Igual que JRJ eligió 1881, JAF ha visto en el anagrama de su primera fecha símbolos difíciles de obviar: 16-6-61. De niño, al aprender que cuanto veía podía ser nombrado supo, como JRJ o como RMR, que solo sería poeta. De hecho creo que es el poeta que menos se ha preocupado por escribir poesía: solo la ha escrito para huir de ella. No sé si lo digo bien: los poetas consolidan un mundo en los libros, JAF cada vez que siente que ha consolidado algo en su vida escribe un libro para alejarse de sí mismo y descubrirse otro.
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jueves, 16 de junio de 2016
jueves, 19 de mayo de 2016
Mapas
Encuentro en los Encantes un volumen de Vicens Vives, Rumbos oceánicos. Explica, con gracia, las vicisitudes, célebres, de las cuatro aventuras colombinas. Colón murió convencido de que había llegado a Asia, aun en el último viaje —a unos 500 kilómetros de Ceilán exactamente—, ¡porque así se lo confirmaban los mapas! Y es que los mapas lo son, por esencia, de lo que ha sido y, por eso, claro, no ven lo que todavía no ha ocurrido. Sin embargo la actual devoción por los mapas es más que colombina, como si no pudiera existir nada que todavía no haya sido.
domingo, 1 de mayo de 2016
PRUNUS TRILOBA - memorias, y 8
Entre las figuras que visitan el jardín prefiero siempre a Ibn Al’Arabi. Se despierta antes de la salida del sol y ya parece que sus ojos vean donde no han prendido los colores. Y puede afirmarse que tampoco mira cuando ve, sino que medita. Aun sumido en las tinieblas siento cómo abandona una mano sobre una rama por acariciar acaso las flores que aguardan el primer rayo para brotar y sé que está pensando. Más. Se diría que está escrutando qué conocimiento hay en el interior de cada palabra que contempla. También cuando me mira. Y tiemblo, yo, Prunus Triloba.
viernes, 29 de abril de 2016
PRUNUS TRILOBA - memorias, 7
Pintor extraño, el invierno. Como si se hubiera gastado el dinero para comprar pigmentos en la taberna y solo le quedara para los más baratos. Ocres, pajas, limón. Cubre los campos o traza los enramados y se olvida de irisarlos. Descuidado artista, el invierno. Sus cuadros son ásperos, oscuros, silenciosos. Más dibujante que pintor, deja los lienzos a medias. Inacabadas estampas que las nubes ocultan, la niebla cubre. La nieve se apiada de tanto vacío. Pese a ser un pésimo paisajista, le queremos. En los bolsillos de su gabán guarda la semilla de los colores, al contrario que el Herbicida.
miércoles, 27 de abril de 2016
PRUNUS TRILOBA - memorias, 6
Llegué envuelto en una bolsa de plástico negra, apenas un palo mustio, débil y enjuto que sobresalía. Solo unos ojos visionarios podían ver en aquella vara sin gracia el arbusto del que brotarían tantas flores, tantas, en una esquina del jardín. Con sus manos cavó un hoyo no más grande que una cabeza, removió la tierra para mí, la oxigenó, me sacó de la bolsa que indignamente me guardaba, la desgarró y cayeron terrones de la tierra seca que se desprendieron de mis extenuadas raíces. Me plantó y dejó dentro, conmigo, algo de sí misma. Fue a buscar la regadora.
jueves, 21 de abril de 2016
PRUNUS TRILOBA - memorias, 4
Quien dibuje un círculo y se inscriba en su centro ha perdido el contacto con lo que le rodea. No lo ve cuando mira porque cuanto existe ha dejado de estar dentro del trazo que cercena la existencia. Solo se encontrará a sí mismo quien se considere el núcleo, el resto vivirá a sus espaldas. Como vivían el granado romano, el níspero gótico y los gatos renacentistas en este abandono antes de que llegara Ella. La que me plantó junto a la puerta, me cuidó, me quiso como quería a todo lo viviente. Una planta más, un ser entre seres.
martes, 19 de abril de 2016
PRUNUS TRILOBA - memorias, 3
Deja el río de lucir sus aguas cristalinas, los setos se llenan en días de viento de bolsas de plástico que nadie se acerca a retirar, los insecticidas acaban también con los zumbidos. Va enmudeciendo la voz que habla en las aguas, dentro del bosque, por los campos. Animal se convierte en un insulto y su valor o se mide a peso o resulta despreciable. Y conforme calla la armonía no se instaura el silencio, sino los ruidos. Mecanismos, motores, aparatos empiezan a vociferar su idioma ilegible. Mis ramas y mis flores también enronquecen. Quizá por eso Ella me cuida.
sábado, 16 de abril de 2016
PRUNUS TRILOBA - memorias, 2
Cuando está receptiva, aunque no se acerque a mi breve remolino de color, los días extienden sobre el jardín su mantel de celebración. Si oigo que llama a los gatos por el nombre, les riñe por las aventuras nocturnas, les acaricia el lomo al escabullirse. Si la veo hablar con los jacintos de poesía barroca, peinar el repeinado, avivar los colores. Si sé que estudia el movimiento de los insectos, la cadencia del canto de las aves emboscadas, el dibujo de las sombras sobre la hierba… Si está atenta a cuanto ocurre en nuestro mundo, todo de repente cobra sentido.
jueves, 14 de abril de 2016
PRUNUS TRILOBA - memorias, 1
A diferencia de los animales,
cuya contemplación exige pérdida de libertad, en nuestro reino el jardín no
supone humillación. Antes al contrario, se diría que es antes un invento
nuestro que de los humanos; más evolución vegetal que idea de los cuidadores.
Igual que ellos han alcanzado con el paso de los siglos conceptos más dignos,
como el de democracia, nosotros hemos culminado en el jardín el camino de
perfección. Y al igual, ay, que ellos traman recesiones y liberalismos para
mancillar logros, nosotros también sentimos como retroceso algunas perversiones
de nuestro paraíso, como el jardín municipal y el pipicán.
miércoles, 6 de abril de 2016
# 552 oiɿɒƚɘib ,yɒnƨo⅃ ɒǫɒM
Un razonamiento no vale más ni menos que el papel moneda. Ambos sirven para lo mismo: que algo pase de una mano a otra. Certifican pertenencias. Y no lo hacen ya por certidumbre ni convicción, sino únicamente por cantidad. La razón, sin embargo, no se vende; compra. Los argumentos son el papel moneda que somete voluntades. Es la libertad que las encauza. Las autopistas se alzan como gran monumento a la racionalidad. Para escribir quedan los prefijos: lo asistemático, lo irracional, lo desorientado. Cuando el convencimiento se convierte en sinónimo de conquista, solo se intuye una huida: el pensamiento desleído.
jueves, 17 de septiembre de 2015
Falden engel, 9
Sumergido en la piscina, la verticalidad propia de la especie se convierte en horizontal. Es la forma con la que se avanza dentro del agua. También es el modo natural de mirar las cosas. La severa cuadrícula de las baldosas, el tapón de un oído que ha extraviado algún bañista, los recuerdos que entretienen la mente cuando se nada. El mundo vertical que se yergue al aire cuesta mantenerlo dentro, inmediatamente se acuesta sobre el eje perpendicular. Se echa, dormita, yace. Es difícil de determinar, aunque entretiene pensarlo mientras cada brazada deja atrás lo mismo que encuentra delante.
martes, 15 de septiembre de 2015
Falden engel, 8
Allí donde los ciervos han pasado la noche se ve la maleza hundida por el peso de los cuerpos. Es el vestigio que deja su movimiento. En el refugio donde he pasado la noche recojo la colchoneta, el saco de dormir y los restos de la cena, que amontono en una bolsa que voy a tirar en el primer pueblo por el que atraviese. Procuro así que cuando llegue el próximo caminante no sepa nada de mi tránsito por el lugar. Y nada sabrá hasta que pase por este claro de bosque y descubra las hierbas aplastadas. Recuerdo que compartiremos.
domingo, 13 de septiembre de 2015
Falden engel, 7
Tan fácil como es rodar por el suelo al pisar un pavimento húmedo, siempre tuve precaución al cruzar el vestíbulo que limpiaban a la hora del almuerzo. Paso a paso, cimentando el equilibrio desde los tobillos. Casi una técnica. O la cantidad de desniveles y hundimientos que acumulan las aceras, sobre todo cuando se anda con prisas, como siempre anduve, sin embargo le presté atención a cada saliente para asegurar la zancada. Desprecié las ganas de tumbarse en la arena, sobre la hierba, o sentarse donde no hay asiento. Y cómo lamento el no habernos besado nunca sobre las losas.
viernes, 11 de septiembre de 2015
Falden engel, 6
Si tuviera una cámara aquí a mi lado la apagaría. No es posible que en un rectángulo quepa lo que estamos viviendo. Con las cabezas acostadas sobre la arena húmeda de las dunas, delante de los ojos una galaxia se despliega entera con una grandiosidad que no pertenece a la imaginación. Sobre el océano, al que oímos mecerse doméstico, gato que se lame las patas, la luna habla consigo misma. Si apenas cabe en una vida, cómo buscar encajarlo en un mensaje de pocas palabras. Nadie lo iba a creer. Tampoco cuando cerramos los ojos para sentirlo de otra manera.
sábado, 18 de julio de 2015
Mis contemporáneos 03. Ezequiel Zaidenwerg
Aníbal me presenta a Ezequiel Zaidenwerg en el andén de una estación de metro. Sé que vive en Nueva York y que es capaz de iniciar un prólogo mencionando una reseña de Ashbery escrita en 1957. A ambos datos, tan significativos, añado ahora una camisa estampada con flores de montaña, unos ojos de azul muy tenue y una barba algo descuidada. También le escucho hablar. Mejor sería decir que le leo hablar. Sus frases encierran dentro infinitas frases sin perderse nunca en el laberinto de la sintaxis. Entrevera una ironía sutil —que pese a no conocerle, entiendo siempre—, oscura. Literaria.
lunes, 29 de junio de 2015
Mis contemporáneos 02. Guillermo López Lacomba
Con mayor puntualidad que los vencejos que andan de paso por la ciudad aparece humeando cada primavera Guillermo López Lacomba. No se echa de menos a su lado cuanto fuimos antes de ser nada. Quedamos en un Café con terraza para fumadores y le encuentro ya departiendo sabiamente con su brandy. Siempre llega antes que yo. Tenaz. Lo primero que conocí suyo es lo que más admiro, aquellos poemas cristalinos. Habla en una voz que de tan tenue parece camuflada y su ovillada sintaxis olvida a propósito los conectores biempensantes, pero se le entiende más allá de lo que dice.
domingo, 21 de junio de 2015
Es el verano
Graznan las gaviotas. Su sonido astillado impresiona en la madrugada. Parecen ellas las encargadas de romper, hoy, el envoltorio del verano y volcarlo sobre la ciudad, sobre los bosques, sobre las dunas. La luminosidad a chorro, su ceguera, la humedad que se perla en los cuerpos, los vistosos colores en las cajas de la frutería. Las gaviotas han roto con sus graznidos el celofán que recubría el verano dentro de la cómoda de los deseos. Lo han vertido en un cielo deshojado de nubes, en las ventanas abiertas de los pisos por donde se cuela el insecto de la carcoma.
viernes, 12 de junio de 2015
Mis contemporáneos 01. Camilo de Ory
Gracias a la prohibición de entrar en los museos con una cerveza en la mano tuve ocasión de conocer al epigramista Camilo de Ory. Es alto. Es flaco. Es guapo. Y acumula asonancias por el estilo. Perfila las patillas y el lenguaje igual que un tirador angula la hoja de su florete. Pero al contrario que el duelista, no se aviene a las reglas de lo políticamente correcto. Su irreverencia despierta la erudición de quien lo trata, de Rimbaud a Gómez de la Serna, encarna la tradición más añorada (desde fuera). Parece no ver nada y siempre está mirándolo todo.
jueves, 16 de abril de 2015
Cuaderno de tapas rojinegras \ 36
El neón del rótulo les añade en
el gesto acentos circunflejos de un idioma impenetrable. El relente de la noche queda inadvertido en la camisa con las mangas dobladas hacia el antebrazo
y algo fugada del cinturón de piel negra por la espalda. En columnas
salomónicas el frío huye con las bocanadas exhaladas a la puerta. Y si con una
mano sostienen la brasa, con la otra abrazan la cintura de mujeres de medias
negras. Paso buscándole a mi cazadora un punto más arriba en el cierre de la
cremallera. No existe la temperatura ni el desmoronamiento para los
fumadores.
domingo, 29 de marzo de 2015
El ensimismado
Cada uno de los ciento cuarenta y
cuatro pasajeros pasó a un metro del copiloto. Durante el embarque la puerta de
cabina permanece entornada, o abierta; entran y salen técnicos del aeropuerto.
Algunos viajeros echan un vistazo. Suelo hacerlo. Miro la cara de los pilotos,
casi siempre sonríen. El copiloto no debió de ver a nadie, ensimismado como
andaba. Detrás de él, tampoco a su lado, no supo mirar a nadie. Solo su
tragedia importaba: el globo desinflado de la ambición. A quienes no estábamos
dentro del avión nos queda una duda: ¿el ensimismamiento fue cosa personal o es
sociológico?
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