañana y sus ojos parecen orbitar alrededor de la cabeza. La situación casi hace reír. En cuanto la descubra, echará a volar. Es solo un instante el que regala su paso en busca de insectos. En cuanto algo se mueve, ya no está; pero el encanto permanecerá picoteando entre las macetas cuando las miremos.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Dietario de sensaciones, 1
Leo. Lo que anda alrededor desaparece por completo. Lo que me muestra la luz amaneciendo lo borra la blancura de la página y sus hileras de hormigas. Lo que me cuenta la flor que anoche puse en un jarrón lo olvidan los ojos pendientes de cuanto ocurre en otro lugar, en otro tiempo, con otros nombres. Lo que me dice el gato lamiéndose la pata en el alféizar no lo oyen los oídos, que escuchan solo el sonido de las palabras. Pero cuando cierro el libro y miro alrededor, de repente entiendo mejor la luz, la flor y el gato.
jueves, 13 de agosto de 2015
Sin relato
Mamá, pregunta el niño, ¿dónde vamos cuando nos morimos? A ninguna parte, desaparecemos. Lo dice sin pronunciar todas las sílabas, como sin decirlo. El niño, que posiblemente no lo haya entendido, lo traduce: ya sé que cuando nos morimos vamos al cielo. Mamá, vuelve a preguntar el niño tras darle a la idea dos o tres vueltas, y cuando nos morimos, ¿podemos llevarnos todas nuestra cositas? La madre, en el mismo idioma confuso, le responde algo así como no vamos a ningún sitio, no llevamos nada. El niño se queda contrariado. Qué escasa poesía ha dejado el existencialismo, me digo.
martes, 11 de agosto de 2015
Cuaderno de tapas rojinegras \ 43
Cinco cuerdas paralelas sobre el blanco azulado del cielo. En el balde, la ropa húmeda. En el saco de tela, las pinzas. Se diría que voy a tender. Sería esta, sin embargo, una manera de ver las cosas con escasa visión. Lo que voy a hacer es a componer una sinfonía. La sinfonía de la mañana. Las cuerdas, el pentagrama. Las piezas de ropa, las notas. La pinzas, la pluma del compositor. Elijo una blusa, la. Una camisa, mi. Un pantalón, do. Un sujetador, sol. Una camiseta, fa. Las pinzas van fijando las notas. El viento, gran instrumentista, las interpreta.
viernes, 7 de agosto de 2015
Cuaderno de tapas rojinegras \ 41
Los acontecimientos históricos de la tarde: el brinco que da el gato para alcanzar la rama del níspero por la que trepa. El giro que insinúa la rosa más alta del rosal en dirección al sur. Los pasos de danza que ensaya sobre la mesa del jardín el gorrión para acercarse desconfiado al charco donde va a beber. Las noticias cruciales de la actualidad: el ruidoso vuelo de la cetonia que se detiene en el respaldo de una silla. La glicinia que se descuelga, como un farolillo, desde el techo del cenador. El silencio que regala la lluvia cuando cesa.
martes, 31 de marzo de 2015
F.C. (In memoriam)
Dibujaba perfiles sesgados con
narices siempre aguileñas, se esmeraba en los ojos, en las pestañas. Dibujos
que ocupaban el margen de un periódico, el reverso de una factura. A veces
aprovechaba el mismo espacio para copiar largas sumas con números de
tipografía gótica que a mí me parecían columnas. Descubrió la acuarela con el
tiempo. Empezó pintando paisajes con casa. Una serie. Luego animales, otra.
Flores exóticas. Y durante los últimos años retratos. Le guardaba las revistas
que regalan los periódicos. Su inmensa colección de semblantes me mira hoy desde la
pared donde los colgaba. En todos veo su rostro.
sábado, 14 de marzo de 2015
Habla Zurita
Raúl Zurita. Barcelona, 13 de marzo de 2015
Habla Zurita hacia adentro. Como si recordara lo que va a decir en lugar de decirlo. Y dice: «Un idioma es la única posibilidad de resurrección. Los vivos interpretamos al hablar una partitura escrita por los muertos». Cavila Zurita con sus silencios. Y si la meditación no le alcanza para concluir una frase, se queda a medias aguardando. Y piensa: «Hablar es dejar hablar». Recita Zurita hacia afuera. Con voz que emerge donde no estaba. Con voces que se cruzan fugaces disputándose la palabra «yo». Y deja dicho: «La poesía es la posibilidad de lo que no tiene ninguna posibilidad».
lunes, 9 de marzo de 2015
Becqueriana / 63
A donde uno se dirija o de donde venga, sabe que existe alguien que está a la espera. Y lo está también quien va o regresa. La espera es víspera de celebración. Es presentimiento. Es vecindad de la plenitud. No es ausencia, ni incertidumbre, ni insatisfacción. La espera es, solo, predisposición para el encuentro. Saber que no hay tarea que no quede interrumpida cuando se produzca, ser consciente de que el tiempo solo existe de manera provisional hasta el momento. Que luego todo ha de empezar siempre desde el principio. Esta convicción es la espera. El gozo del gozo prometido.
domingo, 1 de marzo de 2015
El estante (cronológico) de los discos
Carol King, Creedence Clearwater Revival, Lou Reed, Grateful Dead, Neil Young, Focus, Traffic, Kevin Coyne, Frank Zappa, King Crimson, Tom Waits, Leonard Cohen, Paolo Conte, Thelonious Monk, Gonzalo Rubalcaba, Wynton Marsalis, João Gilberto, Chico Buarque, Maria Bethânia, María Dolores Pradera, Chavela Vargas, Cesária Évora, Rodrigo Leão, Bola de Nieve, Amancio Prada, El Camarón de la Isla, Wim Mertens, Philip Glass, Ludovico Einaudi, Johannes Ciconia, Leoš Janáček, Claude Debussy, Erik Satie, Federic Mompou, John Cage, Charles Ives, Morton Feldman, Luigi Nono, Luciano Berio, Elliott Carter, Virgil Thomson, Steve Reich, György Kurtág, Jorge Grundman, Lhasa de Sela, Lula Pena, Silvia Pérez Cruz.
jueves, 26 de febrero de 2015
Elogio de los elogios
Un elogio es a la realidad lo que la maqueta de una promoción a los pisos por construir que vende una inmobiliaria. La ensoñación de un ideal. Será porque me entretengo más de lo conveniente delante de las maquetas —hubo una tienda de trenes en miniatura en cuyo escaparate perdía los horarios viendo dar vueltas a uno— los elogios me gustan. No recibirlos, que incomodan siempre, sino verlos aparecer. De hecho, ni siquiera importa que sean, por lo general, un simple espejismo. Sin una utopía debajo, por inocente que sea, parece que solo exista lo que vierten los críticos literarios.
domingo, 22 de febrero de 2015
Elogio de febrero
Las tardes de febrero son las de un niño que se aventura a lanzarse, en el parque, por el tobogán de los mayores y a subirse en el columpio de los grandes. Cada día conquistan un trozo nuevo de jardín cuya hierba revive con sus dorados. Y como se hace con los pequeños, a quienes una señal detrás de la puerta señala su incesante crecimiento, hay quien traza líneas de su avance. Le ayudan en este presentimiento de la primavera los almendros, cuyas tímidas flores de nieve rosada fulguran en mitad del invierno. Todos esperan lo que ellas ya poseen.
viernes, 13 de febrero de 2015
Elogio de las librerías
Asunto de cierta antigüedad y
renombre es vivir dentro de la literatura. Aspirar a convertirse en poema tiene
sus precedentes. Hoy, tan ciegos ya de visiones, por fortuna quedan aún las
librerías. Cada vez menos, pero ahí están. Las de nuevo, desmejoradas, algo patéticas
de tanto que quieren gustar, tan con el pie cambiado; las de viejo, algunas
verdaderos arrecifes dispuestos a hacer naufragar cualquier época venidera. Como
textos dadaístas, los estantes escriben versos espontáneos y efímeros que
vibran en la memoria. Como textos sagrados, sacuden las conciencias con
epifanías. Cuando uno sale no se reconoce en quien ha entrado.
viernes, 6 de febrero de 2015
Elogio de los números
No me aburre ojear libros de física. En su intrincada formulación hay algo que fascina, la certeza de que existe ahí un conocimiento, pero que es, para mí que solo los contemplo, inaccesible. Me llama la atención siempre que en las fórmulas matemáticas que los nutren apenas hay números. Y eso sí lo entiendo. Porque los números cada vez son menos ese latigazo frío y preciso de lo objetivo. La vida los carga de significados, es decir, se convierten en nociones subjetivas. Los números acaban por decir cosas nuestras y también cosas por nosotros. Náufragos del mar de la semántica.
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